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EUCARISTÍA

reflexiones entre amigos

Revista semanal elaborada por:

MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE. OVIEDO

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30 de Enero de 2005
 

4º domingo del tiempo ordinario

   

 
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  Agnus Dei
 

2005 AÑO DE LA EUCARISTÍA Y DE MARÍA INMACULADA

Maria InmaculadaMaría es la única criatura humana que es modelo y tipo de este programa-radiografía interior de su Hijo Jesús.

Hace 150 años de la declaración del Dogma de la Inmaculada.

Corrientes laicistas de entonces se proponían eliminar la divinidad y reemplazarla por la humanidad.

La declaración del dogma es una manifestación del más alto grado de que la humanidad está herida y debilitada y que sólo en Dios encontrará base, estabilidad y consistencia

¡Que María Inmaculada nos lo recuerde de nuevo!


"Dichosos los pobres de espíritu"

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 1 - 12a
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En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra del Señor.

   

Cuarto Domingo Ordinario (A)

Lecturas:

  • So 2.3;3.12-13: Dejare en medio de ti un pueblo pobre y humilde
  • Di Co 1,26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo.
  • Mt 5.1-12a: Dichosos los pobres en el espíritu.
 

LAS BIENAVENTURANZAS:
PROGRAMA DE VIDA CRISTIANA

I.- Las Bienaventuranzas: espíritu del Reino de Dios

a) EI Discurso evangélico del Monte. Las Bienaventuranzas leídas este domingo como evangelio, son el prólogo del Discurso evangélico del Monte (M t 5-7), que es una grandiosa composición literaria en que Mateo recopila y sistematiza para el discípulo, como en un catecismo breve o vademécum, diversos temas de la predicación­ de Jesús en ocasiones distintas. Es el primero de los cinco gran­des discursos que vertebran en secciones el evangelio de Mateo. Las Bienaventuranzas son la más sublime lección que jamás ha dictado un maestro de espíritu.

Los temas básicos del también llamado "Sermón de la Montana” como veremos en los domingos siguientes hasta el noveno inclusive, son estos:

-Las Bienaventuranzas, espíritu del Reino: 5,1-12 (DomA).

-EI discípulo. Sal de la tierra Y luz del mundo: 5,13-16 (Dom.5)'

-La nueva justicia del Reino (a base de antítesis): 5,17-37 (Dom.6).

-La no-violencia y el amor a1 enemigo: 5.38-48 (Dom.7).

- Imposibilidad de servir a dos amos: Dios y el dinero: 6,24-34 (Dom.B).

- Cumplimiento de la voluntad del Padre: 7,21-27 (Dom.9).

 b) Las Bienaventuranzas resumen el espíritu del Reino .- Por eso tiene amplia cabida en el leccionario litúrgico, tanto dominical como ferial y de los Santos. En primer lugar, los biblistas ven en este pasaje de Mt un paralelismo, intencionadamente alusivo al AT. Así:

- La montaña a la que sube Jesús recuerda el monte Sinaí, lugar de la promulgación de la Ley de la Antigua Alianza.

-Cristo aparece como el nuevo Moisés, el nuevo legislador: Habéis oído que se dijo a los antiguos...,pero yo os digo.

-Los discípulos representan al nuevo Pueblo de Dios, el Pueblo de la Nueva Alianza.

•  Mateo (5,1-12) y Lucas (6,20.26) :" los dos únicos evangelistas que relatan las Bienaventuranzas. Para hacer su composición literaria ambos siguieron una primitiva fuente común (llamada Q = Quelle: colección de dichos [loguia] del Señor). Pero entre ambos ambos evangelistas hay algunas diferencias.

Mateo escribe para destinatarios judíos convertidos al cristianismo; por eso es más judaizante que Lc en la expresión de sus ocho Bienaventuranzas que pone en tercera persona y que matiza espiritualizándolas: pobres "en el espíritu", hambre y sed “de justicia” limpios "de corazón", perseguidos "por la justicia". .

Lucas, en cambio, escribe su evangelio para cristianos provenientes del paganismo grecorromano. Pone las Bienaventuranzas en segunda persona del plural, combinando el presente (“ahora”) con el futuro; y parece tener una intenci6n mas directa o sociológica en los términos: pobres, perseguidos, los que lloráis, etc.

Estos matices diferenciales entre Mt y Lc no afectan excesivamente al contenido, porque en ambos las bienaventuranzas en boca de Jesús, la proclamación profética de1 espíritu y actitudes propias de quienes optan por el Reino de Dios que É1 inaugura en el mundo de los hombres.

 

II - ¿Utopía o realidad?. Claves de interpretación:

a) En clave de lógica racionalista , las Bienaventuranzas son una estupidez aberrante y demencial; las ocho normas para no triunfar nunca en la vida, para ser un infeliz fracasado en vez de un dichoso. Pero esta es la sabiduría humana, de3 la que se ríe Dios (2ª lect.). Las

Bienaventuranzas suponen una tal inversión de los criterios y valores humanos que es imposible entenderlas con la lógica de este bajo mundo. Es un ideal tan alto que el hombre terreno y carnal no pue­de darle alcance; por eso a la fuerza habrá de tachar a Jesús de cínico o masoquista. Porque la dicha del pobre no puede ser su pobreza, ni la del enfermo o perseguido el sufrimiento, ni la del encar­celado los barrotes de su celda, ni la del mártir su tormento.

b) La interpretación espiritualista es la contrarreplica de la ante­rior . Las Bienaventuranzas significan un vago espiritualismo concep­tual y simpatizante con el bien, la pobreza, la paz, la resignación fatalista y el sueño de un mundo bonito y fraterno. Total, todo se reduce a una bella utopía ideal, un prisma de cristales a través de cuyos colores se vislumbra un paraíso de hadas. Huelga decir que así la actitud personal y el compromiso efectivo se diluyen en la pasivi­dad de lo imposible. No nos vale esta c1ave, por alienante.

c) La lectura sociológica es la que prefieren otros. EI sentido primero y directo de los términos, su significado inmediato, es lo que cuenta para ser destinatario de las Bienaventuranzas de Jesús.

EI pobre y el hambriento, el oprimido y el explotado, el perseguido y el encarcelado, por el mero hecho de serlo están ya sin mas dentro del Evangelio, son bienaventurados, son los elegidos para el Reino.

No es exacto. La mera situación sociológica no se identifica can la actitud sicológica personal. Y esta segunda es según Mateo la que más califica para las Bienaventuranzas, cuando se da la primera. No se es heredero del Reino de Dios por el simple dato de ser pobre; como tan poco exc1uye Jesús al rico solamente por su condición de rico. Si bien es cierto que la pobreza material, el sufrimiento y la enfermedad, la situación de opresión y la persecución ayudan al hombre a abrir su espíritu a Dios, en quien el débil confía más fácilmente que el poderoso, el sabio engreído o el rico autosuficiente y satisfecho.

d) La opción por los pobres y marginados es otra de las c1aves de interpretación . Quienes la patrocinan acentúan que la bienaven­turanza de la pobreza resume todas las demás. Es una fuerte corrien­te eclesial que, fundamentada en la Biblia y en la teología de una libe­raci6n integral por la fe en Cristo, ha cobrado fuerza en las C omunidades cristianas. Los documentos de las Conferencias de Medellín (1968) y Puebla (1979), así como el Sínodo de Obispos de 1971 sobre "La justicia en el mundo" y la Instrucción romana "Libertad cristiana y liberación" (1986) acentúan la opción preferencial por los pobres, porque así lo hizo Jesús, como aparece con toda evidencia en el Evangelio. Esta lectura es valida, nos sirve.

e) La vida, ejemplo y conducta de Jesús son, en definitiva, la clave mas autentica de interpretación de las Bienaventuranzas. Él fue pobre y sufrido, tuvo hambre y sed de justicia, fue misericordio­so y limpio de corazón, trabajo por la paz y la reconciliación, fue perseguido y murió por causa del bien y por amor al hombre. De esta forma encarnó en su persona las actitudes básicas del Reino que preconizan las Bienaventuranzas, y estas se convierten para el discípulo en programa real y posible del seguimiento incondicional de Cristo.

 

III - Las Bienaventuranzas: programa de vida cristiana

a) Norma suprema y carta magna del discípulo.-Las Bienaventuranzas son consideradas por biblistas y teólogos como la norma suprema de conducta para el cristiano, aunque no estén redactadas en forma de ley constitucional o código, ni siquiera como imposición. Las Bienaventuranzas son en labios de Jesús una invitación y un indicativo, no un imperativo; pero un indicativo de tal alcance y categoría que constituye la norma base de conducta moral, la carta magna de autenticidad para el cristiano. Porque exponen las actitu­des personales que han de dar a todo discípulo de Cristo, y no solo a una minoría selecta, su calidad espiritual y humana.

Cada vez que se hace la proclamación de las Bienaventuranzas, como en el evangelio de hoy, somos invitados a confrontar nuestros criterios y conducta con los valores nuevos del Reino, para dar ante el mundo el testimonio de alegría que recomienda Cristo al final de la lista. Alegres en la pobreza efectiva y de espíritu, en el sufrimien­to, en el hambre y sed de justicia, en la mansedumbre y limpieza de corazón, en la paz y la fraternidad, bajo el peso de la injusticia y de la persecución por el Evangelio y por la fe en Jesús de Nazaret; sin odios ni rencores ni resentimientos, sino amando siempre a todos.

¿ Que esto es pedir mucho? Efectivamente, porque la practica de las Bienaventuranzas constituye el crisol de prueba, la línea divisoria entre el auténtico seguidor de Cristo y el cristiano sociológico, de número o herencia familiar. EI primero de ambos no es un tonto pasivo o un pobre infeliz, sino un aristócrata del espíritu que con humildad, vacío de si mismo y respondiendo al don de Dios, opta lealmente por los valores del Reino, como exhaustivamente hizo Jesús.

b) Sólo quien las practica entiende las bienaventuranzas, porque son paradójicas y suponen una inversión total de los criterios al uso; son, diríamos, el mundo al revés. Pertenecen a la esfera religiosa de la vivencia experimental del don de Dios en la fe. Por eso únicamente son capaces de entenderlas en toda su profundidad quienes las viven por una opción personal espontánea o por una aceptación gozosa de lo inevitable asumiendo con libertad de espíritu una situación dada.

Estos son los sucesores de los "pobres de Yahvé", los 'anawím. "el resto" de Israel de que habla la primera lectura, tomada del profeta Sofonías (2,3;3,12-13). Este profeta, posterior al primer Isaías y contemporáneo de Jeremías (hacia el 630 a.c.) fue el primero en dar un alcance espiritual al tema profético de los pobres; verdadero precursor del senti do neotestamentario de "pobre" que confiando en el Señor y vacío de sí mismo, practica la rectitud y la justicia con absoluta fidelidad.

Igualmente San Pablo en la segunda lectura (l Co 1,26--31) hablando de la sabiduría de Dios que confunde la sabiduría del mundo, acentúa la preferencia de Dios por lo pobre del mundo, lo necio, lo despreciable, lo que no cuenta, lo marginado. A estos "pobres" vocaciona el Señor para entender la sabia locura de la Cruz de Cristo en quien tenemos sabiduría, justicia, santificación y redención.

c) La pobreza como síntesis.-Imposible comentar aquí todas las Bienaventuranzas con sus aplicaciones concretas. Quizás sea el testimonio de la pobreza lo que mejor entenderá nuestro mundo actual: un compromiso real de la Iglesia y de los cristianos con la pobreza efectiva y de espíritu, expresado en la opción personal y comunitaria por la liberación de los pobres, en el amplio sentido de la palabra. Pues "pobreza" es un concepto que engloba muchos aspectos: económico, social, cultural, espiritual, religioso,. carencia de dignidad y derechos humanos, marginación, privación de libertad, negación de voz y voto, explotaci6n. Injusticia, opresión, enfermedad y muerte prematura. En el amplio concepto de pobreza. como en un denominador común, pueden tener cabida las demás Bienaventuranzas (cf,LC 62.68).

Cristo se identifica con el pobre, hasta decir en la sentencia del juicio final: Lo que hicisteis con uno de estos pequeños conmigo lo hicisteis (Mt 25,40). Es cierto que Jesús también tuvo amigos aunque pocos: Lázaro y sus hermanas, Nicodemo. José de Arimatea y quizás las mujeres que le ayudaban con sus bienes en las campañas apostólicas. Pero nunca tuvo amigos "poderosos". EI prefirió a los pobres y como ellos y con ellos vivió (LC 66-67).

La urgencia de la pobreza evangélica es para todos los cristianos; pues se trata de un consejo o indicativo evangélico que no es patri­monio exclusivo de los que hacen voto y profesi6n de pobreza en la Iglesia como los religiosos, sino algo necesario para la autenticidad y perfección cristianas

Dichosos los pobres en el espíritu"; es decir, bienaventurados también los que, incluso poseyendo bienes, tienen desprendido su corazón de la riqueza, comparten con los demás lo que poseen, se fían de Dios más que de su cuenta bancaria o sus ahorros, son aco­gedores sin autosuficiencia ni paternalismos y se muestran abiertos y humildes para ser enriquecidos espiritual y humanamente con las cualidades de los menos pudientes. Porque nadie es tan rico que no necesite de los demás, ni nadie es tan pobre que no pueda aportar algo al hermano.

Conclusión

Busquemos nuestra propia identidad cristiana en la practica tenaz de las Bienaventuranzas. Esas son las actitudes y ras gos característicos del que sigue a Cristo, de la Iglesia en su conjunto y de cada comunidad cristiana, si queremos ser fieles al Evangelio y a nuestra misión evangelizadora del mundo.

Las Bienaventuranzas son camino de felicidad, paradójica pero real, si aceptamos y secundamos la invitación del Señor. Que EI nos conceda entenderlas, asimilarlas y vivirlas para entrar en el Reino; pues todo esto en definitiva es don de lo Alto que reemplaza nuestra sabiduría humana por la de Dios (2ª lectura). "Estad alegres y con­tentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo" (Mt 5.12).
 

MÁS REFLEXIONES PARA AYUDAR A LA HOMILÍA

La proclamación de las bienaventuranzas que acabamos de oír nos evoca a la persona de Jesús como la realización de las mismas. EI fue el que "siendo rico se hizo pobre", "se despojo de su condición divina" y vivió como siervo "sin tener donde reclinar la cabeza". Él es la persona "de corazón manso y humilde". Él "lloró y suplicó con lágrimas a quien podía librarlo de la muerte ". Él vivió para despertar en los que le seguían el "hambre y sed de justi­cia". Él "se compadecía ante toda miseria humana ", tanto física como moral. Vivió con un corazón transparente, sin doblez. Vino a recon­ciliarnos con Dios y entre nosotros, y así pacifi­car a todos los pueblos. Y, por ultimo, sufrió per­secución llevando una muerte injusta. Cierta­mente fue dichoso, pues encarna la realidad de las ocho bienaventuranzas.

(J.A.Pagola)

FELICIDAD NO SE COMPRA Dichosos...

Nadie sabe dar una respuesta demasiado clara cuando se nos pregunta por la felicidad. ¿Qué es de verdad la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?

Ciertamente no es fácil acertar a ser feliz. No se logra la felicidad de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer los deseos. Cuando uno ha conseguido lo que quería, descubre que está de nuevo buscando ser feliz. También es claro que la felicidad no se puede comprar. No se la puede adquirir en ninguna planta del «Corte Inglés» como tampoco la alegría, la amistad o la ternura. Con dinero sólo podemos comprar apariencia de felicidad.

Por eso, hay tantas personas tristes en nuestras calles. La felicidad ha sido sustituida por el placer, la comodidad y el bienestar. Pero nadie sabe cómo devolverle al hombre de hoy el gozo, la libertad, la experiencia de plenitud.

Nosotros tenemos nuestras «bienaventuranzas». Suenan así: Dichosos los que tienen una buena cuenta corriente, los que se pueden comprar el último modelo, los que siempre triunfan, a costa de lo que sea, los que son aplaudidos, los que disfrutan de la vida sin escrúpulos, los que se desentienden de los problemas...

Jesús ha puesto nuestra «felicidad» cabeza abajo. Ha dado un vuelco total a nuestra manera de entender la vida y nos ha descubierto que estamos corriendo «en dirección contraria».

Hay otro camino verdadero para ser feliz, que a nosotros nos parece falso e increíble. La verdadera felicidad es algo que uno se la encuentra de paso, como fruto de un seguimiento sencillo y fiel a Jesús.

¿En qué creer? ¿En las bienaventuranzas de Jesús o en los reclamos de felicidad de nuestra sociedad?

Tenemos que elegir entre estos dos caminos. O bien, tratar de asegurar nuestra pequeña felicidad y sufrir lo menos posible, sin amar, sin tener piedad de nadie, sin compartir... O bien, amar... buscar la justicia, estar cerca del que sufre y aceptar el sufrimiento que sea necesario, creyendo en una felicidad más profunda.

Uno se va haciendo creyente cuando va descubriendo prácticamente que el hombre es más feliz cuando ama, incluso sufriendo, que cuando no ama y por lo tanto no sufre por ello.

Es una equivocación pensar que el cristiano está llamado a vivir fastidiándose más que los demás, de manera más infeliz que los otros.

Ser cristiano, por el contrario, es buscar la verdadera felicidad por el camino señalado por Jesús. Una felicidad que comienza aquí, aunque alcanza su plenitud en el encuentro final con Dios.

INFORMACIONES VARIAS

 

¿Dónde estaba Dios durante el «tsunami»?
Tres lecciones para las conciencias, según la «Civiltà Cattolica»
ROMA, jueves, 20 enero 2005 ( ZENIT.org ).- La tragedia causada por el «tsunami» en el sudeste asiático y África arroja tres lecciones: la precariedad del ser humano, la exigencia solidaridad, la necesidad de conversión, considera el editorial del último número de la revista La Civiltà Cattolica .
En última instancia, estas tres lecciones son la consecuencia de la respuesta a la pregunta que muchos se han hecho ante la catástrofe: «Y Dios, ¿dónde está en todo esto?», escribe la revista de la Compañía de Jesús cuyos borradores son revisados por la Secretaría de Estado vaticana.
«Ante todo hay que decir que ver un castigo divino en las catástrofes naturales por los pecados de los hombres es un error, que pone en cuestión a Dios tal y como ha sido revelado por Jesús en el Evangelio», afirma.
«Dios es un Padre que cuida providencialmente a todos sus hijos, que perdona sus pecados, en particular, cuida a los pobres, a los pequeños, y no abandona a quienes sufren», reconoce.
«Su providencia consiste en el hecho de que Dios sabe sacar el bien para los hombres incluso de las situaciones más dolorosas y trágicas en que le colocan los acontecimientos desastrosos de la naturaleza, así como su maldad y falta de sabiduría», indica.
«La manera en que esto tiene lugar es para nosotros un gran misterio», reconoce el editorial, «pero precisamente porque Dios es bueno tenemos que pensar que no permitiría que estos hechos dolorosos y trágicos, si no fuera capaz y no tuviese la intención de sacar del mal el bien para los hombres», asegura.
«Precisamente porque Dios es justo tenemos que pensar que la providencia amorosa de Dios es más grande para los humildes, los pobres y los niños inocentes», añade.
«Dios, en su ternura paterna, estaba cerca de cada uno de esos niños y los salvó en su Reino», asegura.
Esta consideración lleva a la revista a sacar tres lecciones para los hombres y mujeres contemporáneos.
En primer lugar, esta tragedia «debe recordarnos la condición de precariedad en la que se desarrolla la vida del hombre sobre la tierra».
Esta constatación, sugiere, debe llevar a evitar la tentación que plantea «el orgulloso sentido de omnipotencia que algunos cultivan en el mundo de hoy, seguros de que el hombre, con los impresionantes poderes del progreso científico, podrá derrotar las fuerzas del mal que pueden acabar con su bienestar, a su salud y a su vida».
En segundo lugar, la tragedia del sudeste asiático «debe ser un llamamiento a la solidaridad», sugiere la revista más antigua de las que se publican en Italia. «El verdadero problema de los países golpeados por el "tsunami" es el de la reconstrucción».
Pero, «por desgracia --añade--, no se mueven en esta dirección la ciencia y la técnica», denuncia.
«Basta pensar en las inmensas sumas de dinero que podrían servir para dar comida y educación a los millones de personas que mueren de hambre y para curar enfermedades, como el sida, que corre el riesgo de destruir todo un continente como África, y que sin embargo son derrochadas por la búsqueda y la construcción de armas cada vez más terribles y mortíferas, como si no fueran suficientes los inmensos arsenales de armas nucleares que ya existen y que podrían destruir muchas veces el planeta».
Por eso, en tercer lugar, este desastre constituye un llamamiento a la «conversión», explica citando a Jesús en el Evangelio (el accidente de la torre de Siloé).
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El inesperado interés por Dios de la sociedad contemporánea
Tentativas para que la sociedad esté más en sintonía con lo trascendente

LONDRES, sábado, 22 enero 2005 ( ZENIT.org ).- La reciente tragedia en Asia ha llevado a muchas personas a traer a colación la cuestión de Dios y el sufrimiento. Las respuestas van desde aquellos que buscan en la pérdida de vidas un argumento contra la existencia de Dios, hasta quienes ven en el desastre una llamada a aumentar su fe.
Los ateos y los humanistas están determinados a combatir lo que ellos consideran una influencia negativa de la religión, informaba el 4 de enero Reuters. «Frente al impacto religioso en los valores humanistas, tenemos que hablar y extender nuestro mensaje», afirmaba Roy Brown, presidente de Internacional Humanist and Ethical Union (IHEU) con sede en Suiza.
Con este fin, una Conferencia Mundial de Ateos se reunirá en Vijayawada, India, este mes, y en julio la IHEU reunirá su Congreso Mundial en la sede parisina de la UNESCO, la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas.

La espiritualidad en alza
Pero no todos ven la religión como una fuerza negativa. Las escuelas de negocios, por ejemplo, están ahora ofreciendo cursos de espiritualidad en el puesto de trabajo. «Lo que quieren enseñar a sus estudiantes», informaba el 11 de enero el Wall Street Journal, «es la importancia de ser fieles a sus convicciones – tengan su raíz en una religión organizada o en la moralidad personal – en medio de las acechantes llamadas y tentaciones a las que probablemente se enfrentarán a lo largo de sus carreras».
«Durante muchos años ha sido un tabú hablar sobre espiritualidad a los trabajadores», declaraba al periódico Thierry Pauchant. Pauchant, que es profesor en gestión ética en la escuela de negocios HEC de Montreal, añadía: «Pero la gente sufre por no ser capaz de afrontar esa parte de sí mismos y lleva una vida más integrada».


Bastante antes de la llegada de los escáneres cerebrales, Aristóteles habría dicho probablemente la misma cosa, basado en la explicación del papel de los buenos hábitos en el comportamiento ético. Pero al menos la tecnología moderna puede ayudar a una nueva generación a aprender las mismas lecciones.
Steven Schwartz, vicecanciller de la Universidad británica de Brunel, comentaba la necesidad de moralidad entre los estudiantes universitarios en general. En un reportaje el 12 de enero en el Telegraph de Londres, se quejaba de que las universidades están fallando a la hora de proporcionar a sus estudiantes un sentido básico de la moralidad.
«¿Cómo podemos esperar que analicen temas éticos como la investigación con células madre o la nanotecnología o la eutanasia o el matrimonio homosexual cuando no podemos siquiera lograr que entiendan que deberían ser educados con los demás y deberían cumplir sus obligaciones?», preguntaba Schwartz.
Añadía que durante el siglo pasado se volvió casi imposible que las universidades proporcionaran «la educación moral preceptiva de los siglos anteriores». Ahora, continuaba, «creo que es el momento de que las universidades una vez más articulen una visión moral de lo que están intentando lograr, y luego vivirlo».
Cultura y cristianismo
La cultura popular puede abrir también sus puertas a la religión. Tras el éxito este último año de «La Pasión de Cristo», una canción de rap que exalta a Jesús fue reconocida en los últimos premios Grammy.
Un editorial el 10 de diciembre en el Los Angeles Times observaba la aparente contradicción de la música rap, con frecuencia centrada en la exaltación del sexo, el dinero y las drogas, al tomar una dirección religiosa. Pero la canción «Jesus Walks», de Kanye West, fue una de las canciones que tuvo más éxito en los Grammys. Como Mel Gibson, West encontró el rechazo de los ejecutivos de la industria y tuvo que gastar su propio dinero para producir y promocionar la canción.
El editorial añadía que otros artistas rap están también produciendo canciones con mensaje religioso, incluso a pesar de que la industria en general todavía es reticente. Pero, reconocía, que «la popularidad de ‘Jesus Walks' puede reflejar bien una espiritualidad no pregonada, aún no enfocada, entre los fans del género».
Otra buena noticia para la religión llegó justo antes de Navidad cuando se supo que un filósofo británico, conocido desde hace tiempo por su ateísmo, había cambiado su punto de visa sobre Dios. Anthony Flew admite ahora que «cierta suerte de inteligencia o primera causa debe haber creado el universo», informaba el 9 de diciembre Associated Press.
Flew se describió a sí mismo como una clase de deísta, pero incluso esto es un gran cambio para alguien que durante décadas de enseñanza en la Universidad de Oxford proclamó que no había evidencias de la existencia de Dios, observaba el reportaje de AP.

Una historia de amor
El cardenal Ratzinger admitía que no es una tarea fácil poner la religión en palabras y conceptos que pueda entender el mundo moderno. Una forma de describir la esencia del cristianismo en lenguaje moderno, añadía, es describirlo como una historia de amor entre Dios y la humanidad. Algo cariñoso para una sociedad que lucha por hacer sitio a Dios.
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  EUCARISTÍA: ACCIÓN DE GRACIAS

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Lucas 17, 11-19

Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».

 

 

Breve reflexión

La sociedad nos esta acostumbrando a sentirnos dueños de todo y, a veces, incluso de todos. La gratitud reside precisamente en saber que nuestros derechos vienen y se sustentan, al fin y al cabo, en su legítimo dueño: Dios

Por la eucaristía damos gracias a Dios por tantas cosas, visibles e invisibles que El nos concede. ¿Cuando llegaremos a comprender en toda su profundidad de quién se ofrece (Cristo),el cómo se ofrece (su gran amor) y nuestra unión con El (por la caridad).

El alzheimer de muchos cristianos  reside precisamente en que han olvidado dar gracias a Dios porque piensan que, todo lo que han recibido, ha sido conquistado por inercia personal y sin intervención de una mano poderosa. Alguien, con cierta razón, ha llegado a decir que el hombre ha perdido la gratitud porque, hace tiempo, que perdió la dimensión de la fiesta auténtica y más profunda: DIOS

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¿Soy consciente de que, cada eucaristía, es una acción de gracias que Jesucristo presenta a Dios por mí?

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¿Valoro esa ofrenda de Jesús, su cuerpo y su sangre, que la realiza con la misma fuerza y pasión que en la tarde de Jueves Santo?

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¿Aporto un corazón lleno de fiesta, unas manos abiertas y una mente lúcida para vivir, recibir y comprender mejor la eucaristía?

Gracias, Señor, por la eucaristía...

mGracias, Señor, porque deseabas ardientemente celebrar la pascua con nosotros...

Gracias, Señor, porque en la última cena, partiste tu pan y tu vino en infinitos trozos, para saciar nuestra hambre y nuestra sed...

Gracias,  Señor; porque en el pan y en el vino, nos entregas tu vida y nos llenas de tu presencia...

Gracias, Señor, porque nos amaste hasta el final, hasta el extremo que se puede amar..: morir por otro..., dar la vida a otro...

mGracias, Señor, porque quisiste celebrar tu entrega, en torno a una mesa con tus amigos, para que fuesen una comunidad de amor contigo...

Gracias, Señor, porque nos dijiste que celebrásemos la eucaristía en memoria tuya...

Gracias, Señor, porque en la eucaristía nos haces uno contigo, nos unes a tu vida, en la medida en que estamos dispuestos a entregar la nuestra...

Gracias, Señor, porque en cada eucaristía, podemos celebrar y renovar nuestra vivencia de comunión, con todos los hermanos que compartimos tu pan y tu vino..., y con todos los hombres...

mGracias, Señor, porque todo el día, puede ser una preparación para celebrar y compartir la eucaristía...

Gracias, Señor, porque compartir la eucaristía, nos lleva a compartir la vida, el trabajo, el dolor y la fiesta...

Gracias, Señor, porque podemos celebrar la eucaristía todos los días...

Gracias, Señor, porque todos los días puedo volver a empezar..., y continuar mi camino de fraternidad con mis hermanos, y mi camino de transformación en ti...

  ¡GRACIAS, SEÑOR!

J.Leoz

 

LA FOTO COMENTADA

El símbolo de una sociedad sin alma

nIba yo caminando y me encontré esta cuna vacía y abandonada en medio de la calle. Siempre llevo conmigo la cámara de fotos por lo que pueda surgir. Y pensé que esta imagen daba mucho que pensar y la fotografié en mi digital. Me vino a la cabeza enseguida un pensamiento sobre el valor de la vida humana. Esa cuna seguro que había acogido entre sus barrotes una o más seres humanos, bebés que vienen a la vida. Cuando los padres la compraron pusieron en ella mucha ilusión. Seguro que ya venía de camino un hijo. Pero ahora la han dejado abandonada. Ya no esperan más hijos. Las fuentes de la vida en ese hogar, como en tantos otros se han cerrado. No hay mucho interés por los hijos. Las familias numerosas no se “llevan”. Los hijos son para la mayoría una complicación. Me decía una mujer joven con lágrimas en los ojos que no podía ser madre porque su marido se negaba a darle un hijo. Cuando ella le preguntó el por qué de su actitud, le respondió que para querían un hijo si ya tenían un perro . El colmo del absurdo y de la insensatez es que ese llamémosle esposo prefería dormir con el perro en lugar que con su mujer. Ya se puede imaginar el lector como terminó el matrimonio. Yo me atrevería a decir que hoy, en muchas zonas de nuestras poblaciones y urbanizaciones, hay más perros que niños. No me extrañaría que los que abandonaron la cuna compraron una caseta para el perro.

¡Cuantos niños y ancianos tienen envidia de esos perros que parecen señoriítos caprichosos! Algunos sirven de compañía a personas solas, pero otros convierten a sus amos en esclavos de sus caprichos. Hay que infundir alma espiritual a esta sociedad tan materializada. Hacen falta más cunas y menos mascotas.

                                                       Juan García Inza

 

 

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Identidad de la Iglesia: ¡pueblo de humildes y pobres!

José Cristo Rey García-Paredes

mLa Iglesia queda desnaturalizada cuando no responde a su vocación original. No es una comunidad nacida para competir contra los poderosos, ni un ámbito de autopromoción para escalar puestos; ni cuenta con grandes recursos, con grandes sabios y dialécticos capaces de dar la batalla a quien sea; ni siquiera es el espacio donde se encuentran los mejores y los modelos de la humanidad. Nuestros orígenes nos indican que esa no es nuestra identidad.

 

Nos sentimos herederos de aquel pueblo de gente humilde, pobre, marginada, excluida, que en el Antiguo Testamento recibió el nombre de los "Anawim", o "el resto de Israel", o "el pueblo humilde y sencillo" dentro del gran pueblo. 3Características de este resto de Israel son la confianza absoluta en Dios y no en sí mismo, la alegría, la humildad, la hospitalidad. Tanto le fascinó al evangelista Lucas esta imagen del Pueblo de los Anawim -propia de profetas como Isaías, Sofonías...- que cuando en su Evangelio nos habla de María, la identifica con ella. Ver a María es ver la personificación de ese pueblo, del resto de Israel. Todo lo que es anunciado a María, se les anuncia a los escogidos de ese pueblo: "ha mirado la humillación", "ha puesto sus ojos en ti", "¡alégrate, agraciada", "el Señor está en medio de tí", "¡bendita tú... porque has creído!".

También el apóstol Pablo descubrió el encanto de la comunidad cristiana. En ella -decía- no hay poderosos, sabios, no están los primeros, los mejores... Parece que Dios ha escogido a los últimos, a los pobres, a los que no cuentan. Él mismo añade que no quiere desvirtuar esta identidad de la comunidad utilizando palabras de sabiduría humana, recursos de vanagloria: ¡solo la cruz de Jesús! La comunidad cristiana sin humildad, sin pobreza, ¡no es cristiana! Pues Jesús fue, ante todo, el humilde, el confiado absolutamente en el Abbá, el conducido por el Espíritu, el maestro de la mansedumbre y del corazón. De tal Maestro, tales discípulos. Pablo no quiere que la comunidad cristiana entre en competición con la sociedad. Valora su humildad, a cada uno de sus miembros y sus carismas; pero no la pide que abandone ese talante. 2

Lo más valioso de la comunidad cristiana, lo que hace de ella portadora de una "loca libertad" es Jesús, proclamado como "Sabiduría", "Justificación", "Santificación", "Redención". No necesitamos otros recursos. Jesús solo es nuestra riqueza. Junto a Él nada nos falta.

En el Evangelio Jesús define los rasgos de la Comunidad del Reino, que sigue sus pasos. Las Bienaventuranzas no son únicamente una declaración de identidad estática, sino dinámica. Al llamar bienaventurados a sus 1discípulos y discípulas, Jesús -al mismo tiempo- los está lanzando. Son las palabras de ánimo para entrar en acción. Como cuando unos jugadores van a salir al campo de fútbol y el entrenados les dice: ¡adelante, campeones! ¡sois los mejores! ¡veréis qué victoria! Así Jesús anima a su comunidad y la define en clave de futuro. Tienen a su favor todo, todo. Nada ni nadie será capaz de vencerla. Pero, un poco antes, decía el Evangelista, que a Jesús habían llegado gente de todas partes, gente sencilla, humilde, necesitada, hambrienta. A esa comunidad es a la que Jesús lanza.

Nosotros somos Iglesia de Jesús cuando adoptamos esta actitud, este talante, esta espiritualidad. Nuestra Iglesia es la de Jesús cuando sonríe, cuando manifiesta a la sociedad su inquebrantable confianza en Dios, cuando presenta un mensaje evangélico atractivo e irresistible. Por eso, no nos extrañe que la iglesia del Señor aparezca donde menos nos lo pensamos y no allí donde aparentemente ella pretende mostrarse. Discursos fríos y protocolarios, mensajes desabridos con iras disimuladas, pulsos a los grupos políticos para vencerlos.... no son nuestro estilo. Nos cuesta convencernos, pero por ese camino, nuestra sociedad no se encuentra con el pueblo de los "anawim".

Nuestra sociedad necesita descubrir en nosotros el rostro de mujeres y hombres "bienaventurados". Nuestra alegría no nace de llevar una vida aburguesada, descomprometida, cerrada en nuestros intereses. Sino de todo lo contrario. Cuando estamos de verdad con la gente, cuando nos dejamos llevar por el espíritu compasivo y humilde de Jesús, entonces gozamos de la simpatía de todo el pueblo.

4No necesitamos "defendernos". El camino no es decirle a la sociedad ¡qué malos son ellos! y ¡qué buenos somos nosotros! Jesús nos decía que no ha de saber la mano derecha lo que hace la izquierda, cuando demos limosna, cuando nos pongamos a servir a los demás. Jesús no será nuestra Justificación, si nosotros impacientes nos autojustificamos antes. Jesús no será nuestra Sabiduría, si nosotros nos explicamos y hacemos nuestras declaraciones públicas "antes". Jesús no será nuestra Redención, si nosotros tratamos de liberarnos "antes". El Señor vendrá... mientras tanto... ¡paciencia! Y... a seguir siendo el pueblo de los humildes y de los confiados.

   

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