Reflexiones entre amigos
Revista semanal elaborada por:
MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO
7 de Agosto de 2005
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DOMINGO XIX 2005
HAY MÁS ALEGRÍA EN DAR QUE EN RECIBIR

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Lectura del santo Evangelio según San Mateo 14,22-33.

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida:

-¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!

Pedro le contestó:

-Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

El le dijo:

-Ven.

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

-Señor, sálvame.

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: -¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

En cuanto subieron a la barca amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él diciendo:

-Realmente eres Hijo de Dios.



MAR DE FONDO.-REFLEXION SOBRE EL EVANGELIO


El fantasma del miedo nos impide creer.

a)La Barca de la Iglesia.- La barquilla de los discípulos, zarandeada primero por el mar de fondo y llevada a puerto franco después gracias a Jesús, es símbolo ya clásico de la Iglesia. Este relato tiene un significado simbólico igual que el del domingo pasado. Con este capítulo se inicia la parte de Mt que ha sido llamada eclesiástica. Los discípulos de la barca representan de manera no demasiado sutil, a la Iglesia, de la que Jesús nunca está lejos aún cuando la situación sea amenazadora y a él no se le vea.

Cuando se redactó este evangelio de Mt la Iglesia de los principios ya tenía experiencia de las dificultades en el camino de la fe y del seguimiento de Cristo. Experiencia suficiente, aunque corta si la comparamos con la que hoy tenemos después de una travesía de veinte siglos sin que las tormentas externas e internas hayan hecho zozobrar la nave de la Iglesia, porque se cumple la promesa de Je­sús: Yo estoy, con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).

Li presencia de Cristo en su Pueblo es real y eficaz, actuando por su Espíritu, su palabra y los sacramentos de la vida cristiana, entre los cuales sobresale la actualización continua de la eucaristía. Por eso la escena evangélica de hoy tiene validez en todo tiempo, tanto en la trayectoria comunitaria como personal de los creyentes, por cuanto es una lección de fe ante las crisis, las dudas y los fantasmas del miedo.

b) El miedo a creer es no fiarse de Dios.-La figura de Pedro entre la confianza y el temor, y la de Elías entre el desánimo Y la escucha de Dios, nos muestran que el caminar del hombre al encuentro de Dios, es decir la fe, se realiza superando la oscuridad de la duda temerosa. Recelamos del misterio de Dios y nos resulta difícil abandonarnos a sus manos. En una palabra, tenemos miedo a fiarnos de Dios, a creer en El a fondo perdido. Pues para creer hemos de prescindir de nuestras seguridades tan "razonables"; dejar la tierra firme para caminar sobre las olas en medio de la tempestad o entre las dunas movedizas del desierto de la vida.

No acabamos de entender que la fe en Jesús es su invitación a firmar en blanco un seguro evangélico a todo riesgo, brindándonos El una certeza v confianza superiores a toda seguridad humana, una garantía total que nada tiene que ver con las cautelas de nuestro mezquino egoísmo. Sin querer arriesgar nada, atenazados por el fantasma del miedo, no se puede creer en cristiano. Si la aceptación de Dios, que tiene la iniciativa de salvación viniendo El mismo a nues­tro encuentro, no resulta fácil para el creyente de hoy, pensemos que tampoco lo fue para los cristianos de cualquier tiempo, empezando por los Apóstoles y siguiendo por los mártires, los santos y cuantos nos han precedido con la bandera de la fe.

La fe a la intemperie

a) Cuando se oscurecen los signos de Dios en nuestro entorno próximo porque fallan el amor v la amistad en el mundo de los hombres, la fidelidad en el matrimonio, el respeto a la vida, la justi­cia v los derechos humanos en la sociedad; cuando el bien v la verdad parecen batirse en retirada ante el empuje del mal y de la mentira, cuando nos golpean con rudeza la enfermedad, los accidentes y la desgracia, ... entonces inevitablemente se nos hice difícil se­guir creyendo en Dios y en los hombres. Surgen las crisis de fe, la duda sobre Dios y la desesperanza de la "imposible" fraternidad humana; nos ronda el miedo, aparece el desánimo, nos puede la desconfianza en el futuro. Todo ello son señales inequívocas de una fe débil que queda a la intemperie y sin raíces, tanto en los jóvenes como en los mayores.

Y sin embargo, una fe sin apoyos ambientales en un mundo plural y secularizado, es también una oportunidad para personalizar nuestra opción por el Evangelio, por el Reino de Dios y por el amor al hermano; aunque no sin un proceso de purificación que elimine muchos temores silenciosos.

  1. Necesitamos hablar con Dios en el silencio de la oración para superar la tentación de abandonar; como ora Jesús en la noche de la tormenta y como grita el apóstol Pedro ante el peligro de hundirse: ¡Señor, sálvame! 0 repitiendo: Señor, yo creo; pero aumenta mi fe.

Sabemos que nuestra fe tiene por objeto central a una Persona, antes que unas verdades o dogmas; y esta Persona es Cristo: el único que no falla. Jesús, el Hijo de Dios, es más que una idea abstracta, más que una figura histórica del pasado. Es el Dios vivo y amigo nuestro, el Dios presente y actual viviendo entre los que nos reuni­mos en su nombre, salvando al mundo que Dios ama, liberando al hombre del miedo que lo esclaviza, Y guiando con su Espíritu la comunidad de fe, culto y vida que es la Iglesia, su Pueblo.

3. Comentario: Iglesia, pequeña grey, no temas, estoy contigo 

 Mar, viento, barca, iglesia, historia.

Hoy tenemos que hacer referencia a la Iglesia de Cristo. Está en la barca que avanza mar adentro y recibe el embate de las olas agitadas por vientos de adversidades. Dijo bien el concilioVaticano II :entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios (S. Agustín), la Iglesia  va peregrinando, va anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta que El venga (cf. 1 Cor., 11,26). Ella se vigoriza con la fuerza del Señor resucitado, para vencer con paciencia y con caridad sus propios sufrimientos y dificultades internas y externas, y descubre fielmente en el mundo, aunque entre penumbras, el misterio de Cristo hasta que al fin de los tiempos se descubra con todo esplendor (Lumen Gentium, 8).

En la noche, en nuestra historia, es inútil soñar en vida cristiana sin complicaciones y dificultades. La experiencia de contrariedades es una constante en la historia de la salvación.

La persecución, a la que hace alusión el texto de S. Agustín recogido por el Concilio, no tiene por qué ser sangrienta, pero no por ello deja de ser una realidad.  El fenómeno del ateísmo, la indiferencia religiosa, la aparente autosuficiencia del hombre, la implantación de un modelo de vida dominado por el consumo y disfrute del mayor número de cosas posibles..., ¿no desconciertan a muchos cristianos?.

Llevando nuestra mano entrecruzada con la mano del Señor, aceptemos el realismo de una historia compleja; pero que no falten en ella los elementos descritos en el evangelio: un orante en el monte o ante el Sagrario, un proyecto de trabajo con riesgo y sacrificio, una búsqueda de apoyo en el Señor que da sentido a la existencia, y una confesión de la propia debilidad con alabanza agradecida a la fuerza de la divinidad.

 No temáis; soy yo. El consuelo de Dios.

 

¡Qué dulces palabras de amigo son esas, No temas, estoy junto a ti, cuando uno se ve inmerso en situaciones de peligro! ¡Qué dura soledad la de quien no oye voces hermanas entre los hombres!

Dios que asume nuestro lenguaje y, a la vez, lo llena de sentido, se presentó a Moisés como alguien cuya presencia providente abarca toda la historia de Israel. Él es el Señor de la historia.

La manifestación de Dios al profeta Elías en la gruta y en el susurro es un eco de aquella primera teofanía a Moisés. La presencia de Dios se hace brisa en medio de las luchas del profeta, y es portadora de la paz que engendra la fe en la fidelidad de Dios a su amor.

El Yo soy de Jesús que escuchamos hoy en medio de la tempestad es, por lo mismo, la presencia que trae la paz a la barca de la iglesia. Es la presencia del Señor de la historia, resucitado, en su iglesia. En ningún momento la abandona. El que subió al monte, solo, para orar, al principio del relato, es el mismo que está presente al finalizar la noche junto a la barca. Los trabajos de la iglesia están enmarcados entre estas dos presencias.

INTENCIONES DEL PAPA
AGOSTO

GENERAL: Que la jornada de la Juventud suscite o reavive en los jóvenes el deseo de encontrar a Cristo y de encontrar en Él el agua de la vida personal.

MISIONERA: Que a los sacerdotes, seminaristas y consagrados de países de misión que completan su formación en Roma, su permanencia en la Ciudad eterna sea ocasión de enriquecimiento espiritual.

CONFERENCIA EPISCOPAL: Que las vacaciones nos ayuden a un descanso reparador, a unas ralaciones más intensas y un refuerzo de la vida espiritual.

Me llamaste para Ti y se de Quien me fié (Laurentino)

Tu me mandaste ir Ti,

Dijiste: no tengas miedo.

Yo no dudé ni un momento,

como Pedro me lancé,

con una ilusión sin cuento

lleno de confianza y fe.


Me llamaste para Tí

y andando, andandico el tiempo,

con fervor y con denuedo

no exento de algún lamento

pero siendo muy feliz

tu misericordia hallé.


¡Que cuando llegue mi fin

y el dolor llegue de nuevo,

que tu dicha y tu consuelo

obtenga de ti el contento

de que esta cerca de mí

aquel de quien me fié.!


NO SE AHOGUE MI ESPERANZA! Emma-Margarita R. A.-Valdés

(Mt 8,23-27; Mc 4,35-41; Lc 8,22-25)

(Jn 6,16-21; Mt 14, 24-33; Mc 6,47-52)  

En la barca de mi vida

surco un mar desconocido,

el derrotero perdido,

la esperanza desvalida.

Mi marea se agiganta

y te llamo desde el miedo,

no reniego de tu credo

pero la fe se quebranta.

Yo sé que Tú estás conmigo,

que vigilas mientras remo;

no te extrañes si ahora temo

a pesar de estar contigo,  

pues el mar es tan profundo,

las tormentas tan oscuras,

y las luchas son tan duras

en este maldito mundo,

que, a pesar de estar contigo

y saber que Tú me amas,

te llamo mientras me llamas,

y te pido, fiel amigo,

que calmes estas mareas

que me arrastran al abismo,

que se acabe el espejismo

que esclaviza mis ideas,

trae de nuevo la bonanza,

líbrame de todo mal,

¡dame tu paz celestial!,

¡no se ahogue mi esperanza!  

Sugerencias pastorales

La situación de los apóstoles en la barca en medio de la tormenta, se puede comparar con la situación del cristiano en medio del mundo. Da la impresión de que Cristo lo ha obligado asubir a una barca y lo ha metido en una situación poco menos que imposible. El cristiano no tiene propiamente seguridades humanas. Ciertamente cuenta con ciertas apoyaturas, pero en realidad su vida sólo se explica en el misterio de Cristo, y su misión tiene mucho de una travesía en alta mar y con las olas encrespadas.

La tentación es la de olvidarse de Cristo y decir: ¿Por qué he de cruzar en una barca tan frágil por mares tan tempestuosos, si podría yo arreglar mi vida de modo más cómodo? ¿No será mejor renunciar a los grandes compromisos de mi fe y vivir como uno de tantos en busca del pan multiplicado? Sin embargo, Cristo viene en nuestra ayuda y nos repite: ¡Ánimo!, yo soy, no temáis. Y esto es la vida cristiana: confiarse en las manos de un Dios que se ha hecho hombre. De un Dios que nos ha revelado su misterio íntimo, el misterio trinitario y se ha puesto a caminar como uno de nosotros, más pobre que nosotros. Sólo quien descubra que es Dios quien camina por las aguas y me tiende su mano protectora, podrá seguir bogando en medio de temporales y vientos contrarios.

Concluyamos con un texto de P. Talec:

Tú no eres un Dios que salva con facilidad.
Sino que, como el guía de montaña,
nos das seguridad...
Porque Tú eres el Amor

Señor, cuando los vientos son contrarios
y sobre el mar cae ya la noche...
Que tu voz llegue hasta nosotros:
Soy yo, no tengáis miedo
Señor, a cada uno de nosotros
dinos: Ven a mí
Alza un poco tu voz
cuando nos mandes ir a ti.
La buena noticia
Ya tendré tiempo de renunciar

 

Bonifacio Sánchez    
 

Durante estos días pasados hemos visto un espectáculo y unas imágenes que nos han causado un gran impacto. Era un anciano de 83 años, vestido de blanco, que ha recorrido veintitrés mil kilómetros, ha visitado tres naciones, Canadá, Guatemala y México. Ese anciano, con parkinson, con artrosis, casi sin poder tenerse en pie, casi sin fuerzas y con una voz milagrosa, recorre medio mundo para anunciar a miles y miles de jóvenes, de enfermos, de pobres, de ricos y de poderosos estas conocidas y no practicadas palabras del evangelio de hoy: «Dadles vosotros de comer».

Al ver esta imagen patética del Papa, nos hacemos estas tres preguntas: ¿Debe el Papa dimitir? ¿Debe permanecer en su puesto para dar testimonio de su fe? ¿El Papa está sostenido en su cruz, no por su voluntad, sino por los dicasterios responsables de la Curia romana que no quieren perder sus privilegios? Y como pasa siempre, hay respuestas para todos los gustos. En primer lugar, el Papa no puede dimitir, lo que puede hacer es renunciar. Unos dicen que debe renunciar y retirarse a llevar su cruz privadamente, y dejar sitio para que otro sucesor más joven, más fuerte, más dinámico, infunda nuevas fuerzas a la iglesia. Otros dicen que no debe renunciar, porque la iglesia no debe regirse por criterios humanos de rentabilidad y competitividad; que su misión es presentar con todas las consecuencias la imagen del Cristo sufriente. Que esto no es cumplir esas palabras de Jesús: «Dadles vosotros de comer». Porque el mundo está hambriento de los valores que no están de moda. Probablemente la Curia vaticana está imbuida de la diplomacia, que no suele ser muy santa.

El profeta Sofonías, hace 2500 años, cuando Jerusalén tenía poderosas razones para el llanto y la tristeza, lanzó aquellas palabras de esperanza: «Regocíjate, porque ya pasó todo; alégrate de corazón, porque el Señor Dios está entusiasmado contigo». Muchos años después, Pablo, Saulo, estaba vencido, encadenado y tenía suficientes motivos para sentirse deprimido y abatido, y desde la cárcel escribe a sus amigos: «Estad alegres en el Señor. Os lo repito y que lo sepa todo el mundo. Estad alegres». Veintiún siglos más tarde nadie puede negar que hay razones para estar angustiados, temerosos y casi desesperados. Y viene un anciano de occidente, de 83 años, vestido de blanco, clavado en su cruz y nos dice a los hombres y jóvenes que están hambrientos de felicidad, de Dios: «Vosotros, los que me escucháis, desde Toronto, desde México, desde Guatemala, dadles vosotros de comer». ¡Ya tendré tiempo para renunciar!».

DIA 15: ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

PANORÁMICA DE LA FIESTA

SENTIDO DE LA FIESTA.

De entre las cuatro solemnidades del calendario litúrgico en las que María es protagonista -1 de enero, maternidad divina; 8 de diciembre, inmaculada concepción; 15 de agosto, gloriosa asunción- o juega un papel decisivo -25 de marzo, anunciación del Señor-, podríamos decir que dos de ellas tienen referencias más cristológicas -maternidad y anunciación- y las otras dos las tienen más eclesiológicas -concepción y asunción-. Es cierto que para María -como para la Iglesia- todo es cristológico: ¡todo está en función del Cristo salvador! Pero con esta distinción quiero mostrar que en la comprensión de estos dos misterios de María entra un factor "ejemplar" para con la Iglesia que es importante: María es la primera redimida -inmaculada concepción- y es la primera glorificada -asunción-.

Este planteamiento de la solemnidad del 15 de agosto es una clave de interpretación de toda la liturgia de esta fiesta. Pablo-VI, en su magnífica exhortación sobre el culto mariano, resume así el sentido de la solemnidad: "Es la fiesta de su destino de plenitud y bienaventuranza, de la glorificación de su alma inmaculada y de su cuerpo virginal, de su perfecta configuración con Cristo resucitado; una fiesta que propone a la Iglesia y a la humanidad la imagen y la consoladora prenda del cumplimiento de la esperanza final; pues dicha glorificación plena es el destino de aquellos que Cristo ha hecho hermanos teniendo en común con ellos la carne y la sangre" (Marialis-Cultus, n. 6).

Como en todas las solemnidades, la homilía de hoy tiene que ser global, debe tener en cuenta la globalidad del misterio que se celebra para explicarlo lo mejor posible. Por ello, las lecturas deben tomarse como un todo, a diferencia de los domingos.

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