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Lectura del santo Evangelio según San Mateo. Mt
16,13-20
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesárea
de Filipo y preguntaba a sus discípulos: -¿Quién
dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Ellos contestaron: -Unos que Juan Bautista, otros que Elías,
otros que Jeremías o uno de los profetas.
El les pregunto: -Y vosotros, ¿quién decís que
soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: -Tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió: -¡Dichoso tú, Simón,
hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne
y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves
del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado
en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado
en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen
a nadie que él era el Mesías. Palabra de Dios.

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| DECÁLOGO
DEL CONDUCTOR |
1.- Me convenceré de que la seguridad vial también depende
de mí y no sólo de los otros.
2.- Prestaré la mayor atención cuando conduzca.
3.- Respetaré al más débil y a los demás.
4.- Conduciré sin prisas ni agobios.
5.- Estaré siempre en el mejor estado físico y psíquico
para conducir.
6.- Respetaré todas las señales de tráfico.
7.- Llevaré siempre abrochado el cinturón de seguridad.
8.- Seré tolerante con los demás conductores y no competiré
si me adelantan.
9.- Procuraré que mi coche esté en el mejor estado de funcionamiento
y de seguridad.
10.- Esta semana disfrutaré con mi coche en los viajes y los desplazamientos.
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| ¿QUIEN
ES PARA NOSOTROS? |
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
No es fácil intentar responder con sinceridad a la pregunta de Jesús:
"¿quién decís que soy yo?".
En realidad, ¿quién es Jesús para nosotros? Su persona
nos llega a través de veinte siglos de imágenes, fórmulas,
ideologizaciones, experiencias, interpretaciones culturales... que van desvelando
y velando al mismo tiempo su riqueza insondable.
Pero, además, cada uno de nosotros vamos revistiendo a Jesús
de lo que nosotros somos. Y proyectamos en él nuestros deseos, aspiraciones,
intereses y limitaciones. Y casi sin darnos cuenta, lo empequeñecemos
y desfiguramos incluso cuando tratamos de exaltarlo.
Pero Jesús sigue vivo. Los cristianos no lo hemos podido disecar
con nuestra mediocridad. No permite que lo disfracemos. No se deja etiquetar
ni reducir a unos ritos, unas fórmulas, unas costumbres.
Jesús siempre desconcierta a quien se acerca a él con una
postura abierta y sincera. Siempre es distinto de lo que esperábamos.
Siempre abre nuevas brechas en nuestra vida, rompe nuestros esquemas y nos
empuja a una vida nueva.
Cuanto más se le conoce, más sabe uno que todavía está
empezando a descubrirlo. Seguir a Jesús es avanzar siempre, no establecerse
nunca, crear, construir, crecer.
Jesús es peligroso. Percibimos en él una entrega a los hombres
que desenmascara todo nuestro egoísmo. Una pasión por la justicia
que sacude todas nuestras seguridades, privilegios y comodidad. Una ternura
y una búsqueda de reconciliación y perdón que deja
al descubierto nuestra mezquindad. Una libertad que rasga nuestras mil esclavitudes
y servidumbres.
Y sobre todo, intuimos en él un misterio de apertura, cercanía
y proximidad a Dios que nos atrae y nos invita a abrir nuestra existencia
al Padre.
A Jesús lo iremos conociendo en la medida en que nos entreguemos
a él. Sólo hay un camino para ahondar en su misterio: seguirle.
Seguir humildemente sus pasos, abrirnos con él al Padre, actualizar
sus gestos de amor y ternura, mirar la vida con sus ojos, compartir su destino
doloroso, esperar su resurrección. Y sin duda, saber orar muchas
veces desde el fondo de nuestro corazón: «Creo, Señor,
ayuda mi incredulidad».
JOSE ANTONIO PAGOLA
BUENAS NOTICIAS |
| Notas
sueltas para la reflexión |
LUJÁN, (ZENIT.org-Aica).- El presidente de la Conferencia Episcopal
Argentina, monseñor Estanislao Karlic, instó este lunes
a los adherentes a la Acción Católica Argentina (ACA) a
«servir a todos los hombres y a toda la Argentina», con una
actitud que implica «renovar el amor total a la Eucaristía,
a la Virgen y al Papa
El prelado reiteró cuál debe ser la actitud de los laicos
frente a la realidad: «En una cultura de lo transitorio, debemos
sentir la verdad de la eternidad; en una cultura de los fragmentos, sentir
el deber de la totalidad y del absoluto. Porque quien no ha dado todo,
no ha dado nada; quien no se ha entregado a sí mismo totalmente,
no se ha dado a Dios como se merece».

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No basta afirmar teóricamente que Jesucristo es el Hijo de Dios encarnado,
o atribuirle títulos solemnes como Salvador del mundo o Redentor
de la humanidad . Es necesario, además, creer en Él, adherirnos
a su persona, abrirnos a su acción salvadora, acoger su palabra,
dejarnos trabajar por su Espíritu. Por eso, también como Pedro,
es dichoso el creyente que, al confesar a Cristo como “Mesías,
Hijo de Dios vivo” no sólo afirme una verdad doctrinal del
Credo, sino que se deja iluminar internamente por el Padre.
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El Santo Padre
insiste en una pastoral de la Misericordia de Dios. ¡Que insistencia
más inspirada! Cuanto más avanzamos en la vida más
reconocemos que esta existencia que se desarrolla “, tanquam avis,
quasi nubis, velut umbra” y que es “nihil”, tiene su consistencia
en Jesús y su única confianza en la Misericordia de Dios Padre.
Ante el pecado personal y del mundo “¿quién Podrá
resistir?”. Además el amor, concebido a modo cristiano, deberá
estar adornado con espontáneas actitudes de perdón y misericordia,
en la línea del mandato de Jesús “sed misericordiosos...”
Por eso hoy, desde lo más profundo del corazón al preguntarme
¿quién es Cristo para mí? Me surge espontáneo
“Misericordia”.
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La pregunta
de Jesús “quién soy yo para ti” va dirigida a
la “ortopraxis” que no a la “ortodoxia”. Es decir,
es una pregunta vital no de teorías. Por eso me pregunto ¿qué
lugar ocupa Cristo en mi vida? Obras son amores, que no buenas razones.
¿Cómo vivo a Cristo en mi existencia?
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| Pero
¿interesa Jesús? |
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XXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO
Seguramente que, allá donde pasamos muchas horas cada día,
la cuestión de la fe (ser cristiano y todo aquello que ello entraña)
no capitaliza –ni mucho menos- el centro de atención de la
conversación.
Tal vez, y puede ser un fallo grande o exponente una debilidad, sabemos
hablar de todo pero nos cuesta hablar de Dios. Expresar nuestras convicciones
religiosas. Manifestar nuestras creencias. Defender, si la situación
lo requiere, la concepción que tenemos de la vida, de la familia
y de la sociedad desde el Evangelio.
1. ¿Quién dice la gente que soy yo? Hay que quitar esa gran
máscara del cristianismo vergonzante o de falsos respetos que,
algunos de nosotros, podemos tener. La fe no la podemos reducir y enclaustrar
exclusivamente a una vivencia interna. Con el Señor, en estos domingos
precedentes, hemos comido el pan multiplicado, nos ha sacado del fango
de las aguas turbulentas, nos ha sanado en numerosas ocasiones como lo
hizo con la hija de la mujer cananea.
Viene el Señor, una vez más, y nos pregunta que qué
pensamos de todo esto. De nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro
seguimiento y de nuestra entrega, de su persona y de sus palabras.
En un mundo mediatizado por la imagen, el Señor, no nos pregunta
por sentirse inseguro. Lo hace porque tal vez, nosotros, no estemos seguros
de a quién seguimos, quien es y por qué le seguimos.
2. Aquí, hoy, podríamos poner encima de la mesa del altar
las cartas de la verdad o de la falsedad de nuestras creencias.
En nuestras conversaciones ¿cuántas veces hablamos de Dios?
Con los amigos ¿cuando planteamos seriamente nuestra vida cristiana
o el hecho de ser católicos y cristianos? Porque, en definitiva,
de lo que abunda en el corazón se expresa en los labios.
En este año 2005, Año de la Eucaristía, nuevamente
Jesús espera una respuesta: ¿Qué decimos sobre El?
¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos
su Palabra o simplemente asistimos a su lectura? ¿Estamos en comunión
con El, o somos unos amigos interesados que sólo lo saben vivir
y sentir en ciertas celebraciones solemnes?
3. Uno de los aspectos más negativos de nuestro tiempo es el relativismo.
También, respecto a la persona de Jesús, ha hecho estragos
este virus. No es difícil encontrar personas que digan que Jesús
es un personaje formidable, fuera de serie, histórico pero…olvidan
( tal vez no lo han sentido nunca) que Jesús, como Hijo de Dios,
es sobre todo Salvador.
Jesús no ha venido al mundo para ser coreado en pancartas y luego
ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos Creyentes.
Jesús no ha nacido para que nos remitamos a las actas de la historia
y comprobemos que, en verdad, existió.
Jesús no ha irrumpido repentinamente para que lo ensalcemos como
un defensor de las causas perdidas.
Jesús, sobre todo, ha venido para que veamos en El, la mejor fotografía
y el mejor rostro que Dios tiene: el amor.
Hoy, como Pedro entonces, nuestra iglesia (con contradicciones, deficiencias,
limitaciones, dificultades, temperamento, carácter, etc.) sigue
respondiendo: Tú, Señor, eres el Hijo de Dios.
Javier Leoz

MENSAJE DOCTRINAL
1. Jesús es el Mesías. La palabra Mesías significa
“ungido”. En Israel eran ungidos en el nombre de Dios los
que le eran consagrados para una misión que habían recibido
de él. Este era el caso de los reyes (cf. 1 S 9, 16; 10, 1; 16,
1. 12_13; 1 R 1, 39), de los sacerdotes (cf. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente,
de los profetas (cf. 1 R 19, 16). Éste debía ser por excelencia
el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente
su Reino (cf. Sal 2, 2; Hch 4, 26_27). El Mesías debía ser
ungido por el Espíritu del Señor (cf. Is 11, 2) a la vez
como rey y sacerdote (cf. Za 4, 14; 6, 13) pero también como profeta
(cf. Is 61, 1; Lc 4, 16_21). Jesús cumplió la esperanza
mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta
y rey. ( Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 436)
Los ángeles anunciaron a los pastores Os ha nacido en la ciudad
de Belén un salvador, que es Cristo (el Mesías, el ungido)
Señor (Lc 2,11). Jesús es quien el Padre ha santificado
y lo ha enviado al mundo. Esta consagración mesiánica manifiesta
su misión divina: Jesús ha venido para glorificar del Padre
y salvar a los hombres, siguiendo el plan divino. Muchos de sus contemporáneos
descubrieron en Jesús al Mesías que había de venir:
Simeón, Ana, las gentes que lo aclamaban Hijo de David. Sin embargo,
el estilo de Mesías que Jesús encarna choca fuertemente
con las esperanzas de los sumos sacerdotes, quienes esperaban un mesianismo
de poder político. Ver a un Mesías humilde que habla de
pobreza, de sufrimiento, de bienaventuranzas, resultaba para ellos algo
incomprensible. Los mismos apóstoles en el momento de la Asunción
expresan su esperanza de que Jesús manifieste todo su poder: «Señor,
¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?»
Hch 1,6.
La comprensión del mesianismo de Jesús llego a los apóstoles
sólo lentamente y de manera progresiva. Ellos tenían que
entrar dentro de sí mismos y meditar toda la ejecutoria de Cristo,
tenían que llegar a comprender “que era necesario que el
Mesías padeciera y así entrara en su gloria”. Jesús
pone un empeño particular en purificar la concepción mesiánica
de sus apóstoles. Su misión de Mesías repetirá
los pasos del siervo doliente, será necesario que el Mesías
sea rechazado por los ancianos, se le condene a muerte y resucite al tercer
día. Jesús que, durante su vida había sido reservado
al recibir el título de Mesías, cambia de actitud ante la
pregunta del Sumo pontífice: «Yo te conjuro por Dios vivo
que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». Dícele
Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro
que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra
del Poder y venir sobre las nubes del cielo». Mt 26,64.
¿No es verdad que nosotros, como los apóstoles, tenemos
que purificar nuestra concepción sobre Cristo, sobre su misión,
sobre su seguimiento? ¿No es verdad que, también nosotros,
debemos entrar en el misterio de Cristo y ver queÉl es la cabeza
y que nosotros somos sus miembros y que lo que ha tenido lugar en la cabeza,
lo reproducirán también los miembros? En el fondo, se trata
de descubrir el sentido de la misión de la propia vida, el sentido
de la donación por amor en el sacrificio, el sentido del amor a
la verdad para dar Gloria a Dios y a los hombres. Da gloria a Dios, éste
podría ser el lema de la vida del cristiano. Estás injertado
en la vida de Cristo, el ungido, perteneces a un sacerdocio real, eres
pueblo de su propiedad, da gloria a Dios con tu vida, con tus sufrimientos,
con tus alegrías, con tu muerte.
2. Jesús es el Hijo de Dios. Hijo de Dios, en el Antiguo Testamento,
es un título dado a los ángeles (cf. Dt 32, 8; Jb1, 6),
al pueblo elegido (cf. Ex 4, 22;Os 11, 1; Jr 3, 19; Si 36, 11; Sb 18,
13), a los hijos de Israel (cf. Dt 14, 1; Os 2, 1) y a sus reyes (cf.
2 S 7, 14; Sal 82, 6). Significa entonces una filiación adoptiva
que establece entre Dios y su criatura unas relaciones de una intimidad
particular. Cuando el Rey_Mesías prometido es llamado "hijo
de Dios" (cf. 1 Cro 17, 13; Sal 2, 7), no implica necesariamente,
según el sentido literal de esos textos, que sea más que
humano. Los que designaron así a Jesús en cuanto Mesías
de Israel (cf. Mt 27, 54), quizá no quisieron decir nada más
(cf. Lc 23, 47). (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 441).
Sin embargo, es distinto el caso que ahora nos ocupa. Cuando Pedro confiesa
a Jesús como "el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,
16) hace una confesión de la divinidad del Mesías.
Por ello, Cristo le le responde con solemnidad "no te ha revelado
esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos"
(Mt 16, 17). Paralelamente Pablo dirá a propósito de su
conversión en el camino de Damasco: "Cuando Aquél que
me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia,
tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciase entre
los gentiles..." (Ga 1,15_16). "Y en seguida se puso a predicar
a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios"
(Hch 9, 20). Este será, desde el principio (cf. 1 Ts 1, 10), el
centro de la fe apostólica (cf. Jn 20, 31) profesada en primer
lugar por Pedro como cimiento de la Iglesia (cf. Mt 16, 18).
Si Pedro pudo reconocer el carácter transcendente de la filiación
divina de Jesús Mesías es porque éste lo dejó
entender claramente. Los Evangelios narran dos momentos solemnes, el bautismo
y la transfiguración de Cristo, en los que la voz del Padre lo
designa como su "Hijo amado" (Mt 3, 17; 17, 5). Jesús
se designa a sí mismo como "el Hijo Único de Dios"
(Jn 3, 16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna
(cf. Jn 10, 36). Pide la fe en "el Nombre del Hijo Unico de Dios"
(Jn 3, 18). Esta confesión cristiana aparece ya en la exclamación
del centurión delante de Jesús en la cruz: "Verdaderamente
este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39), porque solamente en el
misterio pascual es donde el creyente puede alcanzar el sentido pleno
del título "Hijo de Dios".
El mundo actual también encuentra dificultades para comprender
la divinidad de Cristo. En el común de los creyentes parece obscurecerse
esta verdad fundamental de nuestra fe. El Credo que rezamos cada domingo
afirma la divinidad de Jesucristo: “Creo en Jesucristo Hijo único
de Dios. Nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios luz
de luz”. Es necesario que nuestra predicación ayude a las
personas a descubrir la maravilla del plan divino y la profundidad de
la encarnación. Dios, en su inmenso amor, quiso hacerse uno como
nosotros, para llevarnos al Padre.
SUGERENCIAS PASTORALES
1. Importancia de la catequesis sobre la divinidad de Jesucristo.
Los medios de comunicación: periódicos, libros, revistas,
televisión, cine etc... ofrecen, no pocas veces, una visión
deformada de Cristo. Se le presenta como un hombre magnífico, de
grandes ideales, pero un simple hombre cuya doctrina puede parangonarse
con la de otros grandes personajes o líderes religiosos, no se
dice nada de su divinidad, se esconde o se desvirtúa. Nuestros
fieles están expuestos a todo este tipo de información,
o mejor, de desinformación. Es, pues, importante, casi urgente,
echar mano de todos los medios a disposición, para hacer una adecuada
catequesis sobre este punto esencial de la fe. Catequesis infantil que
arranca desde el hogar materno, pero que encuentra un momento privilegiado
en la catequesis para la primera comunión. Las primeras nociones
aprendidas en el hogar materno bajo el calor del hogar, no se olvidan,
penetran suave y definitivamente en el alma, y nos acompañan durante
todo el derrotero de la vida. Catequesis juvenil donde se plantean los
problemas más serios de la vida y se abre el abanico de la existencia.
Es el momento en el que se descubre el propio “yo” y se establece
un diálogo profundo con Cristo Señor. Catequesis para adultos
cuando han pasado ya las primeras etapas de la vida, se han ido cristalizando
las posturas y disposiciones del hombre y de la mujer, y la persona se
encuentra en un momento de ajustes profundos de su existencia. ¡Cuánto
bien haremos al hombre al mostrarle que Cristo, es el Hijo de Dios que
vino a la tierra por salvarlo y reconciliarlo con el Padre! Mostrar que
Él es la revelación del Padre y que en Él tenemos
acceso al cielo, a la vida eterna. Esta es la esperanza que vence cualquier
pena y desafío de la vida.
2. El amor al Papa. La liturgia de hoy nos invita a incrementar
nuestro amor y adhesión al Papa, como sucesor de Pedro y vicario
de Cristo. Veamos en él al Buen Pastor, veamos en él a la
roca sobre la que se edifica la Iglesia, veamos enél a quien posee
las llaves del Reino de los cielos. No lo dejemos solo en su sufrimiento
por la Iglesia, acompañémosle, no solo con nuestra oración,
sino también con nuestro sufrimiento y con nuestra acción
apostólica. Conviene repetir aquí lo que Juan Pablo II dijo
a unas religiosas de clausura al inicio de su pontificado: “Yo cuento
con vosotras, yo cuento con vuestra oración y sacrificio”.
Que el Papa, sucesor de Pedro, pueda contar también con nosotros
para la “nueva evangelización”.
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| ENCUESTA
DE OPINIÓN |
(Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc 9,18-21)
Por Emma-Margarita R. A.-Valdés

La pregunta aletea por la tierra
y acaricia la cimas.
¿Quién es el visionario que nos habla?.
¿Es acaso otro mago, otro profeta?.
¿Es acaso el Mesías?.
Nada saben de Ti, Rey y Señor,
eres un hombre más,
un pobre carpintero en Nazaret
que, por tu erudición,
explicas bien los Libros de la Ley
y muestras ante el pueblo gran poder.
¿Serás, en realidad, hijo de Dios?.
Preguntas a los tuyos: ¿Quién soy yo?.
Unos dicen que Juan,
otros dicen que Elías,
solamente lo sabe el fiel Simón
que, con seguridad, dice: El Mesías,
el ungido de Dios.
Por esta celestial revelación
le eliges como jefe de la Iglesia,
él será siempre Kefas,
la roca inconmovible
que guardará el mensaje de tu amor.
Le revistes de eterna autoridad,
le confías las llaves de tu reino
y, como tú, será
debelador del reino del pecado,
encargado de atar y desatar
y de cumplir las órdenes del cielo.
Aún vaga aleteando por la tierra,
y acaricia las cimas,
la pregunta esencial de tu existencia:
¿Eres Dios?, ¿eres hombre?, ¿eres profeta?.
Aún siguen sin saber qué contestar.
Quizá los niños sepan la respuesta.
En la constante encuesta de opinión
La cruz está en : No sabe, no contesta.
Pero si el hombre te abre el corazón
tu amor será su máxima certeza.
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| Página
del humor y curiosidades |
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Frases famosas literarias
No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
(De Quevedo al Conde Duque)
Madre yo
al oro me humillo:
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado,
de continuo anda amarillo;
que, pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero es Don Dinero
DISPUTA ENTRE DON LOPE
Y PEDRO CRESPO
DON LOPE
A quien tocara
ni aún al soldado menor,
sólo un pelo de la ropa,
viven los cielos, que yo
le ahorcara.
CRESPO
A quien se atreviera
un átomo de mi honor,
viven los cielos también,
que también le ahorcara yo.
DON LOPE
¿Sabéis que estáis obligado
a sufrir por ser quien sois estas cargas?
CRESPO
Con mi hacienda;
pero con mi fama, no.
Al rey, la hacienda y la vida
se han de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma sólo es de Dios.
(Del teatro Calderoniano)
(Poesías satíricas de Quevedo |
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LA VOZ DE ASTURIAS DIA 15 DE AGOSTO de 2005
CONGRESO RELIGIOSO
Osoro presidirá el Encuentro Eucarístico Nacional de Oviedo |
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Osoro
presidirá el Encuentro Eucarístico Nacional de Oviedo
Los interesados deben inscribirse en la iglesia Santa María
la Real
REDACCION
15/08/2005
El arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, presidirá el Encuentro Eucarístico
Nacional que se celebrará en Oviedo durante el mes de septiembre.
El congreso se encuentra en su décimo tercera edición y está
organizado por el Movimiento de Adoración Perpetua, seminaristas
y varias entidades de la archidiócesis.
Los actos de celebración del Encuentro Eucarístico comenzarán
el próximo 12 de septiembre y arrancarán con una misa en el
templo de Santa María la Real de La Corte. Al día siguiente,
tendrá lugar, a las 9,30 horas, la presentación oficial del
congreso que este año corre a cargo del reverendo Laurentino Gómez
en el Auditorio Príncipe Felipe. A las 10.00 horas está previsto
el saludo y la ponencia del arzobispo de Oviedo que llevará por título
La Eucaristía, un don para celebrar .
Para los días 13 y 14 de septiembre los asistentes al congreso visitarán
Gijón, COVADONGA y la imagen del Sagrado Corazón situada en
el Monte Naranco. Los actos se cierran al día siguiente con una ponencia
de Carlos Osoro y un almuerzo en el Hotel España en Oviedo.
Los interesados pueden inscribirse en la parroquia de Santa María
la Real de la Corte situada en la calle San Vicente.
NOTA: Agradecemos a la Voz de Asturias este comunicado.
Movimiento de Adoración. Perpetua ARPU
Vigesimo Primer Domingo Ordinario (A)
1.Quien es Jesús.
a- ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
La respuesta del grupo a la primera pregunta es bastante obvia. El pueblo
sencillo, impresionado por la personalidad, doctrina y milagros del rabí
de Nazaret, lo tiene por un profeta. Unos lo identifican con el Bautista
redivivo, Juan, a quien había hecho decapitar Herodes Antipas;
otros con el mítico Elías que había vuelto, o bien
con e profeta Jeremías. Hasta aquí no era difícil
llegar.
b- Y vosotros, ¿quién decís
que soy yo?
Pero la respuesta de Pedro a esta segunda pregunta de Jesús es
más comprometida. Es una profesión de fe mesiánica
que adquiere ya altura teológica. En nombre de todos "tomó
la palabra Pedro y dijo: Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo"
(v.I6). En el evangelio que leemos hoy se advierte una gradaci6n ascendente
de títulos cristológicos: Hijo del hombre, Mesías,
Hijo de Dios vivo.
La primera parte de la confesión del apóstol Pedro: "Tu
eres el Mesías" (única respuesta que consignan Mc 8,29
y Lc 9,20) es importante; pero se queda lejos de la segunda parte
(exclusiva de Mt): "el Hijo de Dios vivo". Afirmación
cristológica que supone ya la revelación del Padre, como
dice Jesús; es decir, la fe pascual de los Apóstoles y de
la comunidad cristiana después de la resurrección de Cristo.
2. Tu eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los
cielos.
a) Sobre ésta piedra edificaré mi Iglesia
EI símbolo de la roca, piedra o peña es frecuente en el
AT donde se dice de Dios que es la Roca de Israel, la Peña de refugio
para los fie1es del Señor (ver Salmos). Pues bien, respecto de
la Iglesia y de la salvación humana, la piedra angular es Cristo
(Hch 2,11). Aunque invisible, EI es el fundamento primero; y nadie puede
poner otro, como afirma san Pablo (l Co 3,11; Ef 2,19-22). La garantía
de permanencia de la comunidad eclesial a través de los siglos
y a pesar de las dificultades, frente a la caducidad de toda empresa humana
por grandiosa y sólida que parezca, es Cristo mismo. La Iglesia
es de Cristo y no de san Pedro o del Papa; "mi Iglesia", dice
Jesús.
3. Las preguntas de Jesús.
a) La respuesta de la gente.-AI igual que los contemporáneos de
Jesús, tan bien los hombres de hoy tienen su opinión sobre
Él, pues su persona es de tal relieve en la historia humana que
no puede pasar inadvertida. Ya en vida Jesús de Nazaret apareció
como signo de contradicción; y piedra de escándalo siguió
siendo después a través de los siglos hasta hoy. Su persona,
su nombre y la prolongación de su misión en la Iglesia y
en los cristianos han suscitado siempre aceptación o rechazo, persecución
o seguimiento enamorado hasta el testimonio incondicional de la vida.
Prácticamente casi nadie que le haya conocido pasa indiferente
ante EI.
Así consta en las encuestas y libros que periódicamente
se publican sobre Jesús, como un eco del primer sondeo de opinión
que hizo Cristo mismo. Puesto que el tema se comercializa, la pregunta
se hace a los "famosos"; recuérdese, por ejemplo, el
libro de J. M. Gironella "Cien españoles y Dios". Y como
ellos saben que van a ser hechas publicas, en sus respuestas hay para
todos los gustos.
Unos miden sus palabras y matizan sus declaraciones, otros dicen cosas
románticas o recurren a tópicos en boga: el fundador de
la religión cristiana, una personalidad deslumbrante, un jefe nato,
el profeta de los pobres, un revolucionario del amor y la justicia. Pocos
dicen la verdad personal que llevan dentro; y solo algunos confiesan abiertamente
su fe en Cristo como Hijo de Dios y Salvador del hombre, como quien da
sentido a su vida y su trabajo, su amor y su esperanza.
b) Pregunta clave para' el creyente.-De las dos preguntas
que contiene la "encuesta" de Jesús, la que mas le interesa
es la segunda: "y vosotros, ¿quien decís que soy yo?"
Interrogante que sigue abierto, hoy como ayer, esperando nuestra respuesta.
Es la pregunta central de la religión cristiana, pues contiene
la razón de nuestra fe y el fundamento de nuestra vida y conducta.
¿En quien creemos? Pregunta que hemos de responder cada uno con
absoluta sinceridad, sabiendo que en la respuesta nos va el ser o no ser
cristiano, pues no se queda en lo periférico sino que toca el núcleo
de la fe cristiana.
La pregunta, siempre actual, de Cristo admite entre otras estas tres formulaciones
desde diversos ángulos de enfoque o puntos de vista: 1) Quien es
Jesús en si mismo: su persona, su doctrina, su obra, su misión.
2) Quien es Jesús para mí. 3) Que significa Cristo para
el mundo y el hombre.
Para el primer interrogante bastaría una contestación dogmática
y teológicamente correcta; por ejemplo la del Credo, la del catecismo,
e incluso la de una clase de religión. Para el segundo hace falta
ya una respuesta mas comprometida, que supone una vivencia personal;
respuesta en profundidad que no se satisface con fórmulas hechas,
ya sean bíblicas como la confesión de Pedro en el evangelio
de hoy, o de teología dogmática cuya síntesis mas
completa tenemos en el Credo o profesión de fe que recitamos en
la misa. Responder al tercer punto de vista implica además la imagen
misionera y evangélica que de Cristo refleja la comunidad eclesial.
4. Respuesta condicionada y condicionante
A su vez la respuesta personal esta condicionada y es condicionante.
a) Condicionada por nuestra propia estructura sicológica con sus
preocupaciones vitales y sus centros de interés, que no son los
mismos en las diversas etapas de la evolución personal: infancia,
juventud y madurez. La imagen personal que de Cristo tenemos esta mediatizada
también por el medio sociocultural al que pertenecemos, por la
formación religiosa y educación de la fe recibida en la
infancia y actualizada o no posteriormente en la juventud y edad adulta,
y finalmente por la practica religiosa más o menos asidua. De ahí
el que nuestra idea intima sobre Cristo pueda ser viva y fecunda o distante
y fría, completa y exacta o parcial e incorrecta. Pues bien, en
esta misma medida es condicionante, es decir comprometedora.
b) Condicionante porque Jesús no nos pide una definición
meramente objetiva y teórica de su persona; no nos esta "examinando"
sobre nuestros conocimientos, como tampoco a los discípulos cuando
les planteó la cuestión a bocajarro. La pregunta de Jesús,
inexcusable por cierto para un cristiano, tiene un carácter tan
personal que nadie puede aprobar el examen por nosotros ni "soplarnos"
la respuesta, que además nos compromete muy seriamente.
Si confesamos a Cristo como Hijo de Dios, su palabra y su estilo de vida
nos juzga; pues él es el maestro y modelo a seguir en su doctrina,
criterios y conducta. Si lo reconozco como salvador mío y liberador
del hombre, mi fe no puede quedarse en recibir pasivamente la salvación
de Dios en mi vida individual, sino que debe corresponder personalmente
a ese amor que me ha precedido, Y debe colaborar misioneramente a que
ese don de Dios se haga realidad presente en el mundo y alcance a todos
los hombres mis hermanos. pues si, finalmente, proclamamos a Cristo como
revelador del Padre, entramos en un circulo que encierra simultáneamente
la paternidad de Dios sobre cada uno de nosotros y nuestra fraternidad
respecto de los demás.
c) Conclusión: Necesitamos conocer a fondo a Jesús Y saber
siempre mas de su persona, leyendo su evangelio, tratándole directamente
de tu a tu, y hablando con EI en la oración espontánea.
Así le amaremos cada vez mas y le seguiremos con fidelidad renovada
testimoniando su persona Y su mensaje ante los demás. Cristo es
un, ser vivo, una persona; Y a las personas solamente desde la amistad
y el amor se les llega a conocer en profundidad. Como Pedro, tenemos la
respuesta exacta de nuestra fe a la pregunta sobre la identidad de Jesús;
pero hemos de añadir la respuesta de nuestra vida para hacer creíble
ante el mundo nuestra profesión de fe cristiana. La imagen que
de Cristo ofrecemos los cristianos es decisiva para que el mundo crea
en El, al ver toda nuestra vida iluminada por su persona y orientada al
amor , servicio, comprensión y solidaridad con los hermanos, especial
mente con los mas necesitados.
Reflexión
Recuerdo que hace unos años me encontré con un señor
en el tren, mientras viajaba de Roma a Florencia. Comenzamos a conversar
y, en un momento dado, me dice este buen hombre: –“Padre,
yo soy muy católico, igual que toda mi familia. Desde pequeño
he sido siempre muy creyente”. Como me lo decía tan convencido,
ponderándomelo tanto, yo me permití preguntarle si iba a
misa los domingos y si rezaba todos los días al menos una breve
oración. ¡Y cuál no fue mi sorpresa al escucharle
decir: –“ Padre –me respondió muy serio–
soy católico, pero no fanático”. Me sorprendí
tanto que no supe si echarme a reír o a llorar... Me parecía
casi increíble lo que oía.
Creo que hoy muchos cristianos –o que se dicen cristianos–
cometen el grandísimo error de disociar su fe y su comportamiento:
afirman creer y amar a Dios, pero luego no hacen nada para probar su fe
y su amor a Él. Como el caso de la chica que te conté la
semana pasada. ¿Te acuerdas?
En el evangelio de hoy vemos a uno de los fariseos que se acerca a nuestro
Señor para preguntarle cuál es el primer mandamiento; y
Jesucristo le responde sin vacilar: “Amarás al Señor
tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”.
Ésta era la fórmula más sagrada y solemne para un
israelita y constituía como el “corazón” de
toda la Ley. La llamaban el “shemá” y todo judío
piadoso lo conocía de memoria. Al igual que nosotros, los cristianos,
aprendimos de memoria desde niños el primer mandamiento de la ley
de Dios.
Hemos oído miles de veces y tenemos archisabido que “el primer
mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas”, y pensamos que
de verdad lo amamos, aunque nuestras obras desdigan lo que afirman nuestras
palabras. Pero el amor hay que demostrarlo más con nuestros comportamientos
que con buenos deseos o sentimientos. “Obras son amores –reza
el refrán popular–, que no buenas razones”.
¿Qué pensaríamos nosotros de cualquier persona –podrías
ser también tú mismo-- que dijera amar mucho a sus padres
o a sus abuelos, pero que nunca fuera a visitarlos a su casa dizque porque
“no tiene tiempo”, porque viven muy lejos, o simplemente porque
“no le nace”? ¿Verdad que eso nunca sucede en la vida
real? Sería inconcebible, pues el amor nos lleva a estar cerca
de los seres a quienes amamos. Y entonces, ¿por qué con
Dios nos comportamos de esa manera? Decimos que lo amamos, pero no estamos
dispuestos a visitarlo ni siquiera media horita cada semana. ¿Cada
semana? ¡Ojalá fuera al menos cada semana! Y en ocasiones
ni nos acordamos de Él a lo largo del día, al menos que
“nos urja” pedirle algún favor. Es que somos a veces
demasiado interesados...
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| Domingo
21º del Tiempo Ordinario (A)
¿Quién dice la gente que soy Yo? Juan García Inza
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El Papa Juan Pablo II enseña la necesidad de Cristo y de su Iglesia
ante el relativismo actual. Ofrecemos uno de los discursos que, en su
día, sobre este tema dirigió a Cardenales y Obispos en el
Vaticano.
“La reafirmación de la doctrina del Magisterio en lo que
respecto a estos temas ha sido propuesta con el fin de hacer ver al mundo
«el esplendor del glorioso Evangelio de Cristo» (2Cor 4,4),
y de refutar errores y graves ambigüedades que han sido formuladas
y se están difundiendo en diversos ambientes.
En estos últimos años, en efecto, en ambientes teológicos
y eclesiásticos ha aparecido una mentalidad tendiente a relativizar
la revelación de Cristo y su única y universal mediación
en orden a la salvación, así como a reevaluar la necesidad
de la Iglesia de Cristo como sacramento universal de la salvación.
Para poner remedio a esta mentalidad relativista es necesario, ante todo,
afirmar el carácter definitivo y completo de la revelación
de Cristo. Fiel a la Palabra de Dios, el Concilio Vaticano II enseña
que «por medio de esta revelación, la verdad profunda sobre
Dios y sobre la salvación del hombre, resplandece para nosotros
en Cristo, el cual es a la vez el mediador y la plenitud de toda la revelación»
(Dei Verbum, 2).
Por ello, en la Carta Encíclica Redemptoris missio he propuesto
nuevamente a la Iglesia la tarea de proclamar el Evangelio, como plenitud
de la verdad:
«En esta Palabra definitiva de su revelación, Dios se ha
dado a conocer del modo más completo; ha dicho a la humanidad quién
es. Esta autorrevelación definitiva de Dios es el motivo fundamental
por el que la Iglesia es misionera por naturaleza. Ella no puede dejar
de proclamar el Evangelio, es decir, la plenitud de la verdad que Dios
nos ha dado a conocer sobre sí mismo» (Redemptoris missio,
5c).
Es, por tanto, contraria a la fe de la Iglesia la tesis que afirma el
carácter limitado de la revelación de Cristo, la cual encontraría
su complemento en las otras religiones. La razón de fondo de dicha
afirmación pretende fundarse en el hecho de que la verdad sobre
Dios no puede ser conocida y manifestada en su globalidad y totalidad
por ninguna religión histórica, por tanto ni siquiera por
el cristianismo ni por Jesucristo.
Esta posición, sin embargo, contradice las afirmaciones de fe según
las cuales en Jesucristo se da la plena y completa revelación del
misterio salvífico de Dios, mientras que la comprensión
del misterio infinito es siempre discernida y profundizada a la luz del
Espíritu de la verdad, que nos guía en el tiempo de la Iglesia
«a la verdad completa» (Jn 16,13).
Las palabras, las obras y todo el acontecimiento histórico de Jesús,
siendo limitado en cuanto realidad humana, tienen sin embargo como fuente
a la Persona divina del Verbo Encarnado y por ello portan en sí
la definitiva y completa revelación de sus caminos salvíficos
y del mismo misterio divino. La verdad sobre Dios no es abolida o reducida
por el hecho de haber sido expresada en lenguaje humano. Por el contrario,
permanece única, plena y completa, porque el que habla y obra es
el Hijo de Dios encarnado.
En conexión con la unicidad de la mediación salvífica
de Cristo se encuentra la unicidad de la Iglesia por Él fundada.
En efecto, el Señor Jesús constituyó su Iglesia como
realidad salvífica: como su Cuerpo, mediante el cual Él
mismo obra en la historia de la salvación. Así como existe
un solo Cristo, existe un solo Cuerpo: «una sola Iglesia católica
y apostólica» (cf. Símbolo de la fe, DS 48). El Concilio
Vaticano II dice al respecto: «El santo Concilio. enseña,
apoyándose en la Sagrada Escritura y la Tradición, que esta
Iglesia peregrina es necesaria para la salvación» (Lumen
gentium, 14).
Es, por tanto, errado considerar a la Iglesia como un camino de salvación
junto a aquellos propuestos por otras religiones, los cuales serían
complementarios a la Iglesia, bien que convergentes con ella hacia el
Reino escatológico de Dios. Se debe, pues, excluir una cierta mentalidad
indiferentista «marcada por un relativismo religioso que termina
por pensar que "una religión vale la otra"» (Redemptoris
missio, 36).
Es verdad que los no cristianos -lo ha recordado el Concilio Vaticano
II- pueden «conseguir» la vida eterna «bajo el influjo
de la gracia», si «buscan a Dios con corazón sincero»
(Lumen gentium, 16). Pero en su búsqueda sincera de la verdad de
Dios, ellos de hecho están «ordenados» a Cristo y a
su Cuerpo, la Iglesia (ver allí mismo). Se encuentran, por tanto,
en una situación deficitaria, si se compara con la de aquellos
que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los medios salvíficos.
Así se entiende que, siguiendo el mandato del Señor (ver
Mt 28,19-20) y como exigencia del amor a todos los hombres, la Iglesia
«anuncia, y tiene la obligación de anunciar incesantemente
a Cristo que es "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6),
en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en
quien Dios reconcilió consigo todas las cosas» (Nostra aetate,
2).
En la Encíclica Ut unum sint he confirmado solemnemente el propósito
de la Iglesia Católica por el «restablecimiento de la unidad»,
en la línea de la gran causa del ecumenismo que el Concilio Vaticano
II tuvo tan presente. Ustedes han contribuido, junto con el Pontificio
Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a hacer
posible el acuerdo sobre verdades fundamentales de la doctrina sobre la
justificación, firmado el 31 de octubre del año pasado en
Augsburg. Con confianza en el auxilio de la gracia divina vamos adelante
en este camino, aun si no faltan las dificultades. Nuestro ardiente
deseo de llegar un día a la plena comunión con las otras
iglesias y comunidades eclesiales no debe, sin embargo, oscurecer la verdad
de que la Iglesia de Cristo no es una utopía, que se debe recomponer,
con nuestras fuerzas humanas, a base de fragmentos actualmente existentes.
El decreto Unitatis redintegratio ha hablado explícitamente de
la unidad «que creemos subsiste, indefectiblemente, en la Iglesia
Católica y que esperamos que crecerá cada día más
hasta el fin de los tiempos» (n. 4)”
Nosotros, con el admirado, y siempre querido, Juan Pablo II, manifestamos
hoy de nuevo nuestra fe en Cristo. Y a la pregunta del Señor sobre
la opinión que la gente tiene de El, contestamos con toda firmeza
y seguridad: TU ERES EL CRISTO, EL HIJO DE DIOS VIVO, EL QUE TENIA QUE
VENIR AL MUNDO.

18-Agosto-2005 -- ACI Prensa Servicios de Noticias
JÓVENES DEL MUNDO RECIBEN A BENEDICTO XVI CON FIESTA EN
EL RHIN
COLONIA, 18 Ago. 05 (ACI).-Cientos de miles de jóvenes que se apostaron
en las orillas del río Rhin desde tempranas horas de la mañana
–algunos desde anoche– celebraron su primer encuentro con
el Papa Benedicto XVI en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud
(JMJ) Colonia 2005.
Para esta gran fiesta de encuentro con el sucesor de Pedro, se debió
cerrar el puente que cruza el río Rhin y une dos importantes estaciones
de tren de la ciudad. Nadie podía cruzar a pie o en tren el puente
hasta que terminase la celebración con el Papa.
Se pudo observar una gran delegación de jóvenes dentro de
la embarcación en la que iba el Santo Padre; y cinco embarcaciones
más pequeñas, cada una representando a uno de los continentes,
en donde los ocupantes estaban vestidos con trajes típicos representativos
de cada una de las regiones de sus respectivos países.
Una nota característica del multitudinario encuentro fue la gran
cantidad de banderas de países de todo el mundo, sobresaliendo,
entre otras, las de Alemania e Italia, que son las delegaciones más
grandes de esta JMJ: 105 mil jóvenes germanos y 100 mil italianos,
aproximadamente, participan de este evento mundial. El ambiente festivo
fue la nota característica de este encuentro y los jóvenes
no se cansaban de aplaudir y dar vivas al Santo Padre a su paso por el
río Rhin, cuyo recorrido estuvo siempre flanqueado por un mar humano
de jóvenes en ambas márgenes. Puede leer el mensaje completo
que el Santo Padre dirigió a los jóvenes a su paso por el
río Rhin
El Papa asegura a los jóvenes que la felicidad que buscan tiene
un nombre, Jesús
En el mensaje que les dirigió en su primer encuentro con ellos
en Colonia
COLONIA, jueves, 18 agosto 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI aseguró
en su primer encuentro con centenares de miles de jóvenes, congregados
en Colonia, en la tarde de este jueves, que la felicidad que buscan en
sus vidas tiene un nombre y un rostro, el de Jesús de Nazaret.
«Sólo Él da plenitud de vida a la humanidad»,
aseguró al leer un mensaje preparado con cuidado desde el barco
«Rhein Energie», navegando sobre las aguas del Rhin.
Los chicos y chicas, en clima de fiesta, enarbolando banderas de países
de todos los continentes, escuchaban sus palabras desde el mismo barco
o desde las orillas del río.
«Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad
que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el
de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía», les
dijo.
«Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay
de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección
para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación
del mundo», afirmó en el discurso que leyó en pasajes
en alemán, inglés, francés, castellano e italiano.
A bordo del barco iba una orquesta que, en momentos de silencio, interpretó
cantos de oración, algunos de ellos compuestos por la Comunidad
ecuménica de Taizé. Jóvenes vestidos con trajes típicos
de sus países rodeaban al Papa, quien iba acompañado por
varios cardenales y obispos.
Cinco barcos escoltaban la nave del Papa trasportando a jóvenes
de cada uno de los cinco continentes.
En estas Jornadas Mundiales de la Juventud, el Papa invitó a los
muchachos a esforzarse para «servir sin reservas a Cristo, cueste
lo que cueste».
«El encuentro con Jesucristo os permitirá gustar interiormente
la alegría de su presencia viva y vivificante, para testimoniarla
después en vuestro entorno», afirmó.
El Papa dirigió unas palabras especiales a los jóvenes que
le escuchaban y que no han recibido el bautismo, así como «a
los que no conocéis todavía a Cristo o no os reconocéis
en la Iglesia».
A todos les dijo: «dejad sorprenderos por Cristo. Dadle el “derecho
a hablaros” durante estos días. Abrid las puertas de vuestra
libertad a su amor misericordioso».
Durante los diez kilómetros de recorrido del barco, el Papa se
levantó en varias ocasiones para saludar a quienes le saludaban
con entusiasmo a su paso. En ocasiones, su rostro no pudo esconder la
emoción.
Tras desembarcar en el muelle Hohenzollernbrucke, el Papa se dirigió,
acompañado por los jóvenes que llevaban la Cruz de la Jornada
Mundial de la Juventud, a la catedral de Colonia, donde se conservan desde
1164, según una pía tradición, las reliquias de los
Reyes Magos.
ZS05081809

Benedicto XVI busca hacer redescubrir a Alemania
sus raíces espirituales
Según afirma en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de
Colonia-Bonn
COLONIA, jueves, 18 agosto 2005 (ZENIT.org).- Tras aterrizar este jueves
en Alemania, Benedicto XVI deseó que las Jornadas Mundiales de
la Juventud (JMJ) sirvan, entre otras cosas, para redescubrir el patrimonio
espiritual de las raíces cristianas de su país.
Le dieron la bienvenida en el aeropuerto Konrad Adenauer de Colonia-Bonn
el presidente alemán, Horst Köhler, así como el canciller
Gerhard Schröder, cardenales y obispos en representación de
la Iglesia en Alemania, y chicos y chicas que participan en las JMJ.
«El encuentro de muchos jóvenes con el sucesor de Pedro es
un signo de la vitalidad de la Iglesia. Me siento dichoso de estar entre
los jóvenes, de apoyar su fe y de animar su esperanza», afirmó
el pontífice en su discurso pronunciado en alemán.
«Al mismo tiempo --reconoció en medio de un fuerte viento--,
estoy seguro de recibir algo de los jóvenes, sobre todo de su entusiasmo,
de su sensibilidad y de su disponibilidad para afrontar los desafíos
del futuro».
El Santo Padre explicó que «todos los creyentes, y particularmente
los jóvenes, están llamados a afrontar el camino de la vida
buscando la verdad, la justicia y el amor».
«Es un camino cuya meta definitiva se puede alcanzar sólo
mediante el encuentro con Cristo, un encuentro que no tiene lugar sin
la fe», indicó.
«En este camino interior pueden ayudar los múltiples signos
que la amplia y rica tradición cristiana ha dejado de manera indeleble
en esta tierra de Alemania», indicó, citando, por ejemplo,
«los grandes monumentos históricos», «las innumerables
obras de arte diseminadas por su territorio», así como «los
conceptos filosóficos», «la reflexión teológica
de tantos pensadores» o «la experiencia mística de
una muchedumbre de santos».
«Es un rico patrimonio cultural y espiritual que, todavía
hoy, da testimonio en el corazón de Europa de la fecundidad de
la fe y de la tradición cristiana», aseguró en su
discurso, que fue interrumpido en varias ocasiones por los aplausos y
gritos de los jóvenes.
Poco antes, el presidente Köhler confesó en su saludo su emoción
«como cristiano protestante» al dar la bienvenida a un Papa
que es «alemán, es decir, uno de los nuestros».
Para el jefe de Estado su elección como Papa reviste importancia
histórica: «Tras el Papa de Polonia, que fue el primer país
invadido por Alemania en la Segunda Guerra Mundial, ha sido elegido como
sucesor de san Pedro alguien que forma parte de la llamada generación
de los "niños de la defensa antiaérea"».
Esta elección, añadió, «se ha entendido en
todo el mundo como signo de reconciliación y hoy puedo contar que,
tan sólo unos minutos después de su elección, el
primero que me llamó para felicitarnos fue el presidente polaco
[Aleksander] Kwasniewski.
Al saludar al presidente, tras su largo y profundo discurso, el Papa dijo
bromeando: «No sabía que un presidente fuera también
teólogo». La broma no sólo hizo sonreír a Köhler,
sino también a Schröder y provocó el aplauso de los
jóvenes.
El Santo Padre concluyó su discurso deseando: «Que Dios proteja
la República Federal de Alemania».
ZS05081808
El Papa a los periodistas: «Tratad de escribir cosas bellas»
Les confiesa su emoción antes de tomar el avión hacia Colonia
ROMA, jueves, 18 agosto 2005 (ZENIT.org).- Antes de volar a Colonia, en
el aeropuerto romano de Ciampino, Benedicto XVI confesó a los periodistas
presentes su emoción antes de encontrarse con los jóvenes,
«la fuerza de paz en el mundo» y les dio su consejo personal.
«Estoy profundamente conmovido por este encuentro con los jóvenes.
Un encuentro extraordinario entre los jóvenes de todas las culturas,
unidos en la búsqueda de la verdad, unidos bajo el signo de Jesucristo»,
dijo a los reporteros.
El papa reconoció que «estos jóvenes son la fuerza
de paz en el mundo».
Antes de despegar, ya en el avión, el obispo de Roma volvió
a encontrarse con los periodistas y les dijo: «Tratad de escribir
cosas bellas. Hagamos juntos una peregrinación tras las huellas
de los Reyes Magos».
ZS05081806
El Papa deja espacio a confidencias de juventud al visitar la
catedral de Colonia
COLONIA, jueves, 18 agosto 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI dejó
espacio a confidencias de juventud al visitar este jueves la catedral
de Colonia, en el encuentro con el que culminó su primer día
en Alemania, meta de su primer viaje apostólico internacional como
obispo de Roma.
Tras la fiesta de acogida que le dispensaron a orillas del Rhin los cientos
de miles de jóvenes que ya se encuentran en esta ciudad para participar
en las Jornadas Mundiales de la Juventud, el pontífice visitó
el templo, símbolo histórico de esta ciudad.
Al entrar, saludó a centenares de jóvenes con discapacidades
físicas o mentales, y después se detuvo en oración
ante la urna de las reliquias de los Reyes Magos, que según la
tradición son custodiadas en este lugar desde el año 1164.
Al salir del templo, tras escuchar el saludo del cardenal Joachim Meisner,
arzobispo de Colonia, quien tuvo que recurrir a todas sus capacidades
de orador para calmar el entusiasmo de los jóvenes, el Santo Padre
comenzó su intervención de manera espontánea, manifestando
los recuerdos que le unen a esta ciudad.
Como él mismo dijo, cuando era profesor de Teología en la
Universidad de Bonn, venía con frecuencia a Colonia y aquí
trabó amistades que durarían toda su vida.
En particular, mencionó al cardenal fallecido Joseph Frings (1887-1978),
arzobispo de la ciudad, quien le llevó como consultor teológico
a Roma para participar en el Concilio Vaticano II.
«Me siento siempre en casa en Colonia», aseguró, recordando
que también mantiene desde hace mucho tiempo una profunda amistad
con el cardenal Meisner, el organizador número uno de estas Jornadas
Mundiales de la Juventud.
Leyendo después el texto que había preparado, recordó
que Colonia ha sido cuna o testigo de grandes santos de la historia de
la Iglesia en Alemania y ha dado origen en tiempos recientes a grandes
iniciativas caritativas, como «Misereor», «Adveniat»,
«Missio» y «Renovabis», que «hacen presente
la caridad de Cristo en todos los continentes».
Tras la visita el Papa se detuvo ante las tumbas del cardenal Frings,
y del cardenal Joseph Höffner (1906-1987), otro famoso arzobispo
de Colonia, pionero en la promoción de la Doctrina Social de la
Iglesia, quien recientemente ha recibido el reconocimiento de «Justo
entre las naciones», ofrecido por Israel a quien ha arriesgado la
vida para salvar a judíos durante la segunda guerra mundial.
Tras el encuentro, el Papa regresó al arzobispado de la ciudad,
que se ha convertido en su sede en estos días.
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| LEMA:
“Si conocieras el don de Dios”
( Jn 4,10-11 ) |
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Preside:
Excmo y Rdmo D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Oviedo
Organiza:
El Movimiento de Adoración Perpetua; A.R.P.U con la colaboración
de grupos eucarísticos y de Oración, y de los seminaristas
y varias entidades de la Archidiócesis.
Comisión organizadora:
Archidiócesis de Oviedo, presidida por el Señor Arzobispo
de Oviedo.
Destinatarios e invitados:
PUBLICO EN GENERAL

PROGRAMA
Lunes 12 de septiembre
22:30 h. SANTA MISA en el Templo de Santa María Real de la Corte.
( C/ S. Vicente ).
Martes 13 de septiembre_
09: 00 h. LAUDES SOLEMNES ANTE EL SANTÍSIMO
Lugar: Parroquia de S. Francisco de Asís ( Plaza de la Gesta )
09:30 h. PRESENTACIÓN DEL CONGRESO
Rvdo. D. Laurentino Gómez Montes. Consiliario General de A.R.P.U.
Lugar: Auditorio Príncipe Felipe
10:00 h. SALUDO Y PONENCIA DEL SEÑOR ARZOBISPO
DE OVIEDO, EXCMO. Y RVDMO. D. CARLOS OSORO SIERRA.
PONENCIA: “La Eucaristía, un don
para comprender y acoger” .
Lugar: Auditorio Príncipe Felipe
12:00 h. PONENCIA: “La Eucaristía,
un don para celebrar”.
Rvdo. José Antonio Sánchez Cabezas, profesor de Teología
en el Seminario de Oviedo.
Lugar: Auditorio Príncipe Felipe
ORACIÓN ANTE EL SEPULCRO DEL EXCMO D. JUAN BAUTISTA LUIS PÉREZ,
OBISPO DE OVIEDO Y COFUNDADOR DE ARPU
VISITA A LA CATEDRAL DE OVIEDO (CLAUSTRO, CRIPTA, CEMENTERIO DE PEREGRINOS...
14:00 h. ALMUERZO EN EL GRAN HOTEL ESPAÑA
( C/ Jovellanos, 2)
16:30 h. Salida hacia Gijón ( autocares desde la Plaza Juan XXIII
).
VISITA A LA CIUDAD DE GIJÓN EN LOS AUTOCARES
18:30 h. ORACIÓN ANTE EL SEPULCRO DEL MÁRTIR D. JOSÉ
LLES SEGARRA COFUNDADOR DE A.R.P.U (IGLESIA DE S. JOSÉ, GIJÓN).
19:30 h. SANTA MISA EN LA BASÍLICA DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
( presidida por Excmo. Rvdmo. D. Carlos Osoro Sierra )
21:30 h. CENA EN EL RESTAURANTE “LES CABAÑES”
(Campa de Torres)
Miércoles 14 de septiembre
09:00 h. LAUDES SOLEMNES ANTE EL SANTÍSIMO
Lugar: Seminario Metropolitano de Oviedo.
10:00 h. PONENCIA: “La Eucaristía
un don, recibido de María”.
Rvdo P. José Cristo Rey García-Paredes, teólogo.
Lugar: Auditorio Príncipe Felipe
12:00 h. PONENCIA: “La Eucaristía un don, para la misión”.
Excmo. y Rvdmo D. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, Obispo
Auxiliar
de Oviedo.
Lugar: Auditorio Príncipe Felipe
13:30 h. ALMUERZO EN EL GRAN HOTEL ESPAÑA ( C/ Jovellanos, 2)
15:00 h. Salida de autocares (Plaza Juan XXIII) para el Monte Naranco.
ORACIÓN ANTE LA IMAGEN DEL CORAZÓN DE JESÚS.
A continuación, visita a los monumentos prerrománicos de
Santa María la Mayor y de S. Miguel de Lillo. Seguidamente, salida
para Covadonga.
18:30 h. SANTA MISA EN LA BASÍLICA DE COVADONGA.
PROCESIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO HASTA LA SANTA CUEVA
BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO (en la santa cueva).
21:00 h. CENA EN EL RESTAURANTE EL BRICIAL (SOTO
DE CANGAS)
Jueves 15 de septiembre
09:30 h. LAUDES ANTE EL SANTÍSIMO EXPUESTO
Lugar: Iglesia Parroquial de Santa María Real de la Corte ( C/
San Vicente )
10:00 h. PONENCIA:
“La Eucaristía, un don para adorar”.
Oviedo.
Lugar: Iglesia Parroquial de Santa María Real de la Corte ( C/
San Vicente ),
12:00 h. MISA DE CLAUSURA Y ENVÍO DE LOS
ADORADORES. PRESIDE D. GABINO DÍAZ MERCHÁN ARZOBISPO EMERITO
DE OVIEDO. Concesión de Indulgencia Plenaria
13:00 ORACIÓN PENITENCIAL ANTE EL SANTO SUDARIO EN LA CAMARA SANTA
(Dos turnos) BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO
Lugar: Catedral de Oviedo.
14:00 h. ALMUERZO EN EL GRAN HOTEL ESPAÑA ( C/ Jovellanos, 2)
PARA INSCRIPCIONES, DIRIGIRSE A:
Laurentino Gómez Montes, Consiliario Nacional.
Parroquia de Santa María la Real de la Corte
C/ San Vicente, s/n.
33003 OVIEDO
Tlfno: 985 08 35 55 - 985 20 25 55.
Fax: 985 08 3 555 (Previo aviso)
E-maíl: adoracionarpu@telecable.es
PONENTES:
Excmo. y Rvdmo. D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Oviedo.
Excmo. y Rvdmo. D. Gabino Díaz Merchán, Arzobispo Emérito
de Oviedo.
Excmo. y Rvdmo. D. Cecilio Raúl Berzosa Martínez, Obispo
Auxiliar de Oviedo.
Rvdo. P. José Cristo Rey García Paredes, teólogo.
Rvdo. D. José Antonio Sánchez Cabezas, profesor del Seminario
y párroco de Turón.
Rvdo. D. Laurentino Gómez Montes, párroco de Sta. María
Real de la Corte.
DIVERSOS
PARTICIPANTES:
José María Carro Albeira, poeta
Iñaki y Jonatan Sánchez Santianes, gaita y tambor.
Iris Uría Fernández, Diplomada en Turismo y en Arte.
Actuación de varios músicos y masas corales de Oviedo y
Gijón.
Seminaristas de la Archidiócesis.
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