EUCARISTÍA

reflexiones entre amigos

Revista semanal elaborada por:

MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE. OVIEDO

Domingo 4 de julio de 2004
XIV del Tiempo Ordinario


 

 

 

Vuestra paz descansará sobre ellos

s

 

 


Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 10, 1-12. 17-20.)



En aquel tiempo designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: -La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios». Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios». Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: -Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
El les contestó: -Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño auestrlguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

Palabra del Señor.

   

Silencio, Vacaciones

(José Antonio Pagola)

Pide Jesús a sus discípulos que pasen por los pueblos y lugares contagiando paz. Tarea nada fácil, pues sólo quien la posee en su corazón puede comunicarla de verdad. Las vacaciones son, sin duda, momento privilegiado para reconstruir esa paz interior, a veces, tan maltrecha. He aquí algunas sugerencias para quien quiera descansar de una manera diferente.
Experimentar el silencio. Tal vez sea bueno olvidarnos por unos días de la TV y la radio. Nuestro espíritu lo agradecerá. Mejor todavía si sabemos encontrar de vez en cuando algún rincón tranquilo (la sombra de un bosque, la orilla de un río, la paz de una ermita...) para «estar en silencio», sin prisas.
El silencio nos revelará muchas cosas. Descubriremos nuestra agitación interior y nuestras tensiones. Sentiremos la necesidad de vivir de otra manera. El silencio relajado es siempre fuerza transformadora y fuente de paz.
Sentir nuestro cuerpo. La mayor parte del tiempo vivimos «en nuestra cabeza», olvidados absolutamente de nuestro cuerpo, crispado y tenso por las mil preocupaciones de cada día.
Hagamos una experiencia nueva al menos durante unos días: sentir nuestro cuerpo, respirar conscientemente y con calma, tomar conciencia de las diversas sensaciones, sentarnos de manera relajada, pasear sintiendo nuestro caminar. Descubriremos con más fuerza la alegría de sentirnos vivos.
Gustar la vida. Por lo general, tendemos a acumular en nuestro interior las experiencias negativas, sin detenernos ante lo bueno y bello de la vida.
¿Por qué no dedicar unos días a vivir más despacio, gustando las cosas pequeñas y saboreando agradecidos tantos placeres sencillos que ofrece el vivir diario? Quedaremos sorprendidos de todo lo que se nos regala de manera constante.
Aprender a mirar. Casi siempre corremos por el mundo sin captar apenas la vida que llena el cosmos y sin abrirnos al misterio que nos envuelve.
Es bueno tomarse tiempo para aprender a mirar el entorno más despacio y con más hondura. No se trata de afinar los sentidos, sino de captar la vida que palpita dentro de las personas, los seres y las cosas, y escuchar su eco en nosotros.
Sanar los recuerdos dolorosos. Para recuperar la paz es necesario curar las heridas que nos hacen sufrir interiormente. Liberarnos de los recuerdos dolorosos del pasado y de las amenazas del futuro.
Es un verdadero arte vivir plenamente el momento presente, aquí y ahora. El creyente lo aprende desde la fe: el pasado pertenece a la misericordia de Dios; el futuro queda confiado a su bondad.

 
 

 


  Sugerencias para un verano más pleno

(Envió Pepitina)(envió Pepitina)

1. No se ponga a dieta: cambie sus hábitos de alimentación. Que su alimentación sea sana, equilibrada, completa, suficiente y nada más que suficiente.
2. Camine todos los días al menos 20 minutos. El paso debe ser decidido pero no agotador. Y muy importante: disfrute el paisaje -por paisaje también entendemos el urbano-.
3. Dedique más tiempo a «perder el tiempo» con su familia. Vean programas divertidos en la televisión, jueguen...
4. Por cada crítica o regaño que haga a cualquier persona (especialmente si se trata de sus hijos) déles cinco mensajes positivos (de cariño, estímulo, admiración...)
5. Lea al menos un libro por mes.
6. Dedique más tiempo a escuchar música, ver películas, leer poesía, ir al teatro, a museos o a escuchar conciertos. Alimente su espíritu con la creatividad del ser humano
7. Cocine con frecuencia.
8. Abrace, bese y acaricie más a sus hijos, a su esposo, a su esposa, a sus padres y a sus hermanos.
9. Tome un curso, aprenda algo nuevo, actualícese.
10. Fortalezca los lazos de amistad. Tenga más amigos. Sea buen amigo, buena amiga.
11. Duerma bien.
12. Hagan oración en familia.
13. Busque más momentos de silencio para tener mayor intimidad con Dios.
 

 Evon / Testigos sin alfombras 
Jose Antonio Pagola

Con frecuencia, entendemos la evangelización de manera excesivamente doctrinal. Llevar el evangelio sería dar a conocer la doctrina de Jesús a quienes todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.
Si entendemos las cosas así, las consecuencias son evidentes. Necesitamos, antes que nada, "medios de poder" con los que poder asegurar la propagación de nuestro mensaje frente a otras ideologías, modas y corrientes de opinión.
Además, son necesarios cristianos bien formados doctrinalmente, que conozcan bien la doctrina y sean capaces de transmitirla de la manera más persuasiva y convincente. Necesitamos estructuras, técnicas y pedagogías adecuadas para propagar el mensaje cristiano.
Por último, es importante el número de evangelizadores que con los mejores medios lleguen a convencer al mayor número de personas.
Todo esto es muy razonable y encierra, sin duda, grandes valores. Pero, cuando se ahonda un poco en la actuación de Jesús y en su acción evangelizadora, las cosas cambian bastante.
El Evangelio no es sólo ni, sobre todo, una doctrina. El Evangelio es la persona de Jesús. La experiencia humanizadora, salvadora, liberadora que comenzó con Jesús.
Por eso, evangelizar no es sólo propagar una doctrina sino hacer presente en el corazón mismo de la sociedad y de la vida humana la fuerza salvadora del acontecimiento y la persona de Jesucristo. Y esto no se hace de cualquier manera.
Para hacer presente esa experiencia liberadora, los medios más adecuados no son los de poder y dominio sino los medios pobres de los que se sirvió el mismo Jesús. Solidaridad con los más abandonados, acogida a cada persona, perdón, creación de comunidad, ofrecer sentido a la vida...
Entonces, lo importante es contar con testigos en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora que encierra la persona de Jesús cuando es aceptada. Con ello no se rechaza la importancia de la formación doctrinal, pero sólo cuando está al servicio de la vida misma.
El testimonio tiene primacía absoluta. Las estructuras, instituciones y técnicas son importantes en la medida en que son necesarias para sostener la vida y el testimonio de los creyentes.
Por eso, lo más importante no es tampoco el número sino la calidad de vida de la comunidad que puede irradiar fuerza evangelizadora.
Quizás debamos escuchar con más atención las palabras de Jesús a sus enviados: «No llevéis talega ni alforja ni sandalias».

 
 

Evangelio del dia. Comentario

(Lc 10, 1-12. 17-20)


Podríamos decir que el tema central de este día es el anuncio del Reino de Dios.
Los discípulos son enviados por Jesús con ese propósito, y aconsejados sobre cómo comportarse en acuerdo con el Reino que ellos están por predicar. Pues el ejemplo y comportamiento del evangelizador es esencial para la credibilidad del anuncio.
"El Reino de Dios está cerca". Esta frase resume el mensaje Apostólico y el mensaje de la Iglesia hoy. Los profetas del Antiguo Testamento (se nos recordó en la primera lectura) anunciaban un Reino por venir, a largo plazo, con la aparición de Cristo.
Pero con Jesús y la Iglesia, ahora anunciamos un Reino que ya está aquí, a la mano. Evangelizar, en último sentido, es ayudar a la gente a reconocer la presencia del Reino en sus vidas, y a actuar de acuerdo con ello.

Algunas preguntas para pensar durante la semana:

1. ¿Puedes señalar personas, acontecimientos, etc., donde se puede reconocer el Reino de Dios en acción?
2. ¿He hecho la elección crucial entre el Espíritu del Reino y el Espíritu del mundo?



Anuncio de Cristo y del Evangelio hoy
Del libro de B. Caballero “En las fuentes de la palabra”

 

1) Evangelización de la increencia.
-La necesidad perenne de la evangelización, aun de los ya bautizados, viene urgida por el fenómeno actual de la increencia, que ha pasado del reducto de las minorías intelectuales a ser patrimonio de masas (cf. Santiago Apóstol, B). Al hombre actual, "instalado en la finitud" (E.Tierno), le ronda el agnosticismo y el desencanto religioso, el pragmatismo vital e incluso el rechazo positivo de Dios como rival del hombre (cf. EN 55). Nada sufre tanto la crítica de la increencia como la propia institución eclesial. Esto nos obliga a revisar la imagen que de Dios, de Cristo y del Evangelio ofrecemos los cristianos al mundo.
¿Cuál es la reacción de los creyentes al desafío de la increencia? Ante los tiempos que corren, en algunos se produce un repliegue por miedo, pesimismo o complejo de acoso. Eso es olvidar la historia. Todos los tiempos han sido difíciles para la fe, "tiempos recios", como decía santa Teresa de Ávila. Otros, los más, se dejan contagiar por los principios y actitudes en boga. Por eso, aunque las estadísticas de confesión religiosa son entre nosotros ampliamente favorables a la fe católica, las encuestas y la experiencia demuestran que los criterios y valores vitales de muchos que se dicen creyentes no son más religiosos que los de quienes se declaran no creyentes (cf. EN 56).
La respuesta que se pide hoy al discípulo de Cristo es tomar la situación de increencia como un reto y una oportunidad que, al descubrir nuestras deficiencias, propicia una continua conversión evangélica, personal y comunitaria, para vivir y testimoniar mejor nuestro cristianismo. Para esto, antes de nada, hemos de reconstruir nuestra propia identidad cristiana y ahondar nuestra experiencia de fe mediante el contacto personal con Dios. San Pablo decía: "Creí, por eso hablé" (1Co 4,13). La base de la evangelización es la dimensión personal de fe. El encuentro con Cristo resucitado es anuncio de vida y salvación, en primer lugar para el creyente, y después para aquellos con quienes éste se relaciona
(cf. J. Martín Velasco: Increencia y evangelización, Santander 1988).

2) Evangelizar: misión de todo cristiano.
-La misión evangelizadora de la Iglesia no es tarea exclusiva de los pastores del Pueblo de Dios, ni monopolio de los misioneros de vanguardia, ni mera celebración anual del Domund. Toda la comunidad eclesial es misionera siempre y en todo lugar, todo en ella ha de estar en función de la evangelización de los que no conocen a Dios o están alejados de El. Todos los cristianos podemos y ser evangelizadores -con tal que estemos evangelizados nosotros mismos-, pues por los sacramentos de la vida cristiana participamos de la misión profética de Cristo (AA 3).
Hoy día no hace falta ir al tercer mundo para sentir la urgencia del anuncio de Cristo. Hay campo de evangelización muy cerca de nosotros, en nuestro propio entorno existencial: así, los padres respecto de los hijos, los esposos entre sí, los familiares, los vecinos, las amistades, los compañeros de trabajo... Pero ¿cómo evangelizar? No hace falta predicar sermones proselitistas. Hoy, más que de "conquista", se habla de presencia y testimonio. Es este testimonio de los cristianos lo que impacta y cuestiona al mundo incrédulo y al hombre de hoy, harto de propaganda, palabrería y mesianismos frustrantes.
Lo que más necesita hoy el Evangelio son testigos. Es verdad que hemos de emplear todos los medios a nuestro alcance para inculturar la fe (cf. Dom. 15,B,3,b), con tal que se avengan con las instrucciones de Jesús en el evangelio de hoy: pobreza y solidaridad, y no avasallamiento y poder. Pero, sobre todo, hacen falta testigos personales de la fe, de Cristo y de la ternura de Dios (1.a lect.), testigos humildes y poseídos de la fuerza del Espíritu, que viene en ayuda de la humana debilidad. Aquí se abre un amplio campo de acción a la misión evangelizadora de los laicos “pues el Evangelio no puede penetrar profundamente en la conciencia, en la vida y en el trabajo de un pueblo sin la presencia activa seglares" (AG 21,1).

3) Líneas y sectores concretos de evangelización
La situación presente reclama un compromiso global de toda la comunidad cristiana en el empeño evangelizador, para dar el paso de -una pastoral de conservación y cristiandad a una Iglesia en perenne estado de misión, a fin de que la fuerza del Evangelio penetre y vivifique las nuevas formas culturales de nuestra sociedad. Sin intención exhaustiva apuntamos estas líneas y sectores de actuación, que se inspiran en las conclusiones del Congreso nacional de Evangelización celebrado en Madrid en septiembre de 1985:

1. Necesitamos un talante dialogal, es decir, una actitud de acogida v discernimiento de los valores de la cultura actual (GS 57s). Esto supone reconocer la presencia piriforme del Espíritu de Cristo en nuestro mundo y momento actual, y vivir a fondo la corresponsabilidad y la comunión eclesiales dentro de una legítima pluralidad de acentos y opciones (LG 13,3). Aquí ayudará mucho un sólido estudio teológico interdisciplinario.
2. Profesión y presencia públicas de nuestra fe en Cristo, sin cerrarnos en ghetto ni recluirnos, corno grupo y como personas, en la intimidad de la pequeña comunidad o de la vida privada. Para eso: hay que orientar a la evangelización de la vida de las comunidades y movimientos especializados, potenciando el apostolado de los laicos en toda su amplitud: sectores social, político y de los medios de comunicación de masas (AG 21; EN 45).
3. Crear nuevas formas de presencia testimonial y efectiva, especialmente en los ambientes desvalidos y marginados, y en el espacio evangélico, común a creyentes y no creyentes, de la afirmación de lo humano: justicia, liberación y derechos de la persona. Como apoyo y complemento de esta presencia en el mundo, se han de revalorizar los espacios, tiempos y formas de oración y vida contemplativa como testimonio de la trascendencia y gratuidad absoluta del Dios vivo que salva al hombre por Jesucristo y lo vivifica por su Espíritu.
4. Promover una pedagogía catequética y evangelizadora de la religiosidad popular con sus valores y posibilidades. Este punto es objeto de un desarrollo más amplio en esta obra: Dom.15,B y Santiago Apóstol, año C.

Conclusión: Mensajeros de paz y alegría.
En el texto evangélico de hoy subyace la experiencia de la primitiva comunidad cristiana que veía cómo el Reino de Dios y su paz se extendían por el mundo de entonces, aunque no sin dificultades. Esta alegría esperanzada y ardua ha acompañado siempre y acompañará a la Iglesia de todos los tiempos. Nuestra misión, hoy como ayer, es ser mensajeros de la paz y alegría que para el hombre y mundo actuales supone la evangelización, es decir, el anuncio testimonial de Cristo y de su liberación.



Testigo del martirio de un muchacho mexicano de catorce años

El padre Marcial Maciel recuerda el testimonio de José Sánchez del Río



CIUDAD DEL VATICANO, martes, 22 junio 2004 (ZENIT.org).-

Setenta y seis años después sigue grabada en la memoria del padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, el martirio de su amigo José Sánchez del Río, a tan sólo catorce años, del que él fue testigo presencial.
La Santa Sede promulgó este martes el decreto con el que reconoce el martirio de este adolescente mexicano, nacido el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo (Michoacán, México), asesinado «por odio a la fe» el 10 de febrero de 1928, según aclaró el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.
La familia de Marcial Maciel, que entonces tenía siete años, había tenido que abandonar la casa de la localidad de Michoacán, Cotija, precisamente a causa de la persecución que se desencadenó en el país contra los católicos tras la promulgación de leyes que negaban el derecho fundamental a la libertad religiosa.
Maciel, que entonces tenía 7 años, recuerda que José le invitó a escaparse con él a la Sierra para unirse a los «cristeros», los católicos que se rebelaron a las imposiciones del Gobierno central que llevaron incluso a la suspensión del culto.
«Pocos días después de su fuga fue capturado por las fuerzas del gobierno, que quisieron dar a la población civil que apoyaba a los cristeros un castigo ejemplar», recuerda el fundador.
«Le pidieron que renegara de su fe en Cristo, so pena de muerte. José no aceptó la apostasía. Su madre estaba traspasada por la pena y la angustia, pero animaba a su hijo», añade.
«Entonces le cortaron la piel de las plantas de los pies y le obligaron a caminar por el pueblo, rumbo al cementerio --recuerda--. Él lloraba y gemía de dolor, pero no cedía. De vez en cuando se detenían y decían: "Si gritas 'Muera Cristo Rey'" te perdonamos la vida. "Di 'Muera Cristo Rey'". Pero él respondía: "Viva Cristo Rey"».
«Ya en el cementerio, antes de disparar sobre él, le pidieron por última vez si quería renegar de su fe. No lo hizo y lo mataron ahí mismo. Murió gritando como muchos otros mártires mexicanos "¡Viva Cristo Rey!"».
«Estas son imágenes imborrables de mi memoria y de la memoria del pueblo mexicano, aunque no se hable muchas veces de ellas en la historia oficial», concluye el padre Maciel.
ZS04062207


Testimonios de nuevos adoradores

::: Hola mi nombre es ELBA y mi país es CHILE, soy de la ciudad de IQUIQUE, esto queda al norte de mi país y me ha gustado mucho su página ya que comparto con ustedes en la adoración al santísimo, que desde hace bastante tiempo yo lo hago aquí, en la catedral de nuestra ciudad, donde cada día jueves estoy desde las 11 de la mañana hasta la 1 de la tarde, o sea dos horas estoy en el Santísimo, orando y conversando en silencio con EL SEÑOR. También son varias las personas que lo hacemos porque todos los días jueves el santísimo está expuesto durante todo el día, donde adentran y salen personas para hacer adoración. En especial a mí me hace mucho bien y salgo con una paz tan grande… Todo lo que hago llena mi espíritu y salgo con más fuerza para afrontar los problemas del diario vivir. Les pediría por favor si me pueden enviar vía e-mail oraciones para hacerlas en el santísimo. Desde ya las infinitas gracias y que EL SEÑOR LAS BENDIGA SIEMPRE junto a MAMITA MARIA. ELBA

::: Hola soy ANA CECILIA MONTES SIERRA
Parroquia San Juan Bautista/ Lima - Perú
Día Jueves / 4 a 6 pm


::: Nombre: Ángela Oliver Moreno
Parroquia: Virgen Madre c/. Pedroches en Zarzaquemada Leganés Madrid España.
Días comprometidos: Martes y viernes de 6,30 a 7,30.
Ángela Oliver moreno c/. Rioja nº 102 6º B 28915 Leganés (Madrid) (España) tel.. 912283766

 
 

 


UNA SONRISA SANA
Que tu paso por estas páginas de humor te deje una sonrisa limpia y una dulce sensación de alegría.
¡¡¡Dios te bendiga!!!

Ten presente que: “UN SANTO TRISTE... ES UN TRISTE SANTO”
GRAN COLECCIÓN

* Un día sin sol es como... ya sabes, noche.
* Persona muy ocupada busca relación seria para el 18 de Mayo del año en curso, a las 22:30 horas.
* El dermatólogo es el único médico que puede dar diagnósticos superficiales.
* Está bien ser abstemio, pero con moderación.
* Ahorro debería escribirse sin h, para economizar una letra.
* Al seis lo inventaron en un dos por tres.
* Nunca hay que pegarle a un hombre caído, puede levantarse.
* Antes sufría de amnesia, ahora no me acuerdo.
* He oído hablar tan bien de ti, que creía que estabas muerto.
* Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas.
* ¿Cuál es el animal que después de muerto da muchas vueltas? El pollo asado.
* Las tortugas viven alrededor de 450... metros.
* A los ahorcados se les hace un nudo en la garganta.
* Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto.
* El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago.
 

 


El tema de la semana

 

 

Se ha puesto de moda, en los últimos años, divulgar las podredumbres del clero, con regodeo en los detalles escabrosos. Son siempre casos aislados, que no hacen sino confirmarnos la debilidad de la naturaleza humana; estamos hechos de barro –los curas no son una excepción– y acechados por las pasiones más oscuras y mezquinas. Pero en la exposición de estos casos excepcionales nunca descubro el deseo legítimo de denunciar un atropello, sino más bien una viscosa inquina anticlerical, un afán por extender la mancha de la sospecha a quienes diariamente ejercen, desde la discreción y el anonimato, su vocación de servicio. Empieza a ser frecuente que se estrenen películas protagonizadas por curas pederastas o represores, o por monjas sádicas que desahogan sus más bestiales apetitos con las pupilas que se hallan bajo su protección; son, casi siempre, películas burdas y caricaturescas, inspiradas por el más aciago resentimiento, que invariablemente son jaleadas por quienes reparten las bendiciones en el cotarro cultural. En cambio, nadie se preocupa de dedicar una película a los muchos curas y monjas que han agotado sus vidas educando niños, consolando enfermos, haciendo más respirables los días de quienes vivían a su alrededor. Lo mismo podría predicarse de los medios de comunicación, empeñados en propagar a los cuatro vientos los deslices de tal o cual cura que equivocó su misión o sucumbió a las tentaciones de la carne; en cambio, no se preocupan de aproximar a su público los desvelos de tantos miles de curas y monjas que, desde una parroquia de barrio, un hospital o una choza escondida en cualquier paraje extramuros del atlas, calcinan su salud en el cumplimiento de aquella encomienda del Nazareno: «Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; peregrino fui, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; preso, y vinisteis a verme». A estos curas y monjas –que, por lo demás, constituyen una inmensa mayoría– nadie les presta su voz, quizá porque la virtud no vende en el mercado de la carnaza, quizá porque su ejemplo callado, su heroísmo silencioso, refuta esa imagen siniestra que se pretende ofrecer de la Iglesia.


A veces, recibo cartas de estos curas y monjas que alegremente se desgastan en beneficio del prójimo, sin aguardar ninguna recompensa terrenal. Hoy quiero traer a este rincón de papel y tinta el testimonio de dos de ellos que a buen seguro hubiesen preferido mantenerse en el anonimato. Sor Antonia Azpilicueta, de la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, me escribe desde Zaragoza, donde ahora reside después de haberse paseado por Ruanda, El Congo, Costa de Marfil, Ghana y Filipinas: «Te podría hablar de la hermana Mari Cruz, que ha venido a morir a casa, después de haber sido infectada por el sida en Ruanda. O de Angelita, que murió en Ghana muy joven, entregada a la causa de los más perdidos. O de las hermanas Carmen y Alfonsina, asesinadas por bombas-lapa. O de las hermanas Rosa y Sagrario, secuestradas en Ruanda y que, al no poder volver a ese país, hoy viven en una selva del Congo, entregando la vida a jirones. Y más y más, anónimos para la noticia y el mundo del ruido y la farándula». Don Manuel Garrido, cura de pueblo, me escribe desde la comarca de La Cabrera, en León: «Apenas quedamos cuatro pelagatos. Es una tragedia. En la misa del Gallo de la pasada Nochebuena, estábamos en la iglesia unas quince personas, todas de edad provecta, y hacía tanto frío que casi hacía daño respirar, casi dolía el aire en los pulmones. Pero después vino la primavera. No hace mucho todavía, subía yo las escaleras del campanario para tocar a la misa y convocar así a la media docena que estaban en el pueblecito más o menos disponibles para ir. Y, cuando ya iba a empuñar las cadenas, cantó el cuco. Era una mañana soleada y cálida. ¿Se imagina usted? Esas dos únicas notas, las más musicales y melancólicas que se puedan soñar. Yo convocaba a un puñado de personas medio inválidas y él llamaba a todo el mundo, a todo un mundo que se fue».

Queridos don Manuel y sor Antonia:
el mundo no se irá del todo, mientras alienten personas como ustedes. Gracias por seguir existiendo.


Fiesta semanal
San Pedro y San Pablo, apóstoles (29 de junio)
Fotografía del lienzo del presbiterio de la Corte
Fotografía del lienzo del presbiterio de la Corte

El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos Pedro y Pablo. Estos daban testimonio en su vida de lo que habían visto, y con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella. (S. Agustín)
Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente al Señor, oyó de él estas palabras: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. La piedra no es Pedro, sino la fe que él profesó: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”
¿Cómo expresas hoy tu fe? ¿en qué consiste? ¿darías la vida por lo que crees?
Pero no pienses que estos santos nacieron ya así. Siempre me emociona y conmueve recorrer el camino de fe vivido por Pedro. De muchas maneras se sintió Pedro salvado por el Señor, desde su presunción primera, pasando por su negación triple, hasta su, también triple declaración de amor a orillas del lago... Salvado en lo más íntimo de su ser, sobre todo del orgullo y de la confianza en sus propias fuerzas. La primera lectura narra cómo Pedro experimenta de nuevo la salvación, la liberación de la prisión. La Iglesia, su comunidad de referencia, oraba insistentemente a Dios por él, corría peligro de muerte. Dios escucha esta oración comunitaria, todavía no había completado Pedro la misión que se le tenía reservada...
Pablo es uno de los prototipos, especie de paladín de los grandes conversos, se convierte después de haber perseguido a la Iglesia de Dios con la cual se identificó el mismo Cristo. También el Señor libra a Pablo de numerosos peligros y le dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje cristiano. La 2ª lectura rebosa humildad, que es la verdad, y confianza, lo dice todo sobre la vida y misión de Pablo: he combatido bien mi combate, he mantenido la fe, me aguarda la corona merecida... a él la gloria por los siglos.
¿Podremos decir lo mismo al final de nuestros días?
Procuremos imitar la fe de estos apóstoles, su vida, sus trabajos, su sufrimiento, su doctrina, su confianza.

 
Pedro, roca; Pablo, la espada;
Pedro, la red en las manos; Pablo, tajante palabra.
Pedro, llaves; Pablo andanzas.
Y un trotar por los caminos con cansancio en las pisadas.
Cristo tras los dos andaba; a uno lo tumbó en Damasco y al otro lo hirió con lágrimas.
Roma se vistió de gracia: crucificada la roca, y la espada muerta a espada.

Amén

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Diario 7:30 (tarde). Domingos y festivos: 11:30 y 12:30


El Movimiento ARPU con la colabiación de la Parroquia, elabora cada semana un CD que contiene las lecturas del domingo con ilustraciones en Power Point, así como una Revista en Word y otros contenidos de interés. Puede solicitarse en la parroquia

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