Reflexiones entre amigos
Revista semanal elaborada por:
MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO
22 de MAYO DE 2005
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DOMINGO: SANTÍSIMA TRINIDAD 22 de Mayo de 2005
LA GRACIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, EL AMOR DEL DIOS PADRE Y LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO ESTÉN CON TODOS NOSOTROS

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SANTISIMA TRINIDAD 2005-DOMINGO
GLORIA AL PADRE Y AL HIJO Y AL ESPIRITU SANTO

(Nuestro Dios es un Dios Trino)

Nuestro Dios es un Dios Trino. Es Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Un misterio que no podremos entender, pero sí celebrar y vivir como cristianos.

Cada día invocamos así a nuestro Dios, cuando hacemos la señal de la cruz diciendo "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". 0 cuando le dedicamos esa breve alabanza: "Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo". Durante la preparación del Jubileo les hemos tenido muy presentes, consagrando un año a cada una de las tres Personas y el 2000 a la Trinidad.

En el domingo primero después del Tiempo Pascual dedicamos cada año esta fiesta a la Santísima Trinidad, que viene a ser como el resumen de lo que hemos celebrado en la Pascua: Dios Padre nos ha salvado enviándonos a su Hijo, resucitándolo de entre los muertos y derramando sobre su Iglesia y sobre el mundo a su Espíritu Santo.

Puede parecer una visión demasiado elevada para los que caminamos por este mundo lleno de preocupaciones. Pero ese es nuestro Dios. Admirable en sí mismo y a la vez cercano a nuestra vida. Un Dios que es Padre, que entró en nuestra historia y nos hizo hijos suyos. Un Dios que es Hijo y se hizo hermano nuestro, recorrió nuestro camino y se entregó para nuestra salvación Un Dios que es Espíritu y nos anima llenándonos de su verdad y de su amor.

(Dios Trino, presente en nuestra vida)

Todo en nuestra vida cristiana está orientado a Dios Trino:
en nuestro Bautismo fuimos bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", consagrados a él y envueltos en su amor;

cuando celebramos la Eucaristía, al principio nos santiguamos en su nombre y al final el presidente nos bendice también con la fuerza del Padre, del Hijo y del Espíritu;

a lo largo de la misa recitamos el Gloria y el Credo, dos textos que están centrados en las tres divinas Personas;

el sacerdote dirige siempre la oración de todos a Dios Padre, por medio de Cristo y en la unidad del Espíritu;

¡qué buena es la costumbre que nos enseñaron nuestros mayores de santiguarnos en los momentos más significativos de la vida: por ejemplo al iniciar un viaje o al salir de casa! ¡y qué acertada la alabanza que decimos tantas veces: "Gloria al Padre..."!

“¡Señor, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (sal 8)

Tu nombre es Padre, tu nombre es Hijo, tu nombre es Espíritu.

Eres admirable en toda la tierra. Admirable por tu grandeza, la grandeza de tu amor. Es un amor misterioso. ¿,Quién lo puede medir? ¿Quién puede apreciar tu generosidad? Nos lo has entregado todo. Te has entregado a ti mismo. Nos has hecho como Tú.

Eres admirable por tu misericordia, por tu ternura, por tu delicadeza. Respetas nuestra libertad, no nos impones tus deseos, nos invitas, nos seduces. Eres admirable por tu paciencia, rico en clemencia, no nos castigas, esperas que demos fruto, esperas el tiempo que sea necesario; y perdonas, perdonas. Y te encariñas con nosotros.

Eres admirable por tu hermosura, por el esplendor de tu bondad y tu gloria, por tu bondad que es tu gloria. Resplandece tu hermosura en todas las cosas bellas, resplandece especialmente en las personas bellas, es decir, en las personas buenas.

Resplandece la hermosura en el alma que participa de tu divinidad, que participa de tu misma hermosura, y va diciendo tu nombre, porque se parece a ti.

Tu divinidad se refleja plenamente en Jesucristo, el más hermoso de los hijos de los hombres, cuya faz es un sol divino, en el que te contemplamos.

Señor, qué admirable eres en todas las cosas. Qué admirable eres en todos los acontecimientos. Qué admirable eres en todas las personas, especialmente en los que más de cerca siguen a tu Hijo. Qué admirable eres en Jesucristo, en tu Hijo, resplandeciente del Santo Espíritu.

OREMOS: MEDITACIÓN TRINITARIA

Gracias al Padre por su amor. Gracias al Hijo por su gracia. Gracias al Espíritu por su don
Digo Padre, Abba, y me quedo confiado, protegido,-agradecido, entregado. Sí, Padre. Gracias por ser yo infinitamente amado. Ya no temo. Ya estoy en tus manos.

Digo Hijo, hermano, y siento que está cerca, amigo que acompaña, que me enseña, que me cura, que me entrega. Gracias porque me has salvado. Superada la muerte y la tristeza. Tú eres mi victoria.

Digo Espíritu, abrazo, y siento que me alienta desde dentro, me envuelve, me perfuma, me enriquece. Gracias por tu fuego, dulce huésped de mi alma. Ya nunca estaré solo. Tú llenas mi vacío.

Digo Trinidad santa, y adoro y agradezco. Sé que es misterio, pero entiende el que ama. Sé que es infinito, pero está cerca. Sé que es inmenso, pero me habita. Me habita y me trasciende. Me ama y me recrea. Gracias, oh Santa Trinidad, porque llamas a mi puerta y quieres cenar conmigo. No sé por qué. pero te abro.


REPORTAJE: Una pregunta en la fiesta de la Trinidad

Diálogo con Juan Martín Velasco, a través de su libro El cristiano en una cultura posmoderna, PPC, Madrid 2ª edición. Juan es, y lo ha sido durante muchos años, Director del Instituto de Pastoral de la Universidad de Salamanca, con sede en Madrid. Se trata de un sacerdote, profundamente cristiano, abierto a la cultura moderna, estudioso de la filosofía de la religión...

NO DOTADO DE OIDO PARA LO TELIGIOSO

-Juan, para personas de a pie, dime: ¿qué es eso del postmodernismo?

-Mira: si te fijas en el tiempo, es una situación nueva que viene fraguándose desde los dos 6 tres últimos decenios del siglo XX; y, en cuanto al lugar, se observa principalmente en los países occidentales de la vieja Europa. Dos palabras describen muy bien eso que llamamos postmodernismo: desencanto: en relación con las promesas y las esperanzas que había suscitado la modernidad; radicalidad: cierta radicalización de los objetivos que se había propuesto y de los resultados a que había llegado la misma modernidad.

-Y esto ¿cómo afecta al hecho cristiano?

-Ha puesto en crisis la fe. Pero ahora no se trata de una crisis de Iglesia, es una crisis de Dios.

-Aclárame, por favor, esa crisis de Dios.

-Se trata de la práctica desaparición de la religión de la esfera social y la extensión de un clima generalizado de indiferencia hacia lo religioso y lo cristiano. Ya no es aquello de que “Dios ha muerto”., sino que estamos sin “noticias de esperanza, sin noticias de Dios”. Se habla del invierno de la fe, del invierno de la Iglesia.

-PabloVI denunció la ruptura entre cultura y evangelio.

-Cierto pero ahora se trata de una evacuación de la verdad, mueren los valores, muere Dios, muere el hombre y llegamos al nihilismo: pérdida del sentido para dar sentido; aquí no hay nada.

-Cómo es la cultura posmoderna?

- Una cultura de intranscendencia. Real es aquello que es objeto de una experiencia. Valioso, lo que procura unos beneficios. Bueno, lo que aumenta la posibilidad de placer. Ata al hombre al aquí y al ahora.

-¿Y en cuanto a lo religioso?

-El hombre posmoderno se considera “no dotado de oído para lo religioso”. Estamos ante el hecho de la extensión de la increencia, sobre todo bajo la forma de la indiferencia religiosa.

SOLO EL AMOR (José Antonio Pagola)

El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena Jn 16, 12-15

La palabra “Dios” proviene del sánscrito “Dyau”, y significa “día”. En griego se convierte en “Theos”, que viene a ser “la luz”, “lo brillante”. En el origen del término “Dios” subyace, por tanto, la idea de la luz que da vida y permite ver. Dios es el que fundamenta la vida y da el sentido último a todo.

El cristianismo introduce un lenguaje insólito y revolucionario al hablar de un Dios Trinidad. En la base de esta nueva terminología hay una nueva concepción: “Dios es amor” Esa divinidad que sustenta la vida y da sentido a la realidad es amor y sólo amor.

Al confesar a un Dios trinitario estamos tocando el corazón mismo de la fe cristiana. Todo lo demás es consecuencia. Cuando se olvida o se deforma esta fe en un Dios-Amor, se está vaciando a la religión cristiana de su esencia.
El amor no es una actividad más de Dios, sino que toda su actividad consiste en amar. Si crea, crea por amor; si salva, salva por amor; si juzga, juzga con amor. Todo su ser y su actuar es amor. Dios no tiene amor, sino que es Amor.

En nuestro lenguaje, siempre limitado, hemos de decir que “Dios ni sabe ni quiere ni puede hacer otra cosa sino amarr” (Torres Queiruga). De Dios sólo nos llega amor. Podemos dudar de todo, pero nunca de esto: hacia mí Dios sólo puede sentir amor.
La confesión en un Dios trinitaria nos ha de llevar a creer de manera práctica en un Dios-Amor. Hemos sido creados por amor, estamos amasados de amor, destinados a amarnos y a amar profundamente la vida. Nada hay más importante y decisivo. Nuestro quehacer esencial es permanecer en el amor.

El término Trinidad se generaliza en el siglo IV, para responder a una necesidad: ¿cómo decir al mismo tiempo que hay un Dios único, y que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son igualmente Dios?

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.-Exposición teológica

Decir "una naturaleza y tres personas en Dios", es claro... ¡tal vez demasiado! En todo caso, comparar la Trinidad a un candelabro de tres brazos, o un trébol de tres hojas, no nos hace penetrar en el misterio de Dios!

Tampoco estamos más avanzados comparando la Trinidad a una familia... Más vale que partamos de nosotros. Nosotros hemos sido creados "a imagen y semejanza de Dios": así, mirando la imagen, tendríamos alguna oportunidad de penetrar un poco en el modelo...

El hombre (cada uno de nosotros) es padre, el da vida a las cosas, a los seres.

El hombre es hijo, él recibe la vida, de fuentes muy diversas.

El hombre es espíritu, su éxito es amar y ser amado...

La "idea trinitaria" nos indica también el camino de una vida social fraterna, que permite a cada uno ser padre, hijo y espíritu.

 DEJAR A DIOS SER DIOS

Agrandar el concepto que tengamos de Dios es lo mejor y lo más grande que podemos hacer por nosotros mismos y por nuestra fe.

• El concepto que tengo de Dios es lo que en definitiva preside mi vida y marca mis convicciones. Dime a qué Dios adoras, y te diré quién eres. La idea que una persona tiene de Dios es el compendio de su propia vida.

• Muchas personas dejan no a Dios, sino al Dios que conocían. Si lo hubieran conocido mejor, no lo habrían abandonado. Hay que agrandar el concepto de Dios. Hay que esforzarse en irlo conociendo paso a paso como es, hay que dejar a Dios ser Dios.

• La mejor manera de contrarrestar el egoísmo –misión de misiones en el mundo de hoy (y quizá de siempre)- es entender mejor a Dios. Esta es ambición un poco soñadora de este Congreso a la que tendemos con la ayuda de María, a comienzos de siglo y milenio.

• El ir descubriendo a la persona de Jesús en mi adolescencia, el calor de su amistad, sobre todo en ratos de compañía eucarística en las capillas del Seminario, la realidad de su presencia, la majestad de su divinidad y la simpatía humana de su trato, formaron una realidad enorme en mi vida sobre la que ha venido todo lo que había de venir después.

Sería una actitud todo lo antropomórfica que se quiera, inocente, acrítica, elemental; pero la fuerza y el calor que el sentimiento de amistad personal con Jesús trajo a mis años jóvenes es una experiencia tan intensa y real que sin ella no podría entender mi vida. Aquellas lecturas saboreadas de los evangelios al pie del sagrario, aquellos ratos, unos más cortos y otros más largos, me hacían muy feliz y muy capaz de llevar problemas, tentaciones y dificultades. La amistad de Jesús salida del evangelio y del sagrario era tan grande y tan nueva, que no podía menos que compartirla con otros compañeros para que me cupiera en el alma.

El cardenal Martini dice que es verdaderamente difícil hablar de Dios, porque donde se le conoce a Dios –insiste en sus escritos- es en la adoración, en la conversión, en la donación que Él nos hace de si mismo, mucho más que en la explicación verbal.
Una anécdota de uno de nuestros cofundadores, el Beato P. Rubio: en una ocasión iba a tomar un tren o un autobús, y al pedir el billete dijo sin pensar: “dos para...” Luego se corrigió a tiempo y añadió con rubor de persona distraída: “perdone, uno solo”. La presencia a su lado del Eterno Amigo era tan real para él que pretendió sacar, junto con su billete, el de Jesús. Su fe era tan real que casi le hace pagar el doble.

Un responsorio sorpresa es casi una saeta andaluza en medio de la sobriedad del breviario latino, resume con certeza afectiva esa felicidad imprescindible del amor directo a quien más lo merece: “Quem vidi, quem amavi; in quem credidi, quem dilexi.” (A quien vi, a quien amé; me entregué a él, me enamoré de él). Esa es la experiencia básica del encuentro con Dios. De nuestra Adoración, tanto más auténtica cuanto menos palabras se emplea. Todo esto viene de la sonrisa inocente ante el Sagrario.
 CARTA DE UN PADRE SOCIALISTA A SU HIJO QUE NO DESEA ESTUDIAR RELIGION

En 1919 el diario socialista de París «L’Humanité» publicó una carta dirigida por un padre socialista a su hijo. Trataba de la enseñanza de la religión, y fue escrita con tan buen sentido y con tanta honradez, que la creo digna de que sea conocida en tiempos tan confusos como los actuales. El padre escribe a su hijo: “Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación”.

11/05/2004:

Dice así «Querido hijo, me pides un justificativo que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificativo, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuándo tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender la historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización?

En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?. En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones?.

Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal?—éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau.—Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampère era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios?

Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización, y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras.

Ya que hablo de educación: para ser un joven bien educado, es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple «savoir vivre», hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.”

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad, exige la facultad de poder obrar en sentido contrario.

Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa responsabilidad”.
 DIEZ MODOS PRÁCTICOS PARA RECRISTIANIZAR EUROPA

1- Por la mañana, haz el ofrecimiento de obras, poniendo en manos de Dios tu trabajo, tus éxitos y tus contratiempos.

2- Bendice la mesa en familia, también cuando comas fuera de casa o con amigos.

3-Lleva una medalla o escapulario de la Virgen al cuello.

4- Orienta tu vida hacia Dios. No digas «menos mal», dí «gracias a Dios». No digas «quizá», dí «si Dios quiere».

5- Repasa el Catecismo con tus hijos, que te vendrá muy bien a ti.

6- Solicita en el Colegio la enseñanza de la Religión para tus hijos.

7- No regales un libro cualquiera. Regala los Evangelios u otras obras clásicas de espiritualidad.

8- Muestra siempre, en todas partes, tu condición y tu alegría de ser hijo de Dios. Cultiva el optimismo.

9- Escribe de lo que sabes, con sentido cristiano. Puedes ayudar mucho a otros.

10- Recuerda a tus amigos y parientes que el Domingo es el DÍA DEL SEÑOR: para escuchar su Palabra y ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa.

 ACTOS DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD

Creo en Dios Padre; creo en Dios Hijo; creo en Dios Espíritu Santo; creo en la Santísima Trinidad; creo en mi Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Espero en Dios Padre; espero en Dios Hijo; espero en Dios Espíritu Santo; espero en la Santísima Trinidad; espero en mi Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Amo a Dios Padre; amo a Dios Hijo; amo a Dios Espíritu Santo; amo a la Santísima Trinidad; amo a mi Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero; amo a María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra, y amo a mi prójimo como a mí mismo.

«Debemos orar; ante todo, porque somos creyentes. La oración es el reconocimiento de nuestro límite, de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y a Dios volvemos» (Juan Pablo II). Florentino Fernández Álvarez
 

“Fecisti nos Domine ad te, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te”

“NOS HICISTE SEÑOR PARA TI Y NUESTRO CORAZÓN ESTÁ INQUIETO HASTA QUE DESCANSE EN TI” ( S. Agustín)

 ¡Los TRES! Por José Cristo Rey García Paredes

¿Quién es mi Dios?, me pregunto. El adjetivo posesivo mi me produce un cierto escalofrío, me hace retroceder para atrás. Y me pregunto de nuevo: ¿es verdad que yo puedo decir a alguien, a un ser tan grande, tan grande, tan misterioso como es El, que es mío?
Cuando digo mi Dios, ¿a qué me refiero? Estoy diciendo que hay una realidad que me envuelve, que me ha acompañado toda mi vida, que me haría desesperar, si de momento desapareciera o no existiera.

He pasado muchas, muchas horas pensando en mi Dios. Recuerdo una canción del Padre Zezinho: «Estoy pensando en Dios». Desde muy pequeño El era mi consuelo, mi guía.
Más tarde descubrí la belleza de Dios. Había momentos en que deseaba morirme, para gozar sin interrupción de su hermosura. Recuerdo que vivía como un enamorado, buscando por todas partes su hermosura.

Han pasado los años y me pregunto, ¿quién es mi Dios? Y respondo: es mi interlocutor permanente; esa referencia que nunca me falta; por eso, en algunas ocasiones puedo decir apenado ¡Dios mío!, y en otras entusiasta ¡Dios mío! Lo llevo incrustado en mi ser. Con él voy a todas partes. Su oscuridad me envuelve como un manto. Su luz a veces me envuelve como un manto. Cuando hago el mal, me siento pecador en su presencia. Desde hace bastantes años, me llega al alma el salmo: «Señor, tú me sondeas y me conoces... Todas mis sendas te son familiares. Conoces mi camino y mi descanso... Si escalo al cielo allí estás tú, si bajo hasta el abismo allí te encuentro. La noche no es oscura para tí». He tenido conversaciones con mi Dios en tantos lugares, a todas las horas...

Mi Dios es, sobre todo, mi Abbá. Ese nombre mágico que tuvo en Jesús su inventor teológico. Ese nombre que te hace sentirte «niño de Dios» y al mismo tiempo te concede la soberanía de aquel que a nada teme: porque el Abbá es mi pastor nada me falta, en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia sendas tranquilas y repara mis fuerzas».

No sé si seré egoísta, pero me va eso de encontrarme a solas con Dios. Yo sería un candidato espontáneo a subir con Jesús al monte de la transfiguración, sólo con él o con algunos amigos, y nadie más. Me gustaría tanto, tener un profunda experiencia mística de Dios, eso que Teresa llama las séptimas moradas.

Mi Dios tiene una fecundidad inmensa. Es el Dios de los campesinos de Bolivia y de Panamá, de los brasileños y filipinos, de los indonesios y tailandeses, de los guineanos y de los españoles. Me ha sido dado conocer el rostro de muchos, muchísimos de sus hijos e hijas. Me he encontrado con ellos cuando ellos estaban en oración. Dios tiene muchísimos hijos e hijas. Entre los más pobres se encuentra como en su casa. Esto lo he entendido, sobre todo, a partir de la figura de Jesús.

Cuando miro al cuadro de la Trinidad, que tengo delante de mí en mi habitación, me invade la paz, la ternura, el Silencio, la calmada comunión de los Tres, de mis Tres. Emerge, sobre todo, la figura de Jesús, en el centro, con su túnica roja. Jesús me apasiona cada día más. Me encanta que sea mi líder, que sea el jefe de mi partido, el maestro de mis ideas. Sabe que cualquier cosa que me diga tendrá en mí a su fan. Cuando encuentro algo nuevo sobre él me entusiasmo. Los libros de cristología atraen enseguida mi atención. Todo lo que sea comprender mejor su persona, me llena de entusiasmo. Le quiero muchísimo. Sobre todo en la Eucaristía. No me explico que después de tantos, tantos años, la Eucaristía siga siendo para mí tan importante, tan afectarte.

Me conmueve tener en mis manos el pan, elevar el cáliz del vino. Es un regalo tan grande. Piensa que cuando alguien te regala «algo», queda ahí inerte, como memorial, como recuerdo. Pero este regalo es «alguien», es «un cuerpo», «una vida». Es más que tener un hijo. Es recibir el Hijo de Dios como regalo. Es más que un beso del Abbá. «Tomad y comed», nos dice el Abbá... «este es el hijo de mi alma... es la vida mía».
Jesús es mi Dios aquí en la tierra. Jesús me ha entusiasmado. No sé qué sería mi vida si ya no pudiese predicar el evangelio, si no pudiese celebrar la Eucaristía, si no pudiera representarle en el sacramento del Perdón, o en la bendición del matrimonio. No sé qué sería de mi vida sin Sagrario, sin ese símbolo admirable de su presencia silenciosa y elocuente. Me da la impresión de que todavía me queda mucho por conocer a Jesús.

Siento que en otros lugares y contextos él se me aparecerá de nuevo. Con Jesús no se puede estar siempre en el mismo sitio. Jesús no dice: ¡Quédate! Sino ¡vente y sígueme! La vida con Jesús es un camino, una aventura. Se puede estar en algún lugar por algún tiempo, pero después hay que continuar. Así quiero vivir toda mi vida, hasta el final, siguiéndolo, caminando, descubriendo nuevos paisajes, sorprendiéndome por nuevos milagros, leyendo en la naturaleza y en la historia nuevos mensajes.

Mira esta imagen. Cierra un poco los ojos. Verás a Jesús. Si te acercas demasiado, verás la realidad de cada día.

Cada vez que me acerco a la figura de Jesús lo siento más como un revolucionario. Creo que se jugó la vida. Que aportó una novedad incalculable. Que es tan luminosa su figura que nos tenemos que poner filtros para no deslumbrarnos y cegarnos. En la Iglesia le tenemos olvidado con tantas cosas que tenemos que hacer. Jesús vino a evangelizar a los pobres. Esa afirmación me convulsiona interiormente. Son los sin casa, sin techo, los despedidos, los desplazados, los miserables, los mendigos, los últimos. Reino de Dios es lo opuesto a todas las formas de reino que hay en el mundo. Hay reino en los estados, pero también hay reino en las familias, en los grupos. Jesús anunció y trajo un reino alternativo. En ese reino, los últimos son los primeros. Advierto que no he dado el salto vital hacia ese reino todavía. Es algo que todavía no se ha convertido en mi experiencia fundamental; pero juzgo que algún día llegará. Sé que me lleva al lugar del olvido, de la marginación. Es muy fácil decirlo, pero supone entrar en Getsemaní para después continuar hacia el proceso y el calvario.

Y ¿el Espíritu? Y me sale enseguida la expresión de san Bernardo: ¡Beso de Dios! Me parece un símbolo de simbiosis, de encuentro. Mucho amor, mucho amor derramado simbólicamente en mi ser, en nuestro ser. El Espíritu es mirada que conmueve. El Espíritu es el tono de la voz que dice más que palabras. El Espíritu es el Abbá en un suspiro de amor, como cuando suspiramos. El Espíritu es el abrazo que nos envuelve y aprieta, el Espíritu es el nosotros, el temblor, el silencio del encuentro sin palabras, la brisa que sorprende y refresca, el calor que sube al rostro, la fuerza excéntrica que nos acerca a los pobres, a los últimos, que nos descoloca, que nos hace salir e irnos a otro lugar. El Espíritu es la inspiración que hace que escriba estas líneas a tanta velocidad. Es la prisa de Dios, la prisa del Amor. Es el éxtasis que queda rendido en paz.

Espíritu..... Espíritu..... Espíritu.... .... .... de nuestro Amor.

 
 EL ENCANTO DE LA TRINIDAD

Fiesta en honor a DIOS. El homenaje a la UNIDAD de tres personas que, siendo diferentes, deja a la intemperie nuestra dispersión, la ruptura del mundo y de las cosas, del ser humano y de las estructuras sociales...

Con Jesús, en este día, remontamos hacia las alturas y –como el montañero que ha sabido intuir y valorar la importancia de las herramientas de escalada- contemplamos con el resucitado los tres anillos fundidos en oro de la misma naturaleza y con los mismos kilates : PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO.

e lo soltaba un chaval en la misa familiar de no hace mucho tiempo: “Javier..¿cómo puede Jesús dirigirse a DIOS si El es DIOS”. Buena pregunta para una sencilla respuesta:
Jesús nos enseña a seguirle y verle como camino hacia el Padre. No pretende que nos quedemos solamente en El. Nos empuja nadar aguas arriba como aquel que más allá de sí mismo quiere saber más sobre su nacimiento y origen.

¡GLORIA Y ALABANZA A LA TRINIDAD!

Tres en Uno... y el Uno en Tres¡¡¡. No es juego de palabras y sí, en cambio, corazón indiviso, misterio profundo de nuestra fe y de nuestra vida cristiana:

Nos enseña que DIOS es familia y que , nosotros, formamos parte de ella aunque no lleguemos a comprender ni entender todo el entresijo y la riqueza que encierra.
Dios es AMOR y, nosotros, participamos de esa fusión única y cómplice que existe entre las tres personas.

Dios es COMUNIÓN y, nosotros, la contemplamos y la comemos, la vivimos y la palpamos, la añoramos y la necesitamos ante la fragmentación existente en nuestro entorno, en las galaxias de nuestros afectos, en nuestras luchas, proyectos y fatigas.

Dios es ÚNICO y, nosotros, le damos gloria y alabanza porque nuestra FE nos dice que en El está puesta nuestra esperanza, nuestro ser iglesia, nuestra vida cristiana que ha de ser siempre trinitaria.

¡GLORIA Y ALABANZA A LA TRINIDAD!

En la Trinidad reina el amor....y el amor siempre produce abundancia de frutos. En nosotros, cuando brota el egoísmo, nuestra vida sólo produce esterilidad.

En la Trinidad nace y se REVELA el amor que se hace servicio. En nuestro entorno (medios de comunicación, en la pareja, en la sociedad...) se confunde amor con placer. Y con el poder (no con el servicio) se compra muchas veces el simple placer olvidando y descafeinando el amor.

En la Trinidad, Jesús, nos presenta el rostro, las características, el número de componentes, la identidad, la grandeza, el apellido de su familia invitándonos a dar razón y testimonio de ella: ¡ID POR EL MUNDO.

Recuerdo que recién ordenado sacerdote, y en mi primer destino pastoral, un feligrés entró en la sacristía y me dijo: “venga vd cuando quiera a mi casa....¡somos buena familia!”.

Como cristianos, que participamos de esa comunión de las tres personas, estamos llamados a dar a conocer la buena fama y la solera de esta gran familia que es la Santísima Trinidad. Quien se acerca hasta ella... siempre tiene ganas de volver de nuevo.

Qué bien lo expresó -con el siguiente texto- Romano Guardini:

En Cristo se nos ha abierto la hondura de la vida escondida de Dios. Su naturaleza, palabra y obra tan llenas de la realidad de lo sagrado. Pero de ella brotan figuras vivas: el Padre, en su omnipotencia y bondad; el Hijo, en su verdad y amor redentor , y entre ellos, el desprendido, el creador, el Espíritu.

Es un misterio que supera todo sentido; y hay gran peligro de escandalizarse de él. Pero yo no quiero un Dios que se ajuste a las medidas de mi pensamiento y esté formado a mi imagen. Quiero el auténtico, aunque sé que desborda mi intelectual capacidad. Por eso, ¡oh Dios vivo!, creo en tu misterio, y Cristo, que no puede mentir, es su fiador.

Cuando anhelo la intimidad de la compañía, tengo que ir a los demás hombres; y por más honda que sea la ligazón y más hondo que sea el amor, seguimos, sin embargo, separados. Pero tú encuentras tu propio «tú» en ti mismo. En tu misma hondura desarrollas el diálogo eterno. En tu misma riqueza tiene lugar el perpetuo regalo y recepción del amor.

 JOSE ANTONIO PAGOLA

Creo, ¡oh Dios!, en tu vida una y trina. Por ti creo en ella, pues ese misterio cobija tu verdad. En cuanto se abandona, tu imagen se desvanece en el mundo. Pero también, ¡oh Dios!, creo en ella por nosotros, porque la paz de tu eterna vida tiene que llegar a ser nuestra patria. Nosotros somos tus hijos, ¡oh Padre!; tus hermanos y hermanas, Hijo de Dios, Jesucristo, y tú, Espíritu Santo, eres nuestro amigo y maestro.

Javier Leoz


Si por un imposible, la Iglesia dijera un día que Dios no es Trinidad, ¿cambiaría en algo la existencia de muchos creyentes? Probablemente, no. Por eso queda uno sorprendido ante la confesión del P. Varillon: «Pienso que si Dios no fuera Trinidad, yo sería probablemente ateo... En cualquier caso, si Dios no es Trinidad, yo no comprendo ya absolutamente nada».

La inmensa mayoría de los cristianos no sabe que al adorar a Dios como Trinidad, estamos confesando que Dios, en su intimidad más profunda, es sólo amor, acogida, ternura.

Es quizás la conversión que más necesitan: el paso progresivo de un Dios considerado como Poder a un Dios adorado gozosamente como Amor.

Dios no es un ser "omnipotente y sempiterno" cualquiera. Un ser poderoso puede ser un déspota, un tirano destructor, un dictador arbitrario. Una amenaza para nuestra pequeña y débil libertad.

¿Podríamos confiar en un Dios del que sólo supiéramos que es Omnipotente? Es muy difícil abandonarse a alguien infinitamente poderoso. Es mejor desconfiar, ser cautos, salvaguardar nuestra independencia.

Pero Dios es Trinidad. Dinamismo de amor. Y su omnipotencia es la omnipotencia de quien sólo es amor, ternura insondable e infinita. Es el amor de Dios el que es omnipotente.

Dios no lo puede todo. Dios no puede sino lo que puede el amor infinito. Y siempre que lo olvidamos y nos salimos de la esfera del amor, nos fabricamos un Dios falso, una especie de Júpiter extraño que no existe.

Cuando no hemos descubierto todavía que Dios es sólo Amor, fácilmente nos relacionamos con él desde el interés o el miedo. Un interés que nos mueve a utilizar su omnipotencia para nuestro provecho. O un miedo que nos lleva a buscar toda clase de medios para defendernos de su poder amenazador.

Pero una religión hecha de interés y de miedos está más cerca de la magia que de la verdadera fe cristiana.

Sólo cuando uno intuye desde la fe que Dios es sólo AMOR y descubre fascinado que no puede ser otra cosa sino AMOR presente y palpitante en lo más hondo de nuestra vida, comienza a crecer libre en nuestro corazón la confianza en un Dios Trinidad del que lo único que sabemos en Cristo es que no puede no amarnos.
  Ante las primeras comuniones
En E-mail aparte podremos enviar cantos preciosos y muy apropiados para este día.

Qué es la Primera Comunión?

Es la primera participación solemne de los niños en la acción eucarística de la comunidad cristiana.

Es el acontecimiento más importante de la vida religiosa del niño, después del bautismo.

Es la celebración de la comunidad cristiana, en la que tiene lugar la admisión de unos niños a la plena participación en la Eucaristía, es decir, a la comunión sacramental.

Es un momento culminante, no el término, dentro de un proceso catequizador, que debe significar el punto de arranque para una catequesis ulterior más rica.

Es la ratificación solemne de la Iglesia para admitir a la plena participación eucarística al niño, que ha descubierto a Jesucristo y, por lo tanto, es apto para ser miembro de pleno derecho de la asamblea cristiana.

Es el comienzo de una etapa de crecimiento en la fe, de descubrimiento de las exigencias morales de la vida cristiana.

Es una honda experiencia, que debe mover al niño a una práctica de la oración.
Es un vivo testimonio de fe infantil, que se convierte en interrogante serio para la fe adormecida de los adultos.

Es una ocasión excepcional para comprometer y renovar la vida religiosa de toda la familia.

CONSIDERACIONES GENERALES
Los niños que hacen la Primera Comunión no son los protagonistas de la celebración, sino los invitados de honor, los que son homenajeados. La Misa en que participan es de adultos, no es una Misa con niños.

Debe enmarcarse la celebración litúrgica dentro del espíritu y directrices del Directorio para las misas con niños.

No es el estreno mundial de un rito bonito, pero que tiene muy poco que ver con la celebración del memorial del Señor.

Por ser una celebración especial, hay que conocer muy bien los aspectos que se pueden adaptar.
Adaptar no significa simplemente cambiar o suprimir. Debe ser una adaptación de iniciación sacramental.

Siempre hay que respetar al niño, que debe saberse capaz de celebrar la fe y no sentirse conejito de indias sobre el que se ensayan falsas piruetas litúrgicas. Muchas veces se llama creatividad a la improvisación.

El principal protagonismo de la Primera Comunión corresponde a la comunidad cristiana que los ha preparado, los acoge y los integra plenamente en su seno.

Durante la celebración eucarística el niño que comulga por vez primera no conviene que ejerza todas las funciones y ministerios litúrgicos (propios de los ya plenamente iniciados), creyendo falsamente que así participa más.

Como suele haber muchos participantes ocasionales en la Misa de Primera Comunión, debe cuidarse la dignidad celebrativa por su valor evangelizador.
 ALGUNAS PISTAS LITÚRGICAS

El celebrante nunca debe aparecer ante los niños ni comportarse como un niño mayor, sino como un adulto en la fe, que los ayuda a vivirla.

Es bueno que, desde el principio, los niños que van a hacer la Primera Comunión entiendan que eso es cosa de mayores.

El lenguaje de los gestos litúrgicos no puede reducirse al aplauso y a cogerse las manos. Hay gestos litúrgicos (signarse, partir el pan, etc…), gestos corporales (de pie, sentados, de rodillas, las manos levantadas, procesiones, etc…)

La mejor participación en el canto no se consigue con cantos infantiles ni con el simple acompañamiento de gestos (los niños un poco mayores sienten un pudor incipiente), sino con aclamaciones breves, fáciles, entendidas.

Ordinariamente el niño no suele ser buen lector de textos, le resulta muy difícil proclamar en la asamblea litúrgica las lecturas. Máxime el día de la Primera Comunión, en que está muy nervioso.

Los primeros comulgantes pueden ser significativamente protagonistas en la acción litúrgica en los siguientes momentos: en la procesión de entrada, en la oración de los fieles (evitar las expresiones genéricas y desconectadas de la Palabra escuchada), en la procesión de ofrendas (debe ser verídica y eucarística; evitar trabajos escolares, libros, juguetes, etc…) y en el momento de la comunión.

En la celebración debe brillar también el silencio sagrado, al que deben acostumbrarse desde el principio los niños. No es pérdida de tiempo.

Prestar la atención pastoral correcta al problema de los fotógrafos, que suele ser punto de conflicto en las Primeras Comuniones.

La Primera Comunión debe ser celebración que se prolongue en posteriores celebraciones, que despierte el hambre de otras Eucaristías, que capacite e inicie a la participación en la misa ordinaria de los domingos. Andrés Pardo
 LOS CRITERIOS PARA ADMITIR UN NIÑO A LA PRIMERA COMUNIÓN, UNA VEZ CUMPLIDOS LOS AÑOS DE CATEQUESIS CON UNA PARTICIPACIÓN SATISFACTORIA, SERÁN:
• que tenga una adhesión viva a la persona de Jesús y lo conozca como Hijo de Dios y Salvador;

• que sepa, de acuerdo a su edad, lo que es ser cristiano;

• que haya adquirido cierta práctica de oración y puede repetir de memoria las oraciones más importantes;

• que dé una razonable garantía de perseverancia en la vida cristiana, apoyado por sus padres;
• que sepa discernir entre el bien y el mal y se haya confesado;

• que tenga un conocimiento básico de lo que es la eucaristía y sepa discernir el Cuerpo de Cristo del alimento común.
 SU PRIMERA COMUNIÓN
CANTO DE PRIMERACOMUNIÓN PARA LOS ABUELITOS DE LOS NIÑOS

Música: M Serrapí (Niño Ricardo), J. Escolíes
Letra: J. Valderrama

I

Como una blanca azucena,
lo mismo que un jazmín
va mi niña hacia la iglesia,
a la iglesia de San Gil.
Ha cumplido siete años
y va a recibir a Dios;
mi niña toma rezando,
su primera comunión.
En el quisio de la puerta
estamos su madre y yo
con lágrimas en los ojos
y risa en el corazón.

ESTRIBILLO
Un coro de serafines
hay en el Altar Mayor,
que está mi niña tomando
su primera comunión.
De rodillas es tan bonita
y tiene tanto salero,
que le da el agua bendita
un angelito del cielo.

I I
Mi niña ya está en mi casa,
llena de gracia de Dios:
cómo la mira su madre
y cómo la miro yo.
Cariño de mi cariño,
alegría de su amor,
la nieve y el blanco armiño
copiaron de tu candor.
Para un padre y una madre
no hay alegría mayor
que ver hacer a sus hijos
la primera comunión.

 LA CINTA DE SEDA

Dedicada a los niños de la primera comunión

En una caja escondida
guardo una cinta de seda
que es todo lo que me queda
del naufragio de esta vida.

Cuando la melancolía
llama a mi celda piadosa
abro mi caja olorosa
arpa de paz y poesía.

Y en la brisa vesperal
que aroma la rosaleda
se extiende el lazo de seda
cual rúbrica de cristal.

A su reclamo y llamada,
pañuelo que el alma agita,
se dan en mi alma cita
los recuerdos en andada.

vestido de blanco armiño,
un jardín mi corazón
Esta cinta la ponía
mi dulce madre en el brazo
y mientras formaba el lazo,
oigo su voz, me decía.

Como esta cinta, Ramón,
consérvame el alma pura
alma hasta la sepultura
de Primera Comunión.

Con esta cinta otro día,
pues mi madre con amor,
entre espliego y alcanfor,
muy guardada la tenía,
mi santa madre me ataba
entre mimos maternales
las manos sacerdotales,
que un Obispo consagraba.

Y en tanto que el nudo hacía,
siento el roce de sus dedos
con ojos suaves y quedos
sollozaba y sonreía.

Mi madre se fue. En la vida
como reliquia me queda
la blanca cinta de seda
en una caja escondida.

La miro como a una estrella
he puesto en ella mi suerte,
sólo pido que en la muerte
me aten las manos con ella.

Quiero marchar de este mundo
con este lazo de seda
para que mi madre pueda
soltar su nudo en el cielo.
P.Ramón Cué S.J-

 Carta Pascual: Hoy les toca a los niños de primera Comunión
Queridos niños:



Se nos hecha ya encima el día grande, el día feliz de la primera comunión. ¿Os parasteis a pensar por qué es día grande y feliz, y uno de los más importantes de vuestra vida? A ver si hoy os “paráis” y me contestáis por escrito las razones de por qué ese día es tan hermoso y tan dichoso.

Os quiere mucho vuestro párroco.

Laurentino

Marta del Prado González.- Contestación:
Por que recibo por primera vez el cuerpo de Cristo.
Y por que Dios me va a perdonar los pecados por primera vez.
Hasta pronto Marta
 Dedicada a los niños de Primera Comunión
VOY A COMULGAR, SEÑOR . Laurentino

Voy a comulgar, Señor,
a tenerte todo entero,
dentro de mi corazón.
Trocito blanco de pan,
ahí te escondes, oh Dios mío,
jugo de vida es el vino,
el más sublime prodigio.

Ayer hice jubiloso
mi primera CONFESION
y ya se cumplió el momento
de abrazarte en COMUNIÓN
y de mi gozo completo.


Ouisiera, mi Dios, saber
si lates con mi latido,
si tu latir se acompasa
con el mismo latir mío,
y, aunque mi latir no siento,,
con él lato porque vivo.

Altar mayor, día grande,
Cuántos santos me acompañan:

Santa María de la Corte
encabeza ese gran séquito.

Nunca olvidaré este día
de tanta sublimidad
de corazón tan sincero,
de tanta alegría en la tierra,
de tanta fiesta en el CIELO

 PAROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE. OVIEDO
ORACIONES PARA NIÑOS DE PRIMERA COMUNIÓN

Oración de la mañana

Señor Jesús, te doy gracias por este día que empieza. Te pido que estés conmigo durante todo el día y que me enseñes a querer a todos como TU me quieres. Hoy seré más bueno, obedeceré, no reñiré con mis hermanos y amigos, estudiaré más, no diré mentiras...

María, madre mía, ya falta un día menos para mi Primera Comunión. ayúdame a preparar mi corazón para recibir a Jesús AMEN
Oración para bendecir la mesa

Que así como entendemos que es necesaria la comida, comprendamos que lo es la mesa de la Eucaristía.

¡Gracias te damos, Señor, por la mesa y por la Misa! AMEN

Oración de la noche

Señor Jesús, cuando el día ya termina, y llega la noche, te doy gracias por las alegrías que he tenido hoy y te pido perdón por mis pecados y por las veces que he hecho sufrir a los demás.

Te doy gracias porque mis padres me quieren mucho.

Señor Jesucristo, guárdame durante esta noche, guarda a mis padres y hermanos, guarda a mis familiares y amigos. Y enséñame a quererte cada día más. Mañana seré más bueno

A la Santísima Virgen


Querida Madre. Acompáñame todos los días.

Ayúdame a portarme bien y ser un buen hijo, servicial y atento para lo que necesiten mis papás.

Quiero ser un buen hermano, que no discuta ni me pelee tan fácilmente por cosas que no son importantes.

Échame una manita en las cosas de la escuela y ayúdame a tener siempre una sonrisa para todos los que me rodean.

Ayúdame a vivir haciendo el bien, como le enseñaste a tu hijo Jesús. Ayúdame a ser como Él. AMEN
 MÁS RECUERDOS DE INFANCIA
(Laurentino)

Recuerdo unos evangelios
en unas cartucheritas
que en medio de sus desvelos
nos colgaban nuestras madres
en medio de las ropitas

¡Que detalle de ocurrencia
que costumbres tan bonitas
poner la carta de ruta
al comienzo de andadura
en edades tiernecitas!

Para así gustar ya pronto
en medio de las caricias
el gusto por lo importante
las verdaderas delicias,
las protecciones divinas.

Cerquita del corazón,
pendiente de unas cintitas,
llevábamos de Jesús
sus andanzas, sus noticias.

Gracias, muchísimas gracias
por aquellos evangelios
esencia tan trascendente
metidos en las entrañas
en horas tan primerizas.

Gracias por las enseñanzas,
singulares catequistas,
gracias por todo el ingenio,
por darlas y trasmitirlas,
Gracias, mil gracias a Dios
y a vosotras mamaítas

CARTA PARA LOS NIÑOS DE LA 1ª COMUNIÓN


¡¡¡ MUCHAS, PERO QUE MUCHÍSIMAS FELICIDADES ¡!!


Queridos amigos:

Quiero felicitaros a los niños que tenéis la gran dicha de recibir a Jesús y unirse a El en la Comunión. Esta es la intimidad más grande con Dios que puede haber en este mundo y, por tanto, la mayor alegría. Os felicito de corazón deseando para vosotros lo mejor: grandes ganas de uniros a Jesús y una gran amistad con Él, prometiéndole hacer siempre lo que le gusta y le agrada y no hacer nunca lo que no le gusta.
Con estos deseos recibid mi cariño y un beso grandote.

Fdo. Vuestro párroco



 Niños Primera Comunión 2005
 


Nerea Alonso García
Patricia Xana Alonso González
Andrea Alvarez García
Daniel Blanco González
Ignacio Brañanova González
Marta del prado González
Sara María Estébanez García
David García Alonso
Paula Cecilia García Fernández
Pilar Gutiérrez de Piñeres Campo
Antonio Martínez Antuña
Vicente Miranda Rodríguez
Lizbeth Jazmín Tenempaguay Chacho
Paola Maribel Tipán Pelicita

Con emoción y cariño, muchas felicidades de vuestro Párroco, Catequistas y de toda la Parroquia de la Corte
 El Dios del Amor que siempre nos precede

(José Cristo Rey García Paredes, cmf. 20 de mayo 2005)

Cuando nos atrevemos a pedirle a Dios que se quede con nosotros, que nos perdone, que nos proteja, que vivamos en paz, que nos salve y no permita que nos condenemos, es ¡porque ya todo eso nos ha sido concedido! No somos nosotros los que transformamos a Dios. Es Dios quien nos transforma a nosotros según su querer. La oración cristiana no es aquella que modifica la conducta y los proyectos de Dios; es, más bien, aquella que nos hace conscientes del proceso de transformación según Dios que se está produciendo en nosotros. Este es el mensaje unánime de las tres lecturas de este domingo de la Santa Trinidad.

La primera lectura, tomada del capítulo 34 del libro del Éxodo, ratifica ésto de manera evidente. Moisés siente el paso de Dios ante él, mientras le revela su identidad más profunda:

"El Señor, el Señor! Un Dios clemente y compasivo, paciente, lleno de amor y fiel".
Ante esta revelación Moisés reacciona y ace rostro a tierra. Entonces le pide a Dios aquello que le ha sido manifestado en la visión:

"Mi Señor, si gozo de tu protección, que venga mi Señor entre nosotros, aunque éste sea un pueblo obcecado. Perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado y tómanos como heredad tuya".

Si Dios se ha revelado como un Dios clemente, compasivo, paciente, lleno de amor y fiel, ¿va a abandonar a su pueblo? ¿va a despreciar su heredad? La súplica de Moisés no intenta transformar el corazón de Dios. Ha sido Dios quien, con su actuación, ha orientado el querer de Moisés hacia su voluntad.

Lo mismo sucede en la segunda lectura, tomada del capítulo 13 de la segunda carta a los Corintios. Pablo proclama:

"El Dios del amor y de la paz estará con vosotros: La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros"

Cuando esta presencia acontece, entonces los hermanos de la comunidad cristiana están alegres, se restauran, se dejan guiar, tienen un mismo sentir, viven en paz. ¿No consistió en eso la experiencia de la Resurrección? Los hermanos se llenaron de paz y alegría, de unidad y comunión cuando el Señor Resucitado se presentó en medio de ellos.

En el Evangelio también Jesús manifiesta cómo la conducta de Dios modifica nuestro querer:

"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único... no lo envió para condenarlo, sino paras salvarlo por medio de Él".

Este envío-misión modifica nuestra forma de pensar y sentir. Nos permite creer y desear lo que antes nos parecía imposible. Clamamos ¡ten piedad! porque la piedad nos ha sido otorgada. Le pedimos al Padre que nos acepte como hijos (parábola del hijo pródigo), porque ya hemos sido aceptados como tales. Decimos "¡sálvanos! ¡redímenos!" porque la salvación y la redención nos han sido concedidas.

Podría parecer que las lecturas que hoy nos ofrece la Iglesia no son las más adecuadas para meditar sobre el misterio de la Santísima Trinidad. En lugar de introducirnos en la cámara secreta, nos invita a contemplar su acción en favor nuestro. ¡Es así! Estas lecturas nos dicen cómo es nuestro Dios, cómo es la comunidad formada por el Abbá, el Hijo único y el Santo Espíritu.

Nuestro Dios es Comunidad de amor que ama, Comunidad de fidelidad que no rompe su pacto, Comunidad que todo lo espera y no se cansa de esperar (¡paciente!), Comunidad generosa que no se reserva sus dones.

Si Dios es así, el pueblo, la comunidad, el mundo pueden sentirse seguros, confiados. Podemos estar ciegos, envueltos en iniquidades, llenos de conflictos y de malas acciones, podemos ser dignos de condenación... nuestro Dios no lo va a permitir. Lo único que nos exige, porque nos considera "personas", porque la Santa Trinidad respeta nuestra autonomía y libertad, es que acojamos esa forma divina de ser, que creamos, que expresemos en la oración y la alabanza cómo es nuestro Dios.

La Trinidad no es contemplada en la liturgia de hoy como un dogma que nos excede y está en otra parte. Más bien, nos dice hoy la Madre Iglesia:

"¡Contempláos a vosotros mismos, observad vuestros deseos, vuestras esperanzas, vuestras oraciones! Ahí se revela la santa Trinidad. Nada de lo que deseáis -en lo más profundo de vosotros- es imposible. Si lo deseáis, es que ya os ha sido concedido. La Trinidad os envuelve. No está lejos de vosotros. Está en vosotros. ¡Es la Trinidad de la Alianza fiel, de la Paciencia gozosa, de la Paz!".

Moisés supo convivir con las limitaciones de su pueblo, y también de él mismo. Nosotros somos invitados en este día a saber convivir con las limitaciones de nuestra sociedad, de nuestra iglesia, de nuestras comunidades, de nosotros mismos. Nunca seremos capaces de formar una comunidad como la Santa Trinidad. Pero sí que podremos sentir que esa Comunidad Santa, Santísima, está soportando, protegiendo, animando, nuestra pobre comunidad. La Trinidad Santa proveerá. Confiémos en ella. Nuestro futuro como mundo, como Iglesia, como grupos o personas... está en las santas manos del Abbá, que son Jesús el Hijo único y el Santo Espíritu.

 
 “Presencia en lo escondido.
El monacato, una vida eucarística”



Carta pastoral en Jornada “Pro orantibus”
22 de mayo de 2005


El próximo 22 de mayo celebramos en la Iglesia que camina en España la Jornada “Pro orantibus”, dedicada a los monasterios de vida contemplativa. En esta ocasión se nos ofrece un lema especialmente sugestivo: “La presencia en lo escondido. El monacato, una vida eucarística”.

Nuestra Archidiócesis de Oviedo, animados por el espíritu de esta jornada quiere expresar su cercanía, admiración, ayuda y oración por los diversos monasterios de clausura que están en nuestra geografía: Cistercienses en el Monasterio de Santa María de Valdediós en Villaviciosa; Agustinas Recoletas en el Monasterio de la Encarnación de Oviedo y en el Monasterio del Santísimo Sacramento y Purísma Concepción de Gijón; Benedictinas del Real Monasterio de San Pelayo en Oviedo; Carmelitas Descalzas en el Convento de Ntra. Santísima Madre del Carmen en Oviedo y en el Convento de Ntra. Sra. Del Carmen y San José en Gijón; Cistercienses del Monasterio de Santa María de los Ángeles en Lugones; Clarisas del Monasterio de la Purísma Concepción en Villaviciosa; Dominicas en el Monasterio de la Encarnación en Cangas de Narcea; Pasionistas en el Convento de Santa María Magdalena en Oviedo; Salesas en el Monasterio de la Visitación de Santa María en Oviedo. Por todas estas presencias, por cada una de vosotras que habéis dedicado vuestra vida a la alabanza divina, en esta jornada y en nuestra Iglesia diocesana, damos gracias a Dios y pedimos la oración y la ayuda de todos los cristianos que caminan por Asturias.

Vida orante y seguimiento de Jesucristo

La vida contemplativa es para todos nosotros “presencia en lo escondido”, que a través de su manera de ser y vivir, fundada en la radicalidad evangélica, manifiestan la presencia de Cristo. Como ha dicho algún teólogo son una cristología en acción, una participación en el misterio de Cristo que se inició con el sí a la llamada que un día realizaron quienes forman parte de estas comunidades. Toda su existencia está ocupada por un objetivo central: “Dios nos eligió en Cristo… conforme al beneplácito de su voluntad, para ser adoptados como hijos suyos por medio de Cristo” (Ef 1, 4-5).

Este objetivo expresa que cualquier relación con Cristo pertenece a este único proyecto y consiste en realizar este programa diseñado por Cristo. Su vida, orante y escondida, reside en seguir radicalmente a Jesucristo según el Evangelio. Y este seguimiento radical obedece al designio amoroso del Padre, que suscita en la Iglesia y para la Iglesia, todo un abanico de carismas que florecen, desde su misma entraña, por obra y gracia del Espíritu Santo, teniendo como fundamento último y como raíz viva y permanente la persona misma de Jesucristo.

El monacato, respuesta a la iniciativa divina

Su, “presencia en lo escondido”, la viven desde cuatro núcleos esenciales. Es una gracia para todos nosotros, poder conocer estos núcleos y saber valorarlos. Pues de alguna manera en el ejercicio de la vida contemplativa se hace realidad la expresión de Cristo: “Por vosotros”.

Todo comienza desde una llamada personal y gratuita de Jesucristo, donde se pone de manifiesto con una claridad especial la absoluta iniciativa del Padre y la gracia del Espíritu que les hace responder a la llamada de una vida dedicada al silencio y a la oración por todos los hombres. Es una llamada a ser en Él, a ser hijos, a ser hermanos los unos de los otros por la acción del Espíritu Santo. ¡Qué gozo se siente en lo escondido cuando nos sabemos ciertamente “conciudadanos de los santos y familiares de Dios”! (Ef 2, 19).

Esta respuesta a la iniciativa divina adquiere una fuerza especial y unas dimensiones únicas cuando, en un segundo momento, hablamos de koinonía, que en sentido bíblico significa propiamente comulgar en un bien indivisible; esto es, configurarnos con la persona viva y vivificante de Jesucristo, en quien comulgamos con el Padre y con el Espíritu Santo y también con los otros seguidores de Cristo. Esa koinonía tiene su expresión más honda y profunda en la Eucaristía celebrada, vivida y anunciada.

Otro núcleo esencial de la vida contemplativa se expresa en la consagración. Pues ella nos habla de la configuración con Cristo al tratarse de una consagración personificada, de tal modo que vivir con Cristo implica vivir como Cristo. Y así, por la consagración se da una verdadera y real configuración con Jesucristo: virgen, pobre y obediente. Y todo ello vivido desde esa experiencia de la misión que es una participación auténtica en el ser mismo de la misión de Jesús. Esta particularidad supone una verdadera participación en la misión de la Iglesia, anunciando el Reino inaugurado por Jesús, que se identifica con el Señor mismo.

En esa “presencia en lo escondido” adquiere una fuerza especial aquella descripción que San Benito hacía del seguimiento de Cristo al poner de manifiesto que el discípulo ha de tener como único marco y modelo el propio evangelio. ¡Qué fuerza tiene ese marco y ese modelo! ¡Qué importancia adquieren todos nuestros monasterios en este momento de la historia! ¡Qué valor tienen quienes, llamados por el Señor, se prestan para protagonizar su vida desde ese marco y modelo! Aceptar la verdad del evangelio pone de manifiesto en la vida de aquellos que forman la comunidad monástica que nada hay más preciso y decisivo que Cristo. Impresiona ver cómo subraya este santo patrono de Europa la centralidad y el primado de Cristo en la vida espiritual.

Esta presencia se visibiliza en los monasterios en el superior, que en nombre de Cristo gobierna, instruye y santifica, apareciendo antes sus hermanos como padre y maestro a la manera en que Cristo lo fue para sus discípulos. Una vivencia gozosa de esta realidad supone un crecimiento en Cristo, que es crecimiento en humanidad verdadera, en una plenitud humana total que tiene su concreción en el plano individual y colectivo. Se trata de incorporar las obras y el estado propios de Cristo, dejándonos transformar por Él, como decía el Apóstol Pablo, “hasta que se conforme Cristo en vosotros” (Gal 4, 19), de manera que sea “Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20).

El monacato, vida eucarística

Esta “presencia en lo escondido”, adquiere su dimensión universal, su medida auténtica, en una vida eucarística profundamente vivida. El monacato es una vida eucarística. Es en la Eucaristía donde experimentamos que el sí total y fiel de Jesús al Padre y a los hombres, significa nuestro sí al Padre y nuestro sí a todos los hermanos, incluidos los que nos critican, los que no nos aceptan, los que se oponen a nosotros.

De tal manera que la Eucaristía sería algo vacío, si en cada uno no se transforma en una fuerza de amor para los demás. Esa expresión de “haced esto en memoria mía” no son palabras mágicas, significa tener una mentalidad nueva, que tiene que sustituir a la antigua que piensa únicamente en sí mismo sin preocuparse de los demás. El alimento de la Eucaristía configura toda la vida de quienes viven en el monasterio.

Pido a la Santina, en esta jornada dedicada a la oración por los religiosos y religiosas de vida contemplativa, que interceda por todos nuestros monasterios, para que sean lugares donde la experiencia de Dios se haga patente para todos los hombres y desde donde toda la humanidad y todas las situaciones históricas se pongan en manos de Dios, Señor de la historia y de la vida. Pedimos también para que los jóvenes escuchen y sepan discernir si a ellos el Señor les hace la llamada para realizar esta bella aventura.

Os necesitamos, queridos hermanos y hermanas de la vida monástica.

Santina de Covadonga, ruega por nuestros monasterios y por todos los monasterios extendidos por todas las partes de la tierra. A todos los cristianos os pido que ayudéis la obra que sostiene y ayuda a los monasterios en nuestra Archidiócesis.

Con gran afecto, os bendice

 
             Benedicto XVI

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