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DEL DÍA |
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| Lectura
del Santo Evangelio según San Mateo 4, 12 - 23 |
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Al enterarse
Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a
Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún,
junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí.
Así se cumplió lo que había dicho
el Profeta Isaías:
«País de Zabulón y país
de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras
de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar
diciendo:
-Convertíos, porque está cerca
el Reino de los cielos.
[Paseando junto al lago de Galilea vio a dos
hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés,
que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
-Venid y seguidme y os haré pescadores
de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago,
hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando
las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre
y lo siguieron.
Recorría toda Galilea enseñando
en las sinagogas y proclamando el Evangelio
del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.
Palabra
del Señor |
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Consideraciones en torno al Evangelio
del día. Hitos de Conversión |
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Conversión
de todo lo que intenta desvirtuar e incluso invalidar nuestra
adhesión al Señor. El “hombre viejo” que llevamos
dentro, es esclavo de la soberbia autónoma, de la
avaricia, de la lujuria, de la explotación al prójimo,
del egocentrismo nefasto, en una palabra, se opone al “hombre
nuevo” liberado por Cristo, que fue el Hombre – para- todos-
los- demás.
El imperativo “Convertíos es buena
nueva de liberación, es don de paz, de dicha, de
esperanza...
La vocación es un toque de atención
a nuestra condición de cristianos. ¿No tendremos
dormida o muerta la fuerza original de nuestra vocación?¿No
estaremos inmersos en un cristianismo sociológico
de tradición y herencia familiar, más que
más que de una opción personal consciente?
Nuestra vocación cristiana es al
seguimiento del Señor y sus evangelización,
es asimilación de los criterios y actitudes de
Cristo de servicio ala Reino de Dios, a la verdad, al
amor, a la justicia con preferencia especial a los más
carentes o necesitados.
El tema de la unidad es de gran actualidad
hoy como ayer. Necesitamos el dinamismo de conversión
a la unidad. A nadie se le ocultan las tensiones internas
que padecemos. La división deteriora la fecundidad,
diezma las fuerzas y es un escándalo antitestimonial.
Las legitimas diferencias merecen un respeto.
Hubo dos momentos señalados en la división
de los cristianos: 1º El Cisma de Oriente en el siglo
XI con Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla que
dio origen en 1054 a la Iglesia ortodoxa. 2º Cisma
de Occidente en el siglo XVI, con Martín Lutero
en Alemania 1517 y Enrique VIII de Inglaterra (1539) que
originó las Iglesias Protestantes. |
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LA
FOTO COMENTADA |
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Domingo
tercero del tiempo Ordinario (A) |
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ENCONTRAR A DIOS EN LA VIDA
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Jesucristo
se va a la orilla del mar a buscar a sus colaboradores,
a predicarles la conversión y a ofrecerles una nueva
pesca: la de hombres para Dios. La Religión no está encerrada
en las cuatro paredes de un templo, por muy bello, piadoso
y artístico que sea. La Religión nos
lleva a encontrarnos con Dios allí donde El está,
y El está en todas partes. Por eso debemos hacer
el esfuerzo por unir FE Y VIDA. Dios está donde está el
hombre, y el hombre debe estar donde está Dios. La
casa de Dios y tu casa deben estar unidas por el hilo
conductor de la FE. Y toda una red, como la de los medios
de comunicación, nos debe unir y ponernos en contacto
unos con otros. Desterrar el individualismo y fomentar la
fraternidad, la solidaridad.
Te ofrezco un
comentario acertado del Teólogo Cardenal:
Una tentación constante del hombre religioso:
buscar a Dios al margen de la vida. La división
de la realidad en dos ámbitos, el sagrado y el
profano, hizo posible esa tentación. Hay en el
mundo lugares, personas y tiempos sagrados en los cuales
Dios espera al hombre. Los restantes lugares y tiempos
son profanos y en ellos el hombre se encuentra sólo
con otros hombres. Más aún: con no poca
frecuencia se iba al templo para llevarle al «dios» toda
clase de ofrendas con el fin de que se encuentre a gusto
en su interior y no se le ocurra salir a la vida, desasosegando
a sus devotos. Los profetas del Antiguo Testamento fueron
muy enérgicos al condenar esa separación
de la religión y la vida. Su mensaje, en resumen,
venía a decir: sólo tiene derecho a buscar
a Dios en el ámbito de lo sagrado quien se portó bien
con su hermano en el ámbito de lo profano. He
aquí algunos ejemplos:
«Yo detesto, desprecio vuestras fiestas,
no me gusta el olor de vuestras reuniones solemnes. Si
me ofrecéis holocaustos... no me complazco en
vuestras oblaciones, ni miro a vuestros sacrificios de
comunión de novillos cebados. ¡Aparta de
mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír
la salmodia de tus arpas! ¡Que fluya, sí,
el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne!» (Am
5, 21-24).
«¿A mí qué, tanto
sacrificio vuestro? -dice Yahvé-. Harto estoy
de holocaustos de carneros y de sebo de cebones; y sangre
de novillos y machos cabríos no me agrada (...)
No sigáis trayendo oblación vana: el humo
del incienso me resulta detestable. No tolero falsedad
y solemnidad. Aunque menudeéis la plegaria, yo
no oigo. Vuestras manos están llenas de sangre:
lavaos, limpiaos ... » (Is 1, 11-18).
Pero la verdadera revolución vino con
Cristo. Ahora desaparece la raíz misma de la tentación:
la división del mundo en un ámbito sagrado
y otro ámbito profano.
Lo sagrado y lo profano no son fragmentos excluyentes
del tiempo y del espacio, sino que todo es profano, y
a la vez, todo es sagrado: profano para quien ve las
apariencias externas, y sagrado para quien penetra en
su profundidad.
Vistas las cosas desde Dios podríamos
decir que no se deja encerrar en determinados espacios
o tiempos. Quiere estar en el centro de la vida. Vistas
las cosas desde el hombre podríamos decir que
para el creyente no hay nada profano (aunque puede haber
cosas profanadas).
La vida hecha liturgia
Aquella mujer samaritana que le preguntó a
Cristo si el auténtico lugar sagrado donde Dios
esperaba a los hombres era el templo de Jerusalén,
como sostenían los judíos, o el monte Garizim,
como creían ellos, recibió esta respuesta: «Créeme,
mujer, que llega la hora en que ni en este monte, ni
en Jerusalén adoraréis al Padre (... )
Llega la hora (ya estarnos en ella) en que los adoradores
verdaderos adorarán al Padre en espíritu
y en verdad» (Jn 4, 21-24).
Así comentaba Orígenes:
Tú que sigues a Cristo y que le imitas,
tú que vives de la palabra de Dios,
tú que meditas en su ley noche y día,
tú que te ejercitas en sus mandamientos,
tú estás siempre en el santuario y nunca sales de él.
Porque el santuario no hay que buscarlo en un lugar,
sino en los actos, en la vida, en las costumbres.
Si son según Dios,
si se cumplen conforme a su mandato,
poco importa que estés en tu casa o en la plaza,
ni siquiera importa que te encuentres en el teatro;
si sirves al Verbo de Dios,
tú estás en el templo,
no lo dudes»3.
El Señor
te pides que cambies las redes por otros instrumentos idóneos
para pescar almas. Hoy hacen falta pescadores de almas
que nadan perdidas por un mar embravecido y turbio. El
Señor necesita tu arte y tu inquietud para llevar
loa fe a la vida de aquellos que todavía no saben
que Dios está muy cerca de ellos.
Juan García Inza |
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El
tiempo ordinario nos ayuda a caminar con Jesús durante
su vida terrena y a escuchar sus palabras y su mensaje: El
evangelio de este domingo es una invitación a la conversión, “porque
está cerca el Reino de los Cielos”.
Tras haber
recibido el Bautismo y haber sido “presentado” públicamente
al pueblo de Israel por manos del bautista, Jesús
exige la conversión, el cambio de vida.
Pasan los
días, los años de nuestra vida y ¿cuántas
veces volvemos la vista atrás para ver en qué hemos
cambiado o qué debemos mejorar en todos los aspectos? ¿Cuándo
dedicamos un tiempo a pensar en nosotros mismos y en las
consecuencias positivas o negativas que tiene nuestro
modo de vida? Hoy se nos invita a esa conversión,
porque seguro que si miramos en el fondo de nuestro corazón –o
no tan en el fondo- podremos ver pequeños y grandes
defectos que deberíamos cambiar.
¿Sabéis qué es lo mejor de todo? ¡Jesús
no se fija en nuestros defectos para llamarnos! Al contrario,
ha venido a llamar a los pecadores, en el fondo somos
afortunados.
Afortunados como Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo;
o Simón y Andrés… ¡Y tantos otros!
Ellos fueron llamados por Jesús; e “inmediatamente” lo
dejaron todo y lo siguieron. Es llamativo leer dos veces
la misma palabra (inmediatamente); no se lo pensaron dos
veces, lo dejaron todo por seguirlo. Por seguirlo y por
acompañarle en su misión de predicar el
Reino de Dios y la conversión por los pueblos y
las sinagogas.
Sólo nos pide que cambiemos… que nos dejemos de
mirar tanto nuestro ombligo y que seamos capaces de levantar
la vista y ver toda la gente que hay a nuestro alrededor
y que necesita que se vaya haciendo realidad ese Reino
de Dios, que se instaure la justicia, que se viva en paz,
que se extienda el amor…
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CON JESUS, TODO, CAMBIA DE COLOR
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Seguimos acompañando
a ese Jesús que, más hoy que nunca, en la coyuntura
económica, social, política y eclesial que
nos toca vivir, brilla con la misma fuerza e
intensidad con la que lo hizo en la noche de Navidad.
Sigue brillando, incluso a pesar de que muchos de nosotros
nos podamos interrogar sobre tantas oscuridades que eclipsan
la felicidad del mundo (maremoto del Sureste-Asiático,
la división entre los cristianos). Entre otras
cosas, sigue brillando, porque Jesús no nos dice
que ir detrás de El sea tarea fácil sino
que, exige además, una buena dosis de conversión
y con personas intrépidas que sepan responder sin
temor ni temblor a su llamada. 
El Señor, como entonces a Pedro, Andrés,
Santiago y Juan, inicia su vida pública con
aquellos que sepan anteponer, en algunos momentos, la
voz de Dios y sus propuestas a otros cantos de sirena
que nos embelesan con cierta frecuencia en detrimento
de nuestra fe.
El Reino de Jesús implica, además de otros
aspectos, un apostar por llevar la luz a tantas situaciones
de cortocircuito que se dan a nuestro alrededor. El otro
día escuchaba en un programa radiofónico
que, las futuras generaciones cristianas, comenzarán
a despertar precisamente por la siembra que, aparentemente
costosa y poco fructífera (catequesis, grupos,
etc.,) habrá dejado huella en su ética y
en su conciencia cristiana. Desde luego sólo con
indiferencia podremos cosechar más indiferencia
pero, con propuestas sólidas y convencidas, acompañadas
de un trabajo entusiasta y sin desmayo, intentaremos que,
el día de mañana, nuestros futuros cristianos
miren con respeto al legado que les hemos dejado. ¿Estamos
haciendo un esfuerzo en ese sentido o hace tiempo que
conectamos el contestador automático, para Dios,
con el “no estoy en casa o no le puedo responder”?
2. Estamos asistiendo, aunque algunos se resistan a
verlo, a la debacle de una humanidad posmoderna que ha
comenzado este tercer milenio cansada y agobiada. ¿Cómo
hacerles llegar, a muchos amigos y conocidos nuestros, el
hecho de que Jesús es una Buena Noticia que sana
y orienta con todas las consecuencias toda una vida?.
Cada día que amanece es un cúmulo de noticiarios
negros, de jóvenes que han perdido la ilusión
y el optimismo, el sentido y la luz permaneciendo en un
túnel sin retorno. ¿Cómo podríamos
hacerles vivir que, en la práctica religiosa, se
encuentra un poco de luz y paz, futuro y respuestas?
Tal vez ha llegado el momento de dejar ciertas redes
que han servido para llenar de alimento espiritual a las
generaciones pretéritas pero inservibles para otras
que nos demandan un afán más creativo para
que nunca pueda más la paloma que el mensaje o
la frondosidad más que el interior del bosque.
Por ello mismo, porque el mundo (cada día menos
exigente consigo mismo y con lupa en mano para
con la iglesia) vive sometido a peligrosos contrastes
y a serios apagones en las conciencias de muchas personas,
ha llegado la hora “0” en la que todos (los padres con
los hijos, los sacerdotes con sus fieles, los políticos
con sus convicciones religiosas, etc.,) seamos capaces
de dejar en la orilla las redes de la vergüenza y
del individualismo (gran virus en nuestra iglesia).
Tal vez, el hoy y el ahora evangelizador, pasa por dejar
a un lado las excusas y la pereza para seguir a Jesús
con el convencimiento de que, hoy y aquí, hemos
de dar como nunca testimonio de que pertenecemos no a
un “club en extinción” sino a una Iglesia
que, contra viento y marea, sabe, mantiene y predica que
el vivir según Dios implica no ceder al chantaje
de los iluminados de turno. ¡Cuántos hombres
han querido ser, a lo largo de la historia, «luz» para
sus conciudadanos!, y a veces sólo se han quedado
en unos iluminados, fundamentalistas, que para imponer
sus ideas han acabado con todos sus detractores. A veces,
incluso hasta con buena voluntad y todo.
En medio de todo ello con el Señor por delante y
guiados por El, nos iremos preparando para que en un futuro,
no muy lejano, podamos ir curando enfermedades
y cerrando cicatrices de muchas personas que sentirán
el zarpazo de la soledad, del vacío espiritual
o del relativismo de todo y en todo.
J. Leoz |
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Señor, no soy nada
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¿Por qué me
has llamado?
Has pasado por mi puerta
y bien sabes que soy
pobre
y soy débil.
¿Por qué te has fijado en mí?
ME HAS SEDUCIDO, SEÑOR,
CON TU MIRADA. ME
HAS HABLADO
AL CORAZON Y ME HAS QUERIDO.
ES IMPOSIBLE CONOCERTE
Y NO AMARTE.
ES IMPOSIBLE AMARTE Y NO SEGUIRTE.
ME HAS SEDUCIDO,
SEÑOR .
Señor, yo te sigo
y quiero darte lo que pides.
Aunque hay veces que
me cuesta
darlo todo, Tú lo
sabes; yo
soy tuyo. Caminas, Señor,
junto a mí.
Señor, hoy tu nombre
es más que una palabra.
Es tu voz que hoy resuena
en mi interior, y me habla
en el silencio.
¿Qué quieres que haga por Tí?
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COMIENZA LA SEMANA DE ORACIÓN
POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
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En este año,
su preparación ha implicado un avance en la colaboración
ecuménica |
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CIUDAD
DEL VATICANO, viernes, 14 enero 2005 ( ZENIT.org ).- «Cristo,
fundamento único de la Iglesia» es el lema
de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
que se celebra en casi todo el mundo del 18 al 25 de enero.
Durante estos ocho días, muchos de los dos mil millones de cristianos
participarán en encuentros de oración, inspirados en un texto que
en esta ocasión se basa en una propuesta redactada por los miembros del
comité teológico del Consejo Ecuménico de Iglesias de Eslovaquia.
Este año, la preparación de la Semana ha marcado un hito en la
colaboración entre la Santa Sede y el Consejo Mundial de las Iglesias:
por primera vez el texto ha sido publicado conjuntamente por la comisión «Fe
y Constitución» de ese Consejo y por el Consejo Pontificio para
la Promoción de la Unidad de los Cristianos.
La decisión ha sido anunciada por el obispo Brian Farrell, secretario
del Consejo Vaticano, y por Samuel Kobia, secretario general del Consejo Mundial
de las Iglesias.
El texto, preparado por el grupo ecuménico, plantea tres preguntas: «¿Cuál
es el fundamento sobre el cual se construye la nueva “existencia” de sus Iglesias?»; «¿Existe
un espacio de creencia en la unidad dentro del proceso de fe de las respectivas
comunidades confesionales?»; «¿Cuáles son los medios
para fortalecer el servicio de la Iglesia?»;
La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos concluye el 25 de
enero, día en el que se celebra la conversión de san Pablo. En
el Hemisferio Sur en ocasiones se celebra en otras fechas, frecuentemente en
torno a Pentecostés.
La Comisión «Fe y Constitución» es la única
entidad del Consejo Mundial de las Iglesias que cuenta con una representación
de la Iglesia católica.
El Consejo agrupa a más de 340 iglesias, denominaciones y comunidades
de iglesias en más de 100 países y territorios de todo el mundo
que representan a unos 400 millones de cristianos, incluidas la mayoría
de las iglesias ortodoxas, gran cantidad de denominaciones de tradiciones históricas
de la Reforma Protestante como anglicanos, bautistas, luteranos, metodistas y
reformados, así como muchas iglesias unidas e independientes.
La Iglesia católica no forma parte del Consejo, aunque mantiene relaciones
de colaboración.
El texto completo de los materiales de la Semana de Oración por la Unidad
de los Cristianos puede leerse en la página web del Consejo
Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos .
ZS05011409 |
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CRISTO,
FUNDAMENTO ÚNICO DE
LA IGLESIA (1 Cor 3,1-23)
Comisión Episcopal de
Relaciones Interconfesionales
18-25 de enero de 2005 |
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Cada año,
del 18 al 25 de enero, todos los cristianos somos convocados
de manera muy especial para orar por la unidad. Aunque
son muchos los aspectos que nos unen, todavía estamos
separados unos de otros. Ante esta anómala situación,
no podemos permanecer impasibles, como si no nos afectara
o no tuviéramos nada que hacer. Al contrario: hemos
de seguir fielmente a nuestro Señor Jesucristo
que ha querido que la comunidad de sus discípulos,
la Iglesia, fuera una sola cosa en Él.
1. Sentido de la oración
por la unidad de los cristianos
La Semana de oración por la unidad nos interpela
sobre la actual división, que contrasta con la
voluntad de Jesucristo y que disminuye la capacidad evangelizadora
de la Iglesia.
Al rezar por la unidad plena de los cristianos nos unimos
a la oración de Jesús la víspera
de su muerte: “No ruego sólo por éstos sino
también por aquellos que, por medio de su palabra,
creerán en mí, para que sean todos uno.
Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos
también sean uno en nosotros, para que el mundo
crea que tú me has enviado” (Jn 17, 20-21). Jesucristo
elevado al cielo intercede siempre ante el Padre por nosotros
para que vivamos como hermanos. 
Al orar por la unidad de los cristianos reconocemos
que en el corazón del ecumenismo está la
súplica perseverante a Dios para que nos envíe
su Espíritu de concordia y de paz. La oración
nos hace disponibles para trabajar sin desmayos, a pesar
de los obstáculos, según los planes de Dios,
que quiere la unidad de sus hijos. La Semana de oración
por la unidad de los cristianos, que ha sido desde su
origen como un despertador de nuestra conciencia para
sintonizar con la voluntad del Señor sobre su Iglesia
y fermento del movimiento ecuménico, debe purificar
nuestro corazón de prejuicios, otorgarnos humildad
para reconocer nuestros fallos y disponernos a la reconciliación.
Cuando en la oración toman parte cristianos,
aún separados pero que aspiran hondamente a la
unidad plena y visible, adquiere el encuentro una significación
particular; invitamos a que en la medida de lo posible
se organicen entre las diversas confesiones cristianas
estas celebraciones de oración. Orar juntos empuja
hacia la concordia; recitar unidos el Padrenuestro expresa
y fomenta la unidad de la fe. Jesucristo, que ha prometido
estar con nosotros cuando nos reunimos en su nombre (cf.
Mt 18,20), nos fortalece con su presencia para recorrer
los caminos de la unificación.
2. “Cristo, fundamento único de la Iglesia”
Es el lema de este año para la Semana de oración
por la unidad de los cristianos. Resume la respuesta de
san Pablo a los fieles de Corinto, que por actitudes contrarias
a la condición cristiana estaban divididos, apuntándose
a grupos rivales con su líder a la cabeza (cf.
1 Cor 1, 10-4,21). Pablo, Pedro, Apolo y otros apóstoles
son colaboradores del Señor y ministros del Evangelio,
que han desarrollado diversas tareas en la comunidad;
pero “nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto,
Jesucristo” (1 Cor 3,11). Los apóstoles deben ser
servidores de Cristo y administradores fieles de los misterios
de Dios (Cf. 1 Cor 4,1). El bien excelente de la unidad
de la Iglesia ha necesitado desde el principio ser reafirmado
sobre sus fundamentos y ser recordado en la exhortación
cristiana frente a las disensiones y escándalos.
El que Jesucristo sea el único fundamento puesto
por Dios (cf. Act 4, 11-12; Ef 2, 19-22; 1 Ped 2,4 SS),
sobre el cual se edifica la Iglesia, significa que por
El hemos recibido la salvación, que El es nuestra
paz (Cf. Ef 2,14 SS) y que al margen de la unión
con Jesucristo no puede afianzarse la unidad auténtica
entre sus discípulos. Volviendo a Jesús,
que es el Camino, la Verdad y la Vida (Cf. Jn 14,6), hallamos
los cristianos la fuente y la base de nuestra concordia.
Si confesamos por la fe al mismo Cristo, deben estar unidos
en un mismo cuerpo. Nuestra unión será tanto
más estrecha cuanto más unidos estemos todos
con Jesucristo.
La Iglesia está inseparablemente unida a Cristo,
como el rebaño a su pastor (Cf. Jn 10,16) y como
el sarmiento a la vid (15,5), porque su identidad y su
misión es la misma que Cristo le ha confiado. La
fe en Jesucristo, presente en medio de nosotros, nos reúne
a los cristianos en una comunidad de hermanos e hijos
de Dios por el bautismo. 
No puede darse en el cristiano una disociación
o disyuntiva entre Jesucristo y la Iglesia, como si para
ser cristiano bastara con asumir el Evangelio solamente
en el ámbito personal excluyendo la comunidad eclesial;
ni tampoco sería correcto acentuar los aspectos
organizativos de la Iglesia más que el Evangelio
de Jesucristo, que ha de ser anunciado, celebrado y vivido
personal y eclesialmente. Jesucristo continúa presente
en la Iglesia, y ésta es su prolongación
en la tierra. En este sentido se comprende cómo
Jesucristo es su fundamento sobre el cual la Iglesia debe
ser edificada.
3. Un edificio de piedras vivas
El Concilio Vaticano II nos señala que los
Apóstoles construyeron la Iglesia sobre ese fundamento
que le da solidez y cohesión (LG 6). Por
ello, el cartel de este año nos presenta las piedras
vivas, que somos todos los cristianos, y todos juntos,
bien unidos y apoyados en Cristo, formamos la Iglesia.
Es una llamada a todos los cristianos, para que cada
uno mire el fundamento que pone, que no puede ser otro
que el Hijo de Dios hecho hombre.
Estamos llamados, pues, a ahondar nuestras raíces
en Jesucristo, que nos ha confiado el Evangelio en el
que se contiene su mensaje de amor, de unidad, de paz,
para después anunciarlo con nuestra vida y nuestras
palabras. Por ello, necesitamos conocerlo y llevarlo a
nuestra vida en privado y en público. El verdadero
reto que tenemos todos los cristianos es conocer y comprender
a la Iglesia desde Cristo y sólo desde El. Por
ello, si ignoramos a Cristo y su mensaje, la imagen de
la Iglesia queda totalmente desvirtuada.
El Papa Juan Pablo II nos ha recordado,
en numerosas ocasiones, que Europa ha de
revitalizarse mediante la vuelta a sus raíces. De manera especial
lo ha recordado cuando se están poniendo los cimientos
de la nueva Europa, que debe respirar con sus dos pulmones.
También los cristianos estamos necesitados de descubrir
nuestros orígenes, nuestras raíces, ir al
fondo de nuestro ser cristiano. El camino de la unidad
de los cristianos consiste en “ir juntos” hacia Cristo
y hacia la unidad visible querida por El, de tal modo
que la unidad en la diversidad brille en la Iglesia como
don del Espíritu Santo, artífice de la comunión (Exhortación
apostólica Ecclessia in Europa , 30).
4. La Eucaristía, sacramento de unidad
de la Iglesia y escuela de paz
El presente Año de la Eucaristía es una
oportunidad para entrar más intensamente en el
dinamismo de unidad y de paz que la caracteriza.
Jesús murió para reunir a los hijos de
Dios dispersos (Cf. Jn 11,52); y en la celebración
eucarística ofrecemos a Dios “el sacrificio de
la reconciliación perfecta”. Por esto, pedimos
al Padre que al participar del banquete pascual de su
Hijo, que es “sacramento de piedad, signo de unidad y
vínculo de caridad” (San Agustín), nos conceda
el Espíritu Santo para que desaparezcan los obstáculos
en el camino de la concordia y la Iglesia sea en medio
de los hombres signo de unidad e instrumento de paz.
La participación en la Eucaristía es fermento
de unidad en la Iglesia y acicate de amor a los hermanos,
y también impulso a la reunificación de
todos los cristianos y a la pacificación de la
humanidad entera.
“La Eucaristía no es sólo expresión
de comunión en la vida de la Iglesia; es también
proyecto de solidaridad para toda la humanidad... El cristiano
que participa en la Eucaristía aprende de ella
a hacerse promotor de comunión, de paz, de solidaridad
en todas las circunstancias de la vida. La desgarrada
imagen de nuestro mundo, que ha iniciado el nuevo milenio
con el fantasma del terrorismo y la tragedia de la guerra,
convoca más que nunca a los cristianos a vivir
la Eucaristía como una gran escuela de paz” (Juan
Pablo II, Carta apostólica Mane Nobiscum, Domine ,
27).
Cristo, fundamento único de la Iglesia, está presente
de manera singular en la Eucaristía como llamada
a la unidad plena y visible de la Iglesia. En la mesa
eucarística se acrecienta el deseo de unidad con
todos los cristianos y de paz entre todos los hombres.
Os saludamos con todo afecto:
+ Ricardo,
Obispo de Bilbao y Presidente
+ Agustín, Arzobispo de Valencia
+ Jesús, Obispo de Ávila
+ Esteban, Obispo auxiliar de Valencia |
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PUNTOS
BÁSICOS
Y COMUNES QUE DE HECHO NOS UNEN E IDENTIFICAN
COMO CRISTIANOS |
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- Fe
en Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre
nuestro, a quien rezamos la oraci6n cornún de los
hijos de Dios: el Padrenuestro que Jesús nos ensen6.
- Fe en Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador nuestro, por
quien tenemos vida en Dios.
- Fe en el Espíritu Santo vivificante.
- EI misrno Evangelio, el rnismo Credo básicarnente,
la rnisrna Biblia fundarnentalmente (cf.UR 3).
Todo nos esta diciendo que somos "hermanos separados" que
debemos realizar una conversión ecuménica al
Reino de Dios, cediendo cada uno un poco. Reconocernos hermanos
pide tener un corazón limpio, pobre y humilde, dispuesto
a ver en el otro la parte de verdad que a mi me falta
(UR 4.7). Y Jesús nos dijo que antes de presentar nuestra
ofrenda ante el altar hemos de reconciliarnos con nuestros
hermanos para llegar a comer el mismo Pan de la Unidad en
fraternidad de manos tendidas y corazones unidos (cf.Mt 5,23). |
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LA
UNIDAD DE LOS CRISTIANOS |
1.-LA “TRAGEDIA” DE
LA DIVISIÓN
Ante el “Octavario de Oración por la Unidad”(18-25
de Enero) no podemos menos de subrayar la espina clavada
en el corazón de todo cristiano por “la tragedia” de
la división y por desacuerdos profundos y perdurables
en los seguidores de Jesucristo a lo largo de muchos siglos.
El Evangelio ha sido proclamado a veces con un lenguaje no
exento de contrastes y conflictos. Con nuestras divisiones
hemos desgarrado, roto el cuerpo de Cristo.
El escándalo y el dolor es más punzante en
estos momentos actuales que retan a unir y coordinar esfuerzos.
La división va contra la esencia misma del cristianismo,
de la Iglesia que es “Unidad en Comunión” y, por supuesto,
contra el deseo de Jesús y la finalidad de su misión
salvadora, “...que también ellos sean
uno en nosotros para que el mundo crea que tu me has enviado” (Jn
17,21). Os señalo a continuación
unas orientaciones, etapas y actitudes concretas de cara
a la unidad. La base de la unidad no está en los acuerdos,
los diálogos, la buena voluntad, las dinámicas
de grupos o las discusiones interminables. La unidad nace
de la fuerza del amor trinitario, que, acogido por los cristianos,
los hace una sola cosa en Jesús, como Jesús
es una sola cosa con el Padre.
¿Por qué esta división? El
orgullo, la desobediencia, la terquedad, la falta de diálogo,
los intereses personales y sociopolíticos motivaron
o influyeron bastante en la división.
El último siglo, sin embargo, se ha distinguido
por la búsqueda de la unidad entre los cristianos;
y el compromiso ecuménico ha empezado a dar unos frutos,
difíciles de imaginar en el pasado y, por supuesto,
no nos consideramos ya ni enemigos ni extraños, sino
hermanos en Cristo.
La Iglesia de Cristo es “una”
Para los cristianos hay una singularidad única y
absoluta (definitiva) de Cristo como el Verbo de Dios encarnado
para la salvación de la humanidad. Es el único
salvador y el único mediador de Dios encarnado para
la salvación de la humanidad. En correspondencia con
ello, hay una única Iglesia de Cristo; ella es icono
de la Trinidad, comunión de las Personas divinas.
La Iglesia vive la unidad como expresión de la voluntad
de Cristo en su oración sacerdotal.
¿Cuáles son las divisiones,
en síntesis?
-En el siglo V, Concilio de Calcedonia (451) quedan
separadas las iglesias sirio-oriental (asirio babilónica),
Armenia, copta y etiope.
-En el siglo XI (1054) se da la separación
entre las Iglesias del Oriente (bizantinas) y del Occidente
(latino).
-Finalmente en el siglo XVI (1530) surgen las diversas
Confesiones o Iglesias de la Reforma: luterana, reformada,
protestantismo radical, anglicana.
2.-TERMINOLOGIA
- Cristianos son todos los que invocan
al Dios Trino y confiesan a Jesús Señor y Salvador.
Ecumenismo viene del griego
oikoumene . La oikoumene es el conjunto de todos los que
viven la misma casa espiritual (1 Pe.2,5).
El movimiento ecuménico equivale
a la búsqueda de la unidad pedida por Jesús.
Las tres grandes confesiones cristianas son
el catolicismo, la Iglesia oriental ortodoxa y las Iglesias
de la reforma o evangélicas.
3.-ETAPAS PARA UN ITINERARIO ECÚMENICO
- Oración.
- Escucha humilde de la Palabra.
Celebración fiel de la Eucaristía
como “sacramento de unidad” (S.C.47)
Amor y sentido de Iglesia amada por Cristo.
(Ef.5,25).
4.-ACTITUDES BASICAS DE CARA A LA UNION
Humildad y caridad.
Fidelidad a la propia fe.
Discernimiento de los dones
del Espíritu Santo.
Amor a la verdad plena del
misterio de Cristo.
Actitud de diálogo .
Mejorar las explicaciones y el lenguaje para
no herir la fe de los demás.
Eliminar prejuicios y malentendidos .
Adoptar una actitud
de perdón y comprensión.
Confianza plena en la acción
de Cristo Resucitado y del Espíritu Santo
5.-¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS?
Decía EL Cardenal Mercier: “-para unirse
hay que amarse, -para amarse hay que conocerse, -para conocerse
hay que buscarse” |
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| Año
de la Eucaristía:
Indulgencia plenaria al participar
en actos de culto al Sacramento |
Según establece
un decreto de la Penitenciaría Apostólica
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 14 enero 2005 ( ZENIT.org ).-
Juan Pablo II ha dispuesto que durante el Año de la Eucaristía
se pueda alcanzar la indulgencia plenaria participando en actos de culto y veneración
al Santísimo Sacramento, así como por rezar ante el sagrario las
Vísperas y Completas del Oficio Divino.
Así lo establece un decreto de la Penitenciaría Apostólica,
fechado el 25 de diciembre de 2004 y publicado este viernes por la Sala de Prensa
de la Santa Sede, firmado por el cardenal James Francis Stafford y por el padre
Gianfranco Girotti, O.F.M.. Conv., respectivamente penitenciario mayor y regente
de la Penitenciaría Apostólica.
La disposición pontificia, indica el documento, tiene por objetivo «exhortar
a los fieles, en el transcurso de este año, a un conocimiento más
profundo y a un amor más intenso al inefable "Misterio de la fe" para
que saquen frutos espirituales cada vez más abundantes».
El decreto recuerda que para poder alcanzar la indulgencia plenaria es
necesario respetar las «condiciones habituales»: «confesión sacramental,
comunión eucarística y oración por las intenciones del
Sumo Pontífice, con el alma totalmente desprendida del afecto a cualquier
pecado».
En el Año de la Eucaristía --que comenzó en octubre de
2004 y concluirá en octubre de 2005, cuando se celebrará el Sínodo
mundial de obispos sobre este Sacramento-- la indulgencia plenaria se concederá con
dos motivos particulares.
En primer lugar, según el decreto, «cada vez que los fieles participen
con atención y piedad en una ceremonia sagrada o en un servicio piadoso
en honor del Santísimo Sacramento, expuesto solemnemente o conservado
en el tabernáculo».
En segundo lugar, «al clero, a los miembros de los institutos de vida
consagrada y de las sociedades de vida apostólica y a los otros fieles
obligados por ley al rezo de la Liturgia de las Horas, además de los
que están acostumbrados a rezar el Oficio Divino por pura devoción,
cada vez que, al final de la jornada, recen ante el Señor presente en
el sagrario, ya sea en común o de forma privada, Vísperas y Completas».
El decreto también prevé que puedan alcanzar la indulgencia plenaria
aquellas personas que a causa de una enfermedad o de otras causas justificadas,
no puedan participar en un acto de culto al Sacramento del Eucaristía
en una iglesia u oratorio.
Estas personas podrán alcanzar la indulgencia si «hacen espiritualmente
la visita con el deseo del corazón, con espíritu de fe en la presencia
real de Jesucristo en el Sacramento del Altar, y rezan el Padre Nuestro y el
Credo, añadiendo una invocación piadosa a Jesús Sacramentado
(por ejemplo, «Bendito sea y alabado en todo momento el Santísimo
Sacramento»).
Obviamente, en todos los casos, re requiere que respeten las condiciones
establecidas para recibir la indulgencia plenaria.
«Si ni siquiera pudieran hacer esto --añade el decreto--, obtendrán
la indulgencia plenaria si se unen con deseo interior a los que practican de
forma ordinaria la acción prescrita para la indulgencia y si ofrecen a
Dios misericordioso la enfermedad y los problemas de su vida, con el propósito
de cumplir apenas sea posible las tres condiciones acostumbradas».
El decreto pide a los sacerdotes, sobre todo a los párrocos, que informen
a los fieles sobre estas disposiciones y generosidad para «escuchar sus
confesiones y, en los días que se determine según la utilidad
de los fieles, para guiar a los fieles de forma solemne en las oraciones públicas
ante Jesús sacramentado».
Por último, exhorta también a los fieles a «testimoniar
abiertamente y a menudo su fe y veneración al Santísimo Sacramento».
Las disposiciones fueron aprobadas por el Santo Padre durante la audiencia
concedida el 17 de diciembre al cardenal Stafford y al padre Girotti.
El decreto está en vigor durante el Año Eucarístico a partir
de la fecha de su publicación en «L'Osservatore Romano»,
que tiene lugar en la edición italiana diaria este sábado 15
de enero.
El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1471, explica
que «la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal
por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto
y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia,
la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con
autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».
El número 1479 añade: «Puesto que los fieles difuntos en
vía de purificación son también miembros de la misma comunión
de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos
indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por
sus pecados».
ZS05011403 |
DECRETO
DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA
ACERCA DE LAS INDULGENCIAS CONCEDIDAS DURANTE EL AÑO
DE LA EUCARISTÍA 14.01.2 005 |
EL MÁS GRANDE DE LOS MILAGROS (Cf.
Solemnidad del Ssmo. Cuerpo y Sangre de Cristo, Oficio de
Lectura, segunda lectura) y el memorial supremo de la Redención
realizada por N. S. Jesucristo mediante su sangre, la Eucaristía,
en cuanto sacrificio y en cuanto sacramento, produce de modo
indefectible la unidad de la Iglesia, la sostiene con la
fuerza de la gracia sobrenatural, la inunda de alegría
inefable y es una ayuda sobrenatural para alimentar la piedad
de los fieles e impulsarles hacia el aumento, incluso hacia
la perfección de su vida cristiana.
Por lo cual, movido por la solicitud hacia la Iglesia, el Sumo Pontífice
Juan Pablo II, a fin de promover el culto público y privado hacia el
Santísimo Sacramento, con la Carta Apostólica "Mane Nobiscum,
Domine", del 7 de octubre de 2004, ha establecido que se celebrara en la
Iglesia Universal un "Año dedicado a la Eucaristía".
A fin de exhortar a los fieles, en el curso de este año, a un conocimiento
más profundo y a un amor más intenso hacia el inefable "Misterio
de la fe", y para que alcancen siempre más abundantes frutos espirituales,
el Santo Padre, en la Audiencia concedida a los abajo firmantes Moderadores
de la Penitenciaría Apostólica, el día 17 de diciembre
pasado, ha querido enriquecer con Indulgencias determinados actos de culto y
de devoción hacia el Ssmo. Sacramento, indicados a continuación.
1. Se concede Indulgencia Plenaria a todos y a cada uno de los fieles, con
los condiciones acostumbradas (Confesión sacramental, Comunión
eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice,
con el alma totalmente desprendida de afecto a cualquier pecado), cada vez que
participen con atención y piedad a una función sagrada o a un
ejercicio piadoso desarrollado en honor del Ssmo. Sacramento, expuesto solemnemente
o guardado en el Sagrario.
2. También se concede, con las condiciones arriba recordadas, Indulgencia
Plenaria al Clero , a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de
las Sociedades de Vida Apostólico y a los demás fieles obligados
por ley al rezo de la Liturgia de las Horas, e incluso a quienes acostumbran
a rezar el Oficio Divino por pura devoción, cada vez que, al final de
la jornada, recen ante el Señor, presente en el Sagrario, ya sea en común
o de forma privada, Vísperas y Completas.
Los fieles que, imposibilitados por enfermedad u otras causas justas de poder
visitar el Ssmo. Sacramento de la Eucaristía en una iglesia u oratorio,
podrán conseguir la Indulgencia Plenaria en su propia casa o donde se
encuentren con motivo del impedimento si, con total rechazo de todo pecado,
como ha sido dicho arriba, y con la intención de observar, en cuanto
sea posible, las tres condiciones acostumbradas, hacen espiritualmente la visita
con el deseo del corazón, con espíritu de fe en la presencia de
Jesucristo en el Sacramento del Altar, y rezan el Padrenuestro y el Credo, añadiendo
una piadosa invocación a Jesús Sacramentado (por ejemp lo,
"Sea alabado y adorado en todo momento el Smo. Sacramento").
Si ni siquiera pudieran hacer esto, obtendrán la Indulgencia plenaria,
si se unen con deseo interior a los que practican de la forma ordinaria la acción
prescrita para la Indulgencia, y si ofrecen a Dios Misericordioso las enfermedades
y los problemas de la vida, teniendo también el propósito de cumplir,
en cuanto sea posible, las tres condiciones acostumbradas.
Los sacerdotes que realizan un ministerio pastoral, sobre todo los párrocos,
teniendo presentes las "Sugerencias y Propuestas" indicadas el 15 de
octubre de 2004 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina
de los Sacramentos, informen en el modo más conveniente a sus fieles de
esta disposición de la Iglesia, préstense con ánimo pronto
y generoso a escuchar sus confesiones y, en los días que se determinen
para la utilidad de los fieles, hagan de modo solemne oraciones públicas
a Jesús Sacramentado..
Por fin, al impartir la catequesis exhorten a los fieles a dar frecuente y claro
testimonio de fe y veneración hacia el Ssmo. Sacramento, como se propone
en la Concesión General IV del "Enchiridion Indulgentiarium"
teniendo presente también las otras concesiones del mismo Enchiridion:
n. 7: Adoración y procesión eucarística, n. 8: Comunión
eucarística y espiritual, n. 27: Primera Misa de los neo sacerdotes y
celebraciones jubilares de Ordenación sacerdotal y episcopal..
El presente Decreto tiene vigor durante el Año Eucarístico, a partir
del día mismo de su publicación en "L'Osservatore Romano".
Roma, en la Sede de la Penitenciaría Apostólica, 25 diciembre 2004,
en la Solemnidad de la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo.
Iacobus Franciscus Cardinalis Stafford Ioannes Franciscus Girotti. O.f.m.
conv.Penitenciario Mayor Regente |
ORACIONES
DE LA BEATA ALEJANDRINA |
Oh
Jesús mío, quiero que todos mis dolores,
todas mis palpitaciones, toda mi respiración, todo
el instante de este día
– sean actos de amor por tus Sagrarios.
Quiero que todos los movimientos de mis pies, de
mis manos, de los labios, de la lengua, de los ojos,
toda las lágrimas o sonrisas, toda la alegría
o la tristeza, toda la tribulación, toda la
distracción, todas las contrariedades o los
disgustos
– sean actos de amor por tus Sagrarios.
Quiero que todas las palabras de las oraciones que
recé y oiga rezar, toda las palabras que pronuncie
y oiga pronunciar, todo lo que lea y oiga leer, que
escriba o vea escribir, que cante y oiga cantar
– sean actos de amor por tus Sagrarios.
Quiero que todos los besos que de a tus imágenes
y a las imágenes de ti y de mí querida
Madre, y de tus santos y santas
– sean actos de amor por tus Sagrarios.
Oh Jesús, quiero que toda las gotas de lluvia
que vienen del Cielo hasta la tierra, que toda el agua
del mundo repartida en gotas, toda la arena del mar
y todo aquello que el mar encierra
– sean actos de amor por tus Sagrarios.
Te ofrezco las hojas de los árboles y los
frutos que contienen, las flores deshojadas pétalo
a pétalo, los granos de las simientes que existen
en el mundo, todo aquello que hay en los jardines,
en los campos, en los valles, en los montes: todo te
lo quiero ofrecer
– como actos de amor por tus Sagrarios.
Oh Jesús, te ofrezco el día y la noche,
el calor y el frío, el viento, la nieve la luna
y sus rayos, el sol, las estrellas del firmamento,
mi dormir y mi soñar
– como actos de amor por tus Sagrarios.
Nuestras voces y textos alaban
a Jesús en el Sacramento por antonomasia.
Fr. Nelson M. |
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FLORES DE AMOR |
Ante
las guerras, catástrofes, soledad, desesperación,
podemos darle al mundo otro sentido y llenarlo de flores
de amor.
El padre Eugenio García Siller de la Parroquia
de San Miguel Arcángel en Chapultepec, México.
Nos recuerda que somos una expresión del amor
de Dios y al ser un amor, podemos regalar lo que nos
pertenece. Por ello nos invita a que transformemos
este mundo cubriéndolo de flores espirituales,
de flores de amor. Ofreciéndole a Dios ese amor
con que nos creo, esa flor espiritual en alguna de
las obras que realicemos durante el día. Y cada
día. Así le daremos al mundo un poco
de nuestra esencia, de nuestra creación.
Esta cadena de flores comienza la noche del 5 de
enero cuando muchos revivimos la tradición de
la adoración de los reyes magos y queremos que
de la vuelta al mundo las veces que sea necesario.
Una o varias flores al día para el mundo que
nos acoge, para la humanidad que nos abraza y que sufre.
- Hoy adoraré Jesús presente en
la eucaristía
- Hoy comulgaré para llevar amor a quienes
me rodeen
- Hoy asistiré a misa para agradecerle
su sacrificio
- Hoy perdonaré, dejando de juzgar a quien
me dañó
- Hoy Rezaré un Padre Nuestro por los agonizantes
- Hoy rezaré el rosario por quienes mueren
en Asia
- Hoy Sonreiré para descubrir a Cristo
en mi vida
- Hoy no desayunaré por quienes tienen
hambre
- Hoy sacrificaré un gusto o un vicio por
los pobres
- Hoy daré una limosna pensando en Cristo
- Hoy guardare silencio 1 min. para escuchar a
Jesús
- Hoy desearé los buenos días a
30 personas
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MISAS EN LA PARROQUIA DE LA CORTE:
Diario 7:30 (tarde).
Domingos y festivos: 11:30 y 12:30 |
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La del sitio donado por D. Pedro,
de Ovehosting para la
difusión del Evangelio:
www.arpucorte.com |
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Todo esto lleva un trabajo que ya os
podéis imaginar,
pero merece la pena, por supuesto, como podéis comprobar. Recibid
una abrazo. Laurentino |
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El
Movimiento ARPU con la colabiación de la Parroquia, elabora
cada semana un CD que contiene las lecturas del domingo con ilustraciones
en Power Point, así como una Revista en Word y otros contenidos
de interés. Puede solicitarse en la parroquia
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