Reflexiones
entre amigos Revista semanal elaborada por: MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U. PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE OVIEDO |
14 al 21 de Agosto de 2005 ASUNCIÓN DE MARÍA |
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DOMINGO
XX 2005 |
¡SALVE
REINA Y MADRE DE MISERICORDIA! |
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Javier Leoz En cierta ocasión un deportista, después de haber dado más que suficientes muestras de su gran juego en el deporte, fue llamado por el Presidente del Comité Internacional Olímpico y le dijo: “sube a este estrado para que todo el mundo reconozca tus méritos y tu buena deportividad”. El deportista sonrojado contestó: “¿yo?...no merezco tales honores....he sido uno más en el equipo.” El máximo responsable deportivo le apostilló: “has sido uno más...pero tu humildad y tu saber jugar en equipo, tu honestidad y tu nobleza, tu valentía y tu dar cabida a los otros....han hecho algo nunca visto en el terreno de juego”. El deportista, en medio de una fuerte ovación general, fue obligado a subir escaleras arriba a un gran estrado preparado para los triunfadores. En el corazón del verano María atraviesa las nubes y las estrellas, el sol y la mismísima luna para ser coronada por el mismo Dios: ES EL DIA DE SU ASUNCIÓN.
Es elevada hacia la presencia del Padre porque supo estar con el corazón del hombre. Asciende hacia una realidad que nos trasciende porque, poco le importó, vivir y convivir en medio de la condición humana. Hoy,
María, es puesta sobre el podium celeste. Es ceñida con
aquella corona que, lejos de brillar en oro y plata, resplandece en
sus sienes adornada por las estrellas que la hicieron grande en la tierra: LA ESTRELLA DE LA OBEDIENCIA. Nadie como ella se abrió a los planes de Dios. Dijo un “sí” sin condiciones ni tregua. Se decidió aún sin entender ni comprender. Su Asunción es un motivo para replantear nuestro orgullo y nuestra soberanía. Nos cuesta mucho menos decir que hacer, mandar que obedecer.
LA ESTRELLA DE LA FIDELIDAD. Su vida fue un punto y seguido. Su “sí” no fue luego un “no”. Su coherencia y su confianza en Dios fue como un trampolín que ilumina el sentido de su Asunción. Santa María pone al descubierto nuestro excesivo apego por la tierra...y nuestra inconstancia o devaluación por aquello que viene del cielo.
LA ESTRELLA DE LA FE. Creyó sin condiciones y brindó sus entrañas, como si fuese una playa virgen, para que DIOS se hiciera dentro de su seno rostro de hermano. Ella sigue siendo brújula y Patrona de la Fe de tantos pueblos y ciudades que hoy la elevan en el pavés de sus hombros.
LA ESTRELLA DE LA PERSEVERANCIA. Caminó hasta el final. Quiso ponerse al servicio de una causa (la Encarnación) y ni los malos ratos ni las incomprensiones la derrumbaron . No solamente vencen los primeros atletas sino también aquellos otros que , por encima de todo, saben llegar hasta el final. ¿María no fue acaso de estos?
LA ESTRELLA DE SU DOLOR. No todo fue en su vida camino de rosas ni campo con abundancia de trigo sin cizaña. Saboreó la soledad y las pruebas. Pero...en aquella que tanto amó nunca se impuso como dueño el dolor sobre la esperanza. María es aquella enfermera a la que muchos hombres y mujeres acudimos cuando la fortaleza se viene abajo, cuando la enfermedad nos debilita.
LA ESTRELLA DE SU MATERNIDAD. Hizo posible la luz de Dios, en la noche más estrellada de toda la historia en Navidad. En Belén y al pie de la cruz Jesús nos la dejó eternamente Madre. ¿Por qué llorar cuando sabemos que siempre hay un hombro donde recostar nuestra cabeza y un oído donde contar nuestras penas?
LA ESTRELLA DEL ESPÍRITU SANTO. Madre de la Iglesia...Madre de aquellos Apóstoles que mirando al cielo, y teniendo en medio a Santa María, recibieron el soplo como fuerza de lo alto. Ella, en este 15 de agosto, es razón de vida en miles de nombres, de cientos de parroquias que se conmueven bajo su advocación, de millones de cohetes que suben y hacen estallido en lo más alto del universo. No es para menos... María sube a los cielos empujada por la brisa del Espíritu Santo del que tantas veces se fió y aupada por Salves y romerías, procesiones y novenas, cánticos y auroras madrugadoras.
LA ESTRELLA DE SU ALEGRÍA. ¡Desde ahora dichosa me dirán todas las generaciones!. Teniendo tan poco (Dios era su mayor riqueza) era inmensamente feliz. Su dicha fue sentir los latidos de Dios en su interior. En su Asunción nos dice que la alegría no siempre está en lo que se ve sino en lo que se intuye y se vive en lo más profundo del corazón. Hoy, campanas enloquecidas, voltearán gozosas por aquella que con los brazos abiertos entra en la ciudad de la alegría y nos reserva un lugar para cuando, el día de mañana, detrás de Ella intentemos entrar nosotros.
LA ESTRELLA DE SU TESTIMONIO. Se puso en camino...no podía parar quieta. ¡Era tan grande su vida en Dios!. En su Asunción contemplamos sus servicios prestados a la causa de Jesús y vemos su carné de identidad: SOY TODA PARA DIOS. Ella nos enseña que los brazos cruzados no son herramientas para realizar un agujero como entrada en el cielo.
LA ESTRELLA DE SU BELLEZA INTERIOR. Aquella que a Dios enamoró...aquella que volvió a Dios loco. María fue el hechizo del Creador y en Ella se fijó. También lo sigue siendo en la vida de la Iglesia, de las parroquias, de congregaciones religiosas, de fiestas patronales. Hoy, 15 de Agosto, todo brilla en su honor pero...¿podemos afirmar que todo lo que decimos, hacemos y festejamos es de verdad en su honor? ¿le gustará? ¿es belleza mariana costumbres y actos, programas y actitudes que decimos realizar en su honor?
LA ESTRELLA DE SU COMPAÑÍA. Siempre estuvo al lado de quien más le necesitaba. Su esposo..su hijo...sus parientes...su pueblo y ¡cómo no!: SU IGLESIA. Hoy nos sigue, desde el cielo, acompañando. Es aquel faro en el que la comunidad eclesial se fija para no perder el rumbo. Desde hace muchos siglos el pueblo sencillo, y siglos después oficialmente, gritamos a los cuatro vientos que Santa María fue tan grande que hasta la tierra se resistió a acogerle para su corrupción. ¡Miremos hacia el cielo!. Tal vez, si lo hacemos con los ojos de la Fe, veremos que Santa María marca un sendero entre el cielo y la tierra por el que todos estamos llamados a subir y contemplar lo que Ella misma hoy nos descubre: LA GLORIA DEL MISMO DIOS. Feliz día de la Asunción de Nuestra Señora
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| ¿CUÁLES
SON LOS DOGMAS QUE LA IGLESIA ENSEÑA ACERCA DE LA VIRGEN? |
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El Dogma de la ASUNCION A LOS CIELOS consiste en que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, cumplido el curso de su vida terrena fue subida en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus.
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| Asunción:
Lectura del santo Evangelio según San Lucas.(Lc 1,39-56). |
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Palabra del Señor |
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| LA
ASUNCIÓN DE MARÍA |
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Difícilmente habrá pueblos que no estén celebrando fiestas en España. Con la lógica de las vacaciones, de los visitantes, de los emigrantes … en fin, que cualquier motivo es bueno para acompañar a la fiesta mariana. El evangelio sin embargo, habla de servicio y victoria, de gracia, de regalo, de humildad … de María. Con Migueli podríamos decir que “otra María”. De paso anunciamos que en esa humilde mujer de Nazaret, Dios nos ha regalado lo que es la mejor de las noticias: que en los pobres, en los humildes, el mensaje se ha encarnado de tal maneras, que no tenemos que buscar el sentido de las cosas, mas que en lo de diario, en lo que nos ocupa y preocupa, todo eso, aliñado con cariño, dulzura y alegre paciencia: Santa María
Te digo que
en todas estas cosas no está la verdadera alegría. |
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| La
Asunción a los cielos |
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María fue ensalzada por el Señor como Reina Universal, con el fin de que se asemejara de una forma más plena a su Hijo Jesucristo. Por Pbro. Dr. Enrique Cases El día 1 de noviembre de 1950, Pío XII definió
solemnemente la Asunción de la Santísima Virgen María:
«Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado,
que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido
el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria
celestial.»
LA VENERACION A MARIA
Paralelamente a esto, un conocido oculista, de apellido
hispano-francés, Torija Lauvoignet, examinó con un oftalmoscopio
de alta potencia la pupila de la imagen y observó maravillado que
en el iris se veía reflejada una mínima figura que parecía
el busto de un hombre. Y éste fue el antecedente inmediato para
promover la investigación que paso a explicar: la «digitalización»
de los ojos de la Virgen de Guadalupe. TORCUATO LUCA DE TENA De la Real Academia Española Diario «ABC», Madrid |
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| LA
FOTO DEL DOMINGO |
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Mujer, ¡que grande es tu fe! Ofrecemos como homilía un comentario sobre la VIRTUD DE LA FE que el P. Nelson publica en nuestra página MERCABA en su apartado: “50 verbos esenciales para orar y vivir”. ¿Qué es creer? Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» Juan 11,40 Cambiando el orden usual del refrán, uno no sabe si hay que ver para creer o creer para ver. Son tantas las realidades que se abren a nuestros ojos cuando creemos, que casi puede decirse que el creyente y el no creyente caminan la misma tierra pero no viven el mismo mundo. Por lo demás, es imposible vivir sin creer. Nadie puede comprobar todo lo que necesita para vivir; y si alguien pretendiera asegurarse de todo su equipaje, no podría andar. La cuestión fundamental, entonces, es a quién creerle. Porque las personas —y nosotros mismos— tan pronto despertamos la confianza como la incertidumbre. Y sin embargo, la obra del pecado —en los demás y en nosotros— ha hecho que sea distinta la matemática de la creencia y la del recelo: mientras que las confianzas se van promediando entre sí, las dudas se van multiplicando entre sí. Al paso de los años es muy posible que el balance resulte tan exiguo, que nos hallemos simplemente con que somos incapaces de creer. Pero nadie se confunda: creer no es lo contrario de pensar. Dios quiere que creamos no que no pensemos. Nos invita con sus palabras y señales a que tengamos fe, no a que dejemos de tener razones. Por lo mismo, el papel de la razón en las cuestiones de fe no es el de probar lo que creemos sino, en primer lugar, de mostrar por qué no es irracional lo que creemos. En el creyente, la razón no elimina la fe, ni demuestra la fe, ni disminuye el mérito de la fe, sino que la defiende, purificándola de fábulas e ingenuidades, ayudando a estructurarla y exponerla, y mostrando la incoherencia de lo que se dice en su contra. Dice santo Tomás de Aquino que, en su núcleo mismo, creer es pensar con asentimiento. Y lo explica así: creer tiene de suyo la firme adhesión a algo, y en esto el que cree se parece al que tiene su certeza a la vista; por eso dice: «con asentimiento». Pero, de otro lado, el conocimiento de la fe no es el de la perfecta visión, y en esto el que cree se parece al que duda, sospecha u opina. Y por eso dice: «pensar». Diríamos que creer es un «saber en camino», es una luz indispensable pero no aún plena; es un claroscuro; lo mejor que tenemos mientras llega el cielo. En la fe hay tres elementos importantes, según san Agustín y santo Tomás. (i): creemos «que...» (p.ej., que Dios existe); (ii) creemos «en...» (p.ej., creemos en Jesucristo, esto es, nos confiamos a él); y (iii) le creemos «a...» (p.ej., le creemos a Jesús que nos dice: pedid y se os dará). Por lo mismo, en la fe son tan importantes las verdades y los contenidos (para no cambiar de Dios) como la confianza y la obediencia (para no despreciar al Dios que conocemos). La fe sin obras está muerta, pero también: ¿para quién serán las obras de la fe puesta en mentiras? Creer es
un don de Dios. Los argumentos o los milagros o los testimonios pueden
remover los obstáculos, pero sólo Dios puede levantarnos
por sobre nosotros mismos. En verdad, esa es la montaña que puede
mover la fe. Y una vez removida, ¿qué de extraño
que un peñasco se arroje al mar? 1. ¿A quién le crees? (Máximo 3) 2. ¿Por qué te parece que son creíbles? 3. ¿A quién le creíste en un momento dado, y ya hoy no? 4. ¿Cómo relacionas creer y esperar? 5. Y a ti, ¿quién te cree? 6. ¿En que se te parecen y en qué se diferencian la fe y el creer? 7. ¿Cómo llegas a saber o comprobar que lo que crees es verdad? 8. ¿Por qué perderías la credibilidad en algo o en alguien? 9. ¿Crees en ti? ¿Cómo puedes demostrártelo? 10.¿Qué
le has creído y qué le crees a El? 1 El Señor
es mi pastor, nada me hará falta; |
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| Eucaristía
y María Santísima |
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Fuente: Catholic.net Autor: P. Antonio Rivero
LC |
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| Lectura
del santo Evangelio según San Mateo 15,21-28. |
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Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: -Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: -Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó: -Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: -Señor, socórreme. El le contestó: -No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: -Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: -Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.
ORA/QUÉ-ES: SUPLICAR CON FE Mujer, qué grande es tu fe... Nos hemos acostumbrado a dirigir nuestras peticiones a Dios de manera tan superficial e interesada que probablemente hemos de aprender de nuevo el sentido y la grandeza de la súplica cristiana. L. Boros señala algunas dificultades que hacen imposible la súplica y contra las que tenemos que luchar decididamente. A algunos les parece indigno rebajarse a pedir nada. El hombre es responsable de sí mismo y de su historia. Pero, aun siendo esto verdad, también lo es el que los hombres vivimos de la gracia. Y reconocerlo significa enraizarnos en nuestra propia verdad. Para otros, Dios es algo demasiado irreal. Un ser indiferente y lejano, que no se preocupa del mundo. Por un lado, vivimos los hombres sumergidos «en el laberinto de las cosas terrenas» y por otro, vive Dios en su mundo eterno. Y sin embargo, orar a Dios es descubrir que está incondicionalmente de nuestro lado contra el mal que nos amenaza. Suplicar es invocar a Dios como gracia, liberación, alegría de vivir. Pero es entonces precisamente cuando Dios aparece demasiado débil e impotente. Ya no hay en el mundo un lugar para un Dios que actúa, interviene y ayuda a los hombres. Y es cierto que Dios no lo puede todo. Ha creado el mundo y lo respeta tal como es, sin entrar en conflicto con él. Su amor al hombre está de hecho limitado hoy por la imperfección del mundo y por nuestra libertad. Pero los acontecimientos del mundo y nuestra propia vida no son algo cerrado en sí mismos. Y la súplica es ya fecunda en sí misma porque nos abre a ese Dios que está ya trabajando nuestra salvación definitiva por encima de todo mal. Si nosotros oramos a Dios no es para lograr que nos ame más y se preocupe con más atención de nosotros. Dios no puede amarnos más de lo que nos ama. Somos nosotros los que, al orar, nos dejamos transformar por su gracia, descubrimos la vida desde el horizonte de Dios y nos abrimos a su voluntad salvadora. No es Dios el que tiene que cambiar sino nosotros. La humilde mujer cananea, arrodillada con fe a los pies de Jesús, puede ser una llamada y una invitación a recuperar en nuestra vida el sentido de la súplica confiada al Señor. JOSE ANTONIO PAGOLA
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| La
Fe |
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1. La fe no consiste en creer que algo va a ocurrir, ni tampoco en la aceptación de lo que se opone a la razón, ni tampoco es un reconocimiento intelectual dado por el hombre a lo que no entiende o que su razón no puede demostrar, por ejemplo, la relatividad. La fe es la aceptación de una verdad, ante la autoridad de la revelación Divina. La fe es, por lo tanto, una virtud sobrenatural, inspirada y asistida por la gracia de Dios; creemos verdaderas las cosas que El nos reveló, no porque la verdad de esas cosas sea claramente evidente para la razón en sí, sino porque las apoya la autoridad de Dios, que no puede ni engañar ni ser engañada. Antes de la fe, uno efectúa una investigación por la razón. Así como ningún negociante nos daría crédito sin algún motivo que lo indujera a hacerlo, tampoco se espera que pongamos nuestra fe en alguien sin motivo. Antes de poseer la fe, hay que estudiar los motivos por los cuales creeremos; por ejemplo, ¿por qué pondremos nuestra fe en Cristo? Nuestra razón investiga los milagros que Él realizó, las profecías que lo preanunciaron y la concordancia de su enseñanza con nuestra razón. Estos constituyen los preámbulos de la fe, gracias a los cuales nos formamos un juicio de credibilidad: "Esta verdad, que Cristo es el Hijo de Dios, es digna de ser creída." Pasando luego a lo práctico, agregamos: "Debo creerla." De allí en adelante damos nuestro consentimiento y nuestro asentimiento: "Creo que es el Hijo de Dios, y por lo tanto, cualquier cosa que nos haya revelado la aceptaré como la Verdad de Dios." El motivo de nuestro asentimiento dentro de la fe es siempre la autoridad de Dios, que nos dice que esa cosa es cierta. No creeríamos, a menos que comprendiéramos que debemos creer. Creemos en las verdades de la razón porque presentan una evidencia intrínseca; creemos en las verdades de Dios porque presentan una verdad extrínseca. Uno cree que el sol dista tantos kilómetros o miles de kilómetros de la tierra, aunque no hayamos medido nunca la distancia; creemos que Moscú es la capital de Rusia, aunque nunca la hayamos visto. Del mismo modo aceptamos las Verdades del Cristianismo por la autoridad de la Revelación de Dios, por intermedio de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor. La fe, por lo tanto, no es nunca ciega. Como nuestra razón depende de la Razón increada o Divina Verdad, se deduce que nuestra razón debe inclinarse ante lo que Dios nos revela. Ahora creemos, no a causa de los argumentos, que sólo fueron un preliminar necesario. Creemos porque Dios lo dijo. La antorcha brilla con su brillo propio. La naturaleza del acto de fe fue revelada por la actitud de Nuestro Señor ante los fariseos incrédulos. Habían visto milagros realizados y profecías cumplidas. No les faltaban motivos para creer. Pero seguían decididos a no creer. Nuestro Señor llevó a un niñito ante su presencia, y les dijo: "En verdad, os digo, quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Marcos 1o, 15 5). Con esto quiso decir que el acto de fe tiene más en común con la fe ciega de un niño en su madre, que con el asentimiento del crítico. El niño cree lo que su madre le dice, porque lo dijo ella, nada más. Su fe es un homenaje, sencillo y confiado, que le rinde a ella. Cuando el cristiano tiene fe, la tiene no porque en el fondo de su conciencia recuerde los milagros de Cristo, sino a causa de la autoridad que para él representa Aquel que no puede ni engañar ni ser engañado. "Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios porque testimonio de Dios es éste: que Él mismo testificó acerca de Su Hijo. Quien cree en el Hijo de Dios, tiene en sí el testimonio de Dios; quien no cree a Dios, le declara mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado de Su Hijo" (I Juan, 5, 9-10). 2. No podemos llegar a la fe por la discusión, o el estudio, o la razón, o el hipnotismo. La fe es un don de Dios. Cuando alguien nos instruye en la doctrina cristiana, no nos da la fe. Es solamente un agricultor espiritual, que ara el terreno de nuestra alma, arranca algunas hierbas malas y rompe los terrones del egoísmo. Dios arrojará la semilla. "Porque habéis sido salvados gratuitamente por medio de la fe; y esto no viene de vosotros: es el don de Dios" (Efesios 2, 8). Si la fe fuera el deseo de creer, podríamos llegar a la fe por un acto de voluntad. Pero lo único que podemos hacer es disponernos a la recepción de la fe de manos de Dios. Así como un palo seco está mejor dispuesto para el fuego que un palo mojado, así el hombre humilde está más dispuesto a la fe que el que cree saberlo todo. En cualquier caso, así como en el fuego que arderá la leña debe provenir de afuera, así la fe debe provenir de afuera, es decir, de Dios. Cuando tratamos de aclararnos todo mediante la razón, de algún modo sólo conseguimos confundirnos aún más. Una vez que uno introduce un solo misterio, todo lo demás se vuelve claro a la luz de ese misterio. El sol es el "misterio" en el universo; es tan brillante que no podemos mirarlo; no podemos "verlo". Pero a la luz del sol, todo se vuelve claro. Como dijo una vez Chesterton: "Es cierto que podemos ver la luna y las cosas a la luz de la luna, pero la luna es la madre de los lunáticos." (Conozca su Religión, EMECÉ Editores, Buenos Aires 1957, Pag. 174 y ss.) |
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| SAN
AGUSTÍN |
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Los judíos llamaron perros a los gentiles como a gente inmunda. De aquí que también el Señor, cuando le voceaba a su espalda la mujer cananea, no judía, queriendo inclinar la misericordia de Cristo a curar a su hija, Él, previendo todas las cosas, conociéndolas todas, pero queriendo patentizar la fe de la mujer, retardó concederla el beneficio y la tuvo suspensa. ¿Cómo la entretuvo? Diciéndole: Sólo he sido enviado a las ovejas que perecieron de la casa de Israel. A Israel; a las ovejas. ¿Y a los gentiles qué? No está bien echar el pan de los hijos a los perros. Luego llamó perros a los gentiles por causa de la impureza. ¿Qué hace aquella mujer hambrienta? No protestó de estas palabras, más bien soportó con humildad el ultraje, y recibió el beneficio. Pues no debía llamarse ultraje el dicho del Señor. Si algo parecido dice el siervo a su señor, ciertamente es una injuria; pero, si el señor llama a su siervo tal cosa, más bien puede decirse que es un honor. Así es- dice ella-, ¡oh Señor! ¿Qué significa: Así es? Dices verdad, sin duda es cierto, soy un perro. Pero también los perros- añade- comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. El Señor le responde al instante: ¡Oh mujer!, grande es tu fe. Antes la llamó perro, ahora mujer. ¿Por qué llama ahora mujer a la que poco antes llamó perro? Por confesar con humildad y no rechazar lo que por el Señor había sido llamada. Luego los gentiles son perros, y, por lo mismo, hambrientos. Bien les está a los judíos que se reconozcan pecadores; y, aunque sea a la tarde, se conviertan, y pasen hambre como perros. Demasiado saturado estaba aquel que decía: ayuno dos veces a la semana. Por el contrario, el publicano era perro que sentía hambre, y por eso ansiaba nutrirse del beneficio del Señor, pues decía: Sedme propicio a mí, pecador. Luego se conviertan también aquellos a la tarde y padezcan hambre como perros. (Tomado de Enarraciones sobre los Salmos, XX, Madrid, 1965, 475)
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| INVITACIÓN
PARA EL XIII CONGRESO–ENCUENTRO EUCARÍSTICO ASTURIAS 2005 Oviedo, 28 de Julio de 2005 |
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Queridos hermanos / as: Próxima ya la celebración del XIII Encuentro-Congreso Nacional promovido por el Movimiento de la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento A.R.P.U., consideramos oportuno escribiros para invitaros y solicitar vuestro apoyo. Este Movimiento, aprobado por la Conferencia Episcopal, persigue que las personas visiten, al menos media hora a la semana, al Señor presente en los tabernáculos, sobre todo en los templos parroquiales, catedrales..., tendiendo a lograr una cadena de adoradores ininterrumpida para corresponder al gran amor de Jesús, que quiso quedarse entre nosotros de modo permanente en la Eucaristía, y encomendar con devoción las necesidades y objetivos de las parroquias y diócesis, las vocaciones de especial consagración (sacerdotes y religiosos) y laicos. Cada año se celebra un Congreso Nacional Eucarístico en las distintas diócesis. Este año hemos escogido la Archidiócesis de Oviedo (Asturias). Os adjuntamos el correspondiente programa Con ello pretendemos: Contamos con vuestra participación y vuestra presencia en todos o en alguno de los actos programados. Si ello no os fuera posible, confiamos en vuestra unión y respaldo en la oración eucarística. ¡Que Dios os bendiga! Movimiento de Adoración Perpetua A.R.P.U.
LEMA: “Si conocieras el don de Dios” ( Jn 4,10-11 )
Excmo y Rdmo D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Oviedo
El Movimiento
de Adoración Perpetua; A.R.P.U con la colaboración de grupos
eucarísticos y de Oración, y de los seminaristas y varias
entidades de la Archidiócesis. Archidiócesis
de Oviedo, presidida por el Señor Arzobispo de Oviedo. PUBLICO EN GENERAL Lunes 12 de septiembre 22:30 h. SANTA MISA en el Templo de Santa María Real de la Corte. ( C/ S. Vicente ).
Lugar: Parroquia de S. Francisco de Asís ( Plaza de la Gesta )
Rvdo. D. Laurentino Gómez Montes. Consiliario General de A.R.P.U. Lugar: Auditorio Príncipe Felipe
Lugar: Auditorio Príncipe Felipe
Rvdo. José Antonio Sánchez Cabezas, profesor de Teología en el Seminario de Oviedo. Lugar: Auditorio Príncipe Felipe ORACIÓN ANTE EL SEPULCRO DEL EXCMO D. JUAN BAUTISTA LUIS PÉREZ, OBISPO DE OVIEDO Y COFUNDADOR DE ARPU VISITA A LA CATEDRAL DE OVIEDO (CLAUSTRO, CRIPTA, CEMENTERIO DE PEREGRINOS... )
16:30 h. Salida hacia Gijón ( autocares desde la Plaza Juan XXIII ). VISITA A LA CIUDAD DE GIJÓN EN LOS AUTOCARES 18:30 h. ORACIÓN ANTE EL SEPULCRO DEL MÁRTIR D. JOSÉ LLES SEGARRA COFUNDADOR DE A.R.P.U (IGLESIA DE S. JOSÉ, GIJÓN).
( presidida por Excmo. Rvdmo. D. Carlos Osoro Sierra )
Lugar: Seminario Metropolitano de Oviedo.
Rvdo P. José Cristo Rey García-Paredes, teólogo. Lugar: Auditorio Príncipe Felipe 12:00 h.
PONENCIA: “La Eucaristía un don, para la misión”. de Oviedo. Lugar: Auditorio Príncipe Felipe 13:30 h. ALMUERZO EN EL GRAN HOTEL ESPAÑA ( C/ Jovellanos, 2) 15:00 h. Salida de autocares (Plaza Juan XXIII) para el Monte Naranco. ORACIÓN ANTE LA IMAGEN DEL CORAZÓN DE JESÚS. A continuación, visita a los monumentos prerrománicos de Santa María la Mayor y de S. Miguel de Lillo. Seguidamente, salida para Covadonga.
PROCESIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO HASTA LA SANTA CUEVA BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO (en la santa cueva).
Jueves 15 de septiembre
Lugar: Iglesia Parroquial de Santa María Real de la Corte ( C/ San Vicente )
“La Eucaristía, un don para adorar”. Excmo. y Rvdmo D. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo Emérito de Oviedo. Lugar: Iglesia Parroquial de Santa María Real de la Corte ( C/ San Vicente ),
13:00 ORACIÓN PENITENCIAL ANTE EL SANTO SUDARIO EN LA CAMARA SANTA (Dos turnos) BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO Lugar: Catedral
de Oviedo. PARA INSCRIPCIONES, DIRIGIRSE A: Laurentino
Gómez Montes, Consiliario Nacional. C/ San Vicente,
s/n. Tlfno: 985 08 35 55 - 985 20 25 55. Fax: 985 08 3 555 (Previo aviso) E-maíl: adoracionarpu@telecable.es
Excmo. y Rvdmo. D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Oviedo. Excmo. y Rvdmo. D. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo Emérito de Oviedo. Excmo. y Rvdmo. D. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, Obispo Auxiliar de Oviedo. Rvdo. P. José Cristo Rey García Paredes, teólogo. Rvdo. D. José Antonio Sánchez Cabezas, profesor del Seminario y párroco de Turón. Rvdo. D. Laurentino Gómez Montes, párroco de Sta. María Real de la Corte.
José María Carro Albeira, poeta Iñaki y Jonatan Sánchez Santianes, gaita y tambor. Iris Uría Fernández, Diplomada en Turismo y en Arte. Actuación de varios músicos y masas corales de Oviedo y Gijón. Seminaristas de la Archidiócesis. |
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