Reflexiones entre amigos
Revista semanal elaborada por:
MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO
10 DE ABRIL
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DOMINGO TERCERO DE PASCUA
Cuando no puedas trotar, camina
Cuando no puedas caminar, usa el bastón
Pero nunca te detengas
 
SIN HERENCIA RELIGIOSA
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“Se les abrieron los ojos y le reconocieron” (J.Antonio Pagola)

Si hoy a bastantes les cuesta creer es porque nunca han tenido una experiencia una experiencia personal un poco viva de Dios. Es significativo lo que está ocurriendo en los jóvenes. Muchos De ellos están creciendo en medio de un “vacío religioso” desolador.
James Mc Auley llama a esta situación “la generación de los desheredados”.

Jóvenes que se han quedado “sin herencia religiosa” pues apenas han recibido, ni de la familia ni de la sociedad, experiencia religiosa alguna. Según un profesor australiano, muchos de ellos “ya no niegan ni dudan; simplemente, no tienen ni idea”.

No es verdad que los jóvenes estén abandonando la fe. Lo que sucede es que en muchos de ellos la fe difícilmente puede brotar. ¿Cómo puede llegar a creer un joven que en casa sólo ha conocido silencio e indiferencia religiosa, que en la televisión no ve sino burla y críticas a una religión ridícula. Lo que necesitan estos jóvenes es a alguien que les ayude a descubrir a un Dios Amigo, en el hondo de su corazón. Lo importante no es tratar de imponerles obligaciones religiosas que no pueden “entender”, sino tratar de ayudarles a comunicarse con Cristo. Esta es la gran responsabilidad de la Iglesia:
ofrecer al hombre y la mujer de hoy la posibilidad de vivir una
experiencia de nuestro encuentro gozoso con Dios. Todo lo demás viene después.

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ES EL SEÑOR (Jn 21, 1-19)
 


El domingo pasado, aquellos que eran amigos y apóstoles, estaban con las puertas
cerradas a cal y canto…..hoy tímidamente y al aire libre.

Aquel día paralizados y petrificados por el miedo….hoy más sueltos aunque sin tener
demasiado claras las ideas.

Entonces asustadizos por los acontecimientos que se habían dado en Jerusalén….
en este instante vueltos a la normalidad en su ser pescadores.

Estaban tan acostumbrados a vivir al calor y al amparo del Maestro que se habían
olvidado hasta de trabajar para vivir y, cuando regresan a lo de siempre, la suerte
les da la espalda: ¡no hemos pescado nada!

¡Cuántos momentos y sucesos entrañables les vendrían a la memoria de aquellos
hombres!; tormentas calmadas, Pedro sobre las aguas, la pesca milagrosa…… todo,
pensaría alguno para sus adentros, fueron horas felices que quedaron para siempre
en el pasado:

-Allá en el mar de Galilea Jesús los constituyó en el grupo de los “doce”.

-En la arena sus ojos se cruzaron con los de Jesús... oyeron su voz y, dejándolo todo,
lo siguieron.

-Al murmullo de las aguas, tranquilas pero llenas de vida, contemplaron absortos la
multiplicación de los panes y de los peces.

Uno a uno, ¡ ay si hablase Tiberiades!, repetiría la misma propuesta con la misma
respuesta:

¡SEGUIDME! ... ¡CONTIGO IREMOS SEÑOR!


Y, en el amanecer, cuando aquellos amigos que parecían vencidos por una pesca
estéril e infructuosa, cuando el silencio era tenso por la ausencia de Aquel que en
el corazón estaba presente…. de nuevo suena la misma voz con llamada al ánimo y
a la esperanza, a la insistencia y al desafío:

¡ECHAD DE NUEVO LAS REDES!

-Lo desconocido se hace amigo
-Los ojos cansados se transforman en asombro
-El ayer, de repente, se actualiza, se retoma…..¡amanece con el Señor!.
Y se rompen y se dinamitan, una vez más, esquemas y redes, sayales y olas,
tristezas y sufrimientos, dudas y noches oscuras.

¡AL AMANECER, UNA VEZ MÁS, JESÚS LO HACE TODO NUEVO!

En el amanecer de aquel día, el intuitivo Juan, supo reconocer al que en una
mesa de Jueves Santo le dejó que reclinase en su pecho. ¡Es el Señor!

Y los gestos se repetían con la complicidad de los que nunca jamás olvidaron.
Después de “cortarse el fuego” amanece, Jesús, como una luz frente a la oscuridad.
Sin su presencia todo esfuerzo habría sido en balde.
Con su aparición toda expectativa se queda corta.

¡ES EL SEÑOR!

!A pie de tierra, el Resucitado (que habla y bendice, indica y comparte) que
tiene mucho de Señor y otro tanto de “siervo mayor” se sienta y los hace sentar
a los que un día llamó en ese mismo lugar para que descubran en la amabilidad y
en la afabilidad, en la sencillez y en el servicio, en la amistad y en el compartir…..
sigue tan vivo como aquella primera vez….como la primera vez de aquel encuentro
inolvidable en el lago.

¡ES EL SEÑOR!

Y la noche que infundía temor y cólera, abatimiento y desesperanza se transforma
en una jornada resplandeciente e iluminada por la presencia de Aquel que, una vez
más, les sorprende, les llena y les habla con palabras y gestos de amigo.

¡ES EL SEÑOR!

Y con el Señor las cosas toman un cariz totalmente distinto. El trabajo se convierte
en misión y la iglesia, a pesar del cansancio, retoma el impulso perdido sabiendo que,
cuando Cristo está en el centro, nada es imposible para Aquel que la sostiene.

¡ES EL SEÑOR!

¿Con qué signos se acerca hoy el Resucitado hasta nosotros?

-No con redes o seminarios rebosantes de peces o llamados al sacerdocio…..y sí con
rostros cargados de tristezas y de miserias. Con rostros doloridos por fracasos e
incomprensiones, luchas y desatinos, dejadez o desencanto.

-No con brasas o dinámicas de trabajo en las que a veces nos malgastamos y nos
empeñamos en una agenda interminable……y sí con una llamada seria a ser iglesia,
mejor iglesia, con menos círculos cerrados y alejándonos de la imagen de un simple
cortijo donde unos pocos dirigen y los demás bregan y dejan la piel en la pesca
(cada día más difícil) de ese mar inmenso que es el mundo que nos rodea.

-No en lagos, barcas o reuniones que ponen al descubierto diferencias y discrepancias
y siempre con más de lo mismo....y sí con una lectura reposada de su Palabra,
con una vuelta a su Evangelio, con una sinceridad de vida, con un trabajar más y
más horas en favor de su Reino, con un bajar a la realidad y a la vida de tantos que
siguen remando mar adentro pero necesitados de palabras de aliento y de consuelo.

¡ES EL SEÑOR!

Malo será que, por estar tan pendientes del micrófono y de las luces, de las flores y
de las convocatorias, de los departamentos y de tanto montaje……olvidemos que el
Señor nos exige y nos invita echar las redes hacia otras direcciones.
Vayamos a la Galilea de la vida de cada día.

Javier Leoz

 

A propósito del Evangelio del día: AL PARTIR EL PAN

El relato evangélico de hoy dice precisamente que aquellos dos discípulos que, descorazonados y desengañados, caminaban hacia Emaús, conocieron a Jesús al "partir el pan".
Conocer a Jesús y cambiar el sentido de su ánimo, fue todo uno.
La angustia desapareció y fueron conscientes de que, mientras caminaban con aquel desconocido que les iba explicando las Escrituras, sus corazones ardían. La reacción no se hizo esperar: se levantaron al instante y volvieron hacia Jerusalén, la misma ciudad que habían abandonado tristemente.
Los cristianos tenemos un momento en el que partimos el pan y oímos las Escrituras: es la Misa.
U/ CAMINO-EMAUS
Y ¿se han fijado ustedes en los asistentes a las Misas de la mayor parte de nuestras iglesias?
 
 -En gran medida, llegan a la hora justa y se acomodan resignadamente,
con mentalidad de acudir puntualmente para cumplir una obligación.
-Escuchan con aire distraído, y mirando sin disimulo el reloj, el sermón que toca
y que difícilmente podrían repetir al salir de la iglesia, porque posiblemente han
aprovechado ese momento para pensar tranquilamente en algo que les interesaba
mucho más que aquello que decía el predicador de turno. En defensa de los asistentes
y en honor a la verdad, habría que decir que, en demasiadas ocasiones, esta actitud
está plenamente justificada, porque un gran número de sermones no dicen nada a
quienes los escuchan y aquellos que los dicen hacen gala de no poseer la mínima
posibilidad de establecer contacto con el auditorio.
-Muchos no participan en la partición del pan.
-Casi todos, con la última bendición en los talones, abandonan la iglesia y cierran
tranquilamente esa página dominical, para volverla a abrir el domingo siguiente,
sin que, posiblemente, en sus vidas tenga la menor trascendencia.
Habría, por tanto, que intentar seriamente que el cristiano viviese el encuentro
semanal con Cristo como algo trascendente en su vida religiosa, como el momento
más importante del día, ese momento que deje en cada uno de nosotros la misma
impresión indeleble que el encuentro con Cristo dejó en los discípulos de Emaús
y por las mismas causas.
Caer en la indiferencia, y aun en el pesimismo, es algo que está al alcance de
la mano.
Renovar semanalmente el impulso que nos hace seguir a Jesucristo es algo
importantísimo.
Eso podría conseguir la Misa si la despojamos de su carácter jurídico para convertirla
en un encuentro deseado y vivido que nos haga salir corriendo al mundo para
contarle la gran nueva que los de Emaús dieron a los discípulos de Jerusalén:
es cierto que Jesucristo ha resucitado.
Y si esto es cierto, los cristianos no nos hemos equivocado al elegirlo a El
como Señor de nuestra existencia y modelo de nuestra vida.
Si es cierto que Jesús ha resucitado, podremos superar el pesimismo y el desaliento
y encontrar, cada vez que nos encontremos con Cristo al partir el pan, la respuesta
para tantas preguntas que, sin duda, se nos plantearán a nuestro alrededor y la
fuerza para hacer realidad el contenido de esas respuestas.
No creo que haya un ejemplo más palpable de lo que debieran ser nuestras
Eucaristías que el relato evangélico de hoy. Cualquier parecido de este relato con la
realidad que vivimos los domingos la mayor parte de los cristianos es, por desgracia,
pura coincidencia.
 
En torno a Emaus (Luc. 24,13-35) Laurentino
 

Tu te muestras como amigo
de los que van de camino,
de quienes siguen el sino
de amarte y acompañarte.
No puede, Señor, gozarte
quien no va a ninguna parte,
ni puede tampoco hallarte
quien no parte ni comparte
la hogaza de pan y el vino.

Quédate, Jesús, conmigo
cuando fenece la tarde,
no permitas el castigo
que es no caminar contigo
y poder abandonarte.
Si emprendo al fin el camino
que no va a ninguna parte,
no me permitas dejarte
en un fatal extravío.

Cuando me llegue la hora
de “partir a mejor parte”
y me encuentre ya rendido
o me cueste amar y amarte,
hazte amigo y peregrino
para lograr, Jesús mío
aquel hermoso destino
radiante y definitivo,
de estar contigo y amarte.


Compañero peregrino

Señor, descubramos tu semblanza sin par:
en el pan, en el vino
en el otro, en el hablar,
en el arduo caminar.
Porque tu eres camino,
gozo, verdad y destino,
no te alejes de nosotros
y alivia nuestro pesar.

Tarde añorada(Laurentino)
En la aldea de Emaus,
En una tarde añorada,
Se hizo presente Jesús
en el partir de una hogaza.
En cada Misa también

Se hace presente Jesús:
en el pan y en la Palabra
y en su gesto de la Cruz.
Tomad y comed mi pan;
compartid vino y Palabra;
haced lo que hizo el Señor
celebrad así su Pascua.

Laurentino

Hermoso tiempo pascual,
de flores gran primavera;
sol de luz excepcional
de incomparable belleza
que disipas la tiniebla
y sacias de amor y paz

Laurentino

 

Carta Pascual: Hoy les toca a los niños de primera Comunión


Queridos niños:


Se nos hecha ya encima el día grande, el día feliz de la primera comunión.

¿Os parasteis a pensar por qué es día grande y feliz, y uno de los más importantes
de vuestra vida? A ver si hoy os “paráis” y me contestáis por escrito las razones de
por qué ese día es tan hermoso y tan dichoso.

Os quiere mucho vuestro párroco.
Laurentino

Chistes de niños: Niña, ¿eres tú la que tiene una
hermana muy bonita?
- No, es mi hermana.
Niño extraviado: -Pero dime, al menos, ¿cómo se
llaman tus padres?
-Papá y mamá.
 

A su mesa nos convida


Dios me convida a su mesa
con Él como codo a codo,
¡qué gran honor, que ocurrencia
que se me entrega del todo
en su gran manjar de vida!.
Con este convite expresa
su intimidad y su modo
de extrema delicadeza,
su grandeza y su decoro,
hechos Palabra y Comida

Laurentino
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COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DÍA

La reunión no podía estar más animada. Los de Emaús cuentan y no acaban.
El Caminante, después de una autorizada catequesis sobre el Mesías, con las
Escrituras al fondo, se les ha manifestado de un modo familiar: "en el partir el pan".
Y, a pesar de sus palabras y de su talante optimista y alegre, entusiasta quizás,
los demás discípulos siguen tristes, cariacontecidos, desanimados.
La aparición de Jesús ni les da seguridad, ni les quita las dudas. Creen ver un
fantasma.
No se fían ni de ellos mismos.
Frente a esa actitud, por lo demás lógica, el Señor les va a ofrecer dos signos
permanentes de su presencia y lo que con ella quiere en sus Apóstoles y en todos
nosotros.

PRESENCIA/ SIGNOS

-PRIMER SIGNO: UNA COMIDA FRATERNAL


Es curioso lo que supone en la vida de Jesús la comida como signo de fraternidad,
expresión de amistad y ocasión para comunicarnos su mensaje.
Comiendo con publicanos y pecadores nos revela para quién ha venido; en una
comida de cierto rango social acoge a la pecadora y la defiende, mientras que al
anfitrión le pide cuentas por no haber cumplido unas normas elementales de
cortesía que para él, en ocasión distinta, son totalmente secundarias;
en otra comida, a la que él se invita, nos revela que con él ha entrado
también la salvación a aquella casa; en una comida singular -la cena
última con los suyos- Jesús nos adelantará su entrega, la perpetuará en
un sacramento, tendrá para con los suyos las más hondas expansiones y
nos dejará aspectos fundamentales de su mensaje.
Y será precisamente en varias comidas en las que Jesús se aparecerá a los suyos
y los hará partícipes de su Resurrección, de manera que el propio Pedro lo recordará,
años más tarde, en uno de sus sermones:
"Nosotros, que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre
los muertos" (Hechos 10, 41).
Jesús en esta ocasión pide de comer para así fortalecer su fe, quitar sus
miedos y traspasarles su paz. La sencillez, la cercanía, el diálogo, la
fraternidad, son en Jesús - y deberían ser en nosotros- signos
de una vida nueva.

-SEGUNDO SIGNO: APERTURA A LA PALABRA DE DIOS

Es otra de las constantes de Jesús Resucitado con sus Apóstoles:
abrirles el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
Le preocupa al Señor el que los Apóstoles encuentren sentido al
pasado inmediato que tanto les afecta. Por eso tanto a los de Emaús en el
camino, como a todos juntos en esta ocasión, "comenzando por Moisés y
siguiendo por los Profetas, les explicó lo que se refería a El en toda
la Escritura" (Lc. 24,27).
La obsesión de Jesús es que los discípulos comprendan el significado
de la Cruz, de su Pasión y de su Muerte. Que comprendan que la historia
de Israel, que es historia de salvación, pasa por la muerte del Hijo de Dios.
Que comprendan que el "fracaso" del Viernes Santo no es fracaso para la
muerte, sino condición de Vida, "paso" necesario de este mundo al Padre
para él y para todos nosotros.
Todo lo ocurrido no sólo estaba previsto, sino que estaba anunciado.
La gran lección que les da Jesús -que nos da- es que él se nos presenta
como el centro de toda la Escritura. Hasta El toda ella fue preparación
para su venida. Tras El, todo será consecuencia de su Muerte y de su
Resurrección, de su Vida y de su Mensaje.

-LA RESURRECCIÓN,(RS/ PERDON) LA PASCUA DE JESÚS, SIGNO Y FUENTE
DE PERDÓN UNIVERSAL.


Es el mensaje común a las tres lecturas del presente domingo y en
las tres aparece la relación Resurrección-perdón.
"Dios cumplió lo que había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que
padecer. Por tanto, arrepentios y Convertíos" (Hechos).
"Si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo"
(1. Juan, 2, 1).
"Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará... y en su nombre se
predicará la conversión y el perdón a todos los pueblos" (Lc. 24, 26).
La Resurrección de Jesucristo universaliza el perdón y abre la perspectiva
estrecha y localista de los Apóstoles.
La Eucaristía (significada por la comida), la Palabra y el Perdón ya no van a
ser patrimonio de unos pocos, signos de distinción de un pueblo determinado.
Jesucristo quiere que se prediquen a todos los pueblos y ésta será, desde
ahora, la tarea de los Apóstoles.
Y este triple motivo será el que semanalmente nos reúna a los cristianos,
en el Día del Señor, en la Pascua semanal, cuando todos juntos celebremos
el Perdón, nos abramos a la Palabra y ofrezcamos al Padre el Sacrificio
Eucarístico de Jesucristo Resucitado.

Llenos de miedo.-la presencia del resucitado disipa los miedos. La ausencia
de Dios es razón para el miedo, la presencia y, sobretodo, constatarle vivo,
resucitado, disipa todos los miedos.
En resumen: el temor estaría en la falta de intimidad( Eucaristía, en la
falta de Palabra y en la deficiencia de perdón). El episodio de Emaús narrado
con detalle nos centra en la alegría de la presencia del Resucitado,
en la Palabra y en la Mesa (Eucaristía).

 
Tercer Domingo de Pascua
De nuevo se apareció Jesús a sus amigos, después de resucitar y les
saludo con las mismas palabras:
¡La paz sea con vosotros! Ellos seguían medio desconcertados.
Jesús continuó diciendo: ¡No tengáis miedo. Soy yo.
Si tenéis algo para comer vamos a compartirlo!
Y comió con ellos un trozo de pescado a la brasa.
Poco a poco iban aceptando que Jesús había resucitado y
empezaban a quitarse miedos y tristezas.
 
LA SANGRE DE UN INOCENTE

Anoche Soñé
que los vientos no soplaban,
que los niños no reían,
que las aves no volaban,
que los hombres no sentían.

Anoche soñé
con un mundo cruel;
Y a la luz del día,
no desperté;

Y a la luz del día
me pregunté:
¿Dónde la vida?
¿Dónde la fe?
Cuando a los niños matamos;
Cuando a los cantos callamos;

Cuando los hombres no luchamos;
Cuando los hombres no amamos.
¿Dónde la vida?,
¿Dónde la fe?.
Cuando la sangre del pobre
se roba, se vierte;
Cuando se compra y se vende
el sufrimiento del inocente.
Cuando la vida no vale nada
y la guerra esta presente.

¡Maldito mercader de la muerte,
todo hombre indiferente,
insensible a tanto dolor!
porque niega al Dios de la Vida,
porque niega al Dios del Amor.

 
 
3º Domingo de Pascua por José Cristo Rey

¿En favor de la vida?


La Resurrección de Jesús nos trae una luz nueva que nos permite "ver"
de un modo diferente. Esa luz denuncia las obras de las tinieblas.
Como portavoz de la Resurrección, Pedro en uno de sus primeros discursos
denunció al pueblo judío: ¡entregasteis al siervo del Dios de nuestros padres,
lo rechazásteis, pedisteis en cambio el indulto de un asesino, hicisteis cambiar
a Pilatos su decisión, cuando ya tenía decidido soltar a Jesús".
Lo más duro que Pedro les dice es: "¡Matasteis al autor de la vida!".
Pedro reconoce que este pueblo es un pueblo que asesina la Vida misma.
Pedro se juega también la vida al ser tan claro.
Sin embargo, se muestra enormemente comprensivo: "Lo hicisteis por ignorancia
y vuestras autoridades lo mismo".
Resuenan en estas palabras de Pedro, aquellas otras de Jesús un poco antes
de morir: "¡Padre, perdónalos, pues no saben lo que hacen!".
Con ésto se desvela un drama de cualquier ser humano: podemos ser asesinos,
sin darnos cuenta. Y ¡benditos aquellos que nos lo hacen ver!
Nos ocurre con frecuencia: mientras por una parte defendemos la vida, por otra
nos brotan sentimientos asesinos hacia aquellas personas que no son de nuestro
agrado o que nos amenazan.
Para defender la vida -en todo momento y circunstancia- se hace necesaria una
fuerte espiritualidad, una sensibilidad divina, que nos permita cuidar la vida en todas
sus expresiones: en la natur aleza, en la humanidad, en la historia.
Es probable que no pocos cristianos no se sientan demasiado apesadumbrados
por las muertes de esta última y "exitosa" (según no pocos) guerra de Irak.
Es probable que a no pocos apenas les quieten del sueño las ejecuciones sumarias
de Cuba o los atentados suicidas y homicidas de Israel.
¡Estamos amenazados de muerte! ¡Estamos siendo solicitados, constantemente,
a ser cómplices de unas muertes u otras!
Quizá votemos a favor de ciertas muertes... ¡Eso sí! ¡Por ignorancia!
La cuestión es: ¿y cómo salir de la ignorancia?
Yo veo en nuestro mundo "demasiada ideología", de derechas y de izquierdas.
Cuando una persona está ideologizada "no puede ver con claridad".
La ideología nos hace ignorantes, arbitrarios, unilaterales, partidistas.
Dios Padre no quiso dejar impune el gran crimen, el gran asesinato.
No respondió matando, dando muerte.
Fue más "Padre-Madre" que nunca: ¡dio la vida!
Resucitó e inauguró con su Resucitado la resurrección de los muertos que nos ha
sido prometida a todos nosotros.
Jesús es la víctima de propiciación por nuestros pecados, por los pecados del
mundo entero.
Jesús, en cuya muerte hemos sido todos cómplices -de una u otra forma- es nuestra
vida, nuestro perdón. Podemos estar "en Él", si creemos en Él, si lo acogemos en
medio de nuestra ignorancia, si creemos en su presencia.
El anuncio de Jesús resucitado sigue siendo un anuncio al que se le presta poca
atención y poca fe.
Nos parece -en el fondo- increíble. Quizá lo acogemos como metáfora, como deseo,
como sueño bello... como justificación de nuestro sistema religioso.
En el fondo de nuestro corazón, quedan las dudas: ¿habrá algo después de ésto?
¡quién sabe! Vivimos con más emoción el tiempo cuaresmal y de pasión, que el tiempo
de la Pascua. Sin fe, la Pascua es como una celebración de la primavera o del mito
del eterno retorno de las estaciones.
Sin fe, la Pascua es un vestido blanco que nos ponemos, para después afrontar las
tristezas que nos acometerán en un futuro previsible.

La fe no es simplemente creer; es la experiencia de lo increíble.
Es mística. Es una especie de cristo-patía.
El Resucitado se muestra, entra en nuestro ser como una "Paita", como algo
irresistible, como un contagio divino. Creer en la resurrección es tocar el cielo,
es superar las dudas, es verlo todo "claro".
Para ser testigo, no solo hay que saber, hay que experimentar.
¡Cuánto nos queda para poder contribuir a la fiesta de la Resurrección!

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