Reflexiones
entre amigos Revista semanal elaborada por: MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U. PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE OVIEDO |
17
de Julio de 2005 |
|
DOMINGO
XVI 2005 |
ANUNCIO
DEL CONGRESO EUCARÍSTICO EN ASTURIAS |
|
| ............................ |
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13,24-43. |
En
aquel tiempo, Jesús propuso está parábola a la gente:-El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: -Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña? El les dijo: -Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: -¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respondió: |
|
| -No, que
podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos
hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: -Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero. [Les propuso esta otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.» Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: -Acláranos la parábola de la cizaña en el campo. El les contestó: -El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.] Palabra del Señor |
|
| FERMENTO
DE HUMANIDAD: Par: /Lc/13/20-21 |
|
![]() Se parece a la levadura... Sorprende ver con que frecuencia se dirige Jesús a sus discípulos para ponerlos en guardia contra una falsa "impaciencia mesiánica" que no sabe respetar el ritmo de la acción discreta pero vigorosa de Dios. A los que esperan de él la puesta en marcha de un movimiento contundente y arrollador, capaz de expulsar del teatro de la vida otras corrientes y alternativas, Jesús les habla de una acción de Dios más humilde y respetuosa. El mundo es un campo de siembras opuestas. Y el Reino de Dios crece ahí, en la densidad de esa vida a veces tan ambigua y compleja. Ahí está Dios salvando al hombre. En esos comportamientos colectivos de la humanidad animados a veces por grandes ideales y otras por oscuros egoísmos. En esos mil gestos que hacemos los hombres cada día y donde se mezclan la generosidad con las mezquindades mas inconfesables. A quienes esperan el despliegue de algo espectacular y poderoso, Jesús les habla de un reinado de Dios más sencillo y discreto. Algo que no está hecho para desencadenar movimientos grandiosos de masas. El Reino de Dios está ya actuando pero como un grano de mostaza minúsculo y casi irrisorio que empuja hacia la vida, como un trozo imperceptible de levadura que se pierde en la masa fermentándola desde dentro. Jesús no ha encontrado imágenes más apropiadas para evocar y explicar lo que él quiere poner en marcha en el mundo. Pero los cristianos seguimos sin querer entenderle. La salvación no vendrá de tal institución, de tal movimiento, de tal nación, de tal teología ni de tal iglesia, sólo porque nosotros pretendamos ver ahí el Reino de Dios. Al Reino de Dios no le abriremos camino lanzando excomuniones sobre otros grupos, partidos o ideologías ni condenando todo lo que no coincide con nuestro "dogma particular". El Reino de Dios no lo implantaremos en la sociedad concentrando grandes masas en los estadios o logrando el aplauso pasajero de las muchedumbres. El Reino de Dios es un "fermento de humanidad" y crece en cualquier rincón oscuro del mundo donde se ama al hombre y donde se lucha por una humanidad más digna. Al Reino de Dios le abriremos camino dejando que la fuerza del evangelio "fermente" nuestro estilo de vivir, de amar, trabajar, disfrutar, luchar y ser. JOSE ANTONIO PAGOLA |
|
| LOS
OBSTACULOS PARA NO LLEGAR A DIOS (Javier Leoz) |
|
XVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO Seguimos, un domingo más, con estas pláticas (bien aleccionadoras) en forma de parábolas. Cizaña, mostaza y levadura son tres características de un mismo tríptico con el que Jesús nos invita a ver y valorar nuestra fe. Cizaña. Lo que nos separa de Dios. Son los tropiezos de cada día. Es aquello que nos ahoga e impide crecer como cristianos y también, porqué no decirlo, como personas. Estamos tan habituados a vivir entre cizaña que, a duras penas, podemos distinguir el bien y del mal, entre lo que es fruto y la simple hojarasca. Ciertamente, teniendo el evangelio en la mano, hay que ser paciente, no arrasar con aquello que nos puede parecer a simple vista negativo o contradictorio a nuestra fe. Pero, también es verdad, que habremos de luchar con todas nuestras fuerzas para no dejarnos teñir por los tentáculos de la maldad aunque venga disfrazada de falsos progresismos. ¿Cizaña? A todas horas y en muchos campos: en la conciencia, en el pensamiento, en el trabajo, en la iglesia, en los grupos, en la política. Lo malo, no es que exista la cizaña, lo malo es acostumbramos a crecer (o decrecer) en medio de ella e ir cediendo terreno, queriendo o inconscientemente, en aquello que es esencial en el seguimiento a Jesús. Una vez conscientes de la verdad que llevamos entre manos. Del esfuerzo que supone “pelear” con la fuerza pequeña e invisible del evangelio, nos daremos cuenta qué conlleva el ser levadura cristiana en el mundo. La semilla de Dios puede que sea pequeña. Que a veces nos parezca del todo utópica o inservible. La mostaza, es ese gran regalo que recibimos en el día de nuestro Bautismo. Puede que, al paladar egoísta y pragmático, nos parezca inexistente o que, incluso, todo lo que rezamos y celebramos, realizamos o ayudamos nos resulte aparentemente estéril. Esa es la grandeza de Dios: sin saberlo nosotros, El va haciendo de las suyas. Qué sugerente aquel diálogo entre Santo Domingo de Guzmán y la Virgen María: “Domingo; siembras mucho pero riegas poco”. Hasta hace cuatro días, nuestra sociedad occidental, estaba totalmente impregnada (por lo menos exteriormente) del aroma del Evangelio. En la actualidad, y por diversas razones que todos conocemos, urge y se nos presenta una nueva evangelización. Ésta sólo será posible, si cada cristiano (seamos muchos o pocos) nos ponemos como objetivo, en nuestro paso por el mundo, el deseo de ser levadura. De iniciar a muchos desde cero en su práctica cristiana. Ser levadura, acostumbrados a ser masa, es difícil. Pero el Señor, por si lo hemos olvidado, nos da la seguridad de que en medio de la noche oscura, dificultades, persecuciones, falta de vocaciones, etc., el Espíritu Santo sigue actuando. Me gusta aquello del viejo poeta: “no seamos salero, seamos luz; no seamos sol, seamos estrellas; no seamos océano, seamos gotas de agua, no pensemos en ser bosque que cada uno sea un árbol”. No es bueno plegarse de brazos, por supuesto que no, pero tampoco es positivo el que lleguemos a pensar que “esta empresa” es tan nuestra, que no dejemos a Dios la suficiente libertad para actuar en ella o seamos tan desconfiados que creamos que, el presente y el futuro de la fe, depende exclusivamente de nuestros esfuerzos y empeños pastorales. |
|
![]() |
|
Señor; Porque tu siembra fue buena en mí, dale constante crecimiento Porque tu siembra puede malograrse, vela por ella hasta el final Porque tu siembra es pequeña, haz que –aún siendo invisible- se haga grande Porque tu siembra puede ser asolada, cobíjame a la luz de tu Espíritu Porque tu siembra puede ser robada, asegúrame con la llave de la oración Porque tu siembra puede ser asfixiada, aparta de mí aquello que la aprisiona Porque tu siembra puede quedar en nada, hazla fructificar con el abono de tu gracia Amén |
|
![]() |
|
| El mal siempre
ha sido una pregunta fundamental de la Filosofía y Teología.
Las respuestas a este tema han sido varias a lo largo de la historia de
la filosofía y de la religión: Desde el admitir dos
co-principios, el del bien y el del mal, igualmente originarios y poderosos
hasta creer que el mal siempre supone, siguiendo a Platón, un conocimiento
inadecuado por parte del hombre. Los cristianos ante la existencia trágica del mal nos comportamos, a menudo, como Juan y Santiago. “Señor, manda fuego sobre esta ciudad”. La postura de Cristo es, siguiendo la tradición de primera lectura, la de dejar que el bien (trigo) y el mal (cizaña) crezcan juntos por el momento, pues el exterminio repentino y obsesivo del mal puede conllevar la destrucción, en parte, del bien. La historia es fiel reflejo de lo expresado por Cristo... ¡tantas veces hemos cometido injusticias espantosas por salir a luchar por los pretendidos fueros de Dios y de su Iglesia!. Olvidamos, a menudo, las palabras radicales de Jesús: “no juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados”. Hasta el final de la vida ¿quién es bueno? y ¿quién malo?... Nadie podemos presumir mientras vivimos. Cuando haya caído la tarde el Padre separará el trigo y la cizaña de nuestras vidas. |
|
| Ser
trigo y no cizaña |
|
"El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró..." (Mt 13, 24) Las palabras de Jesucristo conservan aún su lozanía y su sencillez. Sus metáforas e imágenes son universales, válidas después de tantos siglos; tienen la misma fuerza expresiva, la misma carga doctrinal. El campo de la siembra, nos dice hoy, es el mundo. En ese terreno ancho, un campo abierto, sembró Dios siempre. Sin descanso alguno. Ya al principio su semilla cayó generosa. Sin embargo, la tierra no siempre respondió. El Señor quiso al hombre libre, capaz de optar por el bien o por el mal. Y el hombre optó por el mal. Por eso, junto al buen trigo, creció la sucia cizaña, la mala hierba. Dios puede escardar ya a fondo y limpiar del todo su sementera. Pero no quiere hacerlo, para no correr el riesgo de arrancar el trigo con la cizaña. Quiere dar ocasión a la mala hierba, para que se cambie en buena. Pensó que el hombre, al ser todavía libre, podría recapacitar y convertirse de su mala vida. De hecho, muchos así lo hicieron y descubrieron a tiempo la desgracia que implica el vivir lejos de Dios, y se volvieron a él, avergonzados y arrepentidos. Ahora sigue el proceso de ese crecimiento conjunto del trigo y la cizaña. Dios espera... Miremos hacia dentro y convirtamos lo malo en bueno, y lo bueno en mejor. No seamos cizaña que envenene el mundo, seamos buen trigo que sirva de alimento a los hombres y de satisfacción a Dios. Porque al final tendrá lugar la siega. Entonces el trigo será reunido en los graneros luminosos de una eternidad feliz, mientras que la mala hierba será quemada para siempre en los tenebrosos parajes del infierno. Dios espera paciente, hemos dicho y lo repetimos, pero no indefinidamente. Hay un plazo, cuya extensión ignoramos. Puede ser largo, o puede no serlo. En realidad siempre, al final lo entenderemos, es un plazo corto pues el tiempo, por su misma naturaleza, es fugaz y efímero. |
|
| SATANAS |
|
Satanás, el Diablo, el jefe de los demonios, el maligno, Belial, Belcebú (literalmente "Señor del estiércol"), el enemigo, la antigua serpiente, el Príncipe de este mundo, son nombres que sirven para personificar las fuerzas del mal. Al ser misterioso que interviene ante Eva para incitarla al pecado se le llama serpiente, "el más taimado de los animales" (Génesis 3, l). Pero esta serpiente es presentada como dotada de una inteligencia y habilidad que superan las del hombre. Seductora y envidiosa de la felicidad del hombre, se sirve del engaño y de la mentira. No obstante, siempre está dominada por Dios. En la Biblia aparecen el espíritu del Bien y el espíritu del Mal y siempre en condiciones de desigualdad. A este "adversario", más perverso que los hombres, recurren algunos para explicar algunos comportamientos especialmente odiosos y maléficos de la humanidad. Los evangelistas presentan la vida pública de Jesús como un combate contra Satanás, primero en el desierto (las tres tentaciones), después con los enfermos y los posesos, considerados como atados por Satanás. La liberación de estos desgraciados es una prueba de que "llega el Reino de Dios" (Mateo 3, 22). En la Pasión, diríase que triunfa Satanás, pero es vencido (Juan 12, 31) y no tiene poder alguno sobre Cristo. La existencia del mal en el mundo es un misterio inexplicable. Hoy más que nunca hay que combatir contra el mal. La fe y la oración deben conseguir que no crezca Satanás, que no sea el dueño del mundo, que nadie lo ignore ni se deje seducir por su tentación... |
|
| La
Cizaña (José Antonio Pagola) |
|
![]() La cizaña es una palabra que abarca a todas las plantas que dañan la agricultura. Según el libro de los Proverbios, crece a cuenta de la pereza: “pasé cercano al campo de los perezosos y todo eran ortigas y cardos cubriendo la tierra”.(24,31). Según Oseas (9,6) o Isaías (34,13), tales plantas dañinas son un castigo divino contra los pecados de los hombres. La cizaña, de la que habla Jesús en la parábola es, sin duda la “cizaña engañosa”, cuyas espigas se parecen a las de trigo. En griego se dice Zizanion”, y cuando decimos la expresión “sembrar la cizaña” nos referimos a la siembra hecha por el demonio. Y, así como se queman las malas hierbas, así también todo lo que procede del maligno será echado al fuego. Pero los comentaristas de estas parábolas ha subrayado, sobre todo, la paciencia divina durante nuestra vida en este mundo. |
|
| Dejadlos
crecer juntos Mt 13, 24-43 |
|
![]() Sin tolerancia no es posible progresar en los intrincados problemas del mundo moderno. Sin más tolerancia nunca conoceremos los hombres la paz. Ciertamente, la tolerancia no es la solución para ningún conflicto. Pero es condición básica para acercarnos a algún tipo de solución. El clima necesario e indispensable para que gentes de ideologías o posturas políticas diferentes puedan buscar fórmulas de convivencia pacífica. La tolerancia no tiene como punto de partida el consenso, sino justamente lo contrario. La tolerancia consiste en aceptar el disenso que nace del pluralismo de posturas para lograr entre todos aquello que mejor puede responder al bien común. Para la persona que se enfrenta a los problemas con espíritu tolerante, las diferencias no tienen por qué ser necesariamente un obstáculo para el mutuo entendimiento. Al contrario, nos podrían llevar a una convivencia más rica y estimulante. La diferencia de posturas no debería ser una amenaza, sino un reto para avanzar. El mayor enemigo de la tolerancia es el fanatismo. Esa postura ciega e intransigente de quien se cree en posesión absoluta de la verdad o la justicia, y, por lo tanto, excluye a todo aquel que se le oponga. Desde el fanatismo es imposible el diálogo y la convivencia pacífica. Sólo impera la fuerza y la imposición. La tolerancia, por el contrario, capacita para “aceptar” al otro, no para destruirlo o eliminarlo. Pero sería una equivocación pensar que se trata sólo de una actitud pasiva, de “soportar” que el otro piense o actúe de forma diferente a la mía. Al contrario, la tolerancia es activa y operante. Busca el asentamiento de una convivencia siempre más justa y siempre menos violenta. Por eso, precisamente, hay algo “intolerable”, y es el atentado contra la dignidad y el valor inalienable de la persona humana. No se puede invocar ninguna ideología, patria o religión para justificar la agresión, el desprecio o la destrucción de la persona. Cuando está en juego la dignidad o la vida de un ser humano, es un deber ser intolerante frente al mal. Así fue la actuación de Jesús que no permitió que nada, ni siquiera la religión, se utilizara contra el hombre. Por eso nos enseñó en la parábola del trigo y la cizaña a respetar siempre la dignidad del otro. Nadie ha de “arrancar” la vida de ningún ser humano sólo por considerarla cizaña, mientras uno se autoproclama “trigo limpio”. |
|
| R
E F L E X I O N E S INTOLERANCIA-IMPACIENCIA |
|
La prensa se ha hecho eco y con tintes alarmistas. Crece y se exaspera la intolerancia. Primero fue la condena a muerte contra el escondido autor de "Versos satánicos". Luego los problemas étnicos en algunas repúblicas soviéticas o yugoslavas. Ahora se habla del resurgir de grupos reaccionarios, del recrudecimiento racista en EE.UU., de brotes de xenofobia contra colectivos inmigrantes, de profanación de tumbas judías, de intentos de linchamiento contra tal o cual inculpado -¡presuntamente inculpado!-. Y eso no son más que las puntas emergentes de los grandes icebergs que flotan en las aparentemente tranquilas aguas de nuestro mundo plural. Plural, sí; no pluralista, que todavía falta mucho para aprender un respeto a los distintos. Pero hay también otros síntomas, menos periodísticos tal vez, pero más frecuentes y arraigados, que pueden dar al traste con el pluralismo y fragmentar el mundo en mil reinos taifas, sin orden ni concierto, lo que sería la vuelta al caos. Me refiero a la intolerancia -¡de intolerancia se trata!- que bulle en caldo de cultivo en toda esa sarta de improperios, descalificaciones, insultos y palabras gruesas con que rechazamos a los otros. Con frecuencia, con tanta frecuencia como precipitación, juzgamos a los demás, no por lo que son, sino por lo que fueron, colgándoles a la espalda su pasado y sin permitirles un cambio, una mejoría o ruta distinta. Así les colgamos el sambenito "de lo que sea" y los ejecutamos simbólica y aun realmente, negándoles en adelante el pan y la sal. Y eso es malo. Porque poner etiquetas a la gente no es más que echarles en cara nuestros prejuicios y denunciar en los otros lo que nos corroe a nosotros por dentro. El intolerante jamás tolera en los demás lo que él no aguanta, pero no puede evitar, en sí mismo. La intolerancia nace de una visión maniquea del mundo. La humanidad se divide en buenos y malos (blancos y negros, hombres y mujeres, etc.). Los míos y yo pertenecemos a los buenos, tú y todos los demás os contáis entre los malos. Y así, sin más razón que ese prejuicio insensato del fanático, no se escucha a los otros, ni se les mira, ni se les dirige la palabra. No vale la pena. La intolerancia es como una especie de daltonismo social, que no sabe distinguir los colores ni sus matices. Todo resulta blanco o negro. Y no se cae en la cuenta de que todos estamos en la zona gris. Pues aunque es verdad que hay trigo y cizaña, lo cierto es que nadie es trigo limpio. Nada más útil para aprender la intolerancia y mejorar su práctica que darse una vuelta por el propio campo para ver cómo crecen juntos trigo y cizaña. Porque es ahí, en la conciencia de nuestros propios yerros, donde podemos empezar a comprender los yerros de los otros. Y comprender, o tratar de hacerlo, ya es una manera de prepararse para ser tolerantes. La intolerancia, en efecto, es paciencia, o sea, capacidad de encajar las dificultades que me ocasionan los otros, por ser otros (y no como yo, claro). Dificultades que, por lo general, no suelen ser mayores que las que yo les ocasiono con mis diferencias. La tolerancia es también humildad, pero en el sentido genuino de saber valorar lo que somos y valemos y, en consecuencia, lo que no somos y para lo que no valemos. Ahí podemos empezar a calibrar que también los otros pueden tener razón, siquiera en aquello en lo que nosotros no la tenemos. Es más cómodo creer en las propias razones, pero así es muy fácil engañarse con apariencias o "sinrazones". |
|
| CHISTE
MALO |
|
Hay quien ve la brizna en el ojo ajeno y no ve la viga
en el suyo. |
|
| No
a la intransigencia |
|
|
La parábola del trigo y la cizaña descalifica,
especialmente, la intransigencia, tan usual entre quienes detentan autoridades
y poderes, pero también entre los "de a pie". La intolerancia
ha llegado a ser vivida como una virtud a lo largo de muchas épocas
históricas y en la mayoría -por no decir en la totalidad-
de las culturas y religiones que han existido y existen. Lefebvre, el
Islam, el Sionismo... son algunos dolorosos ejemplos de nuestros días.
Las guerras santas (de la edad media y del siglo XX no son otra cosa que
la expresión más radical y violenta de la intransigencia.
Las dictaduras, la represión, los estados policiales, los regímenes
de partido único... son otro tanto. |
|
| ORACIÓN
RECOMENDADA POR LA VIRGEN DE FÁTIMA |
|
"Dios mío creo y espero; os adoro y os amo. Os pido perdón por los que no creen y no esperan; por los que no os adoran y no os aman. (tres veces).
|
|
| El
trigo y la cizaña(Laurentino) |
|
Dios, dueño de la alquería llena de trigo y cizaña, aquí en esta alegoría manifiesta su esperanza. Crecen juntos bien y mal, En verdad produce enojo y ve del otro la paja. ¿Quién
se cree poder juzgar Quien caiga
en la intolerancia |
|
| ORACIÓN
DE LOS ESPOSOS |
|
|
|
| Sugerencias
pastorales |
|
| 1. La fortaleza del cristiano. El inicio del cristianismo nació como una semilla pequeña rodeada por numerosos peligros. Después de la Ascensión a los cielos, los apóstoles debían enfrentar una situación bastante compleja. Más tarde las primeras comunidades cristianas se vieron asechadas por los judíos y por la persecución romana. La pequeña semilla se abría paso en medio de ingentes dificultades. A primera vista la semilla estaba destinada a perecer. Sin embargo, en esta circunstancia se manifestó la grande fortaleza del alma cristiana. Ellos supieron sufrir las adversidades, supieron distinguir el mal de aquellos que lo cometían. Informaron su corazón con la misericordia que nacía del corazón de Jesucristo y no sólo perdonaban a sus verdugos, sino hacían todo por convertirlos a la misma fe. Las palabras de san Agustín son un espléndido testimonio de lo que obra el Espíritu Santo en el alma de los fieles: Si pedimos que el criminal no sea castigado, no es porque nos agrade el crimen, sino porque detestamos el cimen o el vicio en el hombre; cuanto más el vicio nos desagrada, tanto más deseamos que el culpable no muera antes de enmendarse. Es muy fácil, y es una inclinación de nuestra naturaleza, odiar a los malvados porque son malvados; pero es mejor amarlos porque son hombres, de modo que reprendamos la culpa y, simultáneamente, reconozcamos la bondad de la naturaleza en la misma persona. Sin duda muchos abusan de la indulgencia y de la bondad divina,,, Pero por el hecho que los malvados perseveren en su iniquidad, no deberá Dios perseverar en su paciencia? San Agustín, Cartas, Lett, 153; 1,3-2,4. PL 33, 654-655 2. Vencer el mal con el bien. Ciertamente nos toca vivir una época en la que, por los medios de comunicación, tenemos inmediato conocimiento del mal en el mundo. No pocas veces este conocimiento oprime el corazón. En ocasiones ya no deseamos ver las noticias en la televisión o leer el periódico pues cada día nos aguarda una nueva serie de muertes e injusticias. ¿Qué hacer ante esta situación? La tentación es la de hacer caso omiso al mal o dejarse aprisionar por él cayendo en el cinismo o en la depresión y desesperación. El mensaje cristiano es diverso: cuanto mayor sean las sombras que cubren el mundo, tanto mayor debe ser la presencia de los ciudadanos del Reino, de la buena semilla que embellece los campos. El mundo entero está en espera de la plena manifestación de los hijos de Dios. Así pues, no nos dejemos aherrojar por las cadenas del mal, sino que venzamos al mal con el bien. Sepamos oponer al mal una acción concreta en favor del bien. Si cada cristiano toma en serio su misión de sembrador, si advierte que la semilla de la Palabra de Dios tiene virtualidad propia para convertirse en árbol frondoso, si entiende que la gracia de Dios es una levadura capaz de fermentar toda la masa, no se quedará ausente en la construcción de este mundo sino hará cuanto esté en su mano para abrir surcos de esperanza a las nuevas generaciones. |
|
| Eucaristía
y generosidad |
|
![]() Fuente: Catholic.net Autor: P. Antonio Rivero LC La generosidad es la virtud de las almas grandes, que encuentran la satisfacción y la alegría en el dar más que en el recibir. La persona generosa sabe dar ayuda material con cariño y comprensión, y no busca a cambio que la quieran, la comprendan y la ayuden. Da y se olvida que ha dado. El dar ensancha el corazón y lo hace más joven, con mayor capacidad de amar. Cuanto más damos, más nos enriquecemos interiormente. ¿Con quién tenemos que ser generosos? Con todos. Con Dios. Con los demás, sobre todo con los más necesitados. Manifestaciones de una persona generosa. · Sabe olvidar con prontitud los pequeños agravios. · Tiene comprensión y no juzga a los demás. · Se adelanta a los servicios menos agradables del trabajo y de la convivencia. · Perdona con prontitud todo y siempre. · Acepta a los demás como son. · Da, sin mirar a quién. · Da hasta que duela. · Da sin esperar. Hagamos ahora la relación eucaristía y generosidad. Generosidad, primero, por parte de Dios. Generoso es Dios que nos ofrece este banquete de la eucaristía y nos sirve, no cualquier alimento, sino el mejor alimento: su propio Hijo. Generoso es Dios porque no se reserva nada para Él. Generoso es Dios en su misericordia al inicio de la misa, que nos recibe a todos arrepentidos y con el alma necesitada. Generoso es Dios cuando nos ofrece su mensaje en la liturgia y lo va haciendo a lo largo del ciclo litúrgico. Generoso es Dios cuando considera fruto de nuestro trabajo lo que en realidad nos ha dado Él; pan, vino, productos de nuestro esfuerzo. Generoso es Dios cuando no mira la pequeñez y mezquindad de nuestro corazón al entregarle esa poca cosa, y Él la ennoblece y diviniza convirtiéndola en el cuerpo y la sangre de su querido Hijo. Generoso es Dios que nos manda el Espíritu Santo para que realice ese milagro portentoso. El Espíritu Santo es el don de los dones. Generoso es Dios cuando acoge y recibe todas nuestras intenciones, sin pedir pago ni recompensa. Generoso es Dios cuando nos ofrece su paz, sin nosotros merecerla. Generoso es Dios cuando se ofrece en la Comunión a los pobres y ricos, cultos e ignorantes, pequeños, jóvenes, adultos y ancianos. Y se ofrece a todos en el Sagrario como fuente de gracia. Generoso es Dios, que va al lecho de ese enfermo como viático o como Comunión, para consolarlo y fortalecerlo. Generoso es Dios que está día y noche en el Sagrario, velando, cuidándonos, sin importarle nuestra indiferencia, nuestras disposiciones, nuestra falta de amor. Generoso es Dios que se reparte y se comparte en esos trozos de Hostia y podemos partirlo para que alcance a cuántos vienen a comulgar. Es todo el símbolo de darse sin medida, sin cuenta, y en cada trozo está todo Él entero. Generoso es Dios que no se reserva nada en la eucaristía. Y en todas partes, latitudes, continentes, países, ciudades, pueblos, villas que se esté celebrando una misa, Él, omnipotente, se da a todos y todo Él. Y no por ser un pequeño pueblito escondido en las sierras deja de darse completamente. ¿Puede haber alguien más generoso que Dios? Segundo, generosidad por parte de nosotros. Aquí, a la Eucaristía, hemos venido trayendo también nuestra vida, con todo lo que tiene de luces y sombras, y se la queremos dar toda entera a Dios. Le hemos dado nuestro tiempo, nuestro cansancio, nuestro amor, nuestros cinco panes y dos pescados, como el niño del evangelio. Es poco, pero es lo que somos y tenemos. Hemos venido con espíritu generoso para dar, en el momento de las lecturas, toda nuestra atención, reverencia, docilidad, obediencia, respeto. En el momento del ofertorio hemos puesto en esa patena todas nuestras ilusiones, sueños, alegrías, problemas, tristezas. En el momento de la colecta se nos ofrece una oportunidad para ser generosos. En el momento de la paz se nos ofrece una oportunidad para saludar a quien tal vez está a nuestro lado y hace tiempo que no saludamos. Salimos con las manos llenas para repartir estos dones de la eucaristía. En fin, la Eucaristía es el sacramento de la máxima generosidad de Dios, que nos llama e invita a nuestra generosidad con Él y con el prójimo. Jesús eucaristía, abre nuestro corazón a la generosidad. |
|
| CÓMO
VA EL AÑO EUCARÍSTICO? Algunos interrogantes |
|
¿Renovamos nuestra fe en la Eucaristía centro de nuestra vida cristiana? ¿Conocemos cada momento de nuestra principal celebración? ¿Promovemos la renovación de la celebración eucarística dominical y valoramos el Domingo como el Día del Señor? ¿Oramos en torno a la presencia real de Cristo dando culto fuera de la Misa, especialmente en la adoración al Santísimo Sacramento? ¿Nos dejamos iluminar permanentemente por la Palabra de Dios, especialmente en la Eucaristía. Las lecturas constituyen una conversación que el Señor quiere tener con cada uno. Dejamos que su Palabra penetre profundamente en nuestro corazón? ¿Comulgamos cada domingo? Esto significa vivir la mayor experiencia de comunión con Jesús, y por medio de El, con nuestros hermanos. Es vivir en EI y El en nosotros. ¿Por qué nos cuesta tan poco arrodillarnos ante los "grandes" del mundo y, en cambio, nos cuesta arrodillarnos en el momento de la consagración? ¿Vinculamos la vida cotidiana a la Eucaristía? ¿Unimos fe y vida? ¿Contagiamos a otros nuestra vivencia de la fe? La Eucaristía no puede quedar como una mera experiencia personal. Hay que dar testimonio durante la semana, ser más solidarios con nuestros hermanos, especialmente con los más pobres y sufrientes. "Tuve hambre y me diste de comer..estuve enfermo..estuve preso..Lo que hiciste con el más pequeño conmigo lo hiciste.." (Mt 25) ¿Procuramos llegar un momento antes de la celebración para prepararnos interiormente? Una vez finalizada la Eucaristía ¿somos conscientes de que, en silencio, hemos de dar gracias a Dios por el pan recibido? ORACION Tu, Señor, que hiciste de Dios el centro de tu vida: Haz que la Eucaristía sea motor de nuestro caminar cristiano Que seamos conscientes de los gestos que realizamos en cada celebración Que el Domingo sea un día de referencia a Ti, y no un torbellino de actividad que nos desgasta Que vayamos a la iglesia, además de para la Eucaristía, para adorarte Que escuchemos con gusto y con puntualidad el mensaje de tu Palabra Que, por la Eucaristía, estemos en comunión contigo y Tú con nosotros Que, al arrodillarnos, sepamos reconocer tu poder y tu majestad Que, después de cada Eucaristía, la empecemos a vivir con nuestra propia vida Que, allá donde estemos, llevemos el aroma del trigo amasado y del racimo compartido Que, con el silencio (antes y después de la Eucaristía) nos preparemos a tu presencia y te demos gracias por ella. Amén J.L. |
|
| .................................................. | |
| Frases
famosas entre los cristianos de Norteamérica |
|
Cuando llegas al final de toda tu inteligencia, descubres que Dios sonríe con amor un poco más allá. No te quejes tanto de la Iglesia. Si fuera perfecta no tendrías lugar en ella. El que sabe encender tu ira sabe cómo manejarte. Hay un método buenísimo para tener un mejor párroco: orar por él. Cuando Jesús habló de hacernos pescadores de hombres, se entiende que es él y sólo él quien puede lavarlos y limpiarlos. Una coincidencia es cuando Dios quiere pasar anónimo. Si Dios puso un punto final, no agregues tú un signo de interrogación. Los frutos prohibidos vienen en diversas clases de mermeladas. No esperes a que seis forzudos te lleven a la iglesia. Dios no llama a los cualificados; cualifica a los llamados. Dios dijo que habría un buen final, no un paseo perfecto. ¿Es Dios tu copiloto? ¡Cambien de sillas! La voluntad de Dios no te llevará a donde la Gracia de Dios te desampare. No hay que cambiar el Mensaje; es el Mensaje quien nos cambia a nosotros. Para saber qué tan grande es alguien mira qué se necesita para desanimarlo. El buen Dios nada creó sin un propósito, aunque los mosquitos lo ponen a uno a pensar. Nuestras voces y textos bendicen el don de nuestra fe, que atraviesa todas las fronteras. Fr. Nelson M. |
|
| Verano
cristiano, descanso con sentido |
|
Como en años anteriores, al llegar esta época de verano, me dirijo a todos los cristianos y hombres de buena voluntad. Son muchas las personas que en este tiempo llegan a Asturias y son muchos los asturianos que, viviendo aquí, se trasladan de un lugar a otro, bien para pasar unos días en su localidad de origen o para conocer mejor y detalladamente nuestra tierra. Durante este período veraniego los cristianos que
caminamos por Asturias tenemos una nueva oportunidad de anunciar a Jesucristo,
de presentarlo creíble en medio del mundo. ¿Cómo
hacerlo? A lo largo de nuestra existencia se nos presentan muchas posibilidades
de encontrar nuevas formas de vivir. ¿Qué nos impide cambiar
de marcha, tanto a quienes ya creemos, como a quienes dudan o no tienen
fe? Acoger a todos Acoger con sentido Acoger en Jesucristo Estando en Asturias, necesariamente os invito a visitar Covadonga. Peregrinad hasta allí, donde nos encontraremos todos. En Covadonga la Santina reconstruye en auténtica fraternidad toda causa de separación y división que haya acontecido en nuestra vida. Junto a Ella experimentamos la acogida que da la Madre a sus hijos y percibimos el regalo que Ella entrega a quien hasta allí se acerca: Jesucristo mismo. Ante la Reina de Nuestras Montañas, Santa María de Covadonga, percibe la novedad del dinamismo que aparece en la vida cuando eres acogido y recibido; disfruta de ese dinamismo que te abre más a la verdad y, por tanto, te posibilita la inteligencia que proviene de encontrarse con Jesucristo. Ábrete a Él. No tengas miedo de recibirlo y de palpar esta novedad en tu vida. Con el deseo de que viváis un verano diferente, porque entráis en el dinamismo de la acogida, os bendice
|
|
| LA
FOTO DEL DOMINGODomingo 16º del Tiempo Ordinario (A) |
|
EL TRIGO Y LA CIZAÑA
|
|
![]() Jesús
Martí Ballester nos ofrece un comentario al Evangelio de este domingo
que, por considerarlo de interés, lo reproducimos en esta sección
para su mayor difusión. Hemos suprimido algunos párrafos
para hacer un poco más breve la homilía. Juan García Inza |
![]()
![]()
![]()