Reflexiones
entre amigos Revista semanal elaborada por: MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U. PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE OVIEDO |
31
de Julio de 2005 |
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DOMINGO
XVIII 2005 |
Comieron
todos hasta quedar satisfechos |
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EVANGELIO
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V A N G E L I O-Comentario breve Jesús da aquí a la Iglesia una regla de oro: la Iglesia no ha sido nombrada árbitro o juez del mundo de la economía; por eso, no es quién para ofrecer un programa político-económico concreto. Pero sí debe ofrecer una inspiración determinada, según la cual los sistemas económico-políticos pueden ser juzgados éticamente. Así se explica que la Iglesia haya condenado el materialismo capitalista y el materialismo comunista. Trabajar para vivir es una necesidad; vivir para trabajar, una desgracia; y atesorar, una injusticia. La eucaristía es una exigencia de vida cristiana, una aspiración a los bienes profundos, una cosecha: la de Cristo, síntesis de todo, que está en todos. Frente a
la con-moción, com-pasión, emotiva y, casi siempre, ineficaz
que tanto ha predominado en la tradición cristiana, por una mala
visión de los sufrimientos de Xto en su pasión y muerte,
presentados para despertar sentimientos de compasión y culpa más
que como gritos de denuncia y llamada al esfuerzo de esperanza |
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| COMPADECER/COMPARTIR
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Compartir es multiplicar. “Ese no es mi problema” “No es mi problema". Jesús no lo aceptó. Nos sucede con frecuencia a todos. Nos sucede que ante dificultades, problemas o peticiones y pretensiones de alguno de nuestros prójimos, decimos: "No es mi problema". Y es que cada uno de nosotros ya tiene su buen fardo de problemas -en su vida personal, familiar, de trabajo, etc.- como para que tengamos que cargar con fardos ajenos. A veces se nos conmueve el corazón ante las desgracias de alguno de nuestros prójimos, pero, en general, pensamos -si no decimos- que cada uno se resuelva sus problemas. Algo así pensaron y dijeron los discípulos de Jesús en aquel despoblado, ante el problema de aquella multitud sin comida. Y los discípulos eran buena gente (como la mayoría de los hombres y mujeres de ayer y de hoy son buena gente). Pero una cosa es ser más o menos bueno -un poco aquello de: yo no robo ni mato- y otra bastante distinta es sentir los problemas de los demás como propios. Jesús, sin embargo, no aceptó el sencillo decir "no es mi problema". Antes de hacer lo que solemos llamar el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, hace como otro milagro, previo y más importante (y quizá incluso mas difícil): el milagro de contagiar su interés por todos, su preocupación por todos, su acción eficaz en favor de todos. No hace falta que la gente se vaya (que cada uno por su cuenta busque la solución de su problema). Traed lo que tengáis, aunque sea poco. "Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio". Y lo poco compartido, se convirtió en mucho, suficiente para todos y aún sobró. Y es que lo que tenemos -aunque sea poco- si es compartido, siempre es mucho. -Ante nuestros problemas, jamás Dios dice: "No es mi problema" Pero aquel hecho por tantos conceptos admirable que sucedió en aquel descampado de Galilea, no es sólo un ejemplo de cómo hemos de intentar ocuparnos y preocuparnos nosotros de los problemas de los demás. Es también un ejemplo revelador de cómo se comporta Dios -el Dios que nos reveló Jesucristo- con nosotros, con cada uno de nosotros, sin excepción. Ante
nuestros problemas, nuestras dificultades, nuestros agobios, también
ante nuestro personal pecado, Dios, nuestro Padre, nunca dice: "No
es mi problema". Nunca nos envía, nunca nos despide, para
que resolvamos solos nuestros problemas. Nuestros problemas El los siente
y vive como propios. Nunca nos deja solos con ellos. |
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| Comentario:
Amor compasivo de Cristo y de su Iglesia |
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El amor compasivo de Jesús es el origen de sus acciones en favor de los hombres: sufre con, comparte el sufrimiento, las miserias del otro. Díganlo la viuda que perdió el hijo, las ovejas sin pastor, los hemorroisas, los leprosos... El amor compasivo de hoy en la liturgia se expresa en la imagen de una comunidad, de una multitud, en torno a la mesa que acoge a muchos excluidos: todos aquellos “pecadores” o enfermos que necesitábamos a médico y lo reconocíamos. Él vino a nosotros y no se avergüenza sino que se alegra convidándonos al banquete de hermanos
Banquete de alianza y comunión con Cristo. Jesús en su vida, palabra, gestos, signos, presenta a los hombres –de parte de Dios- la invitación a firmar alianza de comunión con Él y con los hermanos para siempre en el amor. La fuerza de su mirada y de su verdad hace que la gente le siga. En Él hay algo nuevo que necesita la humanidad. En la cumbre del monte, en el valle, a orillas del lago, él ofrece –como anfitrión- la comunidad y la palabra del Reino de Dios. Sabe muy bien que donde hay comunidad de mesa para todos hay también comunidad de amor y de esperanza. En esa mesa, con libertad de espíritu y sinceridad de compromisos, se puede recordar y volver a sellar “alianza perpetua de fidelidad en la fe”, “alianza en la lucha contra el hambre de los más desfavorecidos”, “alianza de implantación del Reino por la justicia y la paz”, “alianza en que la persona sea considerada más grande cuanto mejor sirva a los demás” En el mundo –entre los grandes del mundo- se celebran banquetes continuos, y de ellos esperamos muchas veces frutos copiosos de mayor respeto, igualdad y fraternidad con los débiles, pero lamentablemente casi nunca llegan. Jesús en sus comidas campestres, en la mesa de su Palabra, en la multiplicación de los panes, acoge y se compadece de los excluidos de los grandes cenáculos de los grandes de la tierra, y ofrece a cuantos lo desean con pureza y apertura de espíritu que “se sienten a su mesa y compartan con él”, porque todo lo que es del Padre es suyo, y todo lo suyo puede y quiere ser nuestro, si somos grandes en la fidelidad y el amor. Nada nos separará del amor de Cristo, si llenamos doce cestos de generosidad. Relacionemos la invitación de Jesús a “sentarnos a su mesa” y los “doce cestos de pan” que sobraron del banquete, con la prueba del amor a Cristo en medio de las dificultades de la vida. ¿Cuándo amortiguaremos cualquier duda o turbación y tendremos serenidad de espíritu para hacer frente a cualquier tipo de adversidad? Cuando de la generosidad de nuestro corazón, de la gratuidad y alegría de nuestra existencia, del hambre y sed de justicia, del encuentro orante y afectuoso con el Señor, resulten doce cestos o acopio de bondad sobreabundante. Si cultivamos
un amor que es oración, clemencia, misericordia, bondad, cariño,
cercanía de Dios que sacia a todo viviente, esa riqueza acumulada
sobre humildad y alegre sacrificio nos hace invencible ante cualquier
adversidad. . En nuestra vida diaria hay muchos gestos, momentos, actitudes, palabras, signos que nos pueden hacer recordar la intimidad del amor compasivo de Cristo. La luz, el amanecer, el programa de la jornada, ¿no los podemos poner ante Dios y ante los hermanos a los que –como Jesús- debemos hacer presentes nuestra conciencia? La mesa familiar, la mesa de la palabra litúrgica, la mesa eucarística, ¿no nos pueden hacer revivir el encuentro con Jesús sentado a la mesa con los excluidos del egoísmo humano? Los acontecimientos enunciados cada hora o cada día en la prensa, radio, televisión, ¿no nos hacen percibir el eco de las palabras de los discípulos, “no tienen qué comer”, o las de Jesús “dadles vosotros de comer”? |
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| En la Eucaristía
pedimos al Padre que el Espíritu trasforme el pan y el vino en cuerpo
y sangre de Cristo. Pidamos también que ese mismo Espíritu
transforme la comunidad en cuerpo de Cristo, y derrame sobre nosotros “el
Espíritu del Amor, el Espíritu de tu Hijo”.
Evangelio:Mt 14,13-21
1. Descanso ansiado Jesús acaba de escuchar una de esas noticias trágicas a las que el mundo de hoy, por otra parte, nos tiene acostumbrados. Un nuevo episodio sangriento que pone trabas a la llegada del Reino. Esta vez le ha tocado a Juan, el precursor amigo, el valiente, el radical. Ha caído el emisario del reino, el más legitimado anunciador de Jesús. En aquel momento Jesús se siente un poco más solo y probablemente tiene principios de desfallecimiento y deseos de huida. Más probablemente desea estar a solas y descansar con sus discípulos después de la primera misión apostólica. Prepara todo para marcharse a otro lugar; necesita tranquilidad y reposo para recapacitar y sentirse rodeado de su planteamiento (de la misma manera que la hierba es fecunda). La travesía en barca a la otra orilla del lago de Genesaret, con todo, fue triste. Jesús ni se daría cuenta del paisaje del lago con sus pescadores y casitas lejanas. Pensaba en su amigo que ha sido ejecutado; la entrega por el Reino empieza pasando factura y pagando un precio. Aunque no indica que lo hicieran (Jn 6,10 sí lo dice), se supone que confiaron en la palabra de Jesús que dice que repartiendo sobre la base del todo, llega para la multitud, no siendo obstáculo la pobreza. Este es justamente el verdadero milagro: creer en este mecanismo tan simple pero tan verdadero de un reparto que está libre del sentido de posesión con el que la persona se autoafirma. Creer en esto es un verdadero milagro de consecuencias imprevisibles. El texto culmina su narración diciendo que la multitud “se sació”: ella misma fue quien puso la medida a su deseo; y sobró (v.20), cumpliéndose aquí también con creces la vieja profecía del relato hermano de 2 Re 4,42-44:”Comerán y sobrará”. El mecanismo del compartir que propone el Evangelio funciona porque el problema no está en la producción sino en el reparto. Y el Evangelio es un camino para encontrar nuevos modos de reparto, ya que esos modos afectan al corazón de la persona, a la mirada que se tiene sobre la realidad del débil. Jesús quiere influir sobre ese tipo de valoraciones y apunta a un cambio vital que propicie una visión distinta del mundo y de los bienes. Fidel Aizpurúa 2. Muchedumbre ansiosa Los seguidores de Jesús le persiguen. La masa ha encontrado a alguien que les seduce y les satisface. Es una multitud desarticulada y ruidosa que rompe todos los moldes. Como los adolescentes de nuestro tiempo se concentran cualquier fin de semana en torno a un ídolo. A Pedro y a los demás les desborda esta espontaneidad anárquica. No la pueden controlar pero al mismo tiempo les hace gracia y les rejuvenece. El mismo Pedro en su empeño por proteger al maestro reprimiría más de una sonrisa al percibir la frescura e ingenuidad de todos estos fans tan ruidosos. 3. La necesidad en primer plano Al bajar
de la barca Jesús se topa de nuevo con la necesidad de la multitud.
Todos le requieren y piden su ayuda. Las dificultades y agobios del
trabajo por el Reino dejan paso a las necesidades del prójimo.
El diagnóstico de la situación de la muchedumbre es sencillo:
en primer lugar, tienen hambre; en segundo lugar, tienen sed y avidez
de curación; en tercer lugar, experimentan un profunda desorientación.
A nosotros los problemas nos agobian, no nos dejan espacio para lo que
preocupa a los demás. Cuesta el hacerse cargo de las necesidades
de los otros. Está uno metido en su propio mundo de problemas y
todo el resto ocupa un plano secundario. A Jesús la necesidad le
moviliza y le lleva a ponerse al servicio de sus seguidores. En sus meses de trato estrecho con Jesús los doce han aprendido a estar pendientes de los demás. Se han abierto a valores y pautas nuevas pero la necesidad les pone nerviosos. Quieren una solución rápida, que las cosas estén controladas y que todo marche a su ritmo. Quieren cuidar a Jesús y protegerle porque la gente le está desviando e incomodando. Son prácticos, realistas; desde el principio saben que los alimentos son muy escasos para tantos comensales; describen y denuncian la situación pero se desimplican de ella: “que vayan a la aldeas y se compren ... “ La visión de Jesús es mucho más amplia. La situación exige una propuesta y una implicación: “No hace falta que se vayan; dadles vosotros de comer”. El ritmo de entrega de los discípulos es diferente al de Jesús, pero se parece mucho más al nuestro. 4. Comunidad articulado La comunidad de los cinco mil “sin contar mujeres y niños” ilustra el sentido de nuestras comunidades. Mientras los presentes disfrutan tomando unos bocados de pan y unos peces, se va construyendo una verdadera comunidad -Es una comunidad de escucha en tomo a Jesús, en la que Jesús habla y los demás también comparten su identidad, rasgos familiares y costumbres. En la multiplicidad de origen y variedad cultural encuentran riqueza, aunque necesitan tiempo para aceptarse. Las palabras de Jesús van calando despacio y abren horizontes inéditos, valores nuevos, preocupaciones alternativas. La escucha de Jesús les cautiva. -Es una comunidad que se deja ayudar. En el tiempo que vivimos de la autonomía personal y de las creencias propias, es difícil que alguien se deje guiar con gratuidad. Los discípulos ayudaron a la multitud, les orientaron y guiaron. Y la gente les dio confianza. -Un nuevo rasgo de la multitud constituida en grupo es la participación y colaboración mutua. Tras un primer momento en el que las expectativas son limitadas y las exigencias de pan y curaciones compulsivas, poco a poco se van tejiendo redes de colaboración. Unos a otros se ayudan, se cuestionan y organizan el aprovisionamiento. Todos andan pendientes de los más débiles y cansados, de los niños y los ancianos. -El ambiente de gratuidad y celebración provoca una enorme satisfacción en todos. Hay cantos y danzas populares, hay recuerdos emocionados y esperanzas tendidas al futuro. La celebración y el encuentro transforma la masa de varios niveles de hombres, en cuerpo y organismo articulado. La transformación personal y la reconciliación con uno mismo son el siguiente paso. Todos se sienten saciados. Han sido alimentados por el agua, el vino, la leche y los platos sustanciosos de los que habla Isaías, ingredientes de la felicidad del encuentro. Se han abierto al amor de Dios clemente, misericordioso, saciador, justo y bondadoso. Se han preocupado del débil y de aquel que sufre carencias. La muchedumbre ha quedado llena del amor de Dios y del encuentro cariñoso con los hermanos. Luis
Fernando de Miguel |
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| SEÑOR,
TOMA MIS PANES Y MIS PECES(Evangelio del día) |
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| (Mt 14,13-21; Mc 6,30-44;Lc 9,10-17; Jn 6,1-15) Por Emma-Margarita R. A.-Valdés
y buscas la soledad, mas te salen al encuentro miles de hombres cuyo credo es tu Vida y tu Verdad. Tu dolor es caridad y les ofreces consuelo, tienes mensajes de paz, de eterna felicidad, y curas a los enfermos.
es final de la jornada, los cuerpos están hambrientos pues no tienen alimento, pero el alma está saciada. La muchedumbre, sentada sobre la hierba, en silencio, permanece entusiasmada con tu palabra sagrada y no piensa en el regreso. Un joven tiene en un cesto cinco panes de cebada y dos peces muy pequeños; te da su hacienda, Maestro, porque siente tu llamada en el alma renovada. Tú alzas los ojos al cielo, la bendices y, aumentada, la multitud sustentada, sobran doce cestos llenos.
al monte de la humildad; quiero estar entre tu pueblo porque has llenado mi cesto con tu infinita bondad; aumenta mi caridad para entregar mi dinero, que llegue a todos tu pan y una nueva humanidad viva feliz
en tu reino.
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| Ni
panes ni peces tengo (Evangelio del día) |
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| Por
Laurentino Gómez Montes ¿Qué comparto yo, Señor? ¿de que cosas me desprendo para hacerte el mismo honor del joven del Evangelio?
qué te sirve de contento si mi pobreza es mayor por no dar ni lo que tengo?
quieres generosidad, corazones disponibles, en amor y en caridad.
que ya al fin me entregue a Ti; ¡para hacer tu voluntad Dios mío, dispón de mí!. |
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| Para
respirar: Rincón del humor y de la carcajada |
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-¿por qué dará don Manuel de patadas a su potro? -Para convencer al otro que es menos bestia que él.
-¿Tiene usted un euro suelto? Y dijo.¿Yo? ¡Ave María! Yo siempre los tengo presos. Un chato muy presumido Llamó a un hombre narizotas. Y este le dijo:-ya quisieras Tener las que a mi me sobran. -Tiene chispa este muchacho, ¿no es verdad?-dijo Teodora. Y yo dije:-Sí, Señora, Casi siempre está borracho.
-dijeron unas devotas, y yo repuse:-es verdad, hablaba a tontas y a locas.
Le preguntó a un escolar: -Diga:¿qué tiempo es amar? -¿Amar?.Es
tiempo perdido |
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| A
- Domingo 18o. del Tiempo Ordinario Fuente: Catholic.net Autor: P. Octavio Ortíz |
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![]() Sagrada Escritura Primera: 1Is 55, 1-3 Salmo 144 Segunda: Rm 8, 35.37-39 Evangelio: Mt 14, 13-21 Nexo entre las lecturas Nos encontramos ante una de las verdades más consoladoras de la Sagrada Escritura: el amor misericordioso de Dios que se revela en el rostro de Jesús. La primera lectura tomada del profeta Isaías (1L) nos habla del gran banquete de los tiempos mesiánicos al que todos estamos llamados. Basta que uno tenga “hambre o sed”, y es candidato apropiado para acercarse al amor de Dios. Es la pobreza humana la que conmueve el corazón de Dios. “Si alguno tiene sed, que venga, si tiene hambre que acuda, no importa que no tenga dinero” El hambre y la sed expresan adecuadamente esa necesidad vital y profunda que el hombre experimenta de Dios y de su amor. En el evangelio también aparece un grupo de hombres sin pan, sin sustento. Así como en el desierto Yahveh multiplicó los medios de sustento del pueblo hambriento, así Jesús hoy dará de comer a una multitud que no tiene con qué satisfacer sus necesidades básicas (EV). El alimento material nos lleva a la consideración de un alimento de carácter espiritual y que responde a la necesidad más esencial del hombre: su deseo de gustar a Dios, su anhelo de sentirse eternamente amado por Dios. El amor esponsal está inscrito en el alma humana con sello indeleble. De este amor ha hecho experiencia Pablo y lo proclama con franqueza y sencillez: ¿Quién podrá apartarme del amor de Cristo? No hay potencia alguna que pueda apartarnos del amor de Cristo. En Cristo se revela el rostro amoroso del Padre (2L). Mensaje
doctrinal Por eso, el lenguaje del profeta Isaías es muy actual, es una invitación a no gastar en aquello que no nos da alimento, en aquello que nos deja igualmente hambrientos. La condición
que Dios nos pide para encontrar este agua, este vino, esta leche y miel,
es la de escuchar su Palabra. Se trata de “inclinar el oído”,
inclinar el alma, inclinar el orgullo, inclinar la vida entera para contemplar
el Plan de Dios, la Alianza que Dios ha establecido con su pueblo. La
fuente de la vida se encuentra en la Palabra de Dios que se hace precepto,
que se hace orientación, que se hace alianza. A nosotros,
por tanto, nos corresponde escuchar la voz de Dios. Escuchar es una actitud
bíblica. No es simplemente oír como transeúnte distraído
y desmemoriado. Escuchar es acoger, es ponderar en el alma, como María.
Escuchar es prestar el oído, prestar la aquiescencia de la inteligencia
y voluntad. Pero el amor
de Dios no se detiene ante nuestras reticencias para escucharle. Así,
nos envía a su Hijo, a su unigénito. La Palabra de Dios.
En él, Dios hecho hombre, nosotros contemplamos, en rasgos humanos,
el amor del Padre, el rostro del Padre. Quien ha visto a Cristo ha visto
al Padre. Él nos habla con amor. El nos manifiesta el amor de Dios.
2.
Tener sed y dar de beber. Tener hambre y dar de comer. He aquí
dos experiencias del hombre: la experiencia del hambre y de la sed y la
experiencia del dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento.
El hombre padece sed y hambre. Ciertamente padece el hambre y la sed físicas.
Tiene necesidad del agua y del alimento necesarios para la subsistencia.
Pero padece, de modo más profundo, hambre y sed de verdad, de felicidad,
de paz consigo mismo y con los demás. Afortunadamente,
se percibe en la Iglesia un renacer misionero. Hay dos documentos que
han contribuido a esta nueva toma de conciencia: la exhortación
apostólica Evangeli nuntiandi (1975) de Pablo VI y la carta encíclica
Redemptoris missio (1990) de Juan Pablo II. En ésta última
el Papa afirma:El presente Documento se propone una finalidad interna:
la renovación de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misión
renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo
entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!
La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará
inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal.
Será muy útil buscar aquellos medios que favorezcan el espíritu misionero de nuestros fieles. En cada cristiano hay un corazón de apóstol. Es necesario avivarlo. Es necesario darle alas y medios de expresión. Es necesario “enviarlos a la misión”: darles vosotros de comer, dijo Jesús a sus apóstoles. Este es el mejor servicio que podemos prestar al mundo y a nuestros mismos fieles.
Domingo 18º del Tiempo Ordinario (A) Dadle vosotros de comer
Jesús
está hablando a una multitud que se agolpaba junto al mar de Galilea.
El Señor nos habla en todas partes. Hoy también se dirige
a esas multitudes que llenan las playas de nuestras costas, o los lugares
de veraneo. Es verdad que muchos se olvidan de Dios cuando llega el verano.
Pero en todos los lugares de veraneo hay iglesias y lugares de culto que
se llenan a rebosar cuando se celebra la Santa Misa. Y el Señor
hasta se preocupa de que no pasen hambre. Los discípulos, siempre
dejando ver un poco la parte humana, querían quitarse ya de encima
el problema, la preocupación de un multitud de muchos miles que
estaban sin comer. Hoy hay mucha gente con hambre: espiritual y física. Y el Señor quiere darles de comer. A nosotros nos pide un gesto de generosidad: que le demos lo que tenemos. El hambre en el mundo se acabaría si fuéramos generosos. Si cada uno compartiera lo que tiene con el que está hambriento a su lado, o lejos de él. Cuando alguno te diga: ¿cómo permite Dios que la gente muera de hambre? Tienes que contestar: ¿Qué estás haciendo tú para remediarla? Pon en las manos de Jesús lo que puedas, que él hará el milagro. Te cuento la historia de siempre: Esta es una pequeña historia, la historia de siempre, sobre cuatro personas que se llamaban TODO EL MUNDO, ALGUIEN, CUALQUIERA Y NADIE. Había que hacer un importante trabajo y Todo el Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría. Podía haberlo hecho Cualquiera, pero Nadie lo hizo. Entonces, Alguien se enfadó porque era un trabajo de Todo el Mundo. Pero Todo el Mundo pensó que Cualquiera podía hacerlo y Nadie sabía que ninguno lo haría. Al final, Todo el Mundo echó la culpa a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podría haber hecho. La historia de siempre. Piensa un poco y saca las consecuencias. Buen verano junto a Jesús. Juan García Inza |
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| XVIII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO |
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¡DÍNOS SEÑOR! Dónde ir y a quien alimentar con nuestras presencias y palabras, con nuestros gestos y compromiso. Los nombres y las calles donde multiplicar y hacer presente el pan y los peces de nuestra misericordia y delicadeza. Los corazones solitarios necesitados de la masa y la harina que es el pan de nuestra compañía. ¡DÍNOS CÓMO! Permanecer atentos al sufrimiento humano sin necesidad de huir despavoridos en dirección contraria. Compartir parte de nuestra riqueza sin, a continuación, mirar el vacío o la ansiedad que dejó en nuestros bolsillos. Salir de nosotros mismos sin pensar que es de necios poner en la mesa de la fraternidad el pan fresco de cada mañana o las horas gratuitamente gastadas. Cómo hacer posible ante los ojos del mundo la justicia cuando, cada día que pasa, parece utópico y poco menos que un imposible ¡DÍNOS SEÑOR! Una palabra ante la situación de la violencia, para poder llevar el pan de la PAZ Una palabra ante el drama del egoísmo, para que podamos ofrecer los peces de la hermandad Una palabra ante la enfermedad, para que inyectemos el pan de la solidaridad ¡DÍNOS CÓMO! Dar de comer a quien no pide precisamente tu pan, sino aquel otro que perece y que en esta vida caduca Presentar el mensaje de tu vida, cuando hay tanta hartura de golosinas que embaucan, endulzan y malogran el paladar de la humanidad. Trabajar, y no caer en ese empeño, para que la fuerza del hombre no esté en lo que aparentemente se multiplica sino en aquello que, por dentro, de verdad le enriquece y que en el mundo escasea.
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| A
EUCARISTÍA Don para comprender y acoger- para celebrar -para adorar-
para la misión- Don recibido de María |
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Estamos celebrando el "año de la Eucaristía".
Oficialmente nos lo recuerdan con diversas iniciativas. Es una oportunidad
especial, que nos permite contemplar aquello que para tantos cristianos
es "semanal" y para no pocos de nosotros "diario". Llamamos a la Eucaristía, "sacramento de la
nueva Alianza". Es la Alianza que Dios soñó con la
humanidad desde tiempos ancestrales. Se no habla de la Alianza de Dios
con Noé, en la que se comprometió a no enviar un nuevo diluvio
y a no destruir la tierra. Jesús, sobre todo en la última Cena, quiso
inaugurar la Alianza nueva, eterna, definitiva. Quería presentarnos
la oferta del Dios que ama sin condiciones, para siempre, del Dios que
seguirá siendo fiel aunque nosotros seamos infieles. José Cristo Rey García Paredes,
cmf Las tres lecturas nos hablan de la GRATUIDAD de Dios y de la sobreabundancia de su amor para con nosotros la frágil humanidad, sedientos y hambrientos de verdad y de bien.
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![]() INVITACIÓN PARA EL XIII CONGRESO–ENCUENTRO EUCARÍSTICO ASTURIAS 2005 Oviedo, 28 de Julio de 2005 Queridos hermanos/as: Próxima ya la celebración del XIII Encuentro-Congreso Nacional promovido por el Movimiento de la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento A.R.P.U., consideramos oportuno escribiros para invitaros y solicitar vuestro apoyo. Este Movimiento, aprobado por la Conferencia Episcopal, persigue que las personas visiten, al menos media hora a la semana, al Señor presente en los tabernáculos, sobre todo en los templos parroquiales, catedrales..., tendiendo a lograr una cadena de adoradores ininterrumpida para corresponder al gran amor de Jesús, que quiso quedarse entre nosotros de modo permanente en la Eucaristía, y encomendar con devoción las necesidades y objetivos de las parroquias y diócesis, las vocaciones de especial consagración (sacerdotes y religiosos) y laicos. Cada año se celebra un Congreso Nacional Eucarístico en las distintas diócesis. Este año hemos escogido la Archidiócesis de Oviedo (Asturias). Os adjuntamos el correspondiente programa Con ello pretendemos: *Propiciar
una especie de toque de atención sobre la adoración al Señor,
máxime, en este año dedicado a la Eucaristía. Contamos con vuestra participación y vuestra presencia en todos o en alguno de los actos programados. Si ello no os fuera posible, confiamos en vuestra unión y respaldo en la oración eucarística. ¡Que Dios os bendiga! Movimiento de Adoración Perpetua A.R.P.U. |
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