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EUCARISTÍA

reflexiones entre amigos

Revista semanal elaborada por:

MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE. OVIEDO

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Webmaster:
José Solís.

 

Del 7 al 13 de noviembre de 2004
Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

   
 

  Si quieres oir música de fondo, clickea su nombre: La muerte, El loco, Requiem

 

   
Resurrección: Nuestro destino es de vida
 


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XXXII domingo del tiempo ordinario

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 20, 27-38
 

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección [y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano.» Pues bien había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, v así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.]

Jesús les contestó:

-En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.

Palabra del Señor.

   
 

¿RESURRECCIÓN o REENCARNACIÓN?

NO CONTRA LA MUERTE

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En la medida en que los hombres vamos perdiendo una fe que dé esperanza y sentido a nuestra vida, nos resulta más fácil abusar de la muerte.

Basta estar atento a la realidad de cada día para constatar, con pena, cómo crece de manera incontenible lo que K Marti ha llamado «el mutuo asesinato». Los hombres nos matamos unos a otros en las guerras, en el tráfico, en la lucha por nuestros propios intereses. Nos estamos acostumbrando a buscar una solución eficaz a nuestros problemas acudiendo rápidamente a la supresión del adversario.

Entre nosotros, son bastante los que defienden y apoyan sin demasiadas reservas una política en la que se utilice el asesinato de otro hombre en la medida en que su ejecución pueda ser rentable y eficaz para la propia estrategia.

Son muchos más todavía los que aprueban con una frialdad desconcertante la muerte de quienes no han nacido todavía y piensan que el aborto es la solución mejor y más eficaz para resolver la tragedia que se encierra detrás de cada madre que aborta.

Pero, nos matamos también unos a otros, cuando no reaccionamos ante el tráfico de droga que está destruyendo a nuestros jóvenes, cuando permitimos situaciones que arrastran a algunos al suicidio, cuando abandonamos a los ancianos a su soledad empujándolos prematuramente hacia la muerte.

Naturalmente, no todo puede ser juzgado de la misma manera. Pero, todo esto, ¿no nos está indicando que en la conciencia social está muriendo poco a poco el amor a la vida y la defensa apasionada de todo viviente?

Es ahora cuando los creyentes tenemos que recordar más que nunca que creer en la resurrección es mucho más que «cultivar un optimismo barato en la esperanza de un final feliz».

El Dios en el que creemos "no es un Dios de muertos sino de vivos". Cuando uno ha quedado «cogido» por la fuerza de la resurrección de Jesús, descubre en Dios a un Padre apasionado por la vida y comienza a amar y defender la vida de una manera nueva. El creyente siente que, ya desde ahora y aquí mismo, se nos llama a la resurrección y la vida. Por eso, toma partido por la vida allí donde la vida es lesionada, ultrajada y destruida.

El que cree en la resurrección ama la vida, la defiende, la hace crecer, lucha siempre para que sea más humana, hermosa, sana y feliz. «La resurrección se hace presente y se manifiesta allí donde se lucha y hasta se muere por evitar la muerte que está a nuestro alcance» (·Castillo-JM).

 
 

JOSE ANTONIO PAGOLA. BUENAS NOTICIAS

REENCARNACIÓN /RS

 

Es difícil en nuestro días encontrarse con personas seriamente interesadas por la vieja teoría de la reencarnación e, incluso, con cristianos que no entienden muy bien por qué el cristianismo habla de resurrección y no de reencarnación.

Sin embargo, la fe en la resurrección de los muertos supone algo totalmente nuevo y original frente a la reencarnación de las almas que se afirma en la religiosidad hindú, en el budismo o en las doctrinas griegas de la metempsicosis.

Según la visión hindú, las almas van emigrando constantemente (sam-sára = pasar a través), encarnándose una y otra vez en vidas sucesivas. Y son las acciones buenas o malas (karma) las que deciden cómo va a ser la próxima reencarnación.

De esta manera, la realidad es una sucesión de nacimientos y muertes donde las almas se van degradando o purificando hasta alcanzar tal vez un día la reintegración en la totalidad del Ser Absoluto. Ese nirvana difícil pero no imposible del que habla el budismo. Esta manera de ver la realidad tiene consecuencias profundas y se distancia radicalmente de la fe cristiana. Según esta concepción oriental, la identidad individual de cada persona se eclipsa y el cuerpo queda privado de valor. En realidad, los individuos surgen por una disgregación del ser, pueden reencarnarse en diversos cuerpos, pero lo importante es que vuelvan a reintegrarse en el Gran Todo.

La visión cristiana es diferente. En la raíz de todo está un Dios Creador que, movido por su amor infinito, crea la vida de cada persona con un valor absoluto y singular. Cada individuo es un ser libre querido por Dios por sí mismo y llamado a encontrar un día su realización plena corpóreo-espiritual en un diálogo amoroso con él.

Por otra parte, según la doctrina reencarnacionista, el mal es una realidad física (la caída del individuo en la materia). Por eso, la salvación consiste en una especie de proceso mecánico de depuración que, a través de sucesivas reencarnaciones dirigidas por el karma, conduce de nuevo a la matriz original del Ser Absoluto.

Los cristianos vemos las cosas de otra manera. El hombre es un ser libre que puede rechazar a Dios rompiendo su relación personal con él. Por eso, la salvación se produce, no por medio de un mecanismo de reintegración, sino a través de una conversión personal a Dios.

Así, pues, para los cristianos, la realidad no es algo indefinido donde la muerte es una especie de espejismo y donde las almas circulan constantemente del más allá al más acá y viceversa, sobre el fondo inmutable y frío del Ser Absoluto.

Nosotros creemos en un Dios que crea la vida y nos la regala amorosamente a cada uno como valor absoluto. La muerte puede acabar con nuestra condición biológica actual, pero no puede extinguir la vida que nos llega desde Dios. El Creador de la vida es más fuerte que la muerte. Dios no es «un Dios de muertos, sino de vivos». El nos resucitará para la vida eterna. Esta esperanza es «la roca de nuestro corazón».
 

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Domingo XXXII del Tiempo Ordinario
 

Estamos inmersos en una semana del mes de noviembre donde, todavía aún hoy, en muchas parroquias tenemos diversas celebraciones con un recuerdo confiado y esperanzado por aquellos seres queridos nuestros que se durmieron con la certeza de que un día habrían de resucitar.

Llama la atención como en ciertas encuestas , tal vez maquilladas e interesadas, un porcentaje de católicos manifiestan no creer en la resurrección. Es grave la conclusión de esta encuesta:

 
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Grave porque no dejamos a Dios ni esa opción de resucitarnos y que es fruto de su fidelidad para con nosotros: ¿Creéis?...yo os resucitaré.

 
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Grave porque esa encuesta no está sensatamente respondida por cristianos. Un cristiano cree, espera y se mueve por el valor de la Resurrección. Estamos ante los saduceos de los nuevos tiempos: personas religiosas pero que no creen en la Resurrección.

Sólo Dios es capaz de reconstruir y reconstituir  lo aparentemente imposible para el hombre por muchas encuestas que a pie de calle se hagan sobre las verdades eternas. En todo caso , esa cuestión, habría que planteársela al mismo Dios: ¿estás seguro de que Tú nos podrás un día levantarnos del silencio y del absurdo al que la muerte nos sometió?.

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Creer en la resurrección es fiarse hasta la última coma de lo que Jesús nos dijo. No creer en ella es poner en tela de juicio tantos testimonios de aquellos hombres y mujeres que vivieron e incluso lucharon porque creyeron a pies juntillos  en el acontecimiento de la Resurrección de Cristo como preámbulo y anuncio de la ellos y de la nuestra también.

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Creer en la resurrección, además de preocuparnos, nos debe de ocupar de lleno el corazón: la intuición de saber que Jesús cumplirá lo que el prometió. Siempre recuerdo un texto de aquel autor donde decía; “ qué injusto sería que las obras del hombre permaneciesen en el espacio y en el tiempo mientras, su mentor y autor que es el hombre, se esfumase para siempre”. Y es así. ¿O acaso no es más importante el hombre que construye que las obras que él levanta?

Al final del abismo Dios, que no permite que ninguno ni nada de lo suyo se pierda, nos revela que su poder es grande, determinante y fulminante sobre la muerte. A nosotros no nos queda sino  esperar y creer en ello.

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¿Tanto sacrificio y esfuerzo supone el abrir un poco el corazón a esa realidad misteriosa hacia la cual nos encaminamos guiados por la fe de los hijos de Dios? --¿Tan difícil nos resulta pensar que hay un SER que lo trasciende todo y que es capaz de restaurarlo todo (cenizas humanas incluidas) y de recuperar lo que ni el mundo ni la ciencia por sí mismos pueden llegar hacerlo?

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¿Tan cerrados estamos a lo que a nuestros sentidos o puro pragmatismo escapa?

Desde el momento en que nacemos comenzamos a vivir y a morir. Contamos los días vividos y descontamos los que quedan por disfrutar. Pero, en medio de todo ello, qué bueno sería que fuésemos  cayendo en la cuenta  que nuestra vida, por tener  un valor divino y sagrado,  no puede caer inutilmente y para siempre al fondo de una fosa sino al surco de la tierra y , después de un tiempo, salir y amanecer a la voz de Dios disfrutando eternamente en su presencia sin más  necesidades para ser felices que el contemplar su rostro.

 

¡¡Qué grande es cerrar los ojos soñando con Dios y qué grande debe ser abrirlos contemplando su semblante¡¡

¿No es gratificante pensar que, si somos el cuerpo de Cristo en la tierra estamos llamados a su misma suerte?

¿Crees esto?

 

J. Leoz

 

DIOS DE LA VIDA

Se ha roto la noche.
Ha gritado el ángel la noticia:
"No está aquí, ha resucitado".
Y renace en todos la esperanza.

Quien se agarra a Ti
no irá al abismo.
Quien pone en Ti su confianza
no quedará defraudado.

Tú has saltado la barrera del silencio
y has devuelto la promesa cumplida
a los que habíamos puesto nuestros ojos en Ti.

Contigo no se va a la muerte.
Contigo sólo es posible la vida.

Contigo no se va a la nada.
Contigo se acaba siempre en un encuentro.

Tú eres el Dios de la Vida.
Tú eres el Dios de la resurrección.
El que crea en Ti
no morirá jamás.

 

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RESPUESTA A LA PALABRA:
 
 

1. Queramos reconocerlo o no, toda nuestra vida es una preparación para la muerte. Desde que nacemos ya empezamos a morir un poco. Como dice San Pablo, " Por todas partes llevamos en nuestra persona la muerte de Jesús " (Bib.LatAm. II Cor. 4, 10 ). Algo así como decían los antiguos : "Quotidie morimur " i.e., "cada día morimos un poco ". Un día más que acumulamos aquí y un día menos para el encuentro final con Dios. Los Predicadores antiguos nos presentaban los conceptos de nuestra partida hacia la eternidad para inspirarnos a una mayor fidelidad. La meditación sobre La muerte, el infierno, el juicio final y la gloria han sido siempre conceptos muy sobrios y muy saludables para ayudarnos a entender nuestra propia identidad como seres redimidos, pero limitados y finitos, seres que están invitados al Banquete del reino. Estos conceptos valen no para meter miedo a la gente, sino para intensificar el amor a Dios que ha hecho tanto por enseñarnos este mundo nuevo, en salvación total. A veces la gente pierde la noción de donde están, o hacia dónde van, y es necesario un algo en el camino, un tiempo que uno dedica a unos ejercicios espirituales para descubrir de nuevo las PRIORIDADES de nuestra vida. Sin tratar de ser masoquistas, pero siendo realistas, dándonos cuenta de lo que es Dios, de quién es Jesús al que seguimos como discípulos, del cual es su mensaje y cual es nuestro puesto y nuestra tarea a realizar en la vida. Todo aparentemente tan sencillo y al mismo tiempo tan difícil de realizar en la vida y de poner en práctica. Las distracciones y tentaciones a seguir otras maneras de vivir, a oír voces de otros profetas, nos conducen a la ignorancia, a la tristeza, a la ausencia del verdadero Dios. Hay muchos ídolos que compiten por nuestro tiempo, e incluso por nuestra alma. ( Aquí el Predicador puede preguntar cuáles son algunos de estos ídolos ). Pero solo Dios nos promete, nos espera, y nos colma la esperanza de la vida y libertad total.

2. La Palabra de Dios ilumina el caminar por la vida, sobre todo cuando la vida nos trae una dosis bien grande de sufrimiento. El proyecto finalizador de Dios no se ve realizado en las personas debido a la imperfección humana, y también a su condición de pecado inmersa en cada uno de nosotros. A veces en la vida uno se puede sentir solo y hasta abandonado cuando el sufrimiento adquiere una alta intensidad, o cuando ha habido traiciones, muertes, engaños, que hacen su presencia en la vida, incluso de los que son muy fieles. No se ve el sentido de esta presencia de sufrimiento cuando uno cree en la Providencia de Dios sobre sus hijos. Pero Dios permite el sufrimiento y el dolor, la cruz en una palabra, para que nuestra Fe se pruebe y haya una mayor conexión con Jesús que ha sufrido por nosotros. No hay falta de amor o abandono de la Providencia. Las persecuciones de aquellos primeros cristianos en tiempo de Antíoco Epífanes, y más tarde en las persecuciones de los Emperadores Romanos, los cristianos las aprovecharon como oportunidades de crecimiento y perseverancia en el amor y la fe. La Palabra de Dios viene a iluminar las vidas en las cuales las tinieblas del sufrimiento o de la cruz hacen su aparición. Lo único que se nos pide a todos aquellos que somos discípulos de Jesús, es que en tiempos de sufrimiento y de cruz " uno pueda ser fiel ". E incluso esa disponibilidad a la gracia de la Fidelidad a Dios en tiempos de torbellinos y tormentas, es en sí, una gracia, un don de Dios. El sufrimiento también nos hace solidarios con la mayor parte del mundo que porta una cruza tan pesada o más que la nuestra. Su sufrimiento debe ser abrazado por nosotros, en solidaridad humana y espiritual. Porque todos caminamos juntos hacia el Mundo Nuevo, que Jesús nos ha venido a ofrecer.

3. Los cristianos viven hoy el drama del que vive su mundo. No son extraños ante este mundo. Pero como discípulos del Maestro Jesús, tienen en Él su modelo de vida. Cristo no fue extraño a su propio mundo, sino que vivió en medio de los altibajos de su tiempo, de las alegrías y de las penas, de la vida y de la muerte. Como consecuencia de esa encarnación en la vida diaria de las personas, Jesús ahora vive de la misma manera. Involucrado e interesado en nuestras vidas. Pero ya lo hace desde otro ángulo. Jesús ha resucitado de entre los muertos, y este hecho es tan significativo para el seguidor y discípulo de Jesús, que este evento glorioso ilumina el devenir humano y alimenta la esperanza de que ya todo ha cambiado, ya ahora vivimos en medio de un mundo que ha sido redimido, de un mundo que camina hacia la liberación total, hacia " el mundo nuevo", que deja entrever el Evangelio de hoy incluso en medio de sus tintes de final cataclísmico. En ese mundo nuevo algún día, cuando el Padre, lo haya decretado desde la eternidad, Jesús, el Ungido, el Cristo, el Hijo de Dios, vendrá y reinará. Ahora todavía los cristianos vivimos la condición terrestre de Jesús, y no su condición gloriosa, de resurrección. Pero ya estamos desde aquí construyendo un mundo nuevo, un mundo en el cual el mensaje de esperanza, de liberación, de salvación, que Jesús nos trae como legado del Padre, empieza a ser vivido, a ser construido. Los cristianos se comprometen con los valores evangélicos de amor, de justicia y de paz, concretizada en las múltiples ocasiones y oportunidades que nos trae la vida. El mundo nuevo que se avecina al final de los tiempos es un mundo real, del REINO, que va ya fermentando en su proceso de afincamiento en los corazones de la humanidad hasta que llegue la Parousía final, el triunfo final, le venida final, la personal y la universal. Cristo es el Principio y el Fin, el Alpha y la Omega. Su reino a construir es el proceso entre ambos términos que culmina con la plenitud del mismo en el Reino de los cielos.

  C O N C L U S I Ó N :
6 1. Hay que vivir la realidad de Jesús, en su persona y en su mensaje, en nuestra vida para así poder construir su Reino en este mundo. Hay todavía tanto por hacer. El final no debe estar muy cerca. Hay oprimidos, ignorantes, discriminados, extranjeros que se les niega lo básico para su vida, emigrantes que son mirados con recelo como ciudadanos de segunda clase, a quien podemos explotar, pero no respetar con derechos íntegros. Hay falta de Fe, de Amor, de Justicia. Hay violencia, terror, odios, racismos, materialismos.... Pero en medio de todo este reino de oscuridad, el cristiano adopta una actitud de esperanza. Ya no todo es igual El Bien ha vencido al mal. El NUEVO MUNDO sigue su proceso, hasta la Parusía final. El discípulo es la presencia encarnada de ese Reino. Hasta que su proceso llegue a su fin. Entonces Cristo reinará.

2. " ¿Qué haríamos si solo nos quedara un día de vida para el Final?. Los cristianos viven su vida como si cada día fuera el Primero, el Único y el Último día. A través del Evangelio de hoy se nos invita a la vigilancia continua y total. Hoy, nuestra presencia aquí en esta reunión eucarística contribuye a fomentar y construir ese Reino Nuevo, ese MUNDO NUEVO. La Eucaristía que comemos nos alimenta y nos da fuerza para seguir construyendo ese Reino de justicia, de amor y de paz. Hasta el final de los tiempos.
 
Isidoro V. Vicente, O.P., Houston, Texas
 

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Trigésimo Segundo Domingo Ordinario C

2M 7,1-2.9-14: Martirio de los hermanos Macabeos: Dios nos resucitará.
2Ts 2,15-3,5: El Señor os dé fuerzas para todo lo bueno.
Le 20,27-38: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

 

DIOS DE VIVOS

 

1. La fe en la resurrección de los muertos

a) Una consulta malintencionada
b) Respuesta de Jesús a los saduceos

2. La muerte no tiene la última palabra

•  Dios nos ha preparado por Cristo un destino de vid
•  E1 hombre no es un ser para la muerte, sino para la vida

3. El creyente es persona de optimismo y alegre esperanza

a) Porque ama la vida y a los hermanos
b) Con optimismo y alegre esperanza

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1. La fe en la resurrección de los muertos

Una consulta malintencionada.- En la primera lectura y en el evangelio de hoy tenemos un mensaje bíblico sobre la resurrec­ción de los muertos, artículo del Credo que profesamos continua mente, pero del que no extraemos todo su alcance paya la vida presente y la futura.

Como leemos en la primera lectura (2M 7,Iss ), esa fe en la resurrec­ción para la vida mantuvo en pie a los siete hermanos Macabeos y a su madre en el momento del martirio durante la persecución religiosa del rey seléucida de Siria, Antíoco IV Epífanes (167-164 a.C.). Es la primera vez que en el AT se afirma explícitamente la resurrección de los muertos (y se repite en 12,43s). Igualmente cl libro del profeta Daniel, contemporáneo de estos acontecimientos, menciona claramente la resu­rrección (12,2s), y el libro de la Sabiduría (50 a.C.) habla de la inmortalidad (3,Iss). Verdad tardía, por tanto, en la historia de la revelación veterotestamentaria.

2. La muerte no tiene la última palabra

a) Dios nos ha preparado por Cristo un destino de vida, porque no es Dios de muertos, sino de vivos. Toda la Biblia es un testimonio de fe en el Dios de la vida y amigo de la vida. Aunque la existencia del cristiano, como la del resto de los hombres, es una trama de preocupaciones, miserias, tentaciones, luchas y dificultades, el amor que Dios nos tiene y nos ha manifes­tado en Cristo es "un consuelo permanente y una gran esperanza", como dice san Pablo en la segunda lectura (2Ts 2,15ss). El Señor es fiel, da fuerzas para todo lo bueno y protege del mal al que se acoge a El.

La máxima aspiración del hombre es la inmortalidad; por eso se resiste a morir por completo. Los padres buscan perpetuarse en sus hijos, el escritor en sus libros, el político en la estima del pueblo, el fundador de una obra en la misma. Si después de esta vida no hubiera nada, el hombre se sentiría íntimamente frustrado; efectivamente, la vida humana sería una "pasión inútil", y el hombre un ser para la nada, como aseguró el existencialismo nihilista (J. P. Sartre).

¡Pero no! La muerte no tiene la última palabra ni es el final del camino. Ya lo dijo san Pablo: “ SI Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados, y los que murieron con Cristo, se perdieron. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos. el primero de todos" (1 Co 15,17ss). La certeza de nuestra resurrección radica en Cristo resucitado. Si El murió para hacernos hijos de Dios v darnos vida nueva por su Espíritu, esta vida no puede ser perecedera, sino definitiva y eterna. Tal es la fe de la Iglesia: "Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro" (Credo).

b) El hombre no es un ser para la muerte, sino para la vida.- Si nuestra existencia está unida a Cristo en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya (Rm 6,5). Por eso podemos cantar con el Salmista: "No he de morir; yo viviré para contar las hazañas del Señor" (Sal 118,17). Mas para el discípulo de Cristo creer en la vida eterna supone creer primeramente en la vida presente, porque toda actitud de menos­precio o rechazo de ésta cuestiona la credibilidad de aquélla.

Si nos preguntamos cuál fue la filosofía de Jesús ante la vida presente y la futura, hay que buscar la respuesta a partir de su encarnación en la raza humana. Al asumir nuestra naturaleza con un compromiso total, valoró todo lo terreno en su justa medida. La vida tiene valía en si misma; y, aunque los valores humanos no son absolutos, ni únicos, ni definitivos, hay que asumirlos, apreciar­los y potenciarlos como hizo Jesús: valores corno la verdad y la libertad, la salud y el amor, el dinero y, la economía, la justicia y la liberación social, la promoción del nivel. y calidad de vida, la cultura y la realización de hombre como persona.

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3. El creyente es persona de optimismo y alegre esperanza

a) Porque ama la vida y a los hermanos.- La esperanza de nuestra resurrección debe hacerse realidad operativa en el mundo de los hombres por la práctica de las bienaventuranzas, es decir, por la conducta y el testimonio de los que aman al hermano en vez de odiarlo, de los que lo liberan en vez de oprimirlo, de quienes lo promocionan en vez de explotarlo. Ese amor al hermano se muestra eficaz allí donde. frente a la desilusión, el fatalismo y la increencia, se abren al hombre posibilidades de vida y de plenitud personal en la libertad, la justicia y la fraternidad. Es precisamente la fe en la vida eterna lo que da valor, hondura y luz al quehacer de la vida presente. Creer en la resurrección es apostar por la vida presente y por el hombre. "Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida; lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte" (Un 3,14).

b) Con optimismo y alegre esperanza.- El mensaje y anuncio de las realidades últimas, lejos de sumirnos en el terror, debe alentar en nosotros la alegría de la esperanza por el triunfo definitivo con Cristo. Incorporados como estamos a El por la fe y los sacramentos, su destino es el nuestro. Así no hay lugar para el miedo y el derrotismo. Es la fe quien diluye el miedo cuando éste llama a nuestra puerta. Como decía Martín L. King: "Los temores normales y las fobias que se expresan en una angustia neurótica, pueden ser curados por la psiquiatría. Pero el miedo a la muerte, al no-ser y a la nada, expresado en la angustia existencial, sólo puede ser curado por una fe religiosa positiva".

El cristiano auténtico es un optimista por definición, por necesidad diríamos. Pues, por lo que se refiere al pasado, confía en Dios, padre amoroso que perdona al hijo pródigo. Por lo que respecta al futuro, tiene fe en Alguien que es más fuerte que él para vencer la miseria, el mal y la muerte. Y, por lo que toca al presente, el creyente afronta la vida con fe, a pesar de ser la existencia un reto continuo a todos los niveles: crecimiento y madurez. personal, relaciones con los demás, mantenimiento y armonía de la propia familia, ámbito laboral y proyección social.

El creyente acepta estos desafíos con alegría, optimismo y confianza en Dios, y repite para sí lo que decía el apóstol Pablo: "Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta para ganar el premio al que Dios, desde arriba, me llama en Cristo Jesús" (Flp 3,13s). Mas, para resucitar con Cristo, el primero de la lista, hemos de morir libremente y por amor con El y como El, que llegó a la gloria de la resurrección no sin pasar antes por la cruz y la muerte.

Cristo lo dijo y en El se cumplió: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto (Jn 12,24). El bautizado en Cristo tiene en sí la semilla de eternidad, es un ser para la vida nueva en Dios mediante una muerte diaria y continua al hombre viejo, pecador, insolidario y caduco, hasta dar alcance a la meta de la liberación final que es la Vida en plenitud.
 
 

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JUGANDO A MORIR

 

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"Sueño", lo más normal es sentenciar que sueño es la muerte. Pero, conviene insistir en que no se trata de una dormición de la que uno jamás despierta, sino que tiene un despertar eterno.

Es válida la sentencia del poeta portugués Herculano, al inscribirse en su tumba del Monasterio de Belén en Lisboa: "¿Dormir? Sólo duerme el frío cadáver. El alma vuela a refugiarse a los pies del Omnipotente." Pero es incompleta. Porque un día también despertará el cuerpo para no volver a dormir jamás.

Señor, enséñanos a pensar con frecuencia en el prodigio de nuestro destino final, cuando el polvo de nuestros restos mortales realice la resurrección del ave fénix, no en poética leyenda, sino en maravillosa verdad.

Señor, en esta época en que se amalgama el sibaritismo más refinado del cuerpo humano, con la ignorancia más lamentable de su meta trascendente, enséñanos que nuestra carne es portadora de valores eternos, más allá de las estrechas fronteras de la materia.

Señor, no debemos quedarnos a mitad de camino en nuestro aprecio cristiano del cuerpo, cuidándolo con amor como parte integrante de nuestra personalidad, sino que también debemos pensar en ese misterio glorioso que será su despertar eterno.

Señor, ante la concepción pagana de la muerte, enséñanos a exclamar con Teresa de Lisieux: "No muero; entro en la Vida."
 

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Nuestra vocación a vivir para siempre

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P rimera lectura. 2M 7,1-2. 9-14
El tema de esta liturgia es la resurrección
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En esta lectura del Antiguo Testamento encontramos ya una creencia explícita, en estos hermanos perseguidos que sufrieron martirio, en la vida después de la muerte y en la resurrección. Por esta esperanza entregaron sus vidas antes de renunciar a la fe de sus Padres.

Segunda lectura. 2Ts 2, 15-3, 5

S. Pablo reza para que los cristianos tengan esperanza. La espe­ranza cristiana es primeramente sobre la promesa de Cristo de resurrección y vida, sólo secundariamente sobre progreso humano en esta vida. Influido por el secularismo, el hombre moderno tiende a concebir la Esperanza de modo inverso.

Tercera lectura. Lc 20, 27-38

Leemos en este Evangelio sobre una discusión entre Jesús y algunos jefes que no creían en la resurrección. Los jefes quieren atrapar a Jesús con una pregunta capciosa, pero el Señor aprovecha la pregunta para poner énfasis en el significado de la resurrección. El Evangelio nos recuerda que nuestra resurrección de entre los muertos es coherente con la naturaleza de Dios. Dios es Dios de vida. Dios es Dios de los vivos. No hay nada increíble en la resurrec­ción; con respecto a Dios es como la creación. La primera creación y la resurrección son parecidas: son transmisión de vida.

En la creación, la vida es temporal; en la resurrección la vida es para siempre. Si creemos en el Dios de la Creación, estamos obliga­dos a creer en el Dios de la Resurrección.

Algunas preguntas para pensar durante la semana

  1. ¿Cuál es mi reacción ante la muerte?
  2. 2. ¿Cuáles son mis verdaderas esperanzas?
 
 

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TIERRA DE DIOS

José Manuel Feito, párroco de Miranda

Escucha allá en el fondo.
¿No recuerdas tu despertar incierto cara al alba?
Hemos pasado a nado a «la otra orilla»
-Aún redoblan muy lejos las campanas-.

Te podría hoy decir, con estas manos
tan llenas de palabras,
que existe tierra firme,
un continente detrás de la Esperanza.

Hoy sería muy fácil.
Mas tu mismo
has surcado esta mar encabritada.
Tierra firme. Ya ves. ¡Quién lo creyera!

... ¡y que haya dudado tu plegaria... !
¡Pisa fuerte! Resuena
el suelo pertinaz bajo tu planta.

¡Es tierra firme! Sí. Aquí no hay barro,
casi, casi no hay agua
sino la que saltó a la vida eterna
desde el fondo del alma.

Aquí ya no habrá más turbias angustias,
ni suspiros ni lágrimas.
Sólo un amor inmenso
junto a la mar de las Eternas Playas.

Si volviera la vida a su destierro,
buscarías la aurora deseada
por el cauce profundo de esta tierra
donde brilla una espléndida mañana
de Dios. Hoy ya lo ves...

Aprieta fuertemente tus dos plantas
contra el suelo de luz. ¡Es tierra firme...
y has perdido la fé y la esperanza !

 

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ORACIÓN

¡Venid y veréis! dijiste a tus apóstoles Señor

Haz que sepamos disfrutar de estos momentos
de tranquilidad y de contemplación
de oración y de escucha
de paz y de interioridad.

Haz, Señor, que no renunciemos
a estos oasis de esperanza y de fortaleza
que son los momentos de adoración eucarística.

Que entendamos que, estar delante de Tí,
no es una obligación sino una necesidad
para el que quiera estar en comunión contigo
para todo el que desee trabajar por tu Reino
para todo aquel que quiera ser fuerte en medio de lo débil.

Tú, Señor, que te retiraste en la soledad
para comprender y entender la voluntad del Padre
danos el don de la oración
para gustar y saborear
estos momentos de gloria y de eternidad
en nuestro estar contigo

Amén.

 

 

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MANIFIESTO DE EDUCADORES AUTOGESTIONARIOS
ESCUELA - SOCIEDAD - ESTADO

No entendemos ese distintivo de escuela pública y escuela privada... ¿A que se llama escuela publica? ¿A la estatal? ¿Acaso no es publica toda escuela?

1.-Defendemos el derecho de la Sociedad frente al Estado , el cual no puede ser el más poderoso propietario privado. El Estado sólo sirve a la Sociedad si es un Estado coordinador, no un Estado Subordinador. Su función no es, pues, estatalizadora, sino socializadora. Usurpa el poder colectivo cuando para convertirse en superpotencia o suprapoder despotencia a la sociedad, sometiéndola a la impotencia.

.-ESCUELA - SOCIEDAD.

2.-No teniendo la sociedad el poder que debiera, es obligación de los educadores, como parte de la sociedad especialmente vocacionada para esclarecer la verdad, ir devolviendo a la sociedad lo que le pertenece ,

 

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Foto cómica - Ironías de la vida
firma

Sin palabras. Vale más una imagen que todas las palabras que puedan ocurrirse.

Esta foto suscita abundancia de chistes.

Vivir para ver. Se hace esto en el capitolio, que era residencia de los papas en el verano.

¡Parece mentira! Cuando quieren saltar dieciocho siglos y no hacer mención del cristianismo, firman ante, y bajo la presidencia de la imagen monumental del Papa Inocencio X (1644-1655) dando la bendición “urbi et orbi”

 

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Declaraciones públicas del piloto Fernando Alonso

 

- Por cierto, aquí estamos en casa de Ayrton Senna (cuyos restos mortales descansan cerca del circuito, en el cementerio de Morumbí). Él se declaraba una persona muy religiosa. ¿Lo es usted?
R: No.
P: ¿Cree en Dios?
R: No.
P: ¿Es agnóstico? ¿Ateo?
R: No sé lo que soy... pero no creo .
Carta al piloto Fernando Alonso
(Carta de D. Salvador)

Mi admirado Fernando:

La verdad es que me ha dolido una manifestación tan íntima, tan personal y tan inoportuno e indiscreta que hiciste a la prensa desde el GP de Brasil, al decir: «No creo en Dios».

Soy un admirador tuyo. Cuando mi trabajo lo permite, sigo con gran interés y emoción tus valientes salidas, tus adelantamientos en pista, tu serenidad, tu talento de campeón. ¿Sabes de quién has recibido todo esto? De ese Dios en quien no crees. Tú eres un espejo y un ídolo para los niños, para la juventud, para los mayores. Pero sólo Dios es Dios. Los ídolos, los espejos, se caen, se rompen, desaparecen. Dios, no. Es inmutable, infinito, omnipotente y eterno. Pero lo más atractivo, al menos para mí, es que Dios es un Padre que nos ama con locura a cada hombre, porque «Dios es Amor». Aunque no creas en Él, te ama, te comprende, te perdona siempre. Dios, Fernando, es la explicación de todo. Dejando a un lado a Dios, dejamos todo sin explicación (la vida, la familia, el trabajo, los coches Fórmula 1, la muerte, la justicia, etcétera). Sin Dios nada tiene sentido.

La fe en Dios no carece de fundamento. Nuestro entendimiento natural tiene por objeto natural inmediato lo que pertenece a la naturaleza (y Dios está más allá y por encima de la naturaleza) pero podemos conocer a Dios por sus huellas, por sus manifestaciones, por las cosas creadas, porque las cosas no se hacen solas, alguien las creó, las hizo. Los coches tan perfectos que utilizas ¿se hacen solos? La Biblia (seguro que la tienes en tu casa de Oviedo) comienza así: «En principio creó Dios el cielo y la tierra...».

Me gustaría charlar personal­mente contigo sobre ese Dios Padre bueno en quien dices no creer, porque quizá tu problema principal no es de fe sino de otras cosas. No obstante, quiero decirte que los argumentos de la existencia de Dios no son demostraciones del tipo de los experimentos de las ciencias naturales; suponen algo más que el funcionamiento de los ojos o de los oídos; requieren una reflexión serena, sin prejuicios, sin modas y una apertura sincera de esa Verdad que es Dios. Dice Santa Teresa de Ávila: «Dios es tan grande que vale la pena buscarle durante toda la vida». Fernando, te espero y deseo que sigas triunfando. Ahora que ha terminado el Mundial, reflexiona con la almohada y verás cómo son ciertas las palabras de uno de los hombres más inteligentes, más «golfos», y más santos de la historia, San Agustín: «Para el que quiera creer, tengo mil argumentos; para el que no quiera creer, no tengo ninguno». Un gran abrazo desde tu Oviedo.

Salvador Tejedor Melero, párroco de la Manjoya y capellán del Hospital Monte Naranco

 

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EN EL AÑO EUCARÍSTICO ADORAMOS AL SEÑOR

El gozo de estar junto a Ti

Venir a Visitarte, me llena el alma de alegría inmensa
porque es venir a conversar con el Amigo
porque es venir y colmarse de luz,
de paz, serenidad, brío y fuerza


Venir a visitarte, y postrarme a tus pies
es para mí causa de gran honra,
pues me siento más favorecido que si uno de los grandes
de este mundo me concediera audiencia
y me otorgara toda clase de favores.

Y es natural que mi alma se dilate en esta experiencia santa
al sentirme cerca de Tí, Jesús Eucaristía,
al experimentar lo que me amas
y que te agrada que venga a visitarte.

¡Que gozo! ¡Que alegría! ¡ Que inmenso júbilo
poder estar aquí en tu presencia! Jesús Eucaristía.



Es la satisfacción de quien sabe que está junto a su
Redentor, cerca de Aquel que todo lo puede,
todo lo sabe y que desea curar nuestros males,
aliviar nuestras heridas y derramar
su consuelo en nuestros corazones.

Es un gozo que supera toda alegría humana, porque
simplemente es el gozo de Dios, que se comunica
con plenitud a nuestras almas.

¡Gracias, Jesús Eucaristía! Mil gracias por
concederme esta alegría privilegiada y profunda de
vivir estos momentos de oración cerca de Tí,
bajo el influjo de tu amor gigantesco que
nos ama, nos purifica y nos santifica.

¡Un momento cerca de Tí, vale más que miles de
años lejos de tu transformadora presencia.

¡Te amo, Jesús Eucaristía! y gracias por permitirme
vivir estos momentos cerca de Tí.

 

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REFLEXION
 
ictios

La situación en la que nos desenvolvemos diariamente nos hace caer en la cuenta de que, a penas, hay espacios para el silencio y el encuentro con uno mismo. También, transportándolo a Dios, el estrés y las prisas que llevamos han dado al traste con algo tan elemental como esencial en la vida de un cristiano: el estar junto a Aquel al que se ama, Dios.

ictios Contemplar este Año Eucarístico es saber que, la adoración a la eucaristía, es como ponerse en la playa a tomar el sol. Parece que, a simple vista, sus efectos no se hacen notar pero, al paso de unas horas, nuestro rostro se broncea. Contemplar y venerar la eucaristía es buscar una brisa que nos viene de Dios en la fuerza transformadora y bronceadora para el alma a través de Cristo en el altar. ¿Hay algo mejor?
   
 

!!!QUÉDATE SEÑOR¡¡¡

·   En lo aparentemente invisible del pan y del vino. Quédate...

·   En las prisas y en los agobios que nos alejan de Tí. Quédate....

·   En nuestra contemplación a la Eucaristía. Quédate...

·   En nuestra incapacidad para detenernos y amarte. Quédate...

·   En las situaciones de agotamiento e incredulidad. Quédate...

·   En nuestra frialdad y tibieza para las cosas de Dios. Quédate....

 

 

feliz

ORACIÓN

 

¡Venid y veréis! dijiste a tus apóstoles Señor

Haz que sepamos disfrutar de estos momentos
de tranquilidad y de contemplación
de oración y de escucha
de paz y de interioridad.

Haz, Señor, que no renunciemos
a estos oasis de esperanza y de fortaleza
que son los momentos de adoración eucarística.

Que entendamos que, estar delante de Tï,
no es una obligación sino una necesidad
para el que quiera estar en comunión contigo
para todo el que desee trabajar por tu Reino
para todo aquel que quiera ser fuerte en medio de lo débil.

Tú, Señor, que te retiraste en la soledad
para comprender y entender la voluntad del Padre
danos el don de la oración
para gustar y saborear
estos momentos de gloria y de eternidad
en nuestro estar contigo

Amén.

 

flores

LA FOTO COMENTADA
vivo

UN DIOS DE VIVO

 

DOMINGO 32 C

Hemos vivido durante mucho tiempo una religiosidad un poco fúnebre. Demasiada seriedad y tristeza en nuestras practicas religiosas y celebraciones. A Dios lo hemos asociado durante mucho tiempo con el mal, al acudir a El sólo en los momentos duros y crueles de la vida. Incluso le hemos echado la culpa de todo lo malo que brota a nuestro alrededor. Y Jesucristo vino a traernos la alegría de vivir. Quiero que tengáis vida, y la tengáis en abundancia…No quiero la muerte del pecador, sino que se arrepienta y vida… Yo soy la Vida… Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos… Dice el señor.

El Reino de los Cielos es la fiesta eterna de la vida. En él disfrutamos de la compañía entrañable de Aquel que dio, y da, la vida a todo lo que existe. Y Cristo murió en la Cruz para que nosotros viviéramos. Por eso el Reino de Dios es el Reino de la GRACIA. Y la Gracia es la presencia de Dios en nosotros para que vivamos felices. No tengáis miedo, Yo estoy con vosotros… Te basta Mi Gracia…¡Levántate y anda!... Joven, a ti te lo digo: ¡Levántate!... Haz esto y vivirás… Son palabras que Jesucristo va diciendo en distintos momentos para que caigamos en la cuenta que El ha venido a traernos la VIDA. Y cuando decimos en el Padrenuestro venga a nosotros Tu Reino, es lo mismo que decir: VENGA A NOSOTROS TU VIDA. QUE TÚ VIVAS EN MÍ.

La religión vivida así, con el Señor como Dueño de mi Vida, y Vida de mi Amor, es una maravilla. Pero nos empeñamos en adormilarnos y no gozar del trato directo y grato con el Dios. Y de esa manera no entendemos nada, ni convencemos a nadie. Creo que hace falta que caiga sobre nuestras parroquias, grupos, comunidades, obras, individuos…una lluvia intensa de optimismo, de gozo, de esperanza, de alegría.  Que nos vean sonreír cuando estamos con Dios, y cuando estamos con los demás. Que ofrezcamos la auténtica cara del cristianismo, y dejemos la tristeza para los que se empeñan en hacer de sus vidas una miseria.

Dios es Dios de vivos. Intenta siempre estar vivo/a, y acércate a los que están muertos, y diles con energía apostólica: ¡Dios te quiere vivo! ¡Levántate y anda! Dios es la vida. Goza de ese don que El te ha regalado

flores

7 de noviembre de 2004

(Por José Cristo Rey)
  ¡ La fe en la resurrección no es de todos !
piensa

Lo peor no es la falta de fe en la resurrección, sino que el tema no interese. Nuestro mundo se está configurando de tal manera que no deja espacios para pensar en cuestiones como "¿qué hay después de todo ésto?". Hay personas curiosas, especulativas que dedican su tiempo a pensar en esto. El tema de la reencarnación, trasmigración, resurrección, es -a veces- objeto de conversación. Si algún libro o artículo lo pone de moda, se convierte también en tema de conversación o debate; pero ¡pasada la moda, pasado el tema!

escalera

Los saduceos eran, en tiempos de Jesús, los representantes de esta mentalidad. No les interesaba el tema de la resurrección de los muertos. Con una cierta ironía y sorna le presentan a Jesús un caso hipotético. Su razonamiento parece -valga la redundancia- ¡razonable! Si según la ley de Moisés, uno debe casarse con la mujer del propio hermano, cuando éste ha muerto sin dejar descendencia; si la hipotética historia nos dice que eran siete hermanos y los siete murieron (¿referencia a los siete hermanos Macabeos, que creían en la resurrección?), entonces, en ese mundo de la resurrección, ¿de quién será esposa? ¿cuál de los siete hermanos gozará del título de esposo legítimo?

Jesús podría haber respondido: ¡del primero! Pero, no quiso entrar en esa cuestión. Aprovechó la oportunidad para contraponer este mundo y el venidero. En éste se manifiesta que somos hijos de nuestros padres y que esa generación nos hace "mortales". En el otro mundo se manifestará que somos hijos de Dios y que esa generación nos hace inmortales. Aquí el matrimonio es necesario para que haya descendencia... que al fin y al cabo se verá abocada a la muerte. Allá el matrimonio no es necesario, porque toda paternidad y maternidad corresponderá al Dios que dará vida eterna a sus hijos e hijas.

cerezas

Jesús exalta y canta la paternidad-maternidad de su Abbá. Y les replica a los mismos saduceos diciendo que el mismo Moisés habló del Dios Vivo y no de un "dios de muertos". Quien tiene experiencia de la cercanía de Dios, sabe que está tocando la vida eterna.

Cuando Pablo se propuso hablar de la Resurrección de los muertos en el areópago de Atenas, se rieron de él y le dijeron que otro día lo escucharían. Quizá algo parecido nos ocurra a nosotros. Hay personas que no tienen el horizonte de la resurrección en su vida, o al menos ese horizonte no influye en su forma de pensar, en sus decisiones, en sus actuaciones.

rosa

Creer en la resurrección de los muertos no es un dogma para el "más allá". Es fe para el "acá". Es creer en que la vida de ahora es iniciación de la vida eterna y nada ni nadie será capaz de destruirla de manera definitiva.

La falta de esperanza de la que adolecemos tantas veces en la iglesia y en la sociedad, surge precisamente de la pobre fe en la resurrección, que es lo mismo que decir, en no creer que somos -¡todas y todos!- hijos del Dios de vivos. Hay quienes critican a la Iglesia y a sus ministros inmisericordemente, como si estuviéramos dejados de la mano de Dios. Hay personas que envejecen en su malhumor hacia todo y con ello manifiestan que no tienen horizonte de resurrección. ¡Qué pena!

Lo difícil es ser hoy testigos de la Resurrección. Tal vez el buen humor, la alegría, la serenidad, la fe en la lentitud de Dios, nos devolverá el optimismo y llegaremos a decir, con una cierta ironía: "Y si pasa... ¿qué pasa?"

 

 

flores

humor

Y, como remate...

UNA SONRISA SANA

Que tu paso por esta sección de humor te deje una sonrisa limpia y una dulce sensación de alegría.

¡¡¡Dios te bendiga!!!

 

" Estad alegres en el Señor..." (San Pablo)

Ten presente que: “ UN SANTO TRISTE... ES UN TRISTE SANTO”

 
 

SONRÍA POR FAVOR

En la librería

-¿Tienen tarjetas de San Valentín de esas que pone "Tú eres mi único amor"? Sí, señor. Aquí tiene una.

-No, una no. Quiero una docena, por favor.

En el restaurante

-¡Está bien! ¡Si no tienen liebre, tendrán gato al menos! -dice un señor que está muy enfadado porque ya no queda su plato preferido.

-Mire, señor... -responde con calma el camarero-, si tuviéramos gato, hace tiempo le habríamos traído liebre.

Firmeza paternal

-¡Papá, papá! ¡Llévame al zoo!

-¡De eso nada, Paquito! -el progenitor adopta una pose muy digna-. ¡Si quieren verte, que vengan a casa!

Humor mejicano

-María, tráeme el antídoto contra las víboras.

-¿Qué pasó, Pancho? ¿Que ya te picó? -No, pero la veo acercarse, no más.

 

VACACIONES

Marcho unos días de vacaciones. sólo te pido que me riegues los

geranios.


geranios

 
 

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flor

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JC

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Todo esto lleva un trabajo que ya os podéis imaginar. pero merece la pena, por supuesto, como podéis comprobar. Recibid una abrazo. Laurentino

P.D También la Cofradía vinculada a esta parroquia tiene su Web: www.cofradiadelsilencio.ya.st

 
 

El Movimiento ARPU con la colabiación de la Parroquia, elabora cada semana un CD que contiene las lecturas del domingo con ilustraciones en Power Point, así como una Revista en Word y otros contenidos de interés. Puede solicitarse en la parroquia

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