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EUCARISTÍA

reflexiones entre amigos

Revista semanal elaborada por:

MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE. OVIEDO

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9 de Enero de 2005
 

Bautismo del Señor

   

 
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  Salve Mater
  Ave María

 
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 3, 13 - 17
 

    En aquel tiempo, fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: -Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?
Jesús le contestó: -Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: -Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.

Palabra del Señor.

   
 

1

 

COMENTARIO

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR
(Domingo después del 6 de enero - A -,  9 enero 2005)

        La última festividad del tiempo de Navidad - Epifanía, el Bautismo del Señor, ocupa el lugar del primer domingo del tiempo ordinario, que es el extenso periodo de treinta y cuatro semanas repartidas antes y después del ciclo Cuaresma - Pascua. Durante este tiempo acompañaremos a Jesús a lo largo de su "vida pública", desde su comienzo al ser bautizado por Juan en el Jordán hasta la víspera del comienzo de la Pasión en Jerusalén. 2

        En este año - A - nuestro guía será el Evangelio según san Mateo, el cual, como lo hacen también los otros dos sinópticos Marcos y Lucas, presentan el ministerio público de Jesús  a través de una primera etapa en Galilea, seguida de un largo viaje o "subida" a Jerusalén, para concluir su obra. Todo ello tiene un prólogo en una primera estancia de Jesús en tierras de Judea,  donde es bautizado por Juan y mantiene una lucha espiritual con Satanás en el desierto (episodio este último que recordaremos en el primer domingo  de Cuaresma).

        Con el bautismo en el Jordán terminó el periodo de la “vida oculta” de Jesús, unos treinta años de existencia sencilla y trabajadora después de los episodios de la infancia que han sido celebrados en las pasadas fiestas.

        El bautismo administrado por Juan a Jesús en el Jordán es un momento esencial para comprender el Evangelio. Los apóstoles comenzaban la narración de los hechos y dichos del Señor a partir de este acontecimiento (Segunda lectura) , interpretándolo como la unción mesiánica del que sería llamado por eso Cristo, el Ungido por el Espíritu Santo, consagrado para una misión predicha por los profetas, especialmente por Isaías, con la figura del “Siervo de Dios” humilde, paciente y redentor de la humanidad porque cargó con sus pecados.

        Los cuatro evangelios relatan este episodio; y así, en esta fiesta se proclaman tres textos fijos (Primera lectura, Salmo y segunda lectura) y se añaden evangelios para los tres ciclos conforme a los Sinópticos: Mateo (ciclo A), Marcos (B) y Lucas (C).

        Esta festividad presenta la manifestación de Jesús como aquél a quien hemos de escuchar y seguir, completando en   cada tiempo de la historia su misión, porque hemos recibido también su mismo Espíritu en la Iniciación Cristiana; por lo que hemos de pedir la perseverancia continua en el cumplimiento de nuestro compromiso bautismal y en el acatamiento de la voluntad del Padre.

        La misión liberadora del pecado y de sus consecuencias pasa en cada tiempo de Cristo a los cristianos. Como nos lo ha recordado el Papa Juan Pablo II en su reciente mensaje para la Jornada de oración por la paz: “Si es cierto que existe y actúa en el mundo el “misterio de la impiedad” ( 2 Ts 2,7), no se debe olvidar que el hombre redimido tiene energías suficientes para afrontarlo. Creado a imagen de Dios y redimido por Cristo que se ha unido, en cierto modo, con todo hombre , éste puede cooperar activamente a que triunfe el bien. La acción del “Espíritu del Señor llena la tierra” ( Sb 1,7). Los cristianos, especialmente los fieles laicos, no pueden esconder esta esperanza simplemente dentro de sí. Tienen que manifestarla incluso en las estructuras del mundo por medio de la conversión continua y de la lucha “contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal” (Ef 6,12). 2

        Ningún hombre, ninguna mujer de buena voluntad puede eximirse del esfuerzo en la lucha para vencer al mal con el bien. Es una lucha que se combate eficazmente sólo con las armas del amor. Cuando el bien vence al mal, reina el amor y donde reina el amor reina la paz. Es la enseñanza del Evangelio, recordada por el Concilio Vaticano II: “La ley fundamental de la perfección humana, y por ello de la transformación del mundo, es el mandamiento nuevo del amor” (Mensaje del 1 de enero de 2005, nn. 11 y 12).

        Pero no es una lucha de poder a poder ni con los mismos medios. Jesús, hijo y siervo de Dios se humilla ante Juan y, siendo inmaculado, se identifica con los pecadores. Es por ello un ejemplo de humildad para los cristianos y para la propia Iglesia. Humildad aunque en la liturgia podamos estar rodeados de signos ricos que se refieren a la presencia adorable de Dios. Humildad en el ejercicio del ministerio bajo el peso del poder y la gloria del Salvador. Humildad ante el poder del mundo, con el que no podemos ni debemos rivalizar, porque vamos a diferente nivel.

        El bautismo del Señor es, finalmente, una gran epifanía de la Trinidad: del Padre que muestra al Hijo ante el mundo y lo consagra con el Espíritu.      

        En la manifestación – teofanía - del Jordán la voz del Padre sobre Cristo: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto (Mt 3, 17), debemos sentirla como dichas también para cada uno de nosotros, que en Bautismo nos hemos revestido de Cristo y hemos sido incorporados a él. En la memoria del Bautismo que hacemos en esta fiesta elevamos la gran acción de gracias por nuestra filiación divina que hemos recibido del Padre, por Cristo, bajo la acción del Espíritu Santo.

 
Jaime Sancho Andreu
   
  OTROS COMENTARIOS
 
EN UN PAÍS CRISTIANO
3 Vivimos en un país en el que la mayoría de la población está bautizada. Ese dato, que a muchos puede llenar de orgullo ¿qué representa a la hora de los hechos? Si la religión tiene algo que ver con la vida de los pueblos, ese dato debería notarse en algo más que en los resultados de las estadísticas. ¿En qué se nota?
 
UN PAIS DE BAUTIZADOS
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Un país de bautizados. Un país, el nuestro, en el que no estar bautizado se consideraba no hace tanto tiempo no sólo un pecado que ponía en peligro la salvación eterna del sujeto en cuestión, sino también un delito político que cerraba el paso al ejercicio de determinadas funciones en la sociedad.

Hace veinte siglos, en otro país ribereño del Mediterráneo en el que también se practicaba el rito del bautismo, un Hombre, entonces no se bautizaba a los niños, sino a las personas mayores) llenó de sentido ese gesto.

 

UN SIGNO DE MUERTE / VIDA

11 ... llegó Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara».

El bautismo era un signo que simbolizaba la muerte y la nueva vida: los que se acercaban a recibirlo querían indicar con el gesto de sumergirse bajo el agua (se bautizaban en un río o en una piscina, que allí quedaba sepultada toda su vida de injusticia y de pecado; querían significar la muerte del estilo de vida que llevaban hasta ese momento y que estaban dispuestos a abandonar. Salir del agua significaba el compromiso de un comportamiento nuevo basado en la justicia y la solidaridad.

Aquel Hombre, sin embargo, estaba totalmente limpio y no tenía nada de qué arrepentirse; así lo entendía Juan, el bautizador, que se resistía a dejar que Jesús se bautizara: «Soy yo quien necesita que tú me bautices, y ¿tú acudes a mí?» Pero el plan de Dios era otro (a propósito, ¿por qué el plan de Dios contradice tan a menudo los planes de los hombres?), y el hombre Jesús estaba dispuesto a cumplirlo fielmente hasta el final.

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SOLIDARIDAD

Por un lado, y al contrario que los buenos de aquel tiempo, quiso mezclarse con los pecadores («Acudía en masa la gente... y él los bautizaba en el río Jordán, a medida que confesaban sus pecados», ponerse al lado de la gente de mal vivir. Su gesto solidario se repetirá en adelante, cada día, hasta su muerte: vivirá y morirá acompañado de ladrones, prostitutas, marginados..., que veían en su mensaje el camino para construir una sociedad en la que nadie tuviera que robar ni poner su cuerpo a la venta, en la que nadie fuera excluido de la convivencia. (Que no se asusten los buenos de nuestros días. No es que Jesús sea solidario del pecado, no. Su solidaridad es con la persona humana, en la que él cree porque sabe que todo ser humano está llamado a hacerse hijo de Dios. Véase, p. ej., MT 9,9-12).

 

¿UN PAÍS DE BAUTIZADOS?

Un país de bautizados. ¿Un país de personas dispuestas a jugarse el tipo para que nuestra sociedad sea más justa, más fraterna, en la que lo más fácil sea amar? ¿O un país pequeño-burgués en el que ya se han perdido todas las ilusiones, en el que la utopía se considera una ingenuidad?

Un país de bautizados. ¿Un país de personas que son conscientes de que todos los hombres estamos llamados a ser hermanos y que trabajan por que sea así? ¿O quizá un país que, cómplice de los poderosos, está empezando a consentir que se fabriquen y se vendan armas a cambio de que los mayores puedan contar con algunos juguetitos más?

Se supone que el bautismo de Jesús debía ser el modelo para el bautismo de sus seguidores (aunque éstos sí necesitarán morir a sus pecados, a su vida injusta. Según esto, ¿es nuestro bautismo semejante al de Jesús? ¿Es el nuestro un país de bautizados?

 
LA FE, EXPERIENCIA PERSONAL (J.A. Pagola)
 

No hemos de olvidar que la fe es siempre una experiencia personal que no puede ser reemplazada por la obediencia ciega a 10 que nos dicen otros. Desde fuera nos pueden orientar hacia la fe, pero soy yo mismo quien debo abrirme de manera confia­da a Dios.

Por eso, la fe no consiste tampoco en aceptar, sin mas, un determinado conjunto de formulas. Ser creyente no depende primordialmente del contenido doctrinal que se recoge en un catecismo. Todo eso es muy importante, sin duda, para confi­gurar nuestra visión cristiana de la existencia. Pero, antes que eso y dando sentido a todo, esta ese dinamismo interior que, des de dentro, nos lleva a amar, confiar y esperar siempre en el Dios revelado en Jesucristo.

La fe no es tan poco un capital que recibimos en el bautismo y del que luego podemos disponer tranquilamente. No es algo adquirido en propiedad para siempre. Ser creyente es vivir per­manentemente a la escucha del Dios de Jesucristo, aprendiendo a vivir día a día de manera más plena y liberada.

Esta fe no esta hecha solo de certezas. A 10 largo de la vida, el creyente ha de aceptar también vivir muchas veces en la oscu­ridad. Como decía aquel gran teólogo que fue Romano Guardi­ni, «fe es tener suficiente luz como para soportar las oscurida­des». La fe esta hecha, sobre todo, de fidelidad. El verdadero creyente sabe creer en la oscuridad 10 que ha visto en momen­tos de luz. Siempre sigue buscando a ese Dios que esta mas allá de todas nuestras formulas claras u oscuras. El P. de Lubac escribía que «las ideas que nosotros nos hacemos de Dios son como las olas del mar sobre las cuales el nadador se apoya para superarlas. Lo decisivo es la fidelidad al Dios que se nos va manifestando en su Hijo Jesucristo

 

LA OPCION POR LOS POBRES, SGNO MESIÁNICO DETERMINANTE

OPCIÓN DE JESÚS POR LOS POBRES

( IGNACIO LARRAÑAGA , o.c.)

 

Opción de Jesús por Los pobres

Vivir como Jesús, con predilecci6n por los pobres. Vivi6 con el coraz6n y las manos abiertos al pueblo desamparado. No sólo siente pena por las turbas hambrientas, sino que se preocupa por darles de comer. Para Jesús, los favoritos son siempre los pobres. Para ellos es el Reino. Para ellos ha venido expresamente. Cuando los discípulos de Juan se presentaron ante Jesús preguntándole: ¿eres Tú el que ha de venir o esperamos a otro? Jesús respondió: yo no sé nada. Abran los ojos, vean y saquen las deducciones. Lo que verán es esto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. Los pobres son atendid05 con preferencia. La deducción que queda flotando es la siguiente: estas señales son prueba de que el Mesías ha llegado ya y de que yo -Jesús- soy el Mesías. 22

Este criterio es valido hasta el fin del mundo. La Iglesia no será la Iglesia mesiánica mientras 5US militantes no atiendan a los pobres con preferencia. Una congregación religiosa, una di6eesis, una parroquia... no serán parte inte­grante de la Iglesia mesiánica mientras sus miembros no se dediquen, con pre­ferencia, a la atenci6n de los pobres.

Ahora bien, ¿quiénes son los pobres? Son, en primer lugar, aquellos que carecen de bienes económicos y sociales, y estos, en una sociedad urbana como es la nuestra, se acumulan en la periferia de las ciudades. La congregación que se extiende en las grandes barriadas, de por sí, tiene carácter mesiánico, podríamos decir.

Pero ellos no son los únicos pobres. Es preciso abrir el significado de esta palabra: pobres son aquellos que carecen de polos de atracción o, dicho de otra manera, aquellos que no son agradables según los cánones del mundo o, como decía Teresa de Calcuta, «pobres son aquellos que carecen de amor».

La vida funciona por polos de atracción. Esa persona no tiene nada, pero tiene belleza: su belleza será aquel polo por el cual dicha persona será estima­da, admirada, rodeada, amada. No tiene belleza, pero tiene encanto personal: el encanto hará que sea rodeada, estimada, amada. No tiene ni belleza ni en­canto, pero tiene bondad: su bondad hará que sea amada y rodeada. No tiene ni lo uno ni lo otro, pero puede tener, por ejemplo, dinero o fama, que harán que sea admirada y estimada. Pero, cuando no tenga ningún polo de atración, ¿quien se le aproximará?, ¿quien la amara? Será abandonada, olvidada. He ahí las dos palabras precisas para definir a los pobres: olvidados y abando­nados. O, como decía la madre Teresa de Calcuta, “los carentes de amor».

¿ Quién se aproximara por gusto a una viejecita de ochenta anos, a un demente...? ¿Quién se aproximará a un leproso, a un neurótico agresivo...? ¿ Quién es mas pobre que un indígena de las selvas tropicales?

Las congregaciones que se dedican a los huérfanos, a los enfermos, a muchachas desorientadas, sordomudos, minusválidos, dementes, ancianos, misiones extranjeras, etc., ciertamente, son congregaciones mesiánicas.

DESEOS PARA NUESTROS LECTORES

AL COMIENZO DEL AÑO 2005
 

16213

1817

2233Laurentino

¡¡¡Qué Dios te bendiga!!!

AMEN - aleluya

   
 

¿Tempestad o Paloma?

José Cristo Rey García-Paredes

 

bautismoEl Bautismo de Jesús conmueve al cielo. Algo absolutamente inesperado ocurre. Algún exegeta ha interpretado la escena como acontecimiento "apocalíptico". De hecho las imágenes empleadas por el Evangelista ("el cielo que se abre", la voz celestial que se escucha, el Espíritu que desciende) nos hablan de una Gran Revelación de Dios en la historia humana.

El Bautismo de Jesús conmueve al cielo. ¿Por qué? Jesús quiso someterse a un rito de conversión, como si fuera un pecador más; quiso pasar por el agua de la muerte para renacer de nuevo. En alguna ocasión Jesús dijo que el bautismo que había de recibir, lo llenaba de angustia y de ansiedad (Lc 12,50). Jesús quiere compartir nuestra condición humana, sin exigir el mínimo privilegio, el menor reconocimiento. Quiere compartir nuestra condición y desea experimentar en sí mismo el cambio que nos ofrece: el paso de la muerte a la vida. Esta actitud de profunda y humilde solidaridad conmueve al cielo.

Entonces se rasga el Cielo. El Abbá hace escuchar su voz. No puede ocultar su secreto y lo revela por vez primera en la historia del mundo: "Este es mi Hijo, mi amado". ¿Conocía alguien que Dios, el Dios de Israel, el Dios de la Alianza, tenía un hijo? ¿Podía alguien imaginar que Dios había hecho nacer a su propio Hijo en esta tierra y que ese hijo "natural" de Dios era Jesús, el hijo de María? Si Jesús fue concebido en esta tierra por obra del Espírituss Santo, ahora el Espíritu Santo se manifiesta descendiendo sobre él como el Ave primordial de la Creación y manifiesta también que Jesús ha sido engendrado por obra suya.

Esta manifestación de Dios Trinidad es el mayor misterio que hoy celebramos. Se produce una conmoción trinitaria, ante el Hijo humilde que se bautiza. El Abbá se conmueve y grita "Hijo mío, te quiero". El Espíritu se desprende y baja para posarse sobre Él y llevarlo. El Hijo se encadena a nuestras cadenas, se introduce en nuestra historia y se vuelve uno más. Su solidaridad con nosotros es nuestra salvación. Cuando Dios Abbá diga "Hijo mío" se acordará ya siempre de nosotros y nos considerará "hijas e hijos suyos en el Hijo". Y el Espíritu también descenderá sobre nosotros para llenarnos de su energía vital y ayudarnos a superar todas las amenazas de muerte y de pecado que se ciernen sobre nosotros.

También Dios se conmueve ante nosotros cuando pasamos por las aguas del Bautismo y de la angustia24. En estos días el Bautismo tiene un nombre terrible: Tsunami. Esas olas inmensas han bautizado y han traído muerte a miles y miles de hermanas y hermanos de Jesús. Esas olas asesinas, esas aguas de muerte son para nosotros misteriosas, incomprensibles. Parece más bien aguas llevadas por Leviatán, el espíritu del mal y de la muerte. Jesús bajo a las aguas de la muerte para vencer a la muerte, para destrozar al Leviatán apocalíptico que solo trae muerte y destrucción. Jesús puede calmar las olas y hacer que no nos hundamos en la muerte.

En la presentación de los textos de este domingo he combinado los textos de la Escritura con las imágenes desoladoras del tsunami que se nos ha llevado, el día después de la Navidad, a más de 150.000 hermanas y hermanos inocentes. Contemplemos esas imágenes y la Palabra de Dios y dejemos que nuestro Dios nos hable. 3

Nuestra solidaridad y amor conmoverá al Cielo. Dios estaba con aquellos que murieron bajo las aguas. Nuestro Abbá no olvida la humanidad de sus Hijas e Hijos en el Hijo. Lo que parece impotencia de Dios ante las fuerzas del Leviatán será transformado por el Hijo en Gracia, en Salvación, aunque no sepamos cómo. Creamos. Bautizarse es hacer de toda la vida un acto de fe. Con nuestros hermanos y hermanas y con Jesús ¡entremos en las aguas! y esperemos la revelación apocalíptica de nuestro Dios Trinidad para este tiempo. 22

Está bien que hoy nos preguntemos, antes de celebrar la Navidad, si estamos bloqueando la llegada del Regalo de Dios, comenzando por nosotros mismos. Podemos "nacer de nuevo", como Nicodemo, pero tal vez, nuestra incredulidad y pereza nos lo impida. Hay Evangelio, buena noticia para todos. ¿Quién lo proclamará con credibilidad y seducción? El Espíritu Santo nos está aconsejando "internamente". Dediquemos un tiempo a escuchar su voz y dejarnos guiar por ella. Al fin, como José, acogeremos el Don de Dios en casa. 223

  El Ungido
  1 ¿Qué es lo peculiar de Cristo? Nuestra cultura, marcada por las nuevas mitologías de James Bond, Rambo o Superman, busca las claves del éxito en fortalezas singulares: una gran astucia, una ingeniería impresionante, una energía sobrehumana, un valor incomparable. ¿Es así en Cristo? ¿Cristo es Cristo porque tiene una técnica mental, una tecnología única, un saber esotérico o por qué? Esta fiesta del bautismo del Señor nos conduce al corazón de la respuesta: lo propio de Jesús es la Unción que ha recibido. Un enunciado muy sencillo, que sin embargo tiene consecuencias inmensas.

2 Si lo peculiar de Cristo fuera una técnica mental entonces ser cristiano significaría ser mentalista. Si lo peculiar de Cristo fuera una energía sobrehumana entonces no habría diferencia entre ser cristiano y ser un griego pagano, de aquellos que cantaban las gestas de Aquiles o el ingenio de Ulises. Si lo peculiar de Cristo fuera un saber escondido, esotérico, como lo plantean autores como J. J. Benítez en nuestros días, entonces ser cristiano es instruirse en unos misterios que, como no han sido enseñados por la Iglesia, implican que la Iglesia es una gigantesca farsa.

3 En sentido contrario: si lo peculiar de Cristo es la unción del Espíritu Santo, y ese Espíritu viene a habitar en nosotros, entonces ser cristiano es básicamente participar del Espíritu de Jesús, cosa que no suena nada discorde de lo que enseña Pablo: "porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios" (Rom 8,14). ¡Dios Santo! Todo está en la acción del Espíritu Santo en nosotros, y el primero, y quien ha inaugurado ese camino para nosotros, es Jesucristo.

   

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