Reflexiones entre amigos
Revista semanal elaborada por:
MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO

14 al 21 de Agosto de 2005

ASUNCIÓN DE MARÍA

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DOMINGO XX 2005
¡SALVE REINA Y MADRE DE MISERICORDIA!

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Javier Leoz

En cierta ocasión un deportista, después de haber dado más que suficientes muestras de su gran juego en el deporte, fue llamado por el Presidente del Comité Internacional Olímpico y le dijo: “sube a este estrado para que todo el mundo reconozca tus méritos y tu buena deportividad”. El deportista sonrojado contestó: “¿yo?...no merezco tales honores....he sido uno más en el equipo.” El máximo responsable deportivo le apostilló: “has sido uno más...pero tu humildad y tu saber jugar en equipo, tu honestidad y tu nobleza, tu valentía y tu dar cabida a los otros....han hecho algo nunca visto en el terreno de juego”. El deportista, en medio de una fuerte ovación general, fue obligado a subir escaleras arriba a un gran estrado preparado para los triunfadores.

En el corazón del verano María atraviesa las nubes y las estrellas, el sol y la mismísima luna para ser coronada por el mismo Dios: ES EL DIA DE SU ASUNCIÓN.

Es elevada hacia la presencia del Padre porque supo estar con el corazón del hombre.

Asciende hacia una realidad que nos trasciende porque, poco le importó, vivir y convivir en medio de la condición humana.

Hoy, María, es puesta sobre el podium celeste. Es ceñida con aquella corona que, lejos de brillar en oro y plata, resplandece en sus sienes adornada por las estrellas que la hicieron grande en la tierra:

LA ESTRELLA DE LA OBEDIENCIA. Nadie como ella se abrió a los planes de Dios. Dijo un “sí” sin condiciones ni tregua. Se decidió aún sin entender ni comprender. Su Asunción es un motivo para replantear nuestro orgullo y nuestra soberanía. Nos cuesta mucho menos decir que hacer, mandar que obedecer.


LA ESTRELLA DE LA SENCILLEZ. Brilló en la oscuridad de la gruta de Belén y...brilló por la meditación de los misterios de Dios. Acogió sin reservas ni segundas intenciones la voz de Dios. La Asunción de nuestra Madre es interpelación a ser menos complicados...a buscar el camino de la sencillez como un ascensor que nos presenta en la antesala del mismo Dios.

LA ESTRELLA DE LA FIDELIDAD. Su vida fue un punto y seguido. Su “sí” no fue luego un “no”. Su coherencia y su confianza en Dios fue como un trampolín que ilumina el sentido de su Asunción. Santa María pone al descubierto nuestro excesivo apego por la tierra...y nuestra inconstancia o devaluación por aquello que viene del cielo.

LA ESTRELLA DE LA FE. Creyó sin condiciones y brindó sus entrañas, como si fuese una playa virgen, para que DIOS se hiciera dentro de su seno rostro de hermano. Ella sigue siendo brújula y Patrona de la Fe de tantos pueblos y ciudades que hoy la elevan en el pavés de sus hombros.

LA ESTRELLA DE LA PERSEVERANCIA. Caminó hasta el final. Quiso ponerse al servicio de una causa (la Encarnación) y ni los malos ratos ni las incomprensiones la derrumbaron . No solamente vencen los primeros atletas sino también aquellos otros que , por encima de todo, saben llegar hasta el final. ¿María no fue acaso de estos?

LA ESTRELLA DE SU DOLOR. No todo fue en su vida camino de rosas ni campo con abundancia de trigo sin cizaña. Saboreó la soledad y las pruebas. Pero...en aquella que tanto amó nunca se impuso como dueño el dolor sobre la esperanza. María es aquella enfermera a la que muchos hombres y mujeres acudimos cuando la fortaleza se viene abajo, cuando la enfermedad nos debilita.

LA ESTRELLA DE SU MATERNIDAD. Hizo posible la luz de Dios, en la noche más estrellada de toda la historia en Navidad. En Belén y al pie de la cruz Jesús nos la dejó eternamente Madre. ¿Por qué llorar cuando sabemos que siempre hay un hombro donde recostar nuestra cabeza y un oído donde contar nuestras penas?

LA ESTRELLA DEL ESPÍRITU SANTO. Madre de la Iglesia...Madre de aquellos Apóstoles que mirando al cielo, y teniendo en medio a Santa María, recibieron el soplo como fuerza de lo alto. Ella, en este 15 de agosto, es razón de vida en miles de nombres, de cientos de parroquias que se conmueven bajo su advocación, de millones de cohetes que suben y hacen estallido en lo más alto del universo. No es para menos... María sube a los cielos empujada por la brisa del Espíritu Santo del que tantas veces se fió y aupada por Salves y romerías, procesiones y novenas, cánticos y auroras madrugadoras.

LA ESTRELLA DE SU ALEGRÍA. ¡Desde ahora dichosa me dirán todas las generaciones!. Teniendo tan poco (Dios era su mayor riqueza) era inmensamente feliz. Su dicha fue sentir los latidos de Dios en su interior. En su Asunción nos dice que la alegría no siempre está en lo que se ve sino en lo que se intuye y se vive en lo más profundo del corazón. Hoy, campanas enloquecidas, voltearán gozosas por aquella que con los brazos abiertos entra en la ciudad de la alegría y nos reserva un lugar para cuando, el día de mañana, detrás de Ella intentemos entrar nosotros.

LA ESTRELLA DE SU TESTIMONIO. Se puso en camino...no podía parar quieta. ¡Era tan grande su vida en Dios!. En su Asunción contemplamos sus servicios prestados a la causa de Jesús y vemos su carné de identidad: SOY TODA PARA DIOS. Ella nos enseña que los brazos cruzados no son herramientas para realizar un agujero como entrada en el cielo.

LA ESTRELLA DE SU BELLEZA INTERIOR. Aquella que a Dios enamoró...aquella que volvió a Dios loco. María fue el hechizo del Creador y en Ella se fijó. También lo sigue siendo en la vida de la Iglesia, de las parroquias, de congregaciones religiosas, de fiestas patronales. Hoy, 15 de Agosto, todo brilla en su honor pero...¿podemos afirmar que todo lo que decimos, hacemos y festejamos es de verdad en su honor? ¿le gustará? ¿es belleza mariana costumbres y actos, programas y actitudes que decimos realizar en su honor?

LA ESTRELLA DE SU COMPAÑÍA. Siempre estuvo al lado de quien más le necesitaba. Su esposo..su hijo...sus parientes...su pueblo y ¡cómo no!: SU IGLESIA. Hoy nos sigue, desde el cielo, acompañando. Es aquel faro en el que la comunidad eclesial se fija para no perder el rumbo. Desde hace muchos siglos el pueblo sencillo, y siglos después oficialmente, gritamos a los cuatro vientos que Santa María fue tan grande que hasta la tierra se resistió a acogerle para su corrupción.

¡Miremos hacia el cielo!. Tal vez, si lo hacemos con los ojos de la Fe, veremos que Santa María marca un sendero entre el cielo y la tierra por el que todos estamos llamados a subir y contemplar lo que Ella misma hoy nos descubre: LA GLORIA DEL MISMO DIOS.

Feliz día de la Asunción de Nuestra Señora

¿CUÁLES SON LOS DOGMAS QUE LA IGLESIA ENSEÑA ACERCA DE LA VIRGEN?


La Iglesia enseña los siguientes dogmas acerca de la Virgen:

LA MATERNIDAD DIVINA

LA INMACULADA CONCEPCION

LA PERPETUA VIRGINIDAD

LA ASUNCION A LOS CIELOS


¿EN QUÉ CONSISTE EL DOGMA DE LA ASUNCIÓN A LOS CIELOS?

El Dogma de la ASUNCION A LOS CIELOS consiste en que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, cumplido el curso de su vida terrena fue subida en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus.


Asunción: Lectura del santo Evangelio según San Lucas.(Lc 1,39-56).


En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

María dijo: -Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, por que ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo.

Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra del Señor

LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Difícilmente habrá pueblos que no estén celebrando fiestas en España. Con la lógica de las vacaciones, de los visitantes, de los emigrantes … en fin, que cualquier motivo es bueno para acompañar a la fiesta mariana.

El evangelio sin embargo, habla de servicio y victoria, de gracia, de regalo, de humildad … de María.

Con Migueli podríamos decir que “otra María”. De paso anunciamos que en esa humilde mujer de Nazaret, Dios nos ha regalado lo que es la mejor de las noticias: que en los pobres, en los humildes, el mensaje se ha encarnado de tal maneras, que no tenemos que buscar el sentido de las cosas, mas que en lo de diario, en lo que nos ocupa y preocupa, todo eso, aliñado con cariño, dulzura y alegre paciencia: Santa María


PARÁBOLA DE LA VERDADERA Y PERFECTA ALEGRÍA.


Hermano León, escribe cuál es la verdadera alegría.
Llega un mensajero y dice que todos los maestros de París han venido a la Orden.
No es verdadera alegría.

Y también que han venido a la Orden todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; también el rey de Francia y el rey de Inglaterra.
Escribe: no es verdadera alegría.

Igualmente que mis hermanos han ido a los infieles y han convertido a todos ellos a la fe. Además, que he recibido yo de Dios una gracia tan grande, que curo enfermos y hago muchos milagros.

Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Pues, ¿cuál es la verdadera alegría?

Vuelvo de Perusa y, ya de noche avanzada, llego aquí; es tiempo de invierno, todo está embarrado y el frío es tan grande, que en los bordes de la túnica se forman carámbanos de agua fría congelada, que hacen heridas en las piernas hasta brotar sangre de las mismas. Y todo embarrado, helado y aterido, me llego a la puerta; y, después de estar un buen rato tocando y llamando, acude el hermano y pregunta:

- ¿ Quién es?

Yo respondo:

- El hermano Francisco.

Y él dice:

_ Largo de aquí. No es hora decente para andar de camino. Aquí no entras. Y, al insistir yo de nuevo, contesta:

- Largo de aquí. Tú eres un simple y un paleto. Ya no vas a venir con nosotros.
Nosotros somos tantos y tales que no te necesitamos. Y yo vuelvo a la puerta y digo:

- Por el amor de Dios, acogedme por esta noche.

Y él responde:

- No me da la gana. Vete al lugar de los crucíferos y pide allí.

Te digo: si he tenido paciencia y no he perdido la calma, en esto está la verdadera virtud y el bien el alma.”

La Asunción a los cielos

María fue ensalzada por el Señor como Reina Universal, con el fin de que se asemejara de una forma más plena a su Hijo Jesucristo.

Por Pbro. Dr. Enrique Cases

El día 1 de noviembre de 1950, Pío XII definió solemnemente la Asunción de la Santísima Virgen María: «Proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.»

Esta verdad tiene una gran importancia porque por ella se sabe que María se encuentra ya en el estado en que estarán los hombres que se salven, después de la resurrección final. La Virgen María nos precedió en la filiación divina y, por la Asunción, al ser glorificado su cuerpo junto a su alma, también lo hace en la resurrección de los cuerpos. Aunque en ella no se dio la corrupción que padecen los hombres al morir.

Ya en el siglo VI se celebraba en Jerusalén la festividad de la Dormición de María.

El Concilio Vaticano II ha dicho: «La Virgen Inmaculada preservada, inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial, y fue ensalzada por el Señor como Reina Universal, con el fin de que se asemejara de una forma más plena a su Hijo» (LG, 59).

LA VENERACION A MARIA

A la Madre de Dios se le debe un culto muy superior al de los ángeles y santos, aunque, por supuesto inferior al de latría o adoración dado a Dios.

En los tres primeros siglos el culto a María está unido al de Cristo. Desde el siglo IV se encuentran formas concretas de veneración a la Santísima Virgen. Se desarrolló este culto después del Concilio de Éfeso (431) al proclamarse solemnemente la maternidad divina. Comienzan a dedicársela iglesias y aparecen las fiestas. Durante la Edad Media llega a su pleno desarrollo. Lutero criticó el culto mariano diciendo que restaba la devoción a Jesucristo. Calvino fue adversario decidido del culto a María, al que tachaba de idolátrico. Para los protestantes María es sólo un ejemplo de elevada conducta moral.

La devoción a la Virgen en los cristianos no está fundada en los milagros, ni apariciones que en distintas partes del mundo se han dado y la Iglesia ha reconocido como verídicas. La única verdadera razón es la que da el Vaticano II: «María, que por la gracia de Dios, después de su Hijo, fue exaltada sobre todos los ángeles y los hombres, en cuanto que es la Santísima Madre de Dios, que intervino en los misterios de Cristo, con razón es honrada con especial culto por la Iglesia. (LG, 66).

Como curiosidad científica transcribimos un artículo en que se refiere lo que la sofisticado ciencia moderna ha descubierto en la imagen guadalupana y que, con mucho detalle, narra J. J. Benítez en el libro: -El misterio de Guadalupe., Ed. Planeta, 1982.

INEXPLICABLE

Los asombrosos descubrimientos científicos que se han hecho recientemente, y aún se siguen haciendo, en torno a la imagen mexicana de la Virgen de Guadalupe tienen literalmente pasmados a cuantos los conocen.

Para entender la importancia de tales hallazgos es preciso hacer un breve repaso de lo que una antigua y piadosa leyenda declaraba acerca de la milagrosa confección de la imagen, no pintada por mano de hombre -según esta tradición-, sino milagrosamente impresa en la túnica de un indio llamado Juan Diego en 1531.

El relato que cuenta este suceso está escrito en náhuatl (la lengua de los aztecas) con caracteres latinos, y fue editado en su idioma original y en español en 1649, aproximadamente un siglo después de su primitiva redacción, por iniciativa de un tal bachiller Luis Lasso de la Vega. Cuenta esta historia que Juan Diego importunó repetidas veces al primer Obispo de México, el franciscano Fray Juan de Zumárraga, para declararle el deseo que le había expresado la Madre de Dios en diversas apariciones respecto a la edificación de una ermita en un lugar denominado Cerro de Tepeyac.

Por quitarse de encima al visionario, el buen Obispo le pidió que le trajese una prueba convincente de que decía la verdad. Y que, en caso contrario, no le molestase más.

Volvió Juan Diego días más tarde portando como prueba unas llamadas -rosas de Castilla-, que era imposible que florecieran en aquella sazón (mes de diciembre) y que afirmaba que le había entregado la misma Virgen para que las mostrase al Obispo.

Las llevaba el muchacho recogidas en la túnica, o tilma, y al desplegar ésta y caer las flores al suelo se apareció la Virgen a todos los presentes, que eran ocho o diez personas. Y al punto esta visión celestial quedó grabada sobre el basto tejido de la ropa que había contenido las flores.

Espantado y maravillado el Obispo de lo que veía, erigió la ermita en el cerro de Tepeyac y allí quedó expuesta, como imagen para ser venerada, la propia túnica milagrosamente estampada del indio Juan Diego.

Este es el relato, muy sucintamente expuesto, escrito en lengua náhuatl en tiempos en que aún vivía Hernán Cortés. La explosión devota que desde los primeros tiempos de la pacificación de México se produjo fue tan inusitada, y las peregrinaciones espontáneas de indios que acudían de todas partes a rendir culto a la imagen tan notables, que incluso se ocupa de ello Berna Díaz del Castillo en su magna crónica de la conquista de Nueva España.

Y llegamos a nuestros días –o mejor, a nuestro siglo-, en que se forma una Comisión de estudios para investigar no pocos fenómenos inexplicables de la famosa tilma de Juan Diego.

En primer lugar llama la atención de los expertos textiles la singular conservación del basto tejido. Hoy día está protegido por cristales. Pero durante siglos estuvo expuesto a la buena de Dios, a la topa tolondra, a los rigores del calor, del polvo y la humedad sin que se deshilachase ni se enturbiase su rara policromía.

La materia física sobre la que la imagen quedó estampada es una urdimbre hecha con fibra de ayate de la especie mexicana «agave potule zacc» que se descompone por putrefacción a los veinte años, aproximadamente, como se ha probado con varias reproducciones hechas de propósito. Mientras que la túnica del contemporáneo de Cortés lleva cuatrocientos cincuenta años sin desgarrarse ni descomponerse, y por causas ininteligibles para dichos expertos es refractaria a la humedad y al polvo.

Se atribuyó esta virtud a la clase de pintura que cubre a la tela y que muy bien podría actuar como poderosa materia protectora y, en consecuencia, se remitió una muestra para que la analizase al sabio alemán y premio Nóbel de Química Richard Kuhn. Su respuesta dejó atónitos a los consultantes. Los colorantes de la imagen guadalupana -respondió el científico germano- no pertenecen al reino vegetal, ni al mineral ni el animal.

Se pensó que, tal vez, la tela estuvo tratada por un procedimiento especial. Las grandes pinturas de la antigüedad han podido llegar hasta nosotros por estar los lienzos (o los paramentos de los «frescos») previamente «preparados», cubiertos de una cola o estuco determinados. ¿De qué rara consistencia sería esta preparación para que la pintura pudiera adherirse y conservarse incólume sobre la materia, como es el ayate, tan frágil y perecedera?



Se encomendó a dos estudiosos norteamericanos (el doctor Callahan, del equipo científico de la NASA; y el profesor Jody Smith, catedrático de Filosofía de la Ciencia en el Pensacolla College) que sometiesen la imagen guadalupana al análisis fotográfico con rayos infrarrojos. Y sus conclusiones fueron las siguientes:

Primera. El ayate -tela rala de hilo de magüey- carece de preparación alguna, lo que hace inexplicable a la luz de los conocimientos humanos que los colorantes impregnen y se conserven en una fibra tan inadecuada.

Segunda. No hay esbozos previos como los descubiertos por el mismo procedimiento en los cuadros de Velázquez, Rubens, El Greco y Tiziano. La imagen fue -pintada- directamente, tal cual se la ve, sin tanteos ni rectificaciones.

Tercera. No hay pinceladas. La técnica empleada es desconocida en la historia de la pintura. Es inusual, incomprensible e irrepetible.

Paralelamente a esto, un conocido oculista, de apellido hispano-francés, Torija Lauvoignet, examinó con un oftalmoscopio de alta potencia la pupila de la imagen y observó maravillado que en el iris se veía reflejada una mínima figura que parecía el busto de un hombre. Y éste fue el antecedente inmediato para promover la investigación que paso a explicar: la «digitalización» de los ojos de la Virgen de Guadalupe.

Es sabido que en la córnea del ojo humano se refleja lo que se está viendo al instante. El doctor Asta Tonsmann hizo fotografiar (sin él estar presente) los ojos de una hija suya y utilizando el procedimiento denominado «proceso de digitalizar imágenes» pudo averiguar, sin más, todo cuanto veía su hija en el momento de ser fotografiada. Este mismo científico, cuya profesión actual es la de captar las imágenes de la Tierra transmitidas desde el espacio por los satélites artificiales, digitalizó el año pasado la imagen guadalupana y los resultados empiezan ahora a ser conocidos.

El procedimiento consiste en dividir la imagen en cuadrículas microscópicas hasta el punto de que en una superficie de un milímetro cuadrado caben veintisiete mil setecientos setenta y ocho ínfimos, mínimos, cuadraditos. Una vez hecho esto, cada mini-cuadrícula puede ampliarse, multiplicándola por dos mil, permitiendo la observación de detalles imposibles de ser captados a simple vista. Y los detalles que se observaron en el Iris de la imagen guadalupana son: un indio en el acto de desplegar su tilma ante un franciscano; al propio franciscano en cuyo rostro se ve deslizarse una lágrima; un paisano muy joven, la mano puesta sobre la barba con ademán de consternación; un indio con el torso desnudo en actitud casi orante; una mujer de pelo crespo, probablemente una negra de la servidumbre del obispo; un varón, una mujer y unos niños con la cabeza medio rapada y otros religiosos más en hábito franciscano, es decir... ¡el mismo episodio relatado en náhuatl por un escritor indígena anónimo en la primera mitad del siglo XVI y editado en náhuatl y en español por Lasso de la Vega en 1649, a que antes hice referencia! Actualmente se están haciendo estudios iconográficos para comparar estas figuras con los retratos conocidos del Arzobispo Zumárraga y de gentes de su tiempo o de su entorno. Lo que es radicalmente imposible es que en un espacio tan pequeño como la córnea de un ojo, situada en una imagen de tamaño aproximado al natural, un miniaturista haya podido pintar lo que ha sido necesario ampliar en dos mil veces para poderío advertir.

El abogado y profesor Luis Fernández Hernández, antiguo colaborador en España de la Editorial Católica, me ha pedido que prologue un libro suyo escrito con motivo del 450 aniversario de los misteriosos sucesos del cerro de Tepeyac, que tuvieron como protagonista al indio Juan Diego, recién cristianizado, y al Obispo español Fray Juan de Zumárraga. De este libro, de próxima aparición, he tomado los datos que anteceden. «¡Inexplicable!», exclamaron los miembros de la Comisión de Estudios cuando conocieron el veredicto del sabio alemán Richard Kuhn de que la policromía de la imagen guadalupana no procedía de colorantes minerales, vegetales o animales.

«¡Inexplicable!», declararon por escrito los norteamericanos Smith y Callahan al ver por los rayos infrarrojos que la «pintura» carecía de pinceladas, y el miserable ayate de la tilma de Juan Diego de toda preparación. Y el doctor Aste Tonsmann, al referir en numerosas conferencias el hallazgo de figuras humanas de tamaño infinitesimal en el iris de la Virgen, no se harta de repetir: «¡Inexplicable! ¡Radicalmente inexplicable!».

TORCUATO LUCA DE TENA De la Real Academia Española Diario «ABC», Madrid

LA FOTO DEL DOMINGO


Domingo 20º del Tiempo Ordinario (A)

Mujer, ¡que grande es tu fe!

Ofrecemos como homilía un comentario sobre la VIRTUD DE LA FE que el P. Nelson publica en nuestra página MERCABA en su apartado: “50 verbos esenciales para orar y vivir”.

¿Qué es creer?

Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees,

verás la gloria de Dios?»

Juan 11,40

Cambiando el orden usual del refrán, uno no sabe si hay que ver para creer o creer para ver. Son tantas las realidades que se abren a nuestros ojos cuando creemos, que casi puede decirse que el creyente y el no creyente caminan la misma tierra pero no viven el mismo mundo.

Por lo demás, es imposible vivir sin creer. Nadie puede comprobar todo lo que necesita para vivir; y si alguien pretendiera asegurarse de todo su equipaje, no podría andar.

La cuestión fundamental, entonces, es a quién creerle. Porque las personas —y nosotros mismos— tan pronto despertamos la confianza como la incertidumbre.

Y sin embargo, la obra del pecado —en los demás y en nosotros— ha hecho que sea distinta la matemática de la creencia y la del recelo: mientras que las confianzas se van promediando entre sí, las dudas se van multiplicando entre sí. Al paso de los años es muy posible que el balance resulte tan exiguo, que nos hallemos simplemente con que somos incapaces de creer.

Pero nadie se confunda: creer no es lo contrario de pensar. Dios quiere que creamos no que no pensemos. Nos invita con sus palabras y señales a que tengamos fe, no a que dejemos de tener razones.

Por lo mismo, el papel de la razón en las cuestiones de fe no es el de probar lo que creemos sino, en primer lugar, de mostrar por qué no es irracional lo que creemos. En el creyente, la razón no elimina la fe, ni demuestra la fe, ni disminuye el mérito de la fe, sino que la defiende, purificándola de fábulas e ingenuidades, ayudando a estructurarla y exponerla, y mostrando la incoherencia de lo que se dice en su contra.

Dice santo Tomás de Aquino que, en su núcleo mismo, creer es pensar con asentimiento. Y lo explica así: creer tiene de suyo la firme adhesión a algo, y en esto el que cree se parece al que tiene su certeza a la vista; por eso dice: «con asentimiento». Pero, de otro lado, el conocimiento de la fe no es el de la perfecta visión, y en esto el que cree se parece al que duda, sospecha u opina. Y por eso dice: «pensar». Diríamos que creer es un «saber en camino», es una luz indispensable pero no aún plena; es un claroscuro; lo mejor que tenemos mientras llega el cielo.

En la fe hay tres elementos importantes, según san Agustín y santo Tomás. (i): creemos «que...» (p.ej., que Dios existe); (ii) creemos «en...» (p.ej., creemos en Jesucristo, esto es, nos confiamos a él); y (iii) le creemos «a...» (p.ej., le creemos a Jesús que nos dice: pedid y se os dará).

Por lo mismo, en la fe son tan importantes las verdades y los contenidos (para no cambiar de Dios) como la confianza y la obediencia (para no despreciar al Dios que conocemos). La fe sin obras está muerta, pero también: ¿para quién serán las obras de la fe puesta en mentiras?

Creer es un don de Dios. Los argumentos o los milagros o los testimonios pueden remover los obstáculos, pero sólo Dios puede levantarnos por sobre nosotros mismos. En verdad, esa es la montaña que puede mover la fe. Y una vez removida, ¿qué de extraño que un peñasco se arroje al mar?
Preguntas para la reflexión

1. ¿A quién le crees? (Máximo 3)

2. ¿Por qué te parece que son creíbles?

3. ¿A quién le creíste en un momento dado, y ya hoy no?

4. ¿Cómo relacionas creer y esperar?

5. Y a ti, ¿quién te cree?

6. ¿En que se te parecen y en qué se diferencian la fe y el creer?

7. ¿Cómo llegas a saber o comprobar que lo que crees es verdad?

8. ¿Por qué perderías la credibilidad en algo o en alguien?

9. ¿Crees en ti? ¿Cómo puedes demostrártelo?

10.¿Qué le has creído y qué le crees a El?


Oración Salmo 23

El Señor es mi pastor
.

1 El Señor es mi pastor, nada me hará falta;

2 en verdes praderas me hace descansar.
Me conduce hacia fuentes tranquilas

3 y repara mis fuerzas.
Me guía por caminos seguros,
porque es fiel a su nombre.

4 Aunque pase por cañadas oscuras,
no temeré ningún peligro,
porque tú estas conmigo;
tu bastón y tu cayado me hacen sentir seguro.

5 Me pones delante una mesa servida,
para envidia de mis enemigos.
Me unges la cabeza con óleo perfumado
y me sirves una copa rebosante.

6 Tu bondad y tu amor me seguirán
todos los días de mi vida,
y viviré en la casa del Señor
mientras dure mi existencia.

Juan García Inza

Eucaristía y María Santísima


Fuente: Catholic.net Autor: P. Antonio Rivero LC

El padre capuchino llamado Miguel de Cosenza, en el Siglo XVII, llamó a María con el título “Nuestra Señora del Santísimo Sacramento”. Y dos siglos más tarde, San Julián Eymard, fundador de los Sacramentinos y apóstol de la eucaristía y de María, dejaba a sus hijos el título y la devoción a Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.

¿Qué relación hay, pues, entre eucaristía y María Santísima? ¿Podemos en justicia llamar a María “Nuestra Señora del Santísimo Sacramento”?

María fue el primer Sagrario en el que Cristo puso su morada, recibiendo de su madre la primera adoración como Hijo de Dios que asume la naturaleza humana para redimir al hombre. Imaginémonos cómo trató a Jesús en su seno, qué diálogos de amor con ese Dios al que alimentaba y al mismo tiempo del que Ella misma se alimentaba día y noche.
Imaginémonos la delicadeza para con ese Hijo, cuando iba y venía, trabajaba o cocinaba, o iba a la fuente. Pondría su mano sobre el vientre y sentiría moverse a ese hijo suyo que era también, y sobre todo, Hijo de Dios.

María durante esos nueve meses fue viviendo las virtudes teologales.
Vivía la fe. Creía profundamente que ese Hijo que crecía en sus entrañas era Dios Encarnado. Y ella le dio ese trozo de carne y su latido humano. Vivía la esperanza; esa esperanza en el Mesías prometido ya estaba por cumplirse y Ella era la portadora de esa esperanza hecha ya realidad. Vivía el amor; un amor hecho entrega a su Hijo. María entregaba su cuerpo a su Hijo y derramaba e infundía su sangre a su Hijo. Si no hay sangre derramada, el amor es incompleto. Sólo con sangre y sacrificio el amor se autentifica, se aquilata.

Cristo en la eucaristía es su Cuerpo que se entrega y es su Sangre que se derrama para alimento y salvación de todos los hombres. Pero, ¿quién dio a Jesús ese cuerpo humano y esa sangre humana? ¡María!

Por tanto, el mismo cuerpo que recibimos en la Comunión es la misma carne que le dio María para que Jesús se encarnara y se hiciese hombre. Gustemos, valoremos, disfrutemos en la Comunión no sólo el Cuerpo de Cristo sino ese cuerpo que María le dio. Por tanto, tiene todo el encanto, el sabor, la pureza del cuerpo de María. Pero bajo las apariencias del pan y vino. ¡Es la fe, nuestra fe, que ve más allá de ese pan!

María llevó toda su vida una vida eucaristizada, es decir, vivía en continua acción de gracias a Dios por haber sido elegida para ser la Madre de Dios, vivía intercediendo por nosotros, los hijos de Eva, que vivíamos en el exilio, esperando la venida del Mesías y la liberación verdadera. Y como dijo el papa en su encíclica sobre la eucaristía, María es mujer eucaristizada porque vivió la actitudes de toda eucaristía: es mujer de fe, es mujer sacrificada y su presencia reconforta. ¿No es la eucaristía misterio de fe, sacrificio y presencia?

Vivía en continuo sufrimiento, Getsemaní y Calvario. También Ella, como Jesús, fue triturada, como el grano de trigo y como la uva pisoteada, de donde brotará ese pan que se hará Cuerpo de Jesús que nos alimentará y ese mosto que será bebida de salvación.

La eucaristía que vivía María era misteriosa, espiritual, pero real. Su vida fue marcada por la entrega a su Hijo y a los hombres.

¿Por qué en algunos de las apariciones, María pide la comunión? Porque eucaristía y María están estrechamente unidas.

Por lo tanto, Cristo en la eucaristía es sacrificio, alimento, presencia, y María en la eucaristía experimenta:

El sacrificio de su Hijo una vez más, pues cada misa es vivir el Calvario, y María estuvo al pie del Calvario.

En la eucaristía María nos vuelve a dar a su Hijo para alimentarnos.

En la eucaristía, junto al Corazón de su Hijo, palpita el corazón de la Madre. Por tanto en cada misa experimentamos la presencia de Cristo y de María.

No es ciertamente la presencia de María en la eucaristía una presencia como la de Cristo, real, sustancial. Es más bien una presencia espiritual que sentimos en el alma. Es María quien nos ofrece el Cuerpo de su Hijo, pues en cada misa nace, muere y resucita su Hijo por la salvación de los hombres y la glorificación de su Padre.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 15,21-28.


En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

-Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.

El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

-Atiéndela, que viene detrás gritando.

El les contestó:

-Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:

-Señor, socórreme.

El le contestó:

-No está bien echar a los perros el pan de los hijos.

Pero ella repuso:

-Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

Jesús le respondió:

-Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

En aquel momento quedó curada su hija.

ORA/QUÉ-ES: SUPLICAR CON FE

Mujer, qué grande es tu fe...

Nos hemos acostumbrado a dirigir nuestras peticiones a Dios de manera tan superficial e interesada que probablemente hemos de aprender de nuevo el sentido y la grandeza de la súplica cristiana.

L. Boros señala algunas dificultades que hacen imposible la súplica y contra las que tenemos que luchar decididamente.

A algunos les parece indigno rebajarse a pedir nada. El hombre es responsable de sí mismo y de su historia. Pero, aun siendo esto verdad, también lo es el que los hombres vivimos de la gracia. Y reconocerlo significa enraizarnos en nuestra propia verdad. Para otros, Dios es algo demasiado irreal. Un ser indiferente y lejano, que no se preocupa del mundo. Por un lado, vivimos los hombres sumergidos «en el laberinto de las cosas terrenas» y por otro, vive Dios en su mundo eterno.

Y sin embargo, orar a Dios es descubrir que está incondicionalmente de nuestro lado contra el mal que nos amenaza. Suplicar es invocar a Dios como gracia, liberación, alegría de vivir.

Pero es entonces precisamente cuando Dios aparece demasiado débil e impotente. Ya no hay en el mundo un lugar para un Dios que actúa, interviene y ayuda a los hombres. Y es cierto que Dios no lo puede todo. Ha creado el mundo y lo respeta tal como es, sin entrar en conflicto con él. Su amor al hombre está de hecho limitado hoy por la imperfección del mundo y por nuestra libertad.

Pero los acontecimientos del mundo y nuestra propia vida no son algo cerrado en sí mismos. Y la súplica es ya fecunda en sí misma porque nos abre a ese Dios que está ya trabajando nuestra salvación definitiva por encima de todo mal.

Si nosotros oramos a Dios no es para lograr que nos ame más y se preocupe con más atención de nosotros. Dios no puede amarnos más de lo que nos ama.

Somos nosotros los que, al orar, nos dejamos transformar por su gracia, descubrimos la vida desde el horizonte de Dios y nos abrimos a su voluntad salvadora. No es Dios el que tiene que cambiar sino nosotros.

La humilde mujer cananea, arrodillada con fe a los pies de Jesús, puede ser una llamada y una invitación a recuperar en nuestra vida el sentido de la súplica confiada al Señor.

JOSE ANTONIO PAGOLA


La Fe

1. La fe no consiste en creer que algo va a ocurrir, ni tampoco en la aceptación de lo que se opone a la razón, ni tampoco es un reconocimiento intelectual dado por el hombre a lo que no entiende o que su razón no puede demostrar, por ejemplo, la relatividad. La fe es la aceptación de una verdad, ante la autoridad de la revelación Divina.

La fe es, por lo tanto, una virtud sobrenatural, inspirada y asistida por la gracia de Dios; creemos verdaderas las cosas que El nos reveló, no porque la verdad de esas cosas sea claramente evidente para la razón en sí, sino porque las apoya la autoridad de Dios, que no puede ni engañar ni ser engañada.

Antes de la fe, uno efectúa una investigación por la razón. Así como ningún negociante nos daría crédito sin algún motivo que lo indujera a hacerlo, tampoco se espera que pongamos nuestra fe en alguien sin motivo. Antes de poseer la fe, hay que estudiar los motivos por los cuales creeremos; por ejemplo, ¿por qué pondremos nuestra fe en Cristo?

Nuestra razón investiga los milagros que Él realizó, las profecías que lo preanunciaron y la concordancia de su enseñanza con nuestra razón. Estos constituyen los preámbulos de la fe, gracias a los cuales nos formamos un juicio de credibilidad: "Esta verdad, que Cristo es el Hijo de Dios, es digna de ser creída." Pasando luego a lo práctico, agregamos: "Debo creerla."

De allí en adelante damos nuestro consentimiento y nuestro asentimiento: "Creo que es el Hijo de Dios, y por lo tanto, cualquier cosa que nos haya revelado la aceptaré como la Verdad de Dios." El motivo de nuestro asentimiento dentro de la fe es siempre la autoridad de Dios, que nos dice que esa cosa es cierta. No creeríamos, a menos que comprendiéramos que debemos creer.

Creemos en las verdades de la razón porque presentan una evidencia intrínseca; creemos en las verdades de Dios porque presentan una verdad extrínseca. Uno cree que el sol dista tantos kilómetros o miles de kilómetros de la tierra, aunque no hayamos medido nunca la distancia; creemos que Moscú es la capital de Rusia, aunque nunca la hayamos visto. Del mismo modo aceptamos las Verdades del Cristianismo por la autoridad de la Revelación de Dios, por intermedio de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.
La fe, por lo tanto, no es nunca ciega. Como nuestra razón depende de la Razón increada o Divina Verdad, se deduce que nuestra razón debe inclinarse ante lo que Dios nos revela. Ahora creemos, no a causa de los argumentos, que sólo fueron un preliminar necesario. Creemos porque Dios lo dijo. La antorcha brilla con su brillo propio.
La naturaleza del acto de fe fue revelada por la actitud de Nuestro Señor ante los fariseos incrédulos. Habían visto milagros realizados y profecías cumplidas. No les faltaban motivos para creer. Pero seguían decididos a no creer. Nuestro Señor llevó a un niñito ante su presencia, y les dijo: "En verdad, os digo, quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Marcos 1o, 15 5).

Con esto quiso decir que el acto de fe tiene más en común con la fe ciega de un niño en su madre, que con el asentimiento del crítico. El niño cree lo que su madre le dice, porque lo dijo ella, nada más. Su fe es un homenaje, sencillo y confiado, que le rinde a ella.

Cuando el cristiano tiene fe, la tiene no porque en el fondo de su conciencia recuerde los milagros de Cristo, sino a causa de la autoridad que para él representa Aquel que no puede ni engañar ni ser engañado. "Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios porque testimonio de Dios es éste: que Él mismo testificó acerca de Su Hijo. Quien cree en el Hijo de Dios, tiene en sí el testimonio de Dios; quien no cree a Dios, le declara mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado de Su Hijo" (I Juan, 5, 9-10).

2. No podemos llegar a la fe por la discusión, o el estudio, o la razón, o el hipnotismo. La fe es un don de Dios. Cuando alguien nos instruye en la doctrina cristiana, no nos da la fe. Es solamente un agricultor espiritual, que ara el terreno de nuestra alma, arranca algunas hierbas malas y rompe los terrones del egoísmo. Dios arrojará la semilla. "Porque habéis sido salvados gratuitamente por medio de la fe; y esto no viene de vosotros: es el don de Dios" (Efesios 2, 8).

Si la fe fuera el deseo de creer, podríamos llegar a la fe por un acto de voluntad. Pero lo único que podemos hacer es disponernos a la recepción de la fe de manos de Dios. Así como un palo seco está mejor dispuesto para el fuego que un palo mojado, así el hombre humilde está más dispuesto a la fe que el que cree saberlo todo. En cualquier caso, así como en el fuego que arderá la leña debe provenir de afuera, así la fe debe provenir de afuera, es decir, de Dios.

Cuando tratamos de aclararnos todo mediante la razón, de algún modo sólo conseguimos confundirnos aún más. Una vez que uno introduce un solo misterio, todo lo demás se vuelve claro a la luz de ese misterio. El sol es el "misterio" en el universo; es tan brillante que no podemos mirarlo; no podemos "verlo". Pero a la luz del sol, todo se vuelve claro. Como dijo una vez Chesterton: "Es cierto que podemos ver la luna y las cosas a la luz de la luna, pero la luna es la madre de los lunáticos."

(Conozca su Religión, EMECÉ Editores, Buenos Aires 1957, Pag. 174 y ss.)
SAN AGUSTÍN

Los judíos llamaron perros a los gentiles como a gente inmunda. De aquí que también el Señor, cuando le voceaba a su espalda la mujer cananea, no judía, queriendo inclinar la misericordia de Cristo a curar a su hija, Él, previendo todas las cosas, conociéndolas todas, pero queriendo patentizar la fe de la mujer, retardó concederla el beneficio y la tuvo suspensa. ¿Cómo la entretuvo? Diciéndole: Sólo he sido enviado a las ovejas que perecieron de la casa de Israel. A Israel; a las ovejas. ¿Y a los gentiles qué? No está bien echar el pan de los hijos a los perros.

Luego llamó perros a los gentiles por causa de la impureza. ¿Qué hace aquella mujer hambrienta? No protestó de estas palabras, más bien soportó con humildad el ultraje, y recibió el beneficio. Pues no debía llamarse ultraje el dicho del Señor. Si algo parecido dice el siervo a su señor, ciertamente es una injuria; pero, si el señor llama a su siervo tal cosa, más bien puede decirse que es un honor. Así es- dice ella-, ¡oh Señor! ¿Qué significa: Así es? Dices verdad, sin duda es cierto, soy un perro. Pero también los perros- añade- comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. El Señor le responde al instante: ¡Oh mujer!, grande es tu fe. Antes la llamó perro, ahora mujer. ¿Por qué llama ahora mujer a la que poco antes llamó perro? Por confesar con humildad y no rechazar lo que por el Señor había sido llamada.

Luego los gentiles son perros, y, por lo mismo, hambrientos. Bien les está a los judíos que se reconozcan pecadores; y, aunque sea a la tarde, se conviertan, y pasen hambre como perros. Demasiado saturado estaba aquel que decía: ayuno dos veces a la semana. Por el contrario, el publicano era perro que sentía hambre, y por eso ansiaba nutrirse del beneficio del Señor, pues decía: Sedme propicio a mí, pecador. Luego se conviertan también aquellos a la tarde y padezcan hambre como perros.

(Tomado de Enarraciones sobre los Salmos, XX, Madrid, 1965, 475)



Ejemplos Predicables


Es preciso rezar con fervor y recogimiento

Los ángeles trazaban letras.

Cuéntase de un Santo, San Bernardo al parecer, que en una iglesia llena de fieles entregados a sus oraciones, tuvo la visión que vamos a referir. A la vera de cada deprecante vio un ángel que con mucha atención trazaba unas letras. Unas las trazaba de oro, otras de plata, otras negras como la pez, y no faltaban los que hacíanlo con agua para que nada se viese. El Santo meditó sobre esta visión y parecióle haber descubierto al fin la escondida significación de las angélicas apariciones.

Creyó ver en las letras de oro que los ángeles escribían, la mucha estima de Dios por las oraciones de los que rezaban atentos a lo que decían y encendidos de amor al Todopoderoso.

En las de plata, una consideración no tan crecida por los que hacíanlo atendiendo sólo al sentido literal de las preces y con el corazón frío, si bien con alguna voluntad de honrar a Dios.

Las letras en negro eran la somera distinción que merecen los que sólo rezan por rezar, sin fijarse en lo que musitan entre dientes y dicen las oraciones de una manera mecánica.

Mientras el trazar letras con agua, significaba evidentemente el provecho nulo de los que acuden a la iglesia para pasar el tiempo pensando en otras cosas, a lo mejor harto distantes de las eternas. Dios recompensará y oirá nuestras oraciones según el fervor, tiento, y amor que en ellas pongamos. Procuremos ser fervorosos en nuestras preces, especialmente ante otras personas, a las que edificaremos con nuestro proceder.

En San Francisco, a pesar del terremoto, un convento permanece milagrosamente intacto.

En 1906 un espantoso temblor de tierra destruyó casi por entero la floreciente y rica ciudad de San Francisco de California, situada en la costa Oeste de los Estados Unidos.

La ciudad quedó tan mal parada, que fueron poquísimas las casas que permanecieron en pie, pues las que no derribó el terremoto, fueron luego destruidas por el fuego. Por singular prodigio, un convento de religiosas, situado en la calle de Franklin, número 925, no sufrió el menor daño, suceso que maravilló a cuantos lo vieron. En la santa casa, bajo la dirección de la Madre Superiora, que se llamaba Germana, moraban 22 religiosas del Sagrado Corazón de Jesús y ocupaban se en la educación de señoritas.

Cuando el terremoto, mientras la mayoría de las gentes corrían azoradas de un lado para otro, sin dar con lugar que pareciese seguro, las religiosas de aquel convento se dirigieron a la capilla, y, puestas de hinojos ante el Sagrado Corazón de Jesús, le rogaron con toda el alma que quisiese socorrerlas en tan apurado trance. Mientras en la calle los clamores de terror y angustia eran ensordecedores, aquellas buenas mujeres, confiando en la clemencia del Dios que gobierna el Cielo y la Tierra, salmodiaban impasibles la letanía del Sagrado Corazón de Jesús.

Entretanto, el convento había quedado envuelto en un torbellino de fuego y humareda; entre las llamas gigantescas no se divisaba ni la cúspide de la torre del campanario. Todos los espectadores creyeron firmemente que el convento era pasto de las llamas y que ni uno de sus habitantes saldría con vida. Cuando amainó el incendio y se disipó la humareda, vióse al convento intacto y entero, con gran maravilla de todos. Ni una casa quedó entera por aquellos contornos; entre tanta devastación, sólo aquel convento se erguía, como si hubiese sido de materia incombustible y resistente a la furia de todos los elementos desencadenados. A pesar del fuego, ni una ventana sufrió deterioro, ni en parte alguna del edificio se veían señales de las llamas o del humo.

(Véase el "Senalboten", 1906.) Claramente nos muestra este ejemplo el mucho bien que puede reportarnos la invocación al Sagrado Corazón de Jesús y la eficacia del rezo en común.
(Dr. Francisco Spirago, Catecismo en ejemplos, Vol. IV, Ed. Poliglota, 1940)

INVITACIÓN PARA EL XIII CONGRESO–ENCUENTRO EUCARÍSTICO ASTURIAS 2005
Oviedo, 28 de Julio de 2005


Queridos hermanos / as:

Próxima ya la celebración del XIII Encuentro-Congreso Nacional promovido por el Movimiento de la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento A.R.P.U., consideramos oportuno escribiros para invitaros y solicitar vuestro apoyo.

Este Movimiento, aprobado por la Conferencia Episcopal, persigue que las personas visiten, al menos media hora a la semana, al Señor presente en los tabernáculos, sobre todo en los templos parroquiales, catedrales..., tendiendo a lograr una cadena de adoradores ininterrumpida para corresponder al gran amor de Jesús, que quiso quedarse entre nosotros de modo permanente en la Eucaristía, y encomendar con devoción las necesidades y objetivos de las parroquias y diócesis, las vocaciones de especial consagración (sacerdotes y religiosos) y laicos.

Cada año se celebra un Congreso Nacional Eucarístico en las distintas diócesis. Este año hemos escogido la Archidiócesis de Oviedo (Asturias). Os adjuntamos el correspondiente programa

Con ello pretendemos:

Propiciar una especie de toque de atención sobre la adoración al Señor, máxime, en este año dedicado a la Eucaristía.
Profundizar en el Misterio de la Eucaristía, “fuente y cumbre de la vida cristiana”.
Que sea una especie de “aperitivo” que “sensibilice y estimule el apetito eucarístico”.
Un agradecimiento al Señor por todas las Eucaristías recibidas, así como una respuesta en sintonía con los deseos insistentes y recientes de la Iglesia en lo referente a la adoración Eucarística.

Contamos con vuestra participación y vuestra presencia en todos o en alguno de los actos programados. Si ello no os fuera posible, confiamos en vuestra unión y respaldo en la oración eucarística.

¡Que Dios os bendiga!

Movimiento de Adoración Perpetua A.R.P.U.


¡A púntate para el Congreso!
¡Si no tienes lápiz, ahí te va el mío!

LEMA:

“Si conocieras el don de Dios”

( Jn 4,10-11 )


Preside:

Excmo y Rdmo D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Oviedo


Organiza:

El Movimiento de Adoración Perpetua; A.R.P.U con la colaboración de grupos eucarísticos y de Oración, y de los seminaristas y varias entidades de la Archidiócesis.
Comisión organizadora:

Archidiócesis de Oviedo, presidida por el Señor Arzobispo de Oviedo.
Destinatarios e invitados:

PUBLICO EN GENERAL

Lunes 12 de septiembre

22:30 h. SANTA MISA en el Templo de Santa María Real de la Corte. ( C/ S. Vicente ).


Martes 13 de septiembre_


09: 00 h. LAUDES SOLEMNES ANTE EL SANTÍSIMO

Lugar: Parroquia de S. Francisco de Asís ( Plaza de la Gesta )


09:30 h. PRESENTACIÓN DEL CONGRESO

Rvdo. D. Laurentino Gómez Montes. Consiliario General de A.R.P.U.

Lugar: Auditorio Príncipe Felipe


10:00 h. SALUDO Y PONENCIA DEL SEÑOR ARZOBISPO DE OVIEDO, EXCMO. Y RVDMO. D. CARLOS OSORO SIERRA.


PONENCIA: “La Eucaristía, un don para comprender y acoger” .

Lugar: Auditorio Príncipe Felipe


12:00 h. PONENCIA: “La Eucaristía, un don para celebrar”.

Rvdo. José Antonio Sánchez Cabezas, profesor de Teología en el Seminario de Oviedo.

Lugar: Auditorio Príncipe Felipe

ORACIÓN ANTE EL SEPULCRO DEL EXCMO D. JUAN BAUTISTA LUIS PÉREZ, OBISPO DE OVIEDO Y COFUNDADOR DE ARPU

VISITA A LA CATEDRAL DE OVIEDO (CLAUSTRO, CRIPTA, CEMENTERIO DE PEREGRINOS... )


14:00 h. ALMUERZO EN EL GRAN HOTEL ESPAÑA ( C/ Jovellanos, 2)

16:30 h. Salida hacia Gijón ( autocares desde la Plaza Juan XXIII ).

VISITA A LA CIUDAD DE GIJÓN EN LOS AUTOCARES

18:30 h. ORACIÓN ANTE EL SEPULCRO DEL MÁRTIR D. JOSÉ LLES SEGARRA COFUNDADOR DE A.R.P.U (IGLESIA DE S. JOSÉ, GIJÓN).


19:30 h. SANTA MISA EN LA BASÍLICA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

( presidida por Excmo. Rvdmo. D. Carlos Osoro Sierra )


21:30 h. CENA EN EL RESTAURANTE “LES CABAÑES” (Campa de Torres)


Miércoles 14 de septiembre


09:00 h. LAUDES SOLEMNES ANTE EL SANTÍSIMO

Lugar: Seminario Metropolitano de Oviedo.


10:00 h. PONENCIA: “La Eucaristía un don, recibido de María”.

Rvdo P. José Cristo Rey García-Paredes, teólogo.

Lugar: Auditorio Príncipe Felipe

12:00 h. PONENCIA: “La Eucaristía un don, para la misión”.
Excmo. y Rvdmo D. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, Obispo Auxiliar

de Oviedo.

Lugar: Auditorio Príncipe Felipe

13:30 h. ALMUERZO EN EL GRAN HOTEL ESPAÑA ( C/ Jovellanos, 2)

15:00 h. Salida de autocares (Plaza Juan XXIII) para el Monte Naranco.

ORACIÓN ANTE LA IMAGEN DEL CORAZÓN DE JESÚS.

A continuación, visita a los monumentos prerrománicos de Santa María la Mayor y de S.

Miguel de Lillo. Seguidamente, salida para Covadonga.


18:30 h. SANTA MISA EN LA BASÍLICA DE COVADONGA.

PROCESIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO HASTA LA SANTA CUEVA

BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO (en la santa cueva).


21:00 h. CENA EN EL RESTAURANTE EL BRICIAL (SOTO DE CANGAS)

Jueves 15 de septiembre


09:30 h. LAUDES ANTE EL SANTÍSIMO EXPUESTO

Lugar: Iglesia Parroquial de Santa María Real de la Corte ( C/ San Vicente )


10:00 h. PONENCIA:

“La Eucaristía, un don para adorar”.

Excmo. y Rvdmo D. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo Emérito de

Oviedo.

Lugar: Iglesia Parroquial de Santa María Real de la Corte ( C/ San Vicente ),


12:00 h. MISA DE CLAUSURA Y ENVÍO DE LOS ADORADORES. PRESIDE D. GABINO DÍAZ MERCHÁN ARZOBISPO EMERITO DE OVIEDO. Concesión de Indulgencia Plenaria

13:00 ORACIÓN PENITENCIAL ANTE EL SANTO SUDARIO EN LA CAMARA SANTA (Dos turnos) BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO

Lugar: Catedral de Oviedo.
14:00 h. ALMUERZO EN EL GRAN HOTEL ESPAÑA ( C/ Jovellanos, 2)

PARA INSCRIPCIONES, DIRIGIRSE A:

Laurentino Gómez Montes, Consiliario Nacional.
Parroquia de Santa María la Real de la Corte

C/ San Vicente, s/n.
33003 OVIEDO

Tlfno: 985 08 35 55 - 985 20 25 55.

Fax: 985 08 3 555 (Previo aviso)

E-maíl: adoracionarpu@telecable.es


PONENTES:

Excmo. y Rvdmo. D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Oviedo.

Excmo. y Rvdmo. D. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo Emérito de Oviedo.

Excmo. y Rvdmo. D. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, Obispo Auxiliar de Oviedo.

Rvdo. P. José Cristo Rey García Paredes, teólogo.

Rvdo. D. José Antonio Sánchez Cabezas, profesor del Seminario y párroco de Turón.

Rvdo. D. Laurentino Gómez Montes, párroco de Sta. María Real de la Corte.


DIVERSOS PARTICIPANTES:

José María Carro Albeira, poeta

Iñaki y Jonatan Sánchez Santianes, gaita y tambor.

Iris Uría Fernández, Diplomada en Turismo y en Arte.

Actuación de varios músicos y masas corales de Oviedo y Gijón.

Seminaristas de la Archidiócesis.

              

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