Reflexiones entre amigos
Revista semanal elaborada por:
MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO
31 de Julio de 2005
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DOMINGO XVIII 2005
Comieron todos hasta quedar satisfechos

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EVANGELIO

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó
de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.

Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:

Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.  Jesús les replicó:

No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron:

Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.

Les dijo: Traédmelos.

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra de Dios.

 

E V A N G E L I O-Comentario breve

Jesús da aquí a la Iglesia una regla de oro: la Iglesia no ha sido nombrada árbitro o juez del mundo de la economía; por eso, no es quién para ofrecer un programa político-económico concreto. Pero sí debe ofrecer una inspiración determinada, según la cual los sistemas económico-políticos pueden ser juzgados éticamente. Así se explica que la Iglesia haya condenado el materialismo capitalista y el materialismo comunista.

Trabajar para vivir es una necesidad; vivir para trabajar, una desgracia; y atesorar, una injusticia. La eucaristía es una exigencia de vida cristiana, una aspiración a los bienes profundos, una cosecha: la de Cristo, síntesis de todo, que está en todos.

Frente a la con-moción, com-pasión, emotiva y, casi siempre, ineficaz que tanto ha predominado en la tradición cristiana, por una mala visión de los sufrimientos de Xto en su pasión y muerte, presentados para despertar sentimientos de compasión y culpa más que como gritos de denuncia y llamada al esfuerzo de esperanza

COMPADECER/COMPARTIR


Jesús empieza "compadeciéndose" de la multitud y termina "compartiendo", que es la terminación normal a donde no llega casi nadie. Compadecerse, todos, sí. Todos tenemos un alma finísima y lloramos mucho por poca cosa. En seguida compadecemos a cualquiera. ¿Y compartir? ¡Hombre, eso ya es cosa de los elegidos! Pues no. Quien compadece y no comparte, ni compadece ni nada. Hace teatro. ¿Compartir qué? Todo, lo que se tenga, nada, cualquier cosa, unos panes y unos peces, dos pesetas, lo que sea. Verá usted cómo la cosa se multiplica.

Compartir es multiplicar. “Ese no es mi problema”

“No es mi problema". Jesús no lo aceptó. Nos sucede con frecuencia a todos. Nos sucede que ante dificultades, problemas o peticiones y pretensiones de alguno de nuestros prójimos, decimos: "No es mi problema". Y es que cada uno de nosotros ya tiene su buen fardo de problemas -en su vida personal, familiar, de trabajo, etc.- como para que tengamos que cargar con fardos ajenos. A veces se nos conmueve el corazón ante las desgracias de alguno de nuestros prójimos, pero, en general, pensamos -si no decimos- que cada uno se resuelva sus problemas.

Algo así pensaron y dijeron los discípulos de Jesús en aquel despoblado, ante el problema de aquella multitud sin comida. Y los discípulos eran buena gente (como la mayoría de los hombres y mujeres de ayer y de hoy son buena gente). Pero una cosa es ser más o menos bueno -un poco aquello de: yo no robo ni mato- y otra bastante distinta es sentir los problemas de los demás como propios.

Jesús, sin embargo, no aceptó el sencillo decir "no es mi problema". Antes de hacer lo que solemos llamar el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, hace como otro milagro, previo y más importante (y quizá incluso mas difícil): el milagro de contagiar su interés por todos, su preocupación por todos, su acción eficaz en favor de todos. No hace falta que la gente se vaya (que cada uno por su cuenta busque la solución de su problema). Traed lo que tengáis, aunque sea poco. "Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio". Y lo poco compartido, se convirtió en mucho, suficiente para todos y aún sobró. Y es que lo que tenemos -aunque sea poco- si es compartido, siempre es mucho.

-Ante nuestros problemas, jamás Dios dice: "No es mi problema" Pero aquel hecho por tantos conceptos admirable que sucedió en aquel descampado de Galilea, no es sólo un ejemplo de cómo hemos de intentar ocuparnos y preocuparnos nosotros de los problemas de los demás. Es también un ejemplo revelador de cómo se comporta Dios -el Dios que nos reveló Jesucristo- con nosotros, con cada uno de nosotros, sin excepción.

Ante nuestros problemas, nuestras dificultades, nuestros agobios, también ante nuestro personal pecado, Dios, nuestro Padre, nunca dice: "No es mi problema". Nunca nos envía, nunca nos despide, para que resolvamos solos nuestros problemas. Nuestros problemas El los siente y vive como propios. Nunca nos deja solos con ellos.


Comentario: Amor compasivo de Cristo y de su Iglesia


Amor compasivo de Cristo.

El amor compasivo de Jesús es el origen de sus acciones en favor de los hombres: sufre con, comparte el sufrimiento, las miserias del otro. Díganlo la viuda que perdió el hijo, las ovejas sin pastor, los hemorroisas, los leprosos... El amor compasivo de hoy en la liturgia se expresa en la imagen de una comunidad, de una multitud, en torno a la mesa que acoge a muchos excluidos: todos aquellos “pecadores” o enfermos que necesitábamos a médico y lo reconocíamos. Él vino a nosotros y no se avergüenza sino que se alegra convidándonos al banquete de hermanos

Banquete de alianza y comunión con Cristo.

Jesús en su vida, palabra, gestos, signos, presenta a los hombres –de parte de Dios- la invitación a firmar alianza de comunión con Él y con los hermanos para siempre en el amor. La fuerza de su mirada y de su verdad hace que la gente le siga. En Él hay algo nuevo que necesita la humanidad.

En la cumbre del monte, en el valle, a orillas del lago, él ofrece –como anfitrión- la comunidad y la palabra del Reino de Dios. Sabe muy bien que donde hay comunidad de mesa para todos hay también comunidad de amor y de esperanza.

En esa mesa, con libertad de espíritu y sinceridad de compromisos, se puede recordar y volver a sellar “alianza perpetua de fidelidad en la fe”, “alianza en la lucha contra el hambre de los más desfavorecidos”, “alianza de implantación del Reino por la justicia y la paz”, “alianza en que la persona sea considerada más grande cuanto mejor sirva a los demás”

En el mundo –entre los grandes del mundo- se celebran banquetes continuos, y de ellos esperamos muchas veces frutos copiosos de mayor respeto, igualdad y fraternidad con los débiles, pero lamentablemente casi nunca llegan.

Jesús en sus comidas campestres, en la mesa de su Palabra, en la multiplicación de los panes, acoge y se compadece de los excluidos de los grandes cenáculos de los grandes de la tierra, y ofrece a cuantos lo desean con pureza y apertura de espíritu que “se sienten a su mesa y compartan con él”, porque todo lo que es del Padre es suyo, y todo lo suyo puede y quiere ser nuestro, si somos grandes en la fidelidad y el amor.

Nada nos separará del amor de Cristo, si llenamos doce cestos de generosidad.

Relacionemos la invitación de Jesús a “sentarnos a su mesa” y los “doce cestos de pan” que sobraron del banquete, con la prueba del amor a Cristo en medio de las dificultades de la vida.

¿Cuándo amortiguaremos cualquier duda o turbación y tendremos serenidad de espíritu para hacer frente a cualquier tipo de adversidad?

Cuando de la generosidad de nuestro corazón, de la gratuidad y alegría de nuestra existencia, del hambre y sed de justicia, del encuentro orante y afectuoso con el Señor, resulten doce cestos o acopio de bondad sobreabundante.

Si cultivamos un amor que es oración, clemencia, misericordia, bondad, cariño, cercanía de Dios que sacia a todo viviente, esa riqueza acumulada sobre humildad y alegre sacrificio nos hace invencible ante cualquier adversidad. .
4. Aplicación

En nuestra vida diaria hay muchos gestos, momentos, actitudes, palabras, signos que nos pueden hacer recordar la intimidad del amor compasivo de Cristo.

La luz, el amanecer, el programa de la jornada, ¿no los podemos poner ante Dios y ante los hermanos a los que –como Jesús- debemos hacer presentes nuestra conciencia?

La mesa familiar, la mesa de la palabra litúrgica, la mesa eucarística, ¿no nos pueden hacer revivir el encuentro con Jesús sentado a la mesa con los excluidos del egoísmo humano?

Los acontecimientos enunciados cada hora o cada día en la prensa, radio, televisión, ¿no nos hacen percibir el eco de las palabras de los discípulos, “no tienen qué comer”, o las de Jesús “dadles vosotros de comer”?

En la Eucaristía pedimos al Padre que el Espíritu trasforme el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo. Pidamos también que ese mismo Espíritu transforme la comunidad en cuerpo de Cristo, y derrame sobre nosotros “el Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo”.

Evangelio:Mt 14,13-21


Jesús se estre­mece ante la necesidad social y “cura a enfer­mos”, hace una obra de honda liberación. El mismo signo de los panes multiplicados será un trabajo liberador no tanto de las garras de la hambruna sino de los impedimentos que el corazón humano pone a la hora de compartir.


* Cuando Jesús dice “dadles vosotros de comer” (v. 16) no bromea. Cree que la persona tiene capacidad en sí misma para solventar los problemas que afectan al reparto de los bienes de la vida. Esa capacidad existe (Jn 1, 12), pero es preciso ponerla en funcionamiento. El discipulado se excusa con lo más fácil: la pobreza como obstáculo insalvable. Jesús hará ver que eso no puede ser el impedimento definitivo para un reparto de los bienes. La dificultad está, más bien, en el corazón de la persona que se afianza por la posesión y el dominio. Efectivamente, el sentido de posesión vela y oculta las posibilidades de reparto.

1. Descanso ansiado

Jesús acaba de escuchar una de esas noticias trágicas a las que el mundo de hoy, por otra parte, nos tiene acostumbrados. Un nuevo episodio sangriento que pone trabas a la llegada del Reino. Esta vez le ha tocado a Juan, el precursor amigo, el valiente, el radical. Ha caído el emisario del reino, el más legitimado anunciador de Jesús. En aquel momento Jesús se siente un poco más solo y probablemente tiene principios de desfallecimiento y deseos de huida. Más probablemente desea estar a solas y descansar con sus discípulos después de la primera misión apostólica. Prepara todo para marcharse a otro lugar; necesita tranquilidad y reposo para recapacitar y sentirse rodeado de su planteamiento (de la misma manera que la hierba es fecunda). La travesía en barca a la otra orilla del lago de Genesaret, con todo, fue triste. Jesús ni se daría cuenta del paisaje del lago con sus pescadores y casitas lejanas. Pensaba en su amigo que ha sido ejecutado; la entrega por el Reino empieza pasando factura y pagando un precio.

Aunque no indica que lo hicieran (Jn 6,10 sí lo dice), se supone que confiaron en la palabra de Jesús que dice que repartiendo sobre la base del todo, llega para la multitud, no siendo obstáculo la pobreza. Este es justamente el verdadero milagro: creer en este mecanismo tan simple pero tan verdadero de un reparto que está libre del sentido de posesión con el que la persona se autoafirma. Creer en esto es un verdadero milagro de consecuencias imprevisibles.

El texto culmina su narración diciendo que la multitud “se sació”: ella misma fue quien puso la medida a su deseo; y sobró (v.20), cumpliéndose aquí también con creces la vieja profecía del relato hermano de 2 Re 4,42-44:”Comerán y sobrará”. El mecanismo del compartir que propone el Evangelio fun­ciona porque el problema no está en la producción sino en el reparto. Y el Evangelio es un camino para encontrar nuevos modos de reparto, ya que esos modos afectan al corazón de la persona, a la mirada que se tiene sobre la realidad del débil. Jesús quiere influir sobre ese tipo de valoraciones y apunta a un cambio vital que propicie una visión distinta del mundo y de los bienes.

Fidel Aizpurúa

2. Muchedumbre ansiosa

Los seguidores de Jesús le persiguen. La masa ha encontrado a alguien que les seduce y les satisface. Es una multitud desarticulada y ruidosa que rompe todos los moldes. Como los adolescentes de nuestro tiempo se concentran cualquier fin de semana en torno a un ídolo. A Pedro y a los demás les desborda esta espontaneidad anárquica. No la pueden controlar pero al mismo tiempo les hace gracia y les rejuve­nece. El mismo Pedro en su empeño por prote­ger al maestro reprimiría más de una sonrisa al percibir la frescura e ingenuidad de todos estos fans tan ruidosos.

3. La necesidad en primer plano

Al bajar de la barca Jesús se topa de nuevo con la necesidad de la multitud. Todos le re­quieren y piden su ayuda. Las dificultades y agobios del trabajo por el Reino dejan paso a las necesidades del prójimo. El diagnóstico de la situación de la muchedumbre es sencillo: en primer lugar, tienen hambre; en segundo lugar, tienen sed y avidez de curación; en tercer lugar, experimentan un profunda desorientación. A nosotros los problemas nos agobian, no nos dejan espacio para lo que preocupa a los demás. Cuesta el hacerse cargo de las necesidades de los otros. Está uno metido en su propio mundo de problemas y todo el resto ocupa un plano secundario. A Jesús la necesidad le moviliza y le lleva a ponerse al servicio de sus seguidores.

Discípulos atentos

En sus meses de trato estrecho con Jesús los doce han aprendido a estar pendientes de los demás. Se han abierto a valores y pautas nuevas pero la necesidad les pone nerviosos. Quieren una solución rápida, que las cosas es­tén controladas y que todo marche a su ritmo. Quieren cuidar a Jesús y protegerle porque la gente le está desviando e incomodando. Son prácticos, realistas; desde el principio saben que los alimentos son muy escasos para tan­tos comensales; describen y denuncian la si­tuación pero se desimplican de ella: “que va­yan a la aldeas y se compren ... “ La visión de Jesús es mucho más amplia. La situación exige una propuesta y una implicación: “No hace falta que se vayan; dadles vosotros de comer”. El ritmo de entrega de los discípulos es diferente al de Jesús, pero se parece mucho más al nuestro.

4. Comunidad articulado

La comunidad de los cinco mil “sin contar mujeres y niños” ilustra el sentido de nuestras comunidades. Mientras los presentes disfrutan tomando unos bocados de pan y unos peces, se va construyendo una verdadera comunidad

-Es una comunidad de escucha en tomo a Jesús, en la que Jesús habla y los demás también comparten su identidad, rasgos familiares y costumbres. En la multiplicidad de origen y variedad cultural encuentran riqueza, aunque necesitan tiempo para aceptarse. Las palabras de Jesús van calando despacio y abren horizontes inéditos, valores nuevos, preocupaciones alternativas. La escucha de Jesús les cau­tiva.

-Es una comunidad que se deja ayudar. En el tiempo que vivimos de la autonomía per­sonal y de las creencias propias, es difícil que alguien se deje guiar con gratuidad. Los discí­pulos ayudaron a la multitud, les orientaron y guiaron. Y la gente les dio confianza.

-Un nuevo rasgo de la multitud constituida en grupo es la participación y colaboración mutua. Tras un primer momento en el que las expectativas son limitadas y las exigencias de pan y curaciones compulsivas, poco a poco se van tejiendo redes de colaboración. Unos a otros se ayudan, se cuestionan y organizan el aprovisionamiento. Todos andan pendientes de los más débiles y cansados, de los niños y los ancianos.

-El ambiente de gratuidad y celebración provoca una enorme satisfacción en todos. Hay cantos y danzas populares, hay recuerdos emocionados y esperanzas tendidas al futuro. La celebración y el encuentro transforma la masa de varios niveles de hombres, en cuerpo y organismo articulado. La transformación per­sonal y la reconciliación con uno mismo son el siguiente paso.

Todos se sienten saciados. Han sido alimentados por el agua, el vino, la leche y los platos sustanciosos de los que habla Isaías, ingredientes de la felicidad del encuentro. Se han abierto al amor de Dios clemente, misericordioso, saciador, justo y bondadoso. Se han pre­ocupado del débil y de aquel que sufre carencias. La muchedumbre ha quedado llena del amor de Dios y del encuentro cariñoso con los hermanos.

Luis Fernando de Miguel

SEÑOR, TOMA MIS PANES Y MIS PECES(Evangelio del día)
 

(Mt 14,13-21; Mc 6,30-44;Lc 9,10-17; Jn 6,1-15)

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés


Sufres porque Juan ha muerto

y buscas la soledad,

mas te salen al encuentro

miles de hombres cuyo credo

es tu Vida y tu Verdad.

Tu dolor es caridad

y les ofreces consuelo,

tienes mensajes de paz,

de eterna felicidad,

y curas a los enfermos.


El poblado está muy lejos,

es final de la jornada,

los cuerpos están hambrientos

pues no tienen alimento,

pero el alma está saciada.

La muchedumbre, sentada

sobre la hierba, en silencio,

permanece entusiasmada

con tu palabra sagrada

y no piensa en el regreso.

Un joven tiene en un cesto

cinco panes de cebada

y dos peces muy pequeños;

te da su hacienda, Maestro,

porque siente tu llamada

en el alma renovada.

Tú alzas los ojos al cielo,

la bendices y, aumentada,

la multitud sustentada,

sobran doce cestos llenos.


Yo también voy a tu encuentro

al monte de la humildad;

quiero estar entre tu pueblo

porque has llenado mi cesto

con tu infinita bondad;

aumenta mi caridad

para entregar mi dinero,

que llegue a todos tu pan

y una nueva humanidad

viva feliz en tu reino.

Ni panes ni peces tengo (Evangelio del día)
 

Por Laurentino Gómez Montes

¿Qué comparto yo, Señor?

¿de que cosas me desprendo

para hacerte el mismo honor

del joven del Evangelio?


¿Qué comparto yo, Señor,

qué te sirve de contento

si mi pobreza es mayor

por no dar ni lo que tengo?


No quieres panes ni peces,

quieres generosidad,

corazones disponibles,

en amor y en caridad.


Quieres que diga aquí estoy,

que ya al fin me entregue a Ti;

¡para hacer tu voluntad

Dios mío, dispón de mí!.

Para respirar: Rincón del humor y de la carcajada


Epigramas de tonterías para que te rías

-¿por qué dará don Manuel

de patadas a su potro?

-Para convencer al otro

que es menos bestia que él.


Preguntaron a un avaro:

-¿Tiene usted un euro suelto?

Y dijo.¿Yo? ¡Ave María!

Yo siempre los tengo presos.

Un chato muy presumido

Llamó a un hombre narizotas.

Y este le dijo:-ya quisieras

Tener las que a mi me sobran.

-Tiene chispa este muchacho,

¿no es verdad?-dijo Teodora.

Y yo dije:-Sí, Señora,

Casi siempre está borracho.


-Mal ha predicado el cura

-dijeron unas devotas,

y yo repuse:-es verdad,

hablaba a tontas y a locas.


Un profesor distinguido

Le preguntó a un escolar:

-Diga:¿qué tiempo es amar?

-¿Amar?.Es tiempo perdido

A - Domingo 18o. del Tiempo Ordinario
Fuente: Catholic.net Autor: P. Octavio Ortíz

Sagrada Escritura
Primera: 1Is 55, 1-3 Salmo 144 Segunda: Rm 8, 35.37-39 Evangelio: Mt 14, 13-21
Nexo entre las lecturas


Nos encontramos ante una de las verdades más consoladoras de la Sagrada Escritura: el amor misericordioso de Dios que se revela en el rostro de Jesús. La primera lectura tomada del profeta Isaías (1L) nos habla del gran banquete de los tiempos mesiánicos al que todos estamos llamados. Basta que uno tenga “hambre o sed”, y es candidato apropiado para acercarse al amor de Dios. Es la pobreza humana la que conmueve el corazón de Dios.

“Si alguno tiene sed, que venga, si tiene hambre que acuda, no importa que no tenga dinero” El hambre y la sed expresan adecuadamente esa necesidad vital y profunda que el hombre experimenta de Dios y de su amor. En el evangelio también aparece un grupo de hombres sin pan, sin sustento. Así como en el desierto Yahveh multiplicó los medios de sustento del pueblo hambriento, así Jesús hoy dará de comer a una multitud que no tiene con qué satisfacer sus necesidades básicas (EV).

El alimento material nos lleva a la consideración de un alimento de carácter espiritual y que responde a la necesidad más esencial del hombre: su deseo de gustar a Dios, su anhelo de sentirse eternamente amado por Dios. El amor esponsal está inscrito en el alma humana con sello indeleble. De este amor ha hecho experiencia Pablo y lo proclama con franqueza y sencillez: ¿Quién podrá apartarme del amor de Cristo? No hay potencia alguna que pueda apartarnos del amor de Cristo. En Cristo se revela el rostro amoroso del Padre (2L).

Mensaje doctrinal

1. La condición para ser alimentado por Dios. El banquete en la Biblia es una imagen del amor de Dios. Cuando se habla del banquete escatológico, se habla del amor de Dios que se manifestará al final de los tiempos. Lugar y ocasión de felicidad y de regocijo.

Las viandas son símbolos de aquella felicidad que ha vencido las penas de la vida: el agua que refresca y calma la sed; el vino que alegra el corazón del hombre; la leche y miel que expresan la abundancia, suavidad y belleza de la tierra prometida.

El hombre tiene una sed profunda, como quedó manifiesto en el diálogo entre Jesús y la Samaritana. “Quien beba de este agua volverá a tener sed. Pero quien bebiere del agua que yo le daré, no volverá a tener sed. Se convertirá en él en una fuente que salte hasta la vida eterna”.

El hombre es un eterno viandante y peregrino que conoce la sed y el hambre del camino. Es un ser que busca, que anhela, inquieto por encontrar su paz y su reposo. Sin embargo, no siempre acierta a dar con aquello que apaga la sed de su alma. La contemplación del mundo nos dice que es dramática su situación. Se despeña por cañadas profundas. Se abandona al mal y se hace sumamente cruel para sí mismo.

Por eso, el lenguaje del profeta Isaías es muy actual, es una invitación a no gastar en aquello que no nos da alimento, en aquello que nos deja igualmente hambrientos.

La condición que Dios nos pide para encontrar este agua, este vino, esta leche y miel, es la de escuchar su Palabra. Se trata de “inclinar el oído”, inclinar el alma, inclinar el orgullo, inclinar la vida entera para contemplar el Plan de Dios, la Alianza que Dios ha establecido con su pueblo. La fuente de la vida se encuentra en la Palabra de Dios que se hace precepto, que se hace orientación, que se hace alianza.

Dios habla a su pueblo. Lo ama. No permitirá que permanezca en la esclavitud de Egipto, no tolerará que venere otros dioses, no dejará que el pueblo muera de hambre y sed en el desierto. El Señor recogerá a su pueblo de todos los lugares donde se había dispersado. El Señor ama a su pueblo. Él es el esposo fiel. Israel es la esposa infiel. Pero el amor de Dios no conoce arrepentimiento y sus planes subsisten de edad en edad. ¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios?

A nosotros, por tanto, nos corresponde escuchar la voz de Dios. Escuchar es una actitud bíblica. No es simplemente oír como transeúnte distraído y desmemoriado. Escuchar es acoger, es ponderar en el alma, como María. Escuchar es prestar el oído, prestar la aquiescencia de la inteligencia y voluntad.

Escuchar es postrarse ante un Dios que habla y se revela. Escuchar es quitarse las sandalias para entrar en el lugar santo. Escuchar es recoger el alma y el espíritu, y decir con humildemente: “Heme aquí”. Ante un Dios que se revela el hombre debe prestar la humilde sumisión. Así pues, escuchar no es sólo abrir el oído, sino abrir el corazón, poner en práctica la palabra de Dios, obedecer su voluntad. El drama del hombre consiste en “no escuchar” la voz de Dios, no querer dar el asentimiento, no confiar en la veracidad y en el amor de quien se revela.

Pero el amor de Dios no se detiene ante nuestras reticencias para escucharle. Así, nos envía a su Hijo, a su unigénito. La Palabra de Dios. En él, Dios hecho hombre, nosotros contemplamos, en rasgos humanos, el amor del Padre, el rostro del Padre. Quien ha visto a Cristo ha visto al Padre. Él nos habla con amor. El nos manifiesta el amor de Dios.

El da su vida por amor al Padre y por amor a los hombres. Cuando el evangelio de hoy nos dice que Jesús vio a la multitud, sintió lástima y curó a los enfermos, nos está hablando del amor de Dios que no se detiene ante el pecado, ante la aparente derrota de su creación y de la realidad humana. El viene a rescatar lo que se había perdido. Viene a manifestar que Dios es amor, y no viene a menos en su amor.

Por eso, en el Tabor el Padre había proclamado solemnemente: “He aquí, mi Hijo, mi predilecto, escuchadle”. Escuchar la palabra de Cristo, ver su hoja de servicio, inclinar el oído ante sus palabras, alimentar nuestra vida y nuestro espíritu del amor de Dios, he aquí la tarea del hombre en esta tierra. “Venid a beber todos sin pagar”.

2. Tener sed y dar de beber. Tener hambre y dar de comer. He aquí dos experiencias del hombre: la experiencia del hambre y de la sed y la experiencia del dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento. El hombre padece sed y hambre. Ciertamente padece el hambre y la sed físicas. Tiene necesidad del agua y del alimento necesarios para la subsistencia. Pero padece, de modo más profundo, hambre y sed de verdad, de felicidad, de paz consigo mismo y con los demás.

Es aquí donde se establece una paradoja: en la medida en que el hombre sacia la sed y el hambre de sus prójimos (próximos), en esa medida va saciando la propia sed. Si esto es así, quiere decir que la propia felicidad, la paz del alma, la realización espiritual, sólo se puede lograr en la entrega generosa a los demás. “Dadles vosotros de comer”.

Así, quien se preocupa sólo por su propia sed, está tristemente condenado a no encontrar sosiego a su inquietud, ni bálsamo para sus heridas, ni agua que sacie su seco paladar. La realización personal pasa a través de la entrega sincera de sí mismo a los demás. Quien se busca a sí mismo, se pierde. Y el que se da y se pierde a sí mismo, se encuentra para la vida eterna. ¿Cómo despertar en nosotros el deseo de dar de comer y de dar de beber? ¿Cómo hacer para que la propia vida se convierta en un don de Dios para los demás? Esto es lo que Jesús pidió a sus apóstoles: “dadles vosotros de comer”. No es necesario que sigan padeciendo hambre, dadles vosotros de comer. La gracia vendrá de lo alto, pero los canales por los que se transmitirá sois vosotros: dadles vosotros de comer. En este domingo debe resonar en lo profundo del alma esta invitación: “dadles vosotros de comer”. El mundo está a la espera de la manifestación de los Hijos de Dios.

Sugerencias pastorales

Uno de los rasgos más propios de la vida cristiana es su sentido misionero. En el alma del cristianismo está el sentido de la misión, del envío, de la buena noticia que se debe anunciar. Por desgracia, este espíritu misionero se ha debilitado en la conciencia y en la práctica de algunas de nuestras comunidades, y en la vivencia práctica de muchos cristianos. Por ello, es interesante volver a descubrir las riquezas de nuestro bautismo y de nuestra vocación cristiana, y su carácter misionero.

Afortunadamente, se percibe en la Iglesia un renacer misionero. Hay dos documentos que han contribuido a esta nueva toma de conciencia: la exhortación apostólica Evangeli nuntiandi (1975) de Pablo VI y la carta encíclica Redemptoris missio (1990) de Juan Pablo II. En ésta última el Papa afirma:El presente Documento se propone una finalidad interna: la renovación de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal.

(Redemptoris Missio 2) El ejemplo del Santo Padre y su encíclica sobre el tema, ha despertado un nuevo interés por la misión ad gentes. Se ha ido logrando poco a poco el fruto de la encíclica: renovación interna de la fe en los fieles. Son numerosas las iniciativas que se han puesto en marcha y otras que se están proyectando.

Han surgido grupos de jóvenes, que a lo largo del año, especialmente en la semana santa, dedican tiempos específicos para ir a las pequeñas poblaciones para avivar la fe. Han surgido grupos de familias que, “en familia”, van de hogar en hogar para compartir la fe con otras familias menos afortunadas y sin tantos medios de formación como ellas. Es importante subrayar la segunda razón que mueve al Papa a hablar de la misión.

Pero lo que más me mueve a proclamar la urgencia de la evangelización misionera es que ésta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia. « Cristo Redentor —he escrito en mi primera Encíclica— revela plenamente el hombre al mismo hombre. El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo ... debe ... acercarse a Cristo. La Redención llevada a cabo por medio de la cruz ha vuelto a dar definitivamente al hombre la dignidad y el sentido de su existencia en el mundo ».(3) (Redemptoris Missio 2)

Será muy útil buscar aquellos medios que favorezcan el espíritu misionero de nuestros fieles. En cada cristiano hay un corazón de apóstol. Es necesario avivarlo. Es necesario darle alas y medios de expresión. Es necesario “enviarlos a la misión”: darles vosotros de comer, dijo Jesús a sus apóstoles. Este es el mejor servicio que podemos prestar al mundo y a nuestros mismos fieles.

Domingo 18º del Tiempo Ordinario (A)

Dadle vosotros de comer

Jesús está hablando a una multitud que se agolpaba junto al mar de Galilea. El Señor nos habla en todas partes. Hoy también se dirige a esas multitudes que llenan las playas de nuestras costas, o los lugares de veraneo. Es verdad que muchos se olvidan de Dios cuando llega el verano. Pero en todos los lugares de veraneo hay iglesias y lugares de culto que se llenan a rebosar cuando se celebra la Santa Misa.

En mi pueblo, junto al Mar Menor, se celebran 12 Misas los días de precepto, y soy testigo de las miles de personas que dejan un hueco para Dios en el día festivo que pasan junto al mar. Y en la capital de la Diócesis hay misas nocturnas los domingos para los que vuelven de pasar el día en cualquier lugar propicio para disfrutar de la naturaleza, y se llenan. Y el Señor está ahí esperando, para hablarnos, para escucharnos, para ayudarnos. Afortunadamente no todos los cristianos se conforman con el nombre, sino que ejercen como tales.

Y el Señor hasta se preocupa de que no pasen hambre. Los discípulos, siempre dejando ver un poco la parte humana, querían quitarse ya de encima el problema, la preocupación de un multitud de muchos miles que estaban sin comer.

Le dicen a Jesús que los mande a los pueblos a buscar alimento. Pero el Señor les responde: Dadle vosotros de comer. ¿Nosotros…? Responderían extrañados. Si no tenemos nada. Pero Jesús insiste: ¿Seguro que no hay nada por ahí? Bueno, responde uno, aquí hay un joven que tiene cinco panes y dos peces, pero, ¿qué es esto para tantos? El Señor quiso probar la generosidad del muchacho, que los había traído para él. Y el joven se los entregó a Jesús. Y Jesús dijo que eran suficientes para todos. ¿Suficientes para todos? Se preguntarían extrañados los discípulos.

Cinco panes, dos peces y cinco mil personas, sin contar niños y mujeres. Pero el Señor, con la generosidad del que da lo que tiene, está dispuesto a hacer el milagro. Y multiplicó tanto los panes y los peces que sobró mucha comida, y la mandó recoger. No se podía dejar tirado por el suelo lo que había sido fruto de un milagro.

Hoy hay mucha gente con hambre: espiritual y física. Y el Señor quiere darles de comer. A nosotros nos pide un gesto de generosidad: que le demos lo que tenemos. El hambre en el mundo se acabaría si fuéramos generosos. Si cada uno compartiera lo que tiene con el que está hambriento a su lado, o lejos de él. Cuando alguno te diga: ¿cómo permite Dios que la gente muera de hambre? Tienes que contestar: ¿Qué estás haciendo tú para remediarla? Pon en las manos de Jesús lo que puedas, que él hará el milagro.

Te cuento la historia de siempre: Esta es una pequeña historia, la historia de siempre, sobre cuatro personas que se llamaban TODO EL MUNDO, ALGUIEN, CUALQUIERA Y NADIE. Había que hacer un importante trabajo y Todo el Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría. Podía haberlo hecho Cualquiera, pero Nadie lo hizo. Entonces, Alguien se enfadó porque era un trabajo de Todo el Mundo. Pero Todo el Mundo pensó que Cualquiera podía hacerlo y Nadie sabía que ninguno lo haría. Al final, Todo el Mundo echó la culpa a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podría haber hecho. La historia de siempre.

Piensa un poco y saca las consecuencias. Buen verano junto a Jesús.

Juan García Inza

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Cinco panes y dos peces, cuando hay fe y buena disposición para compartir, son suficientes para colmar y calmar las aspiraciones y las carencias de aquellos/as que llaman a nuestra puerta. Lo más fácil...escurrir el bulto. Lo más necesario y efectivo: hacer frente a tantas situaciones que son las nuevas caras y los nuevos rostros de hambre que caminan a nuestro lado.

¡DÍNOS SEÑOR!

Dónde ir y a quien alimentar con nuestras presencias y palabras, con nuestros gestos y compromiso.

Los nombres y las calles donde multiplicar y hacer presente el pan y los peces de nuestra misericordia y delicadeza.

Los corazones solitarios necesitados de la masa y la harina que es el pan de nuestra compañía.

¡DÍNOS CÓMO!

Permanecer atentos al sufrimiento humano sin necesidad de huir despavoridos en dirección contraria.

Compartir parte de nuestra riqueza sin, a continuación, mirar el vacío o la ansiedad que dejó en nuestros bolsillos.

Salir de nosotros mismos sin pensar que es de necios poner en la mesa de la fraternidad el pan fresco de cada mañana o las horas gratuitamente gastadas.

Cómo hacer posible ante los ojos del mundo la justicia cuando, cada día que pasa, parece utópico y poco menos que un imposible

¡DÍNOS SEÑOR!

Una palabra ante la situación de la violencia, para poder llevar el pan de la PAZ

Una palabra ante el drama del egoísmo, para que podamos ofrecer los peces de la hermandad

Una palabra ante la enfermedad, para que inyectemos el pan de la solidaridad

¡DÍNOS CÓMO!

Dar de comer a quien no pide precisamente tu pan, sino aquel otro que perece y que en esta vida caduca

Presentar el mensaje de tu vida, cuando hay tanta hartura de golosinas que embaucan, endulzan y malogran el paladar de la humanidad.

Trabajar, y no caer en ese empeño, para que la fuerza del hombre no esté en lo que aparentemente se multiplica sino en aquello que, por dentro, de verdad le enriquece y que en el mundo escasea.


¡DÍNOS TÚ, SEÑOR! ¡DÍNOS CÓMO..SEÑOR!


¡Cómo con tan poco, pudiste Tú hacer tanto! ......cuando, nosotros con tanto, llegamos a tan poco.

A EUCARISTÍA Don para comprender y acoger- para celebrar -para adorar- para la misión- Don recibido de María


El año de la Eucaristía

Estamos celebrando el "año de la Eucaristía". Oficialmente nos lo recuerdan con diversas iniciativas. Es una oportunidad especial, que nos permite contemplar aquello que para tantos cristianos es "semanal" y para no pocos de nosotros "diario".
Decir Eucaristía es decir "Alianza nueva y eterna". Hoy la palabra alianza se ha vuelto "interesante". Se nos habla de "alianza de las civilizaciones" para plantear un nuevo modelo de política mundial. En alguna nación se habla de "alianzas sociales" para referirse a modelos diferentes de convivencia entre las personas dentro de la sociedad.

También se habla de "alianzas del mal". En la alianza se anudan relaciones entre los diferentes. Se establecen compromisos de solidaridad, de mutua ayuda y defensa. Se habla también de nuestros "aliados" cuando se declara una guerra o se plantea una defensa colectiva. Los seres humanos y nuestras colectividades necesitan "alianzas".

Llamamos a la Eucaristía, "sacramento de la nueva Alianza". Es la Alianza que Dios soñó con la humanidad desde tiempos ancestrales. Se no habla de la Alianza de Dios con Noé, en la que se comprometió a no enviar un nuevo diluvio y a no destruir la tierra.

Se nos habla también de la Alianza del Sinaí, donde Dios se escogió un pueblo de su propiedad y le prometió la vida, la buena ventura, la tierra sagrada, si se mantenía fiel. Los profetas entendían la Alianza como Alianza de Amor y se representaban a Dios como el Esposo enamorado y traicionado, y al Pueblo como la Esposa comprometida y tantas veces infiel y prostituida.

Jesús, sobre todo en la última Cena, quiso inaugurar la Alianza nueva, eterna, definitiva. Quería presentarnos la oferta del Dios que ama sin condiciones, para siempre, del Dios que seguirá siendo fiel aunque nosotros seamos infieles.

Y ofreció la el vino de la nueva Alianza y el Pan de la Alianza eterna. En ese momento, Dios quedó comprometido con la comunidad cristiana y con la humanidad "para siempre". Se trata del "desposorio eucarístico" de Jesús con su Iglesia. Nunca la abandonará. Nunca se divorciará de ella. Aunque le sea infiel, él permanecerá fiel, pues el Esposo no puede negarse a sí mismo.

Acercarse a la celebración de la Alianza, cada domingo, cada día, es como acercarse al Fuego, al Amor que no se rompe. Es aprender fidelidad y perseverancia a pesar de todos los pesares. Recibir la Eucaristía es estrechar lazos, hacerse más uno con quien nos entrega su Vida.

Quien está en alianza con Jesús, ¿qué puede temer? ¿Quién será capaz de separarlo del Amor del Señor? Los bautizados llevamos el sello indeleble de la Alianza. Cuando Dios no mira, nos contempla, se acuerda de su santa Alianza y nos protege, nos perdona, nos sueña, nos ama.

Podemos presumir de ser "los hijos y las hijas de la Alianza". Debemos caer en la cuenta del regalo que se nos ha ofrecido y se nos ofrece cada día.

Algunos países están orgullosos de sus alianzas con los poderosos de la tierra. Algunos personajes de la sociedad, están orgullosos de sus alianzas con el dinero, con el sexo y el poder. Nosotros confiamos en el Señor. Con Él nuestra Alianza es inigualable. Nuestro Aliado fiel siempre, siempre nos protegerá, cuidará de nuestro camino. Nuestra suerte está en su mano. ¡Nada hemos de temer!

El año de la Eucaristía nos invita a renovar día a día, semana a semana, nuestra alianza divina. De tal manera que cada Eucaristía estreche cada vez más nuestras relaciones. Cada "encuentro" se torna fuego, enciende... La alianza puede llegar a lo inimaginable: a lo que el ojo nunca vió, ni el oído oyó... Es lo que Dios Abbá tiene reservado para los que le aman.

José Cristo Rey García Paredes, cmf

Comentarios

Las tres lecturas nos hablan de la GRATUIDAD de Dios y de la sobreabundancia de su amor para con nosotros la frágil humanidad, sedientos y hambrientos de verdad y de bien.


   
INVITACIÓN PARA EL XIII CONGRESO–ENCUENTRO EUCARÍSTICO ASTURIAS 2005
Oviedo, 28 de Julio de 2005

Queridos hermanos/as:

Próxima ya la celebración del XIII Encuentro-Congreso Nacional promovido por el Movimiento de la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento A.R.P.U., consideramos oportuno escribiros para invitaros y solicitar vuestro apoyo.

Este Movimiento, aprobado por la Conferencia Episcopal, persigue que las personas visiten, al menos media hora a la semana, al Señor presente en los tabernáculos, sobre todo en los templos parroquiales, catedrales..., tendiendo a lograr una cadena de adoradores ininterrumpida para corresponder al gran amor de Jesús, que quiso quedarse entre nosotros de modo permanente en la Eucaristía, y encomendar con devoción las necesidades y objetivos de las parroquias y diócesis, las vocaciones de especial consagración (sacerdotes y religiosos) y laicos.

Cada año se celebra un Congreso Nacional Eucarístico en las distintas diócesis. Este año hemos escogido la Archidiócesis de Oviedo (Asturias). Os adjuntamos el correspondiente programa

Con ello pretendemos:

*Propiciar una especie de toque de atención sobre la adoración al Señor, máxime, en este año dedicado a la Eucaristía.

*
Profundizar en el Misterio de la Eucaristía, “fuente y cumbre de la vida cristiana”.

*
Que sea una especie de “aperitivo” que “sensibilice y estimule el apetito eucarístico”.

*
Un agradecimiento al Señor por todas las Eucaristías recibidas, así como una respuesta en sintonía con los deseos insistentes y recientes de la Iglesia en lo referente a la adoración Eucarística.

Contamos con vuestra participación y vuestra presencia en todos o en alguno de los actos programados. Si ello no os fuera posible, confiamos en vuestra unión y respaldo en la oración eucarística.

¡Que Dios os bendiga!

Movimiento de Adoración Perpetua A.R.P.U.

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