Reflexiones entre amigos
Revista semanal elaborada por:
MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO

03 DE ABRIL

FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Inicio
Quiénes somos
Contáctanos
DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA
Cuando no puedas trotar, camina
Cuando no puedas caminar, usa el bastón
Pero nunca te detengas
 
Pascua Florida
........................................................
Si quieres música haz click AQUÍ!......................................

Pascua es la “primavera en flor” de nuestra Iglesia y del mundo, por eso siempre se la llama y se la llamó popularmente “Pascua Florida”.

El contemplar la vitalidad y el de la floresta y de los árboles frutales, nos facilita la comprensión del brotar de vida que trae cada pascua.
¡Que la Iglesia se llene de lozanía pascual y de flor primaveral para el fruto que ella puede aportar, hoy tan necesario.
En este domingo de la Divina Misericordia pedimos al Señor las mejores gracias

REFLEXIONES EN TORNO A LA PASCUA


INTRODUCCIÓN

La pascua es paz, es alegría, es perdón(el triunfo de la misericordia), es misión...es domingo por antonomasia que tiene su homologación en el resto de los domingos del año (todos ellos pascua).
Es alegría y paz porque el mal no tiene la última palabra- a la sin-razón le sigue la razón - a la noche, el día - al mal, el bien- a la tristeza, el gozo – a la injusticia, la justicia –al pecado, el perdón- al egoísmo la entrega-al odio, el amor- a la muerte, la vida . La savia pascual genera juventud, dinamismo, capacidad de lucha y esperanza sin fin.

LA PRUEBA DE LAS LLAGAS:
Jesús quiso conservar sus llagas, como trofeo y memorial-como prueba y regalo- como enseñanza y signo de amistad. Contemplando las llagas de Cristo, aprendemos muchas cosas de su misterio. Acercándonos a las llagas de Cristo, nos purificamos y nos encendemos. Asomándonos a las llagas de Cristo, nos transformamos y nos enamoramos. Entrando en las llagas de Cristo descansamos.
La devoción cristiana, los teólogos y los místicos han aludido mucho a las llagas (estigmas) de Jesús.
Las llagas de Cristo son argumento de fe. Tomás exclamó: “Señor mío y Dios mío”.
Las llagas de Cristo son motivo para la oración. Nos invitan a la confianza, a la alabanza, al agradecimiento, a la unión con Dios.
Las llagas de Cristo son fuerza para el sufrimiento. En ellas encontramos gracia y fortaleza.
Las llagas de Cristo son hoguera de amor. A ellas nos acercamos para poner un poco más de fuego en nuestro frío corazón, que amor con amor se paga. Y nuestro amor nos llevará al compromiso y la entrega, como la de Cristo, hasta la sangre.
¡Que podamos mostrar nuestras manos estigmatizadas de haber bendecido y haber hecho bien a mansalva Y podamos mostrar nuestros pies llagados de tanto caminar al encuentro del hermano y a la realización de la evangelización y del bien, como Cristo en el evangelio de este día!

Laurentino

..................................................
Canto a la Pascua
 




 

Mañana de poesía
gran alborada pascual;
aurora de lozanía
de perfume y de alegría
del cielo, puerta y umbral.

Hermoso fluir de savia
en nuestra vida eclesial,
en el letargo invernal
que añora flores y vida
para un gran fruto estival.

Anticipo emocional
de la tierra prometida;
retoño primaveral
de victoria sobre el mal
del Señor, Pascua florida.


Laurentino

 
 

DOMINGO II DE PASCUA, DIA DE LA MISERICORDIA


Esta jornada fue establecida por el Papa hace poco tiempo, cuando canonizó
a Sta Faustina. María Faustina Kowalska fue declarada Santa el 30 de abril, 2000.
El Santo Padre anunció que en adelante, en la Iglesia universal, el Segundo
Domingo de Pascua se conocerá como el Domingo de la Misericordia Divina.

La imagen:
"Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que
justifica las almas. EL rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas…".
"Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando
Mi Corazón agonizado fue abierto en la cruz por la lanza."
"Estos rayos protegen a las almas de la indignación Mi Padre. Bienaventurado quien
viva a la sombra de ellos, por que no le alcanzará la mano justa de Dios." (Diario 299)
La imagen también nos recuerda que la salvación no es sólo por la fe, pero por obras
y caridad también. Hay que tener fe para ver y creer en lo que significa la Imagen,
la Divina Misericordia derramándose de Cristo en la Cruz, pero hay que ser misericordioso,
el amor que va más allá los estrictos requisitos de la justicia, para atraer la Misericordia
hacia sí mismo. " Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los
que nos ofenden" (Mt 7:2).
La imagen del costado traspasado de Jesús derramando sangre y agua nos recuerda
que la Cruz, el amor en acción es el precio de la misericordia. " Que, como yo os he
amado, así os améis los unos a los otros." (Jn 13:34) .

    2º Domingo de PASCUA CICLO A
La fe no se resume en creer aquello que no vemos, vamos, que creo que
Tomás, siguió, durante su vida, echando mano de su fe, pobre, como la de todos
los mortales, para vivir la resurrección de Jesús.
La fe no es creer en una experiencia mental o racional. Es otra cosa.
Fe es enamorarse ¿quién te asegura que amas y te aman?
Fe es esperar lo bueno, aun cuando no se ve más que malo.
Fe es levantarse todos los días, incluso los más grises, con la esperanza de la luz,
escrita en la mirada.
Fe es retomar cada día la ilusión de un futuro mejor, aun cuando el pasado dice que
el presente está muy negro.
Fe es esperar cada día que la vida y el bien triunfen ...
Fe es decir que Jesús ha resucitado, y al menos, en el futuro el reino es posible.
¿FE?
Esperanza y amor activados y activos.
Besos, Jesús, Señor mío y Dios mío.

Casimiro
El misterioso «big bang» del origen del cristianismo
Entrevista con el vaticanista Andrea Tornielli, autor de un libro sobre la
resurrección.

ROMA, domingo, 27 marzo 2005 (ZENIT.org).- Sin la resurrección de Cristo no es posible comprender los inicios del cristianismo, afirma el periodista italiano Andrea Tornielli, quien acaba de dedicar un libro al estudio de su historicidad.

El volumen, «Investigación sobre la Resurrección. Misterios, leyendas y verdad. De los Evangelios al Código Da Vinci», fue distribuido el pasado miércoles en italiano en todos los quioscos de Italia, junto al diario «Il Giornale».

En el prólogo del libro, monseñor Gianfranco Ravasi, prefecto de la Biblioteca Ambrosiana de Milán y profesor de Exégesis del Antiguo Testamento, en la Facultad Teológica de Italia Septentrional, explica que «en el momento de la Resurrección aparecen testigos, considerados entonces poco creíbles, como las mujeres, que no podían declarar en un tribunal porque su palabra no tenía ningún valor».

Ravasi sostiene que «un indicio importante de la Resurrección es el cambio inexplicable de postura de los apóstoles: desorientados, aterrorizados, derrotados tras la muerte de su Mesías en el patíbulo más infamante. De repente, este grupito de personas se siente revestido de una increíble fortaleza para iniciar su predicación en el mundo, anunciando que Jesús ha resucitado».

«Ninguna de las personas que niega la historicidad de la Resurrección ha logrado explicar cómo se produjo este cambio radical de postura, en personas muy realistas, ni poseídas ni visionarias, que por el contrario, al principio, dudan de lo que ven. Hay un misterioso "big bang" en el origen del cristianismo».

En esta entrevista, concedida a Zenit, Andrea Tornielli explica los motivos que le han impulsado a escribir un libro sobre este argumento.

--¿Por qué seguir investigando sobre la resurrección de Cristo?

--Tornielli: Es un trabajo que continúa. Sigo investigando los indicios de historicidad de los Evangelios. En la actualidad se subraya, demasiado a menudo, incluso en la Iglesia, el aspecto simbólico, o el núcleo del mensaje pascual. Está bien, pero no debemos olvidar nunca que el cristianismo procede de un hecho, un acontecimiento que se produce en un momento bien determinado de la historia. Y los Evangelios no contienen una filosofía o consejos para vivir bien, sino que narran cómo se produjo este hecho. Por esto es importante la historicidad.

--¿De qué pruebas e indicios disponemos para ilustrar la resurrección de Jesús?

Tornielli: Los Evangelios canónicos, al contrario de los apócrifos que son siempre fantásticos y repletos de imaginería, no nos describen el momento de la Resurrección sino que nos hablan, mediante testimonios creíbles del sepulcro vacío, y sobre todo del hecho de que Jesús se dejó ver y tocar por sus discípulos después de la Resurrección.

San Pablo escribe, en la primera carta a los Corintios, que vieron a Jesús más de «quinientos hermanos» juntos, algunos de los cuales ya habían muerto, mientras que «muchos viven todavía». Es como si el apóstol de los gentiles nos dijera: podéis ir a comprobarlo y preguntarles a ellos. Me impresiona mucho el hecho de que las primeras personas que vieron a Cristo resucitado son las mujeres que corrieron al sepulcro. Encontramos aquí otro significativo indicio de historicidad:
las mujeres, en la sociedad judía de la época, eran consideradas testigos sin credibilidad ya que no podían presentarse ante un tribunal. Si los Evangelios, como afirman algunos, fueran la piadosa invención de un grupo de poseídos que han construido, planificándola, una nueva religión, ¿por qué habrían elegido testigos tan poco estimados por aquella sociedad?

--¿Cómo podemos saber que los apóstoles no eran unos visionarios?

--Tornielli: En ellos se produce el proceso exactamente inverso al de los visionarios. Éstos, en un primer momento están muy convencidos y son entusiastas, y poco a poco empiezan a dudar de la visión. Los discípulos de Jesús, en cambio, al principio dudan. No creen enseguida en la Resurrección. Tomás no se fía de la palabra de los demás y quiere tocar el cuerpo del Cristo resucitado. Así eran aquellos hombres: sencillos, concretos, realistas. La mayoría eran pescadores, no eran ni visionarios ni místicos. Un grupo de personas abatidas, aterrorizadas tras la muerte de Jesús. Nunca habrían llegado por sí solos a un autoconvencimiento de su Resurrección. No, se rindieron a una evidencia concreta y experimentable. ZS05032707

 
Chascarrillo
 

Hay quien mirando, no ve
hay quien ve, pero no mira...
hay quien, queriendo ver más,
tres en burro no precisa,
imita a Santo Tomás, con mirar materialista,
padece de astigmatismo
y gran dosis de miopía.

Para cuestiones de fe,
hay otra clase de vista,
aquí quien mira sí ve
y no precisa oculista
pues este mira con fe,
su mirada es realista,
y ve mucho y más divisa.
Laurentino

Del mensaje del Santo padre para la Pascua
Queridos hermanos y hermanas,
la Palabra y el Pan de la Eucaristía,
misterio y don de la Pascua,
permanecen en los siglos como memoria perenne
de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
También nosotros hoy, Pascua de Resurrección,
con todos los cristianos del mundo repetimos:
Jesús, crucificado y resucitado, ¡quédate con nosotros!
Quédate con nosotros, amigo fiel y apoyo seguro
de la humanidad en camino por las sendas del tiempo.
Tú, Palabra viviente del Padre,
infundes confianza y esperanza a cuantos buscan
el sentido verdadero de su existencia.
Tú, Pan de vida eterna, alimentas al hombre
hambriento de verdad, de libertad, de justicia y de paz.

 

LA FOTO COMENTADA Domingo de Resurrección:Cristo vive

Ha pasado el martirio, la Cruz, la Muerte… y está con nosotros LA VIDA. Cristo está vivo en el Cielo y en la Eucaristía. Realmente presente entre nosotros.
Yo estaré siempre con vosotros…nos dijo. Y Su Palabra está cumpliéndose cada día. En el Altar de todos los templos, en el Sagrario de cada iglesia u oratorio, allí está el Señor.
Cada vez que comulgamos comemos realmente Su Cuerpo y Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad.
Es demasiado maravilloso para comprenderlo, pero lo sabemos y lo vivimos por la FE que El nos ha dado. Esa es la grandeza de nuestra Religión.
No vivimos de máximas o recuerdos, sino de PRESENCIA DIVINA en nuestra tierra pecadora.
La PASCUA ha venido a actualizar esa VERDAD que sabemos desde siempre, pero que hay que vivirla. YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, no dice el Señor.
Y no hay más VIDA QUE LA SUYA. Todo lo que se monte al margen de Dios es pura muerte. El domingo pasado comentábamos la imagen de Juan Pablo II con la palma del martirio en la mano. Decíamos que es un Papa que nació para sufrir por la humanidad, otro Cristo entre nosotros. Desde su más tierna infancia tuvo que familiarizarse que el dolor.
Cuando fue elegido Papa se agarró a la Cruz y dijo a María SOY TODO TUYO. En estos momentos está sufriendo el dolor de la enfermedad, y la amargura de no poder saludar con sus palabras a los miles de personas que acuden a Roma para acompañarle un rato con el corazón, e intentar recrear sus ojos llorosos con una asomada silenciosa
por la ventana de su habitación.
Pienso que para Juan Pablo II esta Pascua va a ser muy especial.
Cuando escribo estas líneas las noticias sobre su salud no son muy alentadoras. Me lo imagino postrado en Adoración ante Cristo Eucaristía rogando por la Iglesia y el mundo entero. Y uno piensa que está muy cerca de LA VIDA, porque el tiempo se agota para todos, y la naturaleza tiene sus límites hasta para el Vice Cristo en la tierra.
No se si este comentario puede suscitar un poco de tristeza en la alegría de las Pascua.
Pero así es la Pascua: el paso DE LA MUERTE A LA VIDA. Y uno, con el corazón encogido, tiene que hacerse a la idea de que el GRAN REGALO QUE DIOS HA HECHO A LA HUMANIDAD CON ESTE PAPA no nos puede durar siempre, aunque siempre estará presente en nuestro corazón, en la historia de la humanidad, y pronto en los altares, cuando Dios decida acogerlo con un abrazo en las moradas eternas.
A Juan Pablo II le debemos muchísimo. ¿Cómo podríamos corresponderle?
Sencillamente siendo fieles, GUIANDO MAR ADENTRO, y ofreciendo una oración de súplica a Dios para que sea Su Cirineo, y otra de acción de gracias por habernos devuelto la FE Y LA ESPERANZA EN LAS VERDADES ETERNAS. Pero nunca se sabe. QUE SE HAGA LA VOLUNTAD DE DIOS, que siempre será lo mejor. Mientras tanto acompañamos a nuestro Santo Padre en esa ardorosa ADORACIÓN A LA EUCARISTIA EN ESTE TIEMPO PASCUAL.
Y, siguiendo sus deseos, fomentamos por todas partes la CIVILIZACIÓN DEL AMOR Y LA CULTURA DE LA VIDA. Desde aquí le gritamos: ¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!
Todo el mundo que sabe querer.

Juan García Inza

Dedicado a los que buscan visiones baratas (La Virgen en una castañar o algo parecido)
(Jn 20,19-31.) El problema de creer, no es ver, sino esperar lo que no se ve, pero se siente, se presiente, se experimenta, se vive. Eso, se vive, no es un problema ni siquiera de fe, sino de vida. Por eso, la Pascua o es experiencia feliz y vivida, o no pertenece a lo que es la experiencia de Cristo, la experiencia de su vida, de nuestra vida. La experiencia de la vida.
Por eso, todas las respuestas “pascuales”, pueden resumirse en experiencia vivida, en vida experimentada.
En pleno siglo XXI, tendríamos que esperar que la pascua del 2004, nos llene y nos lleve a la experiencia de Cristo, vivo, la experiencia de lo que significa el amor que da vida, el amor que renueva todas las cosas, que las resucita, el amor que da vida …
Es Pascua, alegrémonos
.

Y, como remate... UNA SONRISA SANA

Que tu paso por estas páginas de humor te deje una sonrisa limpia y una dulce
sensación de alegría.
¡¡¡Dios te bendiga!!!

"Estad alegres en el Señor..." (San Pablo)
Ten presente que:UN SANTO TRISTE... ES UN TRISTE SANTO
EL PIE
- Abuelita, abuelita... ¿me muestras el pie que papá dice que ya tienes
en el cementerio?

EL HIJO Y LA MADRE

- Mamá, mamá, ¿puedo mirar la tele?
- Sí hijo, pero no la enciendas.

- Mamá, mamá, en el colegio me dicen peludo...
- ¡Ay Dios mío me está hablando el perro!

- Mamá, mamá en el colegio me llaman Rambo.
- ¡Ahora voy a hablar con ellos!
- No mamá, ésta es mi guerra.

PALABRAS NUEVAS
-Mamá, dice Pedrito, hoy en la escuela hemos aprendido muchas palabras que no
conocíamos.
-¡Muy bien! ¿Y cómo lo hicieron?
-Pusimos unas tachuelas en la silla del profesor...
DETERGENTE
La mamá lavó la ropa de su bebé con un cierto detergente que encogió terriblemente
la ropa.
La señora va a reclamarle al vendedor, que propone una solución óptima:
-Muy sencillo, mi señora, lave a su niño con el mismo detergente.
El, REGALO DE LA ALEGRÍA(resumen)


Se llenaron de alegría. Jn 20.19-31
Todos hemos tenido alguna vez momentos de alegría intensa y clara.
Tal vez sólo ha sido una experiencia breve y frágil, pero suficiente para vivir una
sensación de plenitud y cumplimiento. Nadie nos lo tiene que decir desde fuera.
Cada uno sabemos que en el fondo de nuestro ser está latente la necesidad de la alegría.
Su presencia no es algo secundario y de poca importancia. La necesitamos para vivir.
La alegría ilumina nuestro misterio interior y nos devuelve la vida. La tristeza lo apaga todo.
Con la alegría todo recobra un color nuevo; la vida tiene sentido; todo se puede vivir
de otra manera.
Hay algo paradójico en la alegría. No está a nuestro alcance, no la podemos «fabricar» cuando queremos, no la recuperamos a base de esfuerzo, es una especie de «regalo» misterioso.
Desde una perspectiva cristiana, la raíz última del gozo está en Dios. La alegría no es
simplemente un estado de ánimo. Es la presencia viva de Cristo en nosotros,
la experiencia de la cercanía y de la amistad de Dios, el fruto primero de la acción del
Espíritu en nuestro corazón. El relato evangélico dice que “los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”.
Es fácil estropear esta alegría interior. Basta con encerrarse en uno mismo. endurecer el corazón, no ser fiel a la propia conciencia, alimentar nostalgias y deseos imposibles, pretender acapararlo todo. Por el contrario, la mejor manera de alimentar la alegría es vivir amando.
 
PASADO, PRESENTE Y FUTURO  

Nos preguntamos cuándo ocurrió tu resurrección
y hablamos de ella en pasado.
Pero tú saliste de los límites del tiempo
estás resucitando cada día.

Tus apóstoles la experimentaron ayer;
pero hoy es tan presente como entonces
y ocurre día a día, minuto a minuto.

Nosotros la experimentamos hoy,
pero es tan futuro como presente y pasado,
un futuro continuo que se realiza en Dios sin pasado ni futuro.

Hoy estás resucitando en mí, Señor, si te dejo.
hoy estás resucitando en el mundo,
si nosotros llevamos tu resurrección a la sociedad.

Tu resurrección es el amor, mi amor de hoy,
la transformación de mi corazón.
Tu resurrección es la justicia,

la transformación del mundo en una tierra justa y libre.

Tu resurrección es ahora mismo el presente pleno
que vives tú con los tuyos en un instante absoluto,
que es futuro para nosotros,
un futuro personal y social
que tenemos que construir aquí contigo.

Tu resurrección es la esperanza diaria de los pobres,
que tienen derecho a comer, a estudiar, a trabajar,
a tener vida material y espiritual
y a caminar con todos hacia la resurrección universal.

(Si ayer admiramos y agradecimos la Cruz,
si hoy resucitamos en el Resucitado,
hoy y mañana hacemos realidad la Paz, la Vida, el Amor,…)
(Versos anónimos)

 

..................................................

¡Ver!... pero "de otra manera"


"Si no lo veo, no lo creo".
Esta expresión se ha hecho muy frecuente entre nosotros.
Fueron las palabras que Tomás dijo, cuando los discípulos le dijeron que habían visto
al Señor, precisamente el día en que él estaba ausente de la Comunidad.
La expresión se vuelve más compleja, cuando uno se pregunta: ¿qué vieron los discípulos,
cuando dicen que vieron al Señor? Tendemos a pensar que vieron el cuerpo de Jesús,
delimitado por su piel, con su aspecto, figura, sus heridas... Solemos entender -en ese
supuesto- la resurrección como la animación del cadáver de Jesús.
Cuando se explica teológicamente la resurrección de Jesús -siguiendo en ello las lecciones
de san Pablo, especialmente en 1 Cor 15- se dice que el cuerpo resucitado trasciende el
cuerpo físico. Éste se desintegra en la muerte. El cuerpo resucitado, glorificado, no está
adaptado a las condiciones terrestres de la existencia: no es un cuerpo que necesite comer,
ni tampoco los órganos de la digestión; que necesite caminar, ni las extremidades para hacerlo;
ni tiene peso, ni volumen. ¡Es un cuerpo neumático! El teólogo Karl Rahner decía que el cuerpo
resucitado es "pancósmico": es decir, no está delimitado por el espacio y el tiempo: se extiende
hasta donde el Espíritu se extiende; se hace presente en el tiempo en el que el Espíritu está
presente
Cuando nos preguntamos de nuevo ¿qué vieron los discípulos?, podemos responder: su visión
no fue óptica, con los ojos naturales. Vieron porque Dios les permitió ver, contemplar
"misteriosamente" la realidad del Señor resucitado. Jesús resucitado no está en un solo lugar,
sino en todo lugar; en un tiempo, sino en todos los tiempos; en una persona, sino en todas
las personas. Le ha sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra, Ver al Señor es ver el
universo, ver la totalidad, "de una forma nueva". Ver al Señor es verlo todo. Es ver la
humanidad y su historia "de otra manera", es ver la naturaleza "de otra manera", es verse
a uno mismo "de otra manera", es ver a Dios "de otra manera". La visión de Jesús resucitado
responde a su aparición o sus apariciones. Sin aparición no se puede ver. Dios Padre tiene la
iniciativa: él hace que podamos "ver", por eso, "nos muestra a Jesús, fruto bendito de su
vientre", a "su Hijo unigénito".
La lectura del Apocalipsis nos narra cómo Jesús se mostró al profeta apocalíptico Juan.
Las referencias a su modo de aparecer son todas ellas simbólicas, nos quieren trasladar
a la nueva forma de existencia de Jesús. Jesús aparece como Gran Sacerdote, como
Manifestación divina, lleno de poder cósmico y energía vital, como centro de sus comunidades
de creyentes, como el Alpha y la Omega. Ver a Jesús es ver el todo "de otra manera".
La resurrección amplía el campo de visión, la contemplación de la realidad.
La lectura primera, en cambio, nos hace ver cuáles son los efectos prácticos de esa
nueva visión. Afecta al corazón, a los sentimientos. Uno que ve al Señor siente necesidad
de re-agruparse, de entrar en contacto con otros, de formar comunidad. Una que ve al
Señor se siente contagiado por su Energía vital y hasta es capaz de curar enfermos, de
dar sentido a los que viven en el sinsentido. Por eso, la fuerza de la resurrección hace
que no solo los discípulos, sino también la gente, el pueblo, sientan la conmoción de esta
experiencia desbordante.
Hoy día, somos cristianos si no es concedida la gracia de una auténtica aparición pascual.
El Señor Resucitado sigue apareciendo. Su manifestación tiene que ver con el Todo, con
toda la realidad como campo de Aparición. Quien así lo percibe, lo siente, "ve". Pero ver
de esa forma es "creer". Es sentirse distinto, renacido, como una criatura nueva.
La verdadera fe, no consiste en no ver, sino en "ver" de otra manera, dejar que la
Revelación y Aparición de Señor nos saque de nuestra ceguera, de nuestros límites
estrechos. Por eso, quien así contempla y ve, es "bienaventurado".

No te preocupes.


Yo también sentí fatiga en Getsemaní, pero me abandoné en las manos de
mi Padre y me entregué, por amor a ti, a su santa voluntad…
Quizás tú me dirás que eso es diferente, pues yo soy Dios.
Déjame decirte que yo me
hice igual a ti, en todo, menos en el pecado. Mis Apóstoles también tuvieron grandes
desiertos en su caminar y tu lo sabes, pero perseveraron a pesar de todo, y fueron
fieles a su misión.
Pero no quiero hablarte de tu actuar hasta hoy, ni de tus caídas, menos reprocharte,
sino que quiero decirte que jamás me he alejado de ti, que sigo estando a las puertas
de tu corazón llamándote, tu consejero en las penas del corazón.
¿Te acuerdas con la fuerza que orabas cuando te encontraste conmigo y con la fuerza
que luchabas al salir a evangelizar...? No cuestiones nada, sólo recuerda.
Tú sabes que nada de eso fue casualidad, ni tampoco fue
por un momento o una etapa de tu vida.
Yo te amo y te he dado las herramientas para que vivas
en el mundo, necesito de ti para que otros también me
conozcan en forma verdadera y abran sus corazones a mi
amor, pero sabes perfectamente que solo (a) no lo puedes
hacer.
Déjame encender una vez más el fuego de mi Espíritu Santo
en ti.
¿Te gustaría orar con la fuerza de antes y luchar por mi
evangelio como en tus comienzos?
Ésta es mi llamada a tu corazón: "Vuelve al primer amor
conmigo".
Un día di mi vida por ti y la volvería a dar mil veces más
porque te amo .
¡ Te estaré esperando !
 
LA PAZ (artículo resumido) JOSE ANTONIO PAGOLA

Paz a vosotros
El máximo deseo del resucitado para todos los hombres es la paz.
Ese es el saludo que sale siempre de sus labios: «la paz con vosotros».
La vida de los hombres está hecha de conflictos. La historia de los pueblos es una historia
de enfrentamientos y guerras. La convivencia diaria está salpicada de agresividad.
La gran opción que hemos de hacer para superar los conflictos es la de escoger entre
los caminos del diálogo, la razón y el mutuo entendimiento o los caminos de la violencia.
El hombre ha escogido casi siempre el camino de la violencia. A lo largo de los siglos
ha podido experimentar una y otra vez el sufrimiento y la destrucción que se encierra
en la violencia. Pero, a pesar de ello, no ha sabido renunciar a ella. Y ni siquiera hoy
que siente la amenaza de la destrucción y el aniquilamiento local, parece capaz de
detenerse en este camino.
Nos hemos acostumbrado demasiado a la violencia, sin reparar en los danos actuales
que produce y en el deterioro que introduce para el futuro de nuestra convivencia.
Aun los que justifican la violencia, tienen que reconocer que la violencia es un mal.
La violencia daña al que la padece y al que la produce. La violencia mata, golpea, aprisiona,
secuestra, manipula las mentes y los sentimientos, deforma los criterios morales, siembra
la división y el odio.
La violencia nos deshumaniza. Busca imponerse, dominar y vencer, aunque sea atentando
contra los derechos de las personas y los pueblos. Los hombres no tenemos la vocación
de vivir haciéndonos daños unos a otros.
El que vive animado por el resucitado busca la paz. Y busca la paz no solamente como un
objetivo final a alcanzar, sino como que busca la paz ahora mismo, utilizando procedimientos
pacíficos, caminos de diálogo y negociación.
El seguidor de Jesús no busca sólo resolver a cualquier precio los conflictos. Busca también
humanizarlos. Lucha por la justicia, pero lo hace sin introducir nuevas injusticias y nuevas
violencias.
 
«¡DIOS OS GUARDE!» ¡CRISTO HA RESUCITADO!
MENSAJE EN LA PASCUA DE RESURRECCIÓN DE 2005

Queridos hermanos y hermanas:

¡Jesucristo ha resucitado! Esta es la gran noticia que hay que comunicar a todos los hombres:
por la Resurrección de Jesucristo hay esperanza para esta humanidad redimida por su sangre.
Aún cuando los males físicos y morales continúen afligiendo a la humanidad, poniendo en riesgo
y peligro la convivencia social y la paz, aún con todo, no olvidéis que Cristo ha resucitado y la
vida tiene presente y futuro desde la novedad a la que ha sido sometida toda la creación,
también el ser humano, pues la muerte ha sido vencida. Ante la proclamación de este anuncio
gozoso y lleno de alegría, no debemos olvidar que a lo largo de la historia a los cristianos les
ha tocado vivir situaciones muy diferentes en momentos y circunstancias diversas, incluso
dolorosas, pero siempre manteniendo la confianza en la Palabra del Señor que nos dice:
«En el mundo tendréis muchas tribulaciones, pero, ¡ánimo!, yo he vencido al mundo»
(Jn 16, 33) ¡Cristo ha resucitado!

¡Qué alegría en esta Pascua! Jesucristo ha salido victorioso del acoso al que el mundo le ha
sometido y surge victorioso del sepulcro. ¡Qué gozo más inmenso produce el ver al Señor
saliendo al paso, al encuentro, al camino, de aquellas mujeres para decirles con una fuerza
especial: «¡Dios os guarde!». Y ellas –en las que ya estábamos todos nosotros– acercándose,
se asieron a sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis
hermanos que vayan a Galilea, allí me verán» (Mt 28, 10). Creedme, en aquellas mujeres
estábamos todos nosotros también. El Señor nos sigue dirigiendo esas palabras llenas de
amor y ternura, «¡Dios os guarde!». Y nosotros, que de manera especial durante este año
dedicado a la Eucaristía estamos contemplando cómo el Señor se nos hace realmente
presente, podemos asirnos a Él y adorarlo. Por eso acogemos de corazón estas palabras,
«¡Dios os guarde!».
Percibimos que nos guarda y nos quiere entrañablemente. La Pascua de Cristo incluye,
con la pasión y muerte, también la Resurrección. Esto es lo que recordamos en la celebración
de la Eucaristía, cuando ante el Señor, presente bajo las especies de pan y vino,
proclamamos: «Este es el sacramento de nuestra fe». Y respondemos todos unidos en la
misma comunión de fe: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. ¡Ven, Señor
Jesús!».
¡Cristo ha resucitado!

LA NOVEDAD DEL RESUCITADO
No tengáis miedo, hermanos, ¡Cristo ha resucitado! Y su Resurrección tiene la fuerza y la
capacidad de hacerlo todo nuevo. En los primeros momentos de la Resurrección hubo quienes
dijeron que aquello era una invención de los discípulos. Esta misma acusación –nunca lo
olvidéis– permanecerá en el tiempo y se hará siempre, pues se quiere ahogar esta buena
noticia del Resucitado, al tiempo que se oculta al ser humano su destino trascendente.
Es la lucha del mal y del bien. Pero, creedme y creed a Cristo: triunfa el bien, la belleza,
la verdad, que es el mismo Cristo, «yo he vencido al mundo». No tengáis miedo hermanos,
porque nadie puede ocultar lo que es evidente: el corazón humano busca siempre la verdad
y la belleza. Y esta no se encuentra más que en Jesucristo.
¿Qué motivos turbios existen para difuminar la persona de Jesucristo? ¿Por qué ocultar su
Resurrección? ¿A quién incomoda Cristo? ¿Por qué borrar los signos cristianos que expresan
y manifiestan una cultura que ha humanizado la vida durante XXI siglos? Hermanos, si la
Resurrección no fuera una realidad, a nadie le importaría si resucitó o no el Señor.
Pero como es la única verdad que hace posible que las demás lo sean, y hace que hombres
y mujeres sigan gritando en todas las partes de la tierra que Cristo ha resucitado, por eso
importa e incluso hay quienes lo consideran un peligro, pues hace todo de un modo nuevo.
La Resurrección cambia el corazón del hombre, da otro horizonte y otra vida. Acogedla y
«os veréis radiantes».

Mirad hermanos a María Magdalena y en ella tantos seres humanos que habiendo estado
apartados de Dios, experimentan la cercanía y la verdad de la Resurrección.
Ella vio quitada la piedra del sepulcro. Cuando todo estaba oscuro, ella percibió una claridad
especial y marcha corriendo donde Pedro y Juan para decirles lo que ha pasado. Observemos
a Pedro y Juan, y veamos en ellos a los discípulos de todos los tiempos, a nosotros mismos.
Pedro y Juan hicieron la comprobación de que el Señor no estaba en el sepulcro, pero allí
estaban evidencias de la Resurrección. Allí estaban las vendas y también el Sudario que
cubrió su cabeza y que nosotros veneramos aquí –según una multisecular tradición– aquí
en nuestra Catedral de Oviedo donde tenemos la gracia de guardar el Santo Sudario y la
responsabilidad y obligación de dar a venerar las evidencias de la Resurrección del Señor,
aunque no necesitemos más que su Palabra. Y ellos «hasta entonces no habían comprendido
que según la Escritura, Jesús debía resucitar de entre los muertos» (Jn 20, 9).
¡Cristo ha resucitado!.

IGLESIA, PUEBLO RESUCITADO
Hermanos y hermanas, tenemos que ser testigos de la Resurrección del Señor.
Hemos sido constituidos su Pueblo, su Iglesia. Somos un gran pueblo en camino que es
la Iglesia. Un pueblo de testigos del Resucitado. Un pueblo sin fronteras de raza, de
lenguas y de cultura. Un pueblo llamado a partir de la fe de Abraham y destinado a ser
bendecido entre todas las naciones de la tierra (cf. Gn 12, 1-3). Un pueblo que tiene
que permanecer fiel a Aquél que nos ha elegido, entregándole toda nuestra existencia
con toda generosidad y disponibilidad. La Pascua ha de fortalecer nuestra vida y ha de
sostenernos para dar testimonio público de nuestra fe. Hay que anunciar sin pudor el
triunfo de Cristo sobre la muerte. Hay que proclamar sin rubor que la cultura de la muerte
es obsoleta, no tiene vigencia, no tiene sentido, cuando ha triunfado la Vida que es
Jesucristo.
Hermanos, qué bien vienen escuchar estas palabras del Apóstol Pedro: «Y ¿quién os hará
mal si os afanáis por el bien? Más, aunque sufrierais a causa de la justicia, dichosos de
vosotros. No les tengáis ningún miedo ni os turbéis. Al contrario, dad culto al Señor, Cristo,
en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de
vuestra esperanza» (1 Pe 3, 13-15).


TESTIGOS VIRTUOSOS DE LA RESURRECCIÓN
Ser testigos de la Resurrección hoy nos está pidiendo a los cristianos asumir con todas las
consecuencias estas realidades: fe, amor de Dios acogido en nosotros y entregado desde
nosotros; esperanza firme nacida de la comunión con el Señor y evidenciada desde ser sus
testigos; amor a la Iglesia de hondura y compromiso real con el ser humano que está siendo
asaltado.

1. Una fe y una confianza absoluta en Cristo. Creer en lo que Jesús dijo, «Yo soy el Camino,
la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Asumir en nuestra vida el anuncio de Pedro: «Sepa, pues,
con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús
a quien vosotros habéis crucificado» (Hch 2, 36). Saber encontrar al Señor donde está
realmente presente, en el misterio de la Eucaristía, que nos dará la luz y la fuerza necesaria
para saber encontrarlo en los hermanos y hacer realidad su vida a través de nosotros en ellos.

2. Un amor apasionado por vivir con el mismo amor de Cristo, que es la fuerza de la verdad y
de la belleza que salva. «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros.
Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto
conocerán que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 34-35).

3. Una comunión profunda con el Señor, para vivir con su mismo estilo, haciendo evidente que
somos sus testigos, servidores de los hermanos: «Después que les lavó los pies, tomó sus
vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
Vosotros me llamáis el Maestro y el señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y
el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con
vosotros» (Jn 13, 12-15). Asumamos el estilo de vida del Señor que da esperanza, servidores
y testigos.
Ese es el icono díptico con el que hacen la oración los jóvenes de la Archidiócesis: ante el
Salvador y ante su Madre, servidores como el Salvador y testigos como su Madre.

4. Una experiencia eclesial de hondura, con fundamentos, sabiendo que nacimos en el Señor,
y si somos algo lo somos con Él por Él y en Él. Sentid que sois la Iglesia del Señor, pero desde
donde se puede vivir esa experiencia eclesial: «Permaneced en mí como yo en vosotros.
Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, sino permanece en la vid; así
tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos.
El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí no podéis
hacer nada» (Jn 15, 5). Quizá la experiencia eclesial más profunda la vivimos en la Eucaristía,
lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente.

5. Se nos ha de conocer por las obras. Vivir en medio del mundo como el buen samaritano:
«Y ¿quién es mi prójimo?...Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de
salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto.
Casualmente, bajaba por aquél camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo.
De igual modo un levita…Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle
tuvo compasión…vendó sus heridas…montándole sobre su cabalgadura, le llevó a una
posada, cuidando de él…¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó
en manos de salteadores?...El que practicó la misericordia…Vete y haz tu lo mismo»
(cf. Lc 10, 29-37). Todo y todos al servicio de la dignidad del ser humano, que alcanza
su plenitud cuando le reconocemos como hijo de Dios y hermano de todos los hombres.
Queridos hermanos de la Iglesia que peregrina en Asturias, en la Pascua del año 2005,
todos nosotros hijos de la Iglesia, estamos llamados a caminar en la vida cristiana con
renovado impulso. No se trata de inventar un nuevo programa, que ya existe y se centra
en Cristo. Pero es el tiempo de dar nuevo vigor a la vida cristiana a través de la Eucaristía.
En la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su sacrificio redentor, tenemos su resurrección,
el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre.
Dentro de unos momentos se hará presente entre nosotros en el misterio de la Eucaristía
y quiero repetir en nombre de vosotros a Cristo: «Señor, ¿dónde quién vamos a ir?
Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68). Y porque queremos vivir así, queremos acoger
a María de quien nos dijo Jesús, «ahí tienes a tu Madre».
A nuestra Madre la Santina, le pedimos que nos haga experimentar la novedad que trae Cristo
resucitado a la vida del hombre y a la historia en la que habitamos. Amén.

Carlos, Arzobispo de Oviedo

 
Rincón de los peques COMENTARIO AL EVANGELIO PARA NIÑOS
  

 
“¡Sí que es guay!-¡Sí que alegra!-¡ Sí que mola!”
La lectura del EVANGELIO DEL DOMINGO recoge las dos apariciones de Jesús a sus
Apóstoles: la del Domingo de Pascua (“al atardecer de aquel día, el primero de la semana...”)
y la del domingo (“a los ocho días...”). Por los datos cronológicos claros, la lectura del relato
evangélico de este domingo es insustituible.
Hoy nos cuenta el Evangelio que estando los discípulos de Jesús reunidos en una casa, él se
hizo presente en medio de ellos y le saludó diciendo: “La paz sea con vosotros”. Tomás faltaba
en el grupo. Al contarle lo ocurrido no creía lo que decían. Pocos días después se repitió lo
ocurrido, pero ahora con Tomás presente. Jesús se dirigió a Tomás y le dijo: “Mira mis manos
y mis pies. ¿Ves las llagas de los clavos?. ¡Mete tus dedos en ellas!” Y Tomás contestó:
¡Señor mío y Dios mío!

Completa unas frases y responde preguntas

Sed misericordiosos como...
Mi paz os dejo....
Dijo Jesús el día de Pascua.
“Recibid el .........a quienes perdonéis...
Dichosos los misericordiosos porque.....
Misericordia quiero y no....
Dijo a Tomás: Dichosos los que crean sin.....
¿Qué puedo hacer para alimentar y cultivar mi fe?
Presencias singulares de Jesús:
En la Iglesia, especialmente en sus sacramentos.
En la Eucaristía y en la Penitencia (Confesión)
En la Palabra de Dios, sobretodo en el Evangelio
En la devoción a la Santísima Virgen
En los pobres, en los que sufren, en los que más nos
necesitan....

2005 AÑO DE LA EUCARISTÍA

Célebre mosaico bizantino que revela la temprana asociación del milagro de los panes
y los peces con el lugar donde fue hallado, en Tabgha, a orillas del lago Tiberíades o
mar de Galilea. Recientemente ha sido reubicado ante el altar mayor de la iglesia
restaurada que conmemora el episodio bíblico del Nuevo Testamento.

VOLVER