Reflexiones entre amigos
Revista semanal elaborada por:
MOVIMIENTO DE ADORACION PERPETUA A.R.P.U.
PARROQUIA DE SANTA MARIA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO
17 DE ABRIL
DÍA DEL BUEN PASTOR
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DOMINGO 4 º PASCUA 2005
¡Levantaos, vamos!

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PARA EL DIA DEL BUEN PASTOR (Laurentino)

La oveja ya acostumbrada
al trato con el Señor
no encuentra dificultades
en reconocer su voz ,
el Señor es buen Pastor.

En apriscos o majadas,
ante el lobo y el terror,
en necesidad de pastos,
en lo próspero y lo atroz,
el Señor es buen Pastor.

Somos su pueblo elegido,
y buen Padre es nuestro Dios
nosotros somos su hijos,
los dechados de su amor,
el Señor es buen Pastor.

Servid al Señor con júbilo,
dad a conocer su voz,
es la vida y se hace vida,
se hace pan, vino y calor,
el Señor es buen Pastor.

El Señor es el pastor
que conoce a sus ovejas,
que las defiende, las mima
y las cura en el dolor,
el Señor es buen Pastor.

¡Que maravilla, que honor!
la Iglesia, nuestra familia,
es el rebaño de Dios,
los cristianos las ovejas
y el Señor, el buen Pastor.

 

LA PARROQUIA Y EL MOVIMIENTO ARPU AGRADECE DE CORAZÓN AL SANTO PADRE TANTO COMO DE ÉL RECIBIERON Y LE ENCOMIENDAN AL SEÑOR CON EL SIGUIENTE CANTO ORACIÓN

“Sacerdos et Pontifex
et virtutum opifex, pastor bone in populo, Sic placuisti Domino”


¡QUE JESÚS , BUEN PASTOR AYUDE AL OBISPO CARLOS Y AL PÁRROCO LAURENTINO PARA QUE SEAN LOS PASTORES QUE HOY NECESTA NUESTRA DIÓCESIS Y NUESTRA PARROQUIA, QUE CONCEDA EL DESCANSO ETERNO AL PAPA JUAN PABLO II Y QUE CONCEDA A SU IGLESIA, YA EN COCLAVE, EL PASTOR QUE REQUIEREN LOS MOMENTOS ACTUALES !

"Yo soy la puerta de las ovejas"

Lectura del santo Evangelio según San Juan. (Jn 10,1-10)
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
-Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Jesús, les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
-Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
LIBRES PERO NO LIBERADOS
Yo soy la Puerta.
Pocas veces se habrá hablado de la libertad con tanta ambigüedad y confusión como en nuestros días. Hay una «liberación» impuesta por el nuevo contexto social que lejos de ser un camino de crecimiento personal es represión y anulación de una verdadera personalidad humana. «¿Todavía no te has liberado?» Esta es la llamada que se nos hace hoy desde diversos ámbitos de la sociedad, invitándonos a romper con tradiciones, costumbres o fidelidades pasadas, para entrar en otra esclavitud impuesta por nuevas modas y presiones sociales.

Hay quienes se creen más libres por el hecho de romper con todo lo prohibido anulando toda conciencia de culpabilidad. Olvidan que éste es el camino mejor para caer en la irresponsabilidad, el narcisismo autocomplaciente y la esterilidad.

Otros quieren ser «libres como pájaros» y rehuyen todo aquello que puede exigirles compromiso y entrega. Olvidan que estamos hechos para ser libres no como pájaros sino como hombres.

Ser libre es una ilusión si no nos conduce a ser más humanos. ¿Qué es la libertad si no nos lleva a una mayor fidelidad a nosotros mismos, una coherencia mayor con nuestras convicciones más profundas, una búsqueda sincera y sacrificada de lo que puede dar un sentido más digno y noble a nuestra vida?

¿Puede decirse que un hombre «se ha liberado» por el simple hecho de haber superado escrúpulos tradicionales en el campo religioso, moral y social, si vive aburrido, sin proyecto ni horizonte alguno, incapaz de dar sentido a su vivir diario? ¿Puede decirse que «se ha liberado» quien actúa movido únicamente por espíritu de competencia, eficacia y éxito, utilizando su poder para imponerse, lleno de horror ante el fracaso, incapaz de nada que signifique entrega generosa y gratuita al otro? Son muchos los contagiados por eso que alguien ha llamado «el mal de la libertad», es decir, la búsqueda obsesiva de una libertad vacía de contenido, que no quiere saber nada de entrega, fidelidad, solidaridad, crecimiento personal y comunitario. Ser creyente es vivir vinculado a Cristo. Pero precisamente, esa vinculación y adhesión a Cristo es lo que permite al cristiano dar contenido humano a su libertad. El es la puerta que da acceso a la auténtica liberación.

Esta es la promesa de Jesús: «Yo soy la puerta. Quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos». Responder a su llamada, orientar la vida en la dirección que señala su mensaje, comprometerse en construir «el reino de Dios», es lo que puede ayudarnos a conocer la verdadera liberación.

JOSE ANTONIO PAGOLA
BUENAS NOTICIAS
JESÚS PROTOTIPO DE BUEN PASTOR

IV DOMINGO DE LA PASCUA

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco” (Jn 10,27-30)


-Ser menos jefes y más pastores de la Iglesia.
-Pedir a DIOS que necesitamos más pastores en su Iglesia y menos jefes en la iglesia.
-A no poner excesivo peso en los hombros de los demás y a cargar, cuando haga falta, con aquel que –tal vez- está un poco cansado.
-A no conformarnos con aquellos que están alrededor y sí a salir de nuestro círculo con valentía, para recuperar a los que hace tiempo se perdieron, los perdimos o los dejamos escapar.
-No ser funcionarios eclesiales y sí personas que quieren ser felices llevando el mensaje de Jesús.
-Mirar a los ojos a los que, tal vez, hemos olvidado o marginado porque nos resultaban incómodos o proféticos para nuestra vida.
-Realizar un esfuerzo mayor en el conocimiento, y menos en los juicios, sobre aquellos a los que desde nuestra posición privilegiada castigamos con el látigo de la indiferencia.
-Preguntar por aquellos que, tal vez, se encuentran inmersos en mil soledades y al borde del “crac” personal y de una “ruptura existencial”.
-Interesarnos por aquel al que le pusimos veto en nuestro redil.
-Curar las heridas producidas por la excesiva dureza del cayado con unos o...por la blandura y el consentimiento del mismo cayado con otros.
-Salvar a personas, con nombres y apellidos concretos, que viven circunstancias de orfandad y de decepción, de pasotismo o indiferencia.
-A comprender y liberar (no indagar) en las historias personales de aquellos que viven bajo el peso de ellas. Si Dios perdona…¿nosotros no?.
-A dar la vida (en gestos y palabras, en decisiones y cercanía) no a los pocos que tal vez eclipsan la realidad donde vivo sino, también, por aquellos otros que han visto para siempre algunas puertas.
-Poner menos empeño y tiempo en dinámicas, en reuniones y delegaciones....y a interesarnos más por aquellos pastores que dando el todo de su vida se encuentran al borde de muchos precipicios.
-Cerrar el paraguas de tantas ideas que gastan a las personas y que se quedan sobre la mesa y...a recorrer muchos caminos que nos llevan a las personas, a sus circunstancias y a su realidad concreta.
-Construir una Iglesia donde, de verdad, sintamos la presencia del Pastor (Jesús) por el testimonio, la palabra, el interés, la cercanía, la comprensión, etc., a través de aquellos pastores que hablan y actúan en su nombre.
Javier Leoz Sacerdote

A PROPÓSITO DE LA ELECCIÓN DE PAPA


Cualidades de un pastor en la actualidad según D. Carlos, nuestro Arzobispo.

Profetas de esperanza
El mundo está necesitado de profetas de esperanza. ¿Hay algún profeta de esperanza mayor que Jesucristo? ¿Hay alguien con más capacidad para seguir alentando ese profetismo de esperanza -que tiene siempre salidas para toda situación- que aquellos que son presencia viva de la cercanía y acción de Jesucristo como son los sacerdotes? Necesitamos hombres desinstalados y contemplativos que saben vivir la fortaleza y el amor del Espíritu Santo, y así se conviertan en pastores serenos y ardientes testigos de la Pascua. Los tiempos pueden ser estériles si abundan y llegan a nuestra propia vida el miedo, la tristeza, el desaliento o el espíritu derrotista. Es la hora de los fuertes y audaces en el Espíritu. Es la hora de los profetas de la esperanza. Es la hora de los testigos y de los mártires.
El talante del pastor ¿Qué manifestaciones tiene que tener este vivir y ser pastores, profetas de la esperanza, siendo protagonistas del "arte de las artes?” Hay unas características y acentos esenciales que configuran, así, el rostro al pastor:

Un pastor cordial, impulsado a vivir un diálogo abierto con los hombres de hoy. Cordialidad que no es ficción, menos aún cálculo interesado, y menos aún táctica que busque la dominación. Es la cordialidad y cercanía de quien sabe que no se habla a la inteligencia del ser humano si, a la vez, no se llega a su corazón. La palabra clave de la cordialidad del pastor la encontramos en Jesús mismo en su diálogo con Nicodemo: «Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar el mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3, 17).

Un pastor espiritual, que fomenta el diálogo abierto con Dios delante de los hombres y que es maestro de esta relación única entre Dios y el hombre. Por tanto, un hombre con la espiritualidad de comunión (cf. NMI 43, 44, 45). Un hombre que tiene necesidad de experimentar el misterio de la Trinidad y que vive en sí mismo de la experiencia de Cristo. Que siente en su propia carne aquellas palabras del Señor «sin mi no podéis hacer nada».

Un pastor con un amor entrañable a la Iglesia, que tiene y se detiene en pensamientos amorosos y reverentes hacia la santa Iglesia. Ella tiene un rostro, una organización, una jerarquía, un presbiterio, una catolicidad. Ama a la Iglesia como amas a tú propia madre, no hagas distingos, te ha dado todo lo que eres y te entrega todo lo necesario para que seas lo que tienes que Ser. Mira y ama a la Iglesia desde su misterio. Ella es la madre benigna y dispensadora de salvación a todas las personas y tiene que ser amada con ternura y dedicación por sus hijos. Es Cristo quien fundó la Iglesia. Te entrego una experiencia: El amor a la Iglesia es cada día mayor cuanta más estima y vinculación tengamos con lo que es el corazón mismo de la Iglesia, la Eucaristía. El pastor que ama a la Iglesia busca por todos los medios que los cristianos tengan una experiencia eclesial profunda y facilita con su testimonio estos medios. Así es capaz de afrontar nuevos retos en la configuración de las comunidades cristianas.

Un pastor que trabaja incansablemente por las vocaciones al ministerio sacerdotal y tiene un cariño especial por las instituciones que forman a los futuros sacerdotes. Cree en que Dios puede llamar cuando quiere y, por eso, apoya los modos en que la Iglesia del Vaticano 11 ha querido guardar, cultivar y promover las vocaciones al ministerio sacerdotal a través de los Seminarios. Hemos de vivir convencidamente lo que nos dice el Papa Juan Pablo li: «Las vocaciones, este es un Problema muy Importante para la vida de la Iglesia en todas Partes del mundo» (NMI 46). Hermanos, trabajad por las vocaciones al ministerio sacerdotal, de este modo también los nacéis por las demás vocaciones de especial consagración. ,audaces y humildes para presentar la vocación, para dirigir el corazón de un joven, para despertarlo a la llamada: «Tú, ven y sígueme».

Un pastor cuyo estilo de vivir y de ser viene dado por la "caridad pastoral", que es el mismo amor de Jesucristo expresado y contenido en nuestra vida. «Nadie puede ser excluido de nuestro amor, desde el momento que con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre» (NMI 49). En la caridad pastoral hay que imitar en estos tiempos la intrepidez de los primeros discípulos: ir hacia nuestros hermanos y con el testimonio de la vida decirles -¡Hemos visto al Señor!» (Lc 2, 51).
(De la homilía en la misa crismal. 15.04.03)

PASCUA, PRIMAVERA DE LA IGLESIA


Sigamos en el empeño de someter a la savia pascual en esta primavera de la Iglesia las realidades mas fundamentales de la fe, hoy en concreto, la pastoral.
Recibe el nombre de pastoral la misión encomendada por Cristo a todos los bautizados, que es su misma misión.
Reseño tres rebeldías de nuestros años mozos, a partir del Vat.II , inspiradas por el mismo Concilio.
La 1ª rebeldía:
El desconocimiento de nuestro Pastor Cristo y las falsas imágenes de Dios, que tan poco parecido tienen con Jesús buen pastor. No le conocemos y el Señor dice que sus ovejas le conocen . No lo conocemos por falta de trato y familiaridad con Él.
La 2ª rebeldía:
Frente a una concepción clericalista de la Iglesia. Todos los bautizados somos consagrados. Los sacerdotes, religiosos y religiosas somos consagrados como los demás y, además, tenemos una especial consagración sobreañadida.
La 3ª rebeldía:
Frente a un concepto individualista de la religión cristiana ya que Cristo nos quiso rebaño, cuerpo de Cristo de distintos miembros, familia de los hijos de Dios. Familia de intimidad. En este año destaca se acentúa: “me conocen y las conozco”, lo que en sentido bíblico es gran intimidad. Esto conlleva trato y convivencia.

En consecuencia la labor pastoral es de la incumbencia de todos los bautizados. Señalamos en nuestra página Web:
“Concebimos la Parroquia como lugar ordinario en el que los fieles se reúnen para secundar la acción de Dios, crecer en santidad, participar en la misión de la Iglesia y vivir en comunión con nuestra fe en Cristo Jesús. La Parroquia es comunidad de comunidades; comunidad de fe, de culto y de caridad”.

Tres facetas de lo pastoral:
a) La santificadora: Misa, Sacramentos, Culto... En todo ello tiene su quehacer todo el pueblo de Dios. El sacerdote preside la Eucaristía en representación de Cristo-cabeza, pero todos los miembros, todo el pueblo de Dios la ofrece al Padre con la mayor participación posible.

b) La profética o evangelizadora: Homilías, Catequesis, Formación cristiana ,difusión del evangelio por diversos medios (hojas, revistas, internet etc etc). Cada cristiano debe participar según sus posibilidades y carismas.

c) La de la caridad: Caritas, diversas obras sociales, atención a enfermos, a ancianos, a emigrantes etc.
Nadie está exento de esta responsabilidad, como es lógico.

Domingo de Oración por las vocaciones de especial consagración. (El día de hoy era tradicionalmente el día del Párroco y de la parroquia.)

Pablo VI decidió que esta jornada se dedique universalmente a oración por las vocaciones de especial consagración, que escasean.
Si cada vocación en la Iglesia está al servicio de la santidad, algunas, sobre todo, como la vocación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada lo son de modo especialísimo. Es a estas vocaciones a las que invito a mirar hoy con particular atención, intensificando su oración por ellas.
¡El Dueño de la mies haga que no falten en su Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas!

ORACION DEL PAPA POR LAS VOCACIONES

Padre Santo: mira nuestra humanidad,
que da los primeros pasos
en el camino del tercer milenio.
Su vida sigue marcada fuertemente todavía
por el odio, la violencia, la opresión,
pero el hambre de justicia, de verdad y de gracia,
encuentra espacio en el corazón de tantos,
que esperan la salvación,
llevada a cabo por Ti, por medio de tu Hijo Jesús.
Necesitamos mensajeros animosos del Evangelio,
siervos generosos de la humanidad sufriente.
Envía a tu Iglesia, te rogamos,
presbíteros santos, que santifiquen a tu pueblo
con los instrumentos de tu gracia.
Envía numerosos consagrados
que muestren tu santidad en medio del mundo.
Envía a tu viña, santos operarios
que trabajen con el ardor de la caridad
y, movidos por tu Espíritu Santo,
lleven la salvación de Cristo
hasta los últimos confines de la tierra. Amén.

IOANNES PAULUS II

Consecuencias prácticas:
-Revisar la misión pastoral que le corresponda a cada uno.
-Ofrecerse de cara a una mayor participación en la labor pastoral de la Iglesia, esta es de la incumbencia de todo bautizado.
-Orar por las vocaciones y apoyarlas con todo empeño y corazón. No sólo hoy sino de modo continuo.

En la fiesta del Buen Pastor. Algunas ideas de nuestro Padre y Pastor el Obispo Carlos Osoro en su libro: “A la Iglesia que amo”
LA ALEGRÍA DE LA PASCUA EN LA IGLESIA


Discípulos de Cristo.-Pues bien, el signo de una existencia pascuales cristiana verdadera es la alegría. Y la alegría es el mejor testimonio de la autenticidad de una vida. En el cristianismo, no se trata de ser individualmente alegres. Se trata fundamentalmente de formar que irradien cotidianamente la alegría comunidades. Urge recuperar la alegría de la Pascua, que es distinta a otras alegrías superficiales y pasajeras. El signo de descomposición de una comunidad cristiana es la tristeza, la amargura, el pensar mal de los demás, los miedos diversos que podemos sentir y que parece que se instauran a perpetuidad en nuestra vida.

Novedad y alegría de la Pascua.- La Pascua nos pone ante la inevitable y gozosa exigencia de lo nuevo en el mundo, en la historia y en nosotros mismos. En la Pascua celebramos la vida. Esa vida que no acaba, que alienta en el camino, que da seguridad absoluta en la inseguridad, que da valor en el miedo, que da fortaleza en la debilidad, que da alegría en la cruz y el sufrimiento.
Hace falta que recuperemos la alegría en el mundo y en la Iglesia o mejor, recuperar la alegría en la Iglesia para el mundo.
Hablar de la alegría no es ignorar el dolor, el sufrimiento, la muerte. Todo lo contrario. Es descubrir el sentido de la cruz desde la fecundidad del misterio de la Pascua.
Vivir la alegría de la Pascua nos hace:
Mirar la vida desde la hondura de Dios.
Ayudar a los hombres con la misma mano de Dios .
Oír con los oídos de Dios mismo . La alegría nace cuando sabemos oír las necesidades de los demás. Para ello hay que tener unos oídos limpios, capaces de estar atentos a los demás y de escuchar.
no sólo lo que nos conviene, sino también lo que nos complica, lo que nos deja sin tener tiempo para nosotros ya que tenemos que responder a lo que oímos.
Amar con el mismo amor de Dios. Lo cual supone dar la vida como Dios mismo la dio. No solamente dar cosas o dar saberes, sino dar la vida misma, la vida física.
Servir con los mismos sentimientos de Dios. Sin discriminar a nadie, sabiendo que lo que hacemos es lo que tenemos que hacer. Nuestra tentación consiste en vivir en muchos momentos de nuestra vida sirviendo a los que son como nosotros, a los que piensan como nosotros, a los que viven como nosotros pensamos que hay que vivir.
A un hombre con novedad pascual no tiene que asustarle la muerte porque sabe que tiene la vida y que para él la muerte es un paso a la vida. Al hombre pascual le tiene que asustar la vejez, es decir, no descubrir cada día rasgos nuevos de Cristo en todos y en todo.
La alegría de vernos hombres nuevos y habitantes de tierras nuevas.
Para descubrir esta alegría es necesario ser contemplativo.
A los cristianos se nos pide en primer lugar nuestro tiempo, que no nos angustiemos por lo que está pasando, ni soñemos superficialmente en una paz que no nazca de la cruz. Se nos pide que sepamos leernos con la novedad que trae Cristo y que sepamos leer nuestro mundo desde esa novedad.
La alegría de ser conscientes de que somos de Dios
La novedad pascual es la verdadera alegría nacida de la Pascua y de esta realidad que nos ilumina, Cristo: ser hombres de Dios hace que tengamos la urgencia de incorporar a nuestra vida los sentimientos de Cristo: “tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo”. Sentimientos nuevos de amor, servicio, perdón, darlo todo sin esperar nada.
Los cristianos estamos seguros de que el mundo se arreglará en la medida en que haya hombres y mujeres con estos sentimientos. Esta seguridad nos la da el mismo Cristo.
La novedad de la Pascua está en haberse puesto el hombre en manos de Dios.
Desde la luz pascual, un hombre es hombre en la mediada en que dice a Dios en todas las circunstancias de la vida: aquí me tienes. Ponerse radicalmente en Dios es una fuente de alegría: ¿Cómo vamos a estar fuera de Dios? ¿Cómo vamos a estar contentos en manos distintas a las que nos hicieron?. ¿Cómo sentiremos ponernos en otras manos?
Desde la resurrección del Señor todas las cosas y sucesos tienen un sentido diferente, nuevo, distinto.
La novedad de la pascua está en sentirse del grupo del Señor y vivir como miembro de su Iglesia
El mundo en el que estamos viviendo siente la urgencia de una iglesia comunidad evangélica, de comunidades nutridas en la palabra de Dios y en la Eucaristía.
A esta Iglesia, en este grupo del Señor, es donde pongo mi vida en manos de Dios, desde donde leo y percibo la acción de Dios en la historia, en donde encuentro la salvación. A esta Iglesia es a
la que amo y entrego mi vida, pues en ella está el tesoro más grande que un hombre pueda tener: Cristo, el Señor, el Resucitado, el que es camino, verdad y vida.
La alegría pascual vivida desde la aceptación de María como Madre.
También nosotros la queremos acoger como madre, tal como tu has querido que fuese para nosotros. Una madre cercana que sin dar explicaciones de nada, con su silencio nos hace entenderlo todo. Una madre paciente, que siempre sabe decir si, que no se cansa de ver lo mejor que tiene la vida y los hombres.
Necesitamos de ti, María, para vivir la Pascua. Para vivir la Pascua, también necesitamos de tu presencia, de tu cercanía, de tu aliento, de tu paz.
A ti María, cercana a Cristo en la vida, en la muerte y en la resurrección, te pedimos que nos ayudes a entender la novedad de la Pascua. Queremos estar junto a ti como los primeros cristianos.

Sabemos que junto a ti viviremos la cercanía y la presencia de tu Hijo Jesucristo:
“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de sus hermanos” (Act 1,14).
Homilía del cardenal Ratzinger en la misa de exequias de Juan Pablo II
«Está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice»

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 8 abril 2005 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció el cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, durante la misa de exequias por Juan Pablo II que presidió este viernes en la plaza de San Pedro del Vaticano.

* * *
«Sígueme», dice el Señor resucitado a Pedro, como última palabra a este discípulo elegido para apacentar a sus ovejas. «Sígueme», esta palabra lapidaria de Cristo puede considerarse como la clave para comprender el mensaje que deja la vida de nuestro difunto y amado Papa Juan Pablo II, cuyos restos depositamos hoy en la tierra como semilla de inmortalidad, con el corazón lleno de tristeza pero también de gozosa esperanza y de profunda gratitud.

Con estos sentimientos y este espíritu, hermanos y hermanas en Cristo, nos encontramos en la plaza de San Pedro, en las calles adyacentes y en otros diferentes lugares de la ciudad de Roma, poblada en estos días por una inmensa multitud silenciosa y orante. Saludo a todos cordialmente. En nombre del Colegio de los cardenales saludo con deferencia a los jefes de Estado, de gobierno y a las delegaciones de los diferentes países. Saludo a las autoridades y a los representantes de las Iglesias y comunidades cristianas, al igual que a los de las diferentes religiones. Saludo a los arzobispos, a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles, llegados de todos los continentes; de forma especial a los jóvenes a los que Juan Pablo II definía como el futuro y la esperanza de la Iglesia. Mi saludo alcanza también a todos los que en cualquier lugar del mundo están unidos a nosotros a través de la radio y la televisión, en esta participación conjunta en el solemne rito de despedida del querido pontífice.

«Sígueme». Cuando era joven estudiante, Karol Wojtyla era un apasionado de la literatura, del teatro, de la poesía. Mientras trabajaba en una fábrica química, rodeado y amenazado por el terror nazi, escuchó la voz del Señor: ¡Sígueme! En este contexto tan particular comenzó a leer libros de filosofía y de teología, entró después en el seminario clandestino creado por el cardenal Sapieha y después de la guerra pudo completar sus estudios en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica de Cracovia. Muchas veces en sus cartas a los sacerdotes y en sus libros autobiográficos nos habló de su sacerdocio, en el que fue ordenado el 1 de noviembre de 1946. En esos textos interpreta su sacerdocio a partir de tres frases del Señor. Ante todo ésta: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca» (Juan 15, 16). La segunda palabra es: «El buen pastor da su vida por las ovejas» (Juan 10, 11). Y por último: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor» (Juan 15, 9).

En estas tres frases podemos ver el alma entera de nuestro Santo Padre. Realmente ha ido a todos los lugares sin descanso para llevar fruto, un fruto que permanece. «Levantaos, vamos», es el título de su penúltimo libro. «Levantaos, vamos». Con esas palabras nos ha despertado de una fe cansada, del sueño de los discípulos de ayer y hoy. «Levantaos, vamos», nos dice hoy también a nosotros. El Santo Padre fue además sacerdote hasta el final porque ofreció su vida a Dios por sus ovejas y por toda la familia humana, en una entrega cotidiana al servicio de la Iglesia y sobre todo en las duras pruebas de los últimos meses. Así se ha convertido en una sola cosa con Cristo, el buen pastor que ama sus ovejas. Y finalmente «permaneced en mi amor»: el Papa, que buscó el encuentro con todos, que tuvo una capacidad de perdón y de apertura de corazón para todos, nos dice hoy también con estas palabras del Señor: «Permaneciendo en el amor de Cristo, aprendemos, en la escuela de Cristo, el arte del verdadero amor».

«Sígueme». En julio de 1958 comienza para el joven sacerdote Karol Wojtyla una nueva etapa en el camino con el Señor y tras el Señor. Karol fue, como era habitual, con un grupo de jóvenes apasionados de canoa a los lagos Masuri para pasar unos días de vacaciones juntos. Pero llevaba consigo una carta que le invitaba a presentarse ante el primado de Polonia, el cardenal Wyszynski, y podía adivinar el motivo del encuentro: su nombramiento como obispo auxiliar de Cracovia. Dejar la docencia universitaria, dejar esta comunión estimulante con los jóvenes, dejar la gran liza intelectual para conocer e interpretar el misterio de la criatura humana, para hacer presente en el mundo de hoy la interpretación cristiana de nuestro ser, todo aquello debía parecerle como un perderse a sí mismo, perder aquello que constituía la identidad humana de ese joven sacerdote. Sígueme, Karol Wojtyla aceptó, escuchando en la llamada de la Iglesia la voz de Cristo. De este modo, se dio cuenta de que es verdadera la palabra del Señor: «Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará» (Lucas 17, 33). Nuestro Papa, todos lo sabemos, nunca quiso salvar su propia vida, guardársela; se entregó sin reservas, hasta el último momento, por Cristo y por nosotros. De esa forma experimentó que todo lo que había puesto en manos del Señor se lo devolvía de una nueva manera: el amor a la palabra, a la poesía, a las letras fue una parte esencial de su misión pastoral y dio nueva frescura, actualidad nueva, atracción nueva al anuncio del Evangelio, precisamente cuando éste es signo de contradicción.

«Sígueme». En octubre de 1978 el cardenal Wojtyla escucha de nuevo la voz del Señor. Se renueva el diálogo con Pedro narrado en el Evangelio de esta ceremonia: «Simón de Juan, ¿me quieres?...
Apacienta mis ovejas». A la pregunta del Señor: Karol ¿me quieres?, el arzobispo de Cracovia respondió desde lo profundo de su corazón: « Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro querido Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo arraigamiento en Cristo pudo llevar un peso, que supera las fuerzas puramente humanas: ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal. Éste no es el momento de hablar de los diferentes aspectos de un pontificado tan rico.
Quisiera leer solamente dos pasajes de la liturgia de hoy, en los que aparecen elementos centrales de su anuncio. En la primera lectura dice San Pedro --y el Papa nos dice con San Pedro--: «Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato. Él ha enviado su Palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la Buena Nueva de la paz por medio de Jesucristo que es el Señor de todos» (Hechos 10, 34-36). Y en la segunda lectura, San Pablo --con San Pablo nuestro Papa difunto-- nos exhorta intensamente: «Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así firmes en el Señor» (Filipenses 4, 1).

¡Sígueme! Junto al mandato de apacentar su rebaño, Cristo anunció a Pedro su martirio. Con esta palabra conclusiva, que resume el diálogo sobre el amor y sobre el mandato de pastor universal, el Señor recuerda otro diálogo, que tuvo lugar en la Última Cena. Esa vez, Jesús dijo: «Adonde yo voy, vosotros no podéis venir». Pedro dijo: «Señor, ¿a dónde vas?». Le respondió Jesús: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde.» (Juan 13, 33.36). Jesús va de la Cena a la Cruz y a la Resurrección y entra en el misterio pascual; Pedro, sin embargo, todavía no le puede seguir. Ahora, tras la Resurrección, llegó este momento, este «más tarde». Apacentando el rebaño de Cristo, Pedro entra en el misterio pascual, se dirige hacia la Cruz y la Resurrección. El Señor lo dice con estas palabras, «cuando eras joven…, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras» (Juan 21, 18). En el primer período de su pontificado el Santo Padre, todavía joven y repleto de fuerzas, bajo la guía de Cristo fue hasta los confines del mundo. Pero después compartió cada vez más los sufrimientos de Cristo, comprendió cada vez mejor la verdad de las palabras: «Otro te ceñirá...». Y precisamente en esta comunión con el Señor que sufre anunció el Evangelio infatigablemente y con renovada intensidad el misterio del amor hasta el fin.

Él nos ha interpretado el misterio pascual como misterio de la divina misericordia. Escribe en su último libro: El límite impuesto al mal «es en definitiva la divina misericordia» («Memoria e identidad», página 70). Y reflexionando sobre el atentado dice: «Cristo, sufriendo por todos nosotros, ha conferido un nuevo sentido al sufrimiento; lo ha introducido en una nueva dimensión, en un nuevo orden: el del amor... Es el sufrimiento que quema y consume el mal con la llama del amor y obtiene también del pecado un multiforme florecimiento de bien» (página 199). Alentado por esta visión, el Papa ha sufrido y amado en comunión con Cristo, y por eso, el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo.

Divina Misericordia: El Santo Padre encontró el reflejo más puro de la misericordia de Dios en la Madre de Dios. El, que había perdido a su madre cuando era muy joven, amó todavía más a la Madre de Dios. Escuchó las palabras del Señor crucificado como si estuvieran dirigidas a él personalmente: «¡Aquí tienes a tu madre!». E hizo como el discípulo predilecto: la acogió en lo íntimo de su ser («eis ta idia»: Juan 19,27) -- Tous tuus. Y de la madre aprendió a conformarse con Cristo.

Ninguno de nosotros podrá olvidar que en el último domingo de Pascua de su vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, se asomó una vez más a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano e impartió la bendición «Urbi et Orbi» por última vez. Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos tu querida alma a la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. Amén.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

TESTAMENTO DE JUAN PABLO II

«Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor» (Cf Mateo 24, 42). Estas palabras me recuerdan la última llamada que llegará en el momento en el que quiera el Señor. Deseo seguirle y deseo que todo lo que forma parte de mi vida terrena me prepare para este momento. No sé cuándo llegará, pero al igual que todo, pongo también este momento en las manos de la Madre de mi Maestro: «Totus Tuus». En estas mismas manos maternales dejo todo y a todos aquellos con los que me ha unido mi vida y mi vocación. En estas manos dejo sobre todo a la Iglesia, así como a mi nación y a toda la humanidad. Doy las gracias a todos. A todos les pido perdón. Pido también oraciones para que la Misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad e indignidad.
No dejo tras de mí ninguna propiedad de la que sea necesario tomar disposiciones. Por lo que se refiere a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que se distribuyan como se considere oportuno. Que los apuntes personales sean quemados. Pido que vele sobre esto don Stanislaw, a quien agradezco su colaboración y ayuda tan larga a través de los años y por haber sido tan comprensivo. Todos los demás agradecimientos los dejo en el corazón ante Dios, pues es difícil expresarlos.

Con los jóvenes de Asturias«Yo estoy con vosotros todos los días»
22ª Catequesis en los encuentros de oración
4 de abril de 2005 Texto a meditar: Jn 6, 51-58

Voy a contarte algo que me sucedió siendo joven sacerdote. Un día un grupo de personas llegó a visitar la iglesia más antigua de la ciudad de Torrelavega, una parroquia a la que me habían destinado y donde desempeñaba mi ministerio sacerdotal. Me encontraba en el pórtico del templo y una persona del grupo de visitantes me preguntó: “¿Qué es lo que hay de más valor en esta iglesia? ¿Algo que sea digno de visitar?” Sin dudarlo un instante y con todo el entusiasmo de mis primeros meses de ministerio sacerdotal, respondí inmediatamente: “Venid conmigo”. Quise hacer de buen cicerone y los llevé hasta el altar mayor. Se hizo un silencio grande. Hice la genuflexión, me arrodillé por un instante y dije: “Aquí está lo más importante y lo que más valor tiene en esta iglesia. ¡Aquí está el Señor! Podéis hablarle que Él os escucha”. Tardaron unos segundos en reaccionar, pero todos se mantuvieron en silencio mirando el Sagrario durante un tiempo prudencial. Estoy seguro que algo le dirían al Señor y también seguro que Él algo les sugeriría. Después les expliqué los valores artísticos que posee aquella iglesia, pero les añadí con toda intención que el valor más grande al que daba cabida aquel templo, era Jesucristo que estaba realmente presente en el misterio de la Eucaristía.
IV Domingo de Pascuapor José Cristo Rey García-Paredes
Una sola piedra, un solo Nombre, un solo Pastor

Nuestra historia es como una asombrosa catedral. En ella la clave de la bóveda es al mismo tiempo la piedra fundamental. Todo se sostiene en ella y desde ella. Si esa piedra se cae, todo se derrumba. Esa piedra permite la estabilidad; desde ella se despliega la belleza.
Jesús dijo a los Sumos Sacerdotes: "Destruid este templo y en tres días lo reconstruiré" (Jn 2,19). Ellos destruyeron el templo. El velo del templo, que se rasgó, era el anuncio de esa destrucción. Pero Jesús lo reconstruyó -sin tardar- en tres días. Jesús resucitado es la morada de Dios en medio de su pueblo. Su cuerpo es el nuevo Templo, lugar de reunión y de encuentro, lugar de sacrificio y alabanza.
El nuevo templo es el cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia, la Eucaristía. "Vosotros sois el Cuerpo de Cristo y cada uno por su parte, miembros" (1 Cor 12,12). Los cristianos son las piedras vivas de este Templo. Jesús es la clave de la bóveda o la piedra fundamental.
Se va reconstruyendo constantemente el Cuerpo-Templo en la Eucaristía: "El cáliz que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo y entre los fieles? Y el pan que partimos ¿no es la participación del cuerpo del Señor? Porque si hay un solo pan, somos todos un mismo cuerpo: el de Cristo" (1 Cor 10,16-17).
Es destruido el templo individual del cuerpo de Jesús y resucita como Cuerpo-Templo colectivo donde todos nos integramos como piedras vivas. Jesús Resucitado es la piedra central, fundamental.
Pues bien, ¡esa piedra ha sido desechada, marginada, eludida... Sin embargo, Dios ha contado con ella para construir su templo.¡
En este templo todos somos "hijos de Dios". La filiación divina de Jesús es compartida, sin distinción. El Hijo se ha convertido en lugar de encuentro, de identificación, de salvación. Por eso decía Juan, lleno de admiración: "Mirad qué amor nos ha tenido el Abbá para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!".
Esta realidad contrasta con nuestra experiencia. Mientras se va construyendo esta Catedral del cuerpo de Cristo, no parece que tengamos condición de "hijos de Dios". La gente no se cree que estas piedras -que somos nosotros- puedan formar parte de un magnífico templo. Pero es así. Un día todos lo verán. Nosotros nos veremos formando parte del Cuerpo, del Templo bellísimo. ¡Seremos semejantes a Él.
Nuestra relación con el Señor Resucitado es muy estrecha. Es casi nada lo que nosotros podemos hacer por Él. Él muchísimo lo que él puede hacer por nosotros. Muere solo, como el grano de trigo. Resucita comunidad, como la espiga. En su muerte, Dios Padre nos engendra a todos como hijos e hijas suyos, como Cuerpo de su Hijo, como Templo Santo del Espíritu. En todo este proceso Jesús es el Buen Pastor, el Bello Pastor, porque -resucitado- está envuelto en la Gloria de Dios. Así es enormemente atractivo. Las ovejas le siguen, le aman, se enamoran de Él, se sienten felices con él. Además, el buen-bello Pastor defiende a sus ovejas: su vara y su cayado les traen sosiego, paz, seguridad. El buen Pastor da la vida por las ovejas.

Hay también "malos pastores", asalariados: se buscan a sí mismos, se protegen a sí mismos. Colaboran con el mal. Ven venir al lobo y abandonan las ovejas y huyen. No las defienden. Así se produce la dispersión, los cismas. Al asalariado no le importan las ovejas.
Este domingo es una buena oportunidad para pensar en la Iglesia, en quién es la Iglesia. Y nos respondemos que es "de" Jesús y de nadie más. La iglesia no pertenece a ningún ser humano. Jesús es el "Único Pastor", Jesús es el "único Nombre". La Iglesia no es de sí misma, sino de Dios, de Jesús. Podemos con nuestros gestos y actitudes negar la quintaesencia de la Iglesia, buscándola por sí misma. Centrándonos en su poderío social. Vanagloriándonos de nuestro poder y de nuestro prestigio. Nadie suplanta al Buen Pastor, al bellísimo Pastor al que siguen las ovejas. Sólo hay una piedra angular, sólo un nombre, sólo un pastor. A los asalariados no les importan las ovejas... no les importa el Buen Pastor. Pero ese buen Pastor, es el Pastor humilde, que se abaja, que busca la oveja perdida, que no discrimina entre las ovejas, que no busca los primeros puestos.


El cardenal Marchisano revela su curación después de que le tocara el Papa.
En la misa celebrada en sufragio del Papa al día siguiente de sus exequias, el cardenal Francesco Marchisano, reveló que quedó curado de un grave problema en la garganta después de que Juan Pablo II rezara por él y la tocara.
10/04/2005:

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 10 abril 2005 (ZENIT.org).- En la misa celebrada en sufragio del Papa al día siguiente de sus exequias, el cardenal Francesco Marchisano, reveló que quedó curado de un grave problema en la garganta después de que Juan Pablo II rezara por él y la tocara.

El purpurado italiano, arcipreste de la Basílica de San Pedro del Vaticano, amigo personal de Karol Wojtyla desde 1962, reveló este detalle hasta ahora desconocido en la eucaristía que concelebró en ese mismo templo junto al arzobispo Stanislaw Dziwisz, secretario personal del Papa.

En el segundo día de los «novendiali», los nueve días de misas en sufragio por el Papa, tras sus exequias, el cardenal recordó que hace cinco años «me habían operado de la carótida y por un error de los médicos se paralizó la cuerda vocal derecha, obligándome a hablar casi imperceptiblemente».

«Como un padre me salió al encuentro y comenzó a acariciarme durante dos o tres minutos donde me habían operado», añadió con lágrimas en los ojos.

«Yo me quedé sin palabras --reconoció--. Mientras, me decía: "No tenga miedo, verá, vera… El Señor le devolverá la voz. Verá. Yo rezaré por usted. Verá…"».

«Poco después quedé curado», recordó monseñor Marchisano, quien en la homilía afirmó: «demos gracias también al Señor por haber dado a su Iglesia un Papa como éste, y pidamos al Señor la gracia de querer dar a su Iglesia otros Papas que sigan este camino».

Solidaridad.net

CULTURA
• Nuevo proyecto de Mel Gibson: La vida de Juan Pablo II
El mundo de la cultura con Karol Wojtyla: Mientras el realizador de La Pasión de Cristo, que ya envió un equipo de filmación a los funerales del Papa, ultima los detalles para su película, se presenta en Roma otra cinta sobre la vida del Pontífice y Plácido Domingo cantará sus versos

Y, como remate... UNA SONRISA SANA

Que tu paso por estas páginas de humor te deje una sonrisa limpia y una dulce sensación de alegría.
¡¡¡Dios te bendiga!!!
"Estad alegres en el Señor..." (San Pablo)
Ten presente que:UN SANTO TRISTE... ES UN TRISTE SANTO

LECHE
-¿Me vende un kilo de leche? -La leche no se pesa, se mide! -Entonces deme un metro!
EN LA SELVA
¿Qué le dijo un jaguar a otro jaguar? - Jaguar you.
PARADOJAS
En los aviones el tiempo se pasa volando.
Tengo que ir al oculista, pero nunca veo el momento.
El que ríe el ultimo piensa más despacio.
Yo sí sé lo que es trabajar duro, porque lo he visto.
¿Cuál es la mitad de uno? -El ombligo.
Hay tres tipos de personas: los que saben contar y los que no.
La advertencia consiste en amenazar por las buenas.

Buen pastor- Mal pastor- Lobo


Buen Pastor es:
-El sacerdote que predica todo el Evangelio y se esfuerza por cumplirlo.
-El padre de familia, que no considera a sus hijos como una carga.
-El buen catequista, el buen militante cristiano, el miembro del voluntariado social...
-El patrono o empresario que cumple con la justicia social.
-El comerciante que no pasa ni pesa gato por liebre.
-El periodista o representante de medios de comunicación social, consciente de su gravísima responsabilidad.
-El católico comprometido hasta los dientes con su parroquia o con otros cargos eclesiales.
-El que se la juega por los demás y está siempre en disposición de ayuda.

Mal pastor es:
- El mercenario, es decir, los que sólo se mueve por dinero.
- El hombre de autoridad que considera su cargo como un privilegio y no como un servicio.
- El que utiliza su posición para que le reporte provechos inconfesables.
- El intelectual que lanza ideas irresponsables por afán de brillo.
- El político que no obedece a Dios, e incluso se apodera de Él para incluirlo en su receta.
- El que por sistema ve siempre, y sólo, la parte mala de las personas y destruye, destroza, amarga, y emponzoña a todos y todo.
- El que siente temor por dar la cara por el más débil.
- El que se deja llevar por la corriente de la sociedad de consumo y por el placer, enemigos que por otra parte, tanto criticamos.
- El cristiano que se limita a la práctica religiosa, o el que reduce el mensaje de Cristo bien al terreno de lo social, o bien al espiritual.
Lobos son: (También esta figura la encontramos en el Evangelio y en la vida, además muchas veces, vestido de piel de oveja.) Son:
- Los padres que en aras de un egoísmo criminal, evitan los hijos o los destruyen.
- El amigo o la compañera que ayuda a pecar o a hundirse a los demás.
- El obrero que sabotea su trabajo.
- El que emplea su posición privilegiada en la sociedad para explotar al pueblo y engordar a costa de él.
La lista puede ser interminable en cada uno de los tres personajes.

CUARTO DOMINGO DE PASCUA. EL BUEN PASTOR
LA FUERZA DEL AMOR PASTORAL


(Tenemos palpitante y al rojo el amor pastoral de Juan Pablo II. Esto está escrito mucho antes de su fallecimiento)
EI amor es lo mas fuerte, mas que el odio y que la muerte. Cristo, modelo de pastor, am6 hasta dar la vida. Para salvar alas ovejas, se enfrento a todos los lobos, porque le importaban las ovejas (cf. In 10, 11-13). Los lobos se ensañaron con el, pero sigue viviendo y guardando a su rebaño.
El amor es valiente: camina delante de ellas, abriendo senderos, y las ovejas lo siguen.
El amor es generoso: no descansa, vigila, da su tiempo y todo lo que tiene para cuidar el rebaño, y no pide nada a cambio, se da gratuito.
El amor es misericordioso: perdona, regala, cura, vuelca toda su ternura Sobre las ovejas mas pequeñas, mas débiles, mas necesitadas.
Como resumen de este amor podemos leer las breves pinceladas que nos ofrece S.Pedro, que se adentra en el misterio del pastor herido.
No cometió pecado: Era santo, autentico, limpio de corazón.
No devolvía el insultos: Por cada insulto devolvía una buena palabra, una bendición, un perdón.
No profería amenazas: «No gritará, no clamará, no voceará por las calles» (Is 42, 2). Respondía mas bien con el silencio: callaba. «Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca» (Is 53, 7).
Se ponía en manos del que juzga justamente: En las manos del Padre, que es el mas fuerte. «Juzgame, oh Dios, segun mi justicia» (Sal 7, 9). Mi justicia y tu justicia son el amor.
Cargado con nuestros pecados subía al leño: Como el cordero que carga
con el pecado del mundo, «como un cordero llevado al matadero» (Is 53, 7).
Sus heridas os han curado: Las heridas se convirtieron en fuentes de gracia y salvaci6n, y no dejan de manar. Si miramos y nos acercamos a esas fuentes seremos santificados.
Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor:
Nos atrajo con sus «silbos amorosos» desde lo alto de la cruz.
Quedémonos contemplando devotamente a este pastor crucificado.
«Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos, y muerto se ha quedado asido de ellos, el pecho del amor muy lastimado».
(S. JUAN DE LA CRUZ).

YO SOY LA PUERTA

Es una imagen menos desarrollada que la del pastor, pero es también muy sugerente. Cristo es la puerta para entra en el rebaño, es la puerta para entrar en el Reino, es la puerta para llegar al Padre.
«Por esta puerta hemos de entrar», afirmaba Santa. Teresa. Entrar por esta puerta quiere decir adaptarse alas medidas de Cristo, asumir el espíritu de Cristo, vivir según el estilo de Cristo. Entrar por la puerta-Cristo significa cristificarse, tener los mismos pensamientos y los mismos sentimientos que Cristo.
Para a1canzar a Dios tienes que pasar por Cristo. Para pastorear el rebaño de Dios tienes que pasar por Cristo. Cuando Cristo te de su aprobado, su diplomatura, cuando ponga en ti su firma y su sello, entonces estarás capacitado para ser un buen pastor. De lo contrario serás un mercenario y un impostor.
La puerta tiene varias tablas, como la paciencia, la fortaleza, la generosidad, la misericordia. Todas esas tablas, bien integradas suelen tener forma de cruz. Anímate a pasar.

PARA ESTO HABEIS SIDO LLAMADOS


(Jornada mundial de oración por las vocaciones)
Todos hemos sido llamados, todos somos vocacionados, tenemos una vocación. Por eso, en estas jornadas vocacionales lo primero que tenemos que hacer es agradecer la llamada del Señor.
Es un don gran de que Dios se haya fijado en ti y te haya llamado por tu nombre. ¡El vocativo! jQué pena si nadie te llamara. No sabrías quién eras ni para qué que vales. Cuando alguien te llama es porque te quiere o por que te necesita. Fíjate si un hombre es llamado por una mujer; o si te llama el presidente, el rey, el Papa... Pues es Dios el que te llama, por eso, por que te quiere y porque te necesita.
Todos vocacionados por Dios para esto: para que lo conozcas, para que abras tu puerta a su amor, para que le ofrezcas tus manos y tu coraz6n.
Toda vocación conlleva una misión. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Cristo nos envía a trabajar en su mies. Nos envía a continuar su misi6n: «dar buenas noticias a los pobres, proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos» (Lc 4, 18). Nos envía a prolongar su misericordia, a luchar contra el mal, a construir el Reino de Dios.

Vocaciones de especial consagración
Hay carismas distintos y hay vocaciones variadas. Hoy se pide por las vocaciones de aquellos que quieren seguir a Cristo de manera, no digo radical, porque toda vocaci6n cristiana lo es, sino total y especialmente entregada. Es la vocaci6n de los que quieren estar mas cerca de Cristo y más tiempo con Cristo, de los que hacen de su vida entera una ofrenda a Dios y a los hermanos, de los que ya no quieren vivir para sí, sino para los demás. Es la vocaci6n de los que lo dejan todo y se hacen pobres, para evangelizar a los pobres; de los que entregan todo su coraz6n a los hermanos, especialmente a los más necesitados. Es la vocaci6n de los que quieren vivir las Bienaventuranzas y seguir el Evangelio, sin glosa ni comentarios. Es la vocación de los que quieren hacer de sus vidas perenne oración de alabanza a Dios. Es la vocación de los que quieren «encabezar la marcha del pueblo peregrino».
«Y las saca fuera». Jesús quiere que salgamos de nuestra inmadurez y de todo lo que nos impide ser nosotros mismos. Por ello, su misión de pastor enviado por Dios consistirá en sacar de la institución judía a los que respondan a su llamada, para crear con ellos su nueva comunidad. Su misión es incompatible con la institución judía. Una vez fuera, «camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz». El verdadero pastor camina delante, abriendo horizontes a los suyos, dando ejemplo. Es el primero en enfrentarse con el peligro, el primero en dar la vida cuando se trata del bien de los demás. Jesús nos marca el camino; él mismo es el camino (Jn 14,6) que debemos recorrer. Su voz anima al seguimiento porque comunica vida verdadera. ¿Cómo no seguir al que vamos experimentando como plenitud de todo lo humano

ULTIMA HORA: LA ELECCION DEL NUEVO PAPA.- DEL PERIODICO DIARIO OVIEDO (16 de Abril de 2005)
A la espera de la 'fumata blanca'


El próximo lunes el Mundo volverá a mirar a Roma. En la capilla Sixtina comenzarán las reuniones de los 115 cardenales que tienen en sus manos, "junto al Espíritu Santo" elegir al sucesor de Juan Pablo ll. Hasta que la fumata blanca anuncie en el Vaticano el fin de las deliberaciones, los cristianos y no cristianos continuarán haciendo sus cábalas sobre la personalidad, los rasgos y el carácter del nuevo pontífice. Seis sacerdotes asturianos, que ejercen su ministerio en cuatro parroquias ovetenses y también en el Seminario Metropolitano, hacen cábalas sobre quien será el nuevo Sumo Pontífice. La mayoría prefiere no apostar por candidatos concretos y apelan a la inspiración del Espíritu Santo y al buen criterio del conclave que deberá elegir al nuevo Papa.


LAURENTINO GOMEZ PÁRROCO DE SANTA MARÍA LA REAL DE LA CORTE.- EI nuevo Pontífice debería tener unas características muy parecidas a las de Juan Pablo II, porque por ejemplo, era un hombre de mucha fe que se daba cuenta de que Cristo es al que necesita la sociedad actual, incluso para tener valores humanos y realizar a la persona como persona, también para valores sociales y políticos Cristo es fundamental, es la autentica libertad. Yo creo que el nuevo Papa debería tener carisma juvenil, pero eso es mucho pedir, porque el carisma es una gracia que da Dios a las personas. La juventud necesita hoy una mano que les ayude a caminar. A mi me alegraría si surge un Papa latinoamericano, como Madariaga, que a lo mejor lo haría bien. Nosotros creemos en el Espíritu Santo y en los últimos tiempos nos ha regalado unos Papas de mejor en mejor. Son una maravilla. Es difícil hacer quinielas por una razón muy sencilla. Cuando salió elegido Juan Pablo II nadie le apuntaba a él y me acuerdo perfectamente que cuando hubo fumata blanca, pocos eran los que conocían su nacionalidad. En aquel momento se dijo que tenía fama de Santo.
LAURENTINO GÓMEZ PÁRROCO DE LA CORTE
"Yo me alegraría si surge un Papa latinoamericano como Madariaga, que a lo mejor lo haría bien. Es difícil hacer quinielas"

EZEQUIEL FERNANDEZ. DIRECTOR ESPIRITUAL DEL SEMINARIO

Los cardenales estudiaran lo que más necesita hoy la Iglesia y como hay gente de mucha talla irán buscando el que más les parezca. Eso es muy indescifrable. Yo creo que debería ser un hombre que sint9nizase con la corriente juvenil que empieza a despertarse. El Evangelio esta renovándose continuamente si se vive. Hay un mundo muy interesante que empieza a brotar. La nacionalidad no creo que sea determinante a la hora de elegir un Papa, mas bien será determinante las corrientes culturales que se den. Los cardenales que están allí tampoco son mancos. Otro factor a tener en cuenta ala hora de elegir podría ser el peso de la Iglesia en América Latina. Hay muchos factores que ellos evaluarán y verán.

EZEQUIEL FERNANDEZ DIRECTOR ESPIRITUAL DEL SEMINARIO
"Las nacionalidades no son determinantes a la hora de elegir Papa. El nuevo pontífice debería sintonizar con la juventud".


PEDRO RIERA. PARROQUIA DE SAN PABLO. LA ARGANOSA.- No sé las características que debería tener, pero seguramente que fuese un buen Pastor, a imagen de Jesucristo. Evidentemente el Papa Juan Pablo puso el listón muy alto en este sentido. Nosotros confiamos en que los cardenales movidos por el Espíritu Santo sepan dar" a la Iglesia lo que requiere para los tiempos de comienzo del tercer milenio. Se requiere fidelidad al Evangelio, al magisterio de la Iglesia, seguramente una gran apertura y vida interior, gran confianza en Jesucristo. Ser Papa es una cosa muy complicada. Después de este Papa, que encandiló a los jóvenes, a ver que pasa en las jornadas que hay en Colonia. Ser sensible a los jóvenes es importante, porque son la esperanza de la Iglesia y del mundo. Yo tengo mi propio candidato. Yo creo que el cardenal Ratzinger es uno de los favoritos, pero también creo que esto desborda y no olvidemos que quien entra Papa en el conclave sale cardenal.
PEDRO RIERA PARROCO DE SAN PABLO
"Yo creo que el cardenal Ratzinger es uno de los favoritos pero no olvidemos que quien entra Papa en el conclave sale cardenal".


CELESTINO CASTANÓN. PARROCO DE SAN LÁZARO. Yo creo que Juan Pablo II marcó unas directrices evangélicas que son las propias de todo pastor de la Iglesia. De todos modos los tiempos pueden estar exigiendo, lo mismo que hizo Juan Pablo II, una visión global de los acontecimientos y sobre todo con un estilo social abierto. Las normas morales, que son las que a veces mas preocupan al publico, son las que son. Eso permanece, aunque el estilo deba ser abierto a los jóvenes, a los problemas sociales, como lo hizo Juan Pablo II. Después cada sumo pontífice va a tener su estilo, aunque todos sean muy evangélicos. Vamos a dejar que el Espíritu Santo, junto al buen criterio de los electores, saquen a un buen Pastor, que siguiendo la línea de Juan Pablo II nos ayude a todos a trabajar porque en la Iglesia no es un "líder", sino toda la Iglesia la que trabaja. Todos hemos de responsabilizamos con unas líneas trazadas.
CELESTINO CASTANON PARROCO DE SAN LAZARO
"Los tiempos exigen una visión global de los acontecimientos y un estilo social abierto. Cada pontífice debe tener su estilo"

JAIME DÍAZ PIEGA RECTOR DEL SEMINARIO
"Creo que el nuevo Papa debería continuar la línea de Juan Pablo II. La nacionalidad será la que el Espíritu Santo quiera".

JAIME DIAZ PIEGA. RECTOR DEL SEMINARIO DE OVIEDO.- Yo creo que el nuevo Papa debería continuar en la línea de Juan Pablo II, siendo un Papa apóstol, un Papa que continúe guiando a la Iglesia en las directrices del Concilio Vaticano II y del Evangelio, principalmente. La nacionalidad y otras características deben ser las que el Espíritu quiera para la Iglesia y las que más convengan. Hablar de que el Papa sea más conservador, más progresista o más liberal es condicionar al Espíritu Santo. A veces se barajan candidatos y tenemos momentos en la historia en que los Papas han sido una sorpresa, por ejemplo el mismo Juan XXIII cuando se decía que quien iba a sustituir a Pío XII, y eso es signo de que es el Espíritu el que guía a la Iglesia y no las artimañas humanas que pueda haber o el pensamiento de los hombres.

FERNANDO RUBIO. PARROCO DE SAN JUAN EL REAL. Creo que el sucesor de Juan Pablo II ante todo debe ser el gran promotor de la Paz y de la Justicia. Sin duda debe seguir el camino trazado por Juan Pablo II. El camino de acercar a Dios-Padre a los hombres y de acercar a estos al Padre común. En eso fue verdadero maestro Juan Pablo II, que en sus innumerables viajes sembró paz y pidió justicia. Ahora bien, cada persona es única e irrepetible y el Papa, que el Espíritu Santo nos envíe, podrá continuar ese camino poniendo el acento en otros aspectos del mismo. Creo que en el cónclave dominara, sin duda, la corriente conservadora bien entendida, pero no la cerrada a toda innovación. En la elección lleva la batuta el Espíritu Santo que sopla donde y cómo quiere y es especialista en dar sustos hasta a los propios jerarcas. Me gustara que el nuevo Papa viniera de fuera de Europa, de América Latina o de África. Me encanta cambiar el color del Papa, que no tiene por que ser blanco. Porque creo en el Espíritu Santo tendremos el mejor Papa.

FERNANDO RUBIO PÁRROCO SAN JUAN EL REAL
“Quiero que el nuevo Papa venga de fuera de Europa, de América latina o de África. El sucesor de Juan Pablo II tiene que promover la paz”

Meditación ante el cadáver de Juan Pablo II
La Nueva España, 15 de Abril de 2005

Cambiaste el nombre de pila por el de «Juan Pablo» como tu inmediato predecesor tratando de seguir las huellas del beato Juan XXIII Y de Pablo VI. Pero tu nuevo nombre ya tiene un significado de mayor trascendencia histórica, cuyo sentido se revela desde que Cristo llamo Pedro (Piedra) a Simón.
Si siempre el vicario de Cristo es piedra angular desechada por los arquitectos mundanos en plan Sanedrín, lo cierto es que fue martirizado en la colina del Vaticano y tu fuiste fusilado en esa misma colina, sobreviviendo milagrosamente como piedra escogida y preciosa ante Dios.
Conocemos la mano que te disparo a bocajarro, pero el día de hoy ignoramos la inteligencia diabólica responsable del crimen. Sabemos también que, mientras ibas muriendo desangrado hacia el hospital, ya ibas perdonando, como Cristo, al terrorista que, a su vez, no salía de su asombro de que no hubieras muerto en el acto, dada su experimentada puntería. Y, caso único en la historia de la Iglesia, consumaste el perdón visitando a Alí Agca en la cárcel con el mismo amor sobrenatural con que Cristo nos perdono desde el árbol de la cruz y consolaste a su madre las tres veces que te visito.
La voz del pueblo, que es la voz de Dios, dice que tu has sido el ultimo fusilado por el comunismo que, irritado por su derrota padecida en Polonia, te la tenía jurada, porque tu defensa valiente de la fe supuso el principio del derrumbamiento de su esclavitud imperial, dejando una estela de hambre, sudor y lágrimas. Un comunismo que no te perdona ni tu triunfo ni tu perdón porque jamás entendió de misericordia y porque su aliento siempre fue de odio a la Iglesia que tu presidías.
Siendo cierto que has entendido al pie de la letra la tarea de Cristo y de Pedro, no es menos cierto que has encamado a la perfección el talante apostólico de Juan y de Pablo.
Tu has sido el joven Juan, amigo de los jóvenes, fiel a Cristo hasta el fin. Tu has huido del miedo de los apóstoles que abandonaron a Jesús y seguiste a Juan hasta el pie de la cruz. Tu has vivido a la sombra de la Virgen como Juan, sabiendo estar en segundo plano, detrás de Ella y protegido siempre por Ella.
Tu la has tenido por madre en tu larga orfandad sin madre desde los 9 años. Y te consagraste a Ella llevando su nombre en el corazón y en tu escudo papal. Tu sentimiento de «Totus tuus» te ha confortado desde tu juventud hasta tu agonía, gozando del gran legado de Cristo a Juan des de la cruz: «Ahí tienes a tu madre».
Y no le vas a la zaga a Pablo en tu entrega incondicional a Cristo. Tu vida ha sido una pregunta fija en cada uno de tus pasos, la misma de Saulo de Tarso a Cristo: «Señor, ¿qué quieres que haga?». Y cuando te contemplábamos agotado en tu caminar, apoyado con las dos manos en la cruz de tu báculo, nos parecía que oíamos aquellos silbidos amorosos de San Pablo: «Quién me apartara del amor a Jesucristo?».
Alma viajera como San Pablo, estabas convencido de que el mundo era pequeño para llevar hasta el ultimo rincón del planeta el mensaje de Jesús, corriendo 1.200.000 kilómetros. Tal ha sido la fortaleza de tu fe, que por todas partes has demostrado como San Pablo escribió a los romanos: «Porque no me avergüenzo del evangelio de Dios». Y nos dijiste convencido con voz potente desde la logia de San Pedro: «No tengáis miedo». Repitiendo este mismo saludo al Episcopado español en Barajas en tu primer viaje a España, con tu fe arrolladora, la misma que aprendiste en San Juan de la Cruz en tu tesis doctoral.
Gracias, Juan Pablo II. Has conservado la fe, has llegado a la meta. Ahora solo te queda recibir la corona de la justicia divina.
Porque tu eres Pedro, San Pedro te abre las puertas del paraíso. Porque tú eres Juan, la Virgen, que te quiere como a su hijo, te da la bienvenida en el vestíbulo del cielo y te corresponde con su afecto maternal diciéndote: ¿ Te acuerdas de cuando te salve aquel miércoles 13 de mayo de 1981? Porque tú eres Pablo, el apóstol de los gentiles te explicara aquel arrebato místico que tuvo en su vida cuando, asomado al cielo, dijo: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni entendimiento humano puede comprender lo que es el cielo». Y porque a todo hay quien gane, te ceñirá con la «corona inmarcesible» pues le ganaste en kilometraje.
Permite también que se acerque el patrono de las misiones San Francisco Javier, que te dice: tampoco yo pude entrar en China, con la diferencia de que yo era el nuncio del Papa en Oriente y vos el mismo vicario de Cristo; te agradezco tu visita a mi castillo de Javier y a la pila bautismal que me vió nacer como hijo de Dios, y a Goa, donde yacen mis restos.
Adiós, Juan Pablo II: has sido fiel testigo de Jesús siguiendo con pasión su camino real de la Santa Cruz. Yo te agradezco de un modo singular tu fe en los mártires, testigos de Jesucristo, por lo que el soplo de tu espíritu liberó a la Iglesia española del pecado del olvido y del miedo apelmazado por la desidia sobre las actas martiriales de los testigos de la persecución religiosa más sañuda de la historia; la qque sufrió la Iglesia española a manos de los mismos que te persiguieron a ti en Polonia y en la colina del Vaticano en el ano 1981.
Creyeron que acababan con la Iglesia si acababan contigo, como creyeron que acababan con la Iglesia cuando crucificaron a Pedro; como creyeron que acababan con Cristo aquel primer Viernes Santo en el Gólgota. Pero olvidaban que tu sabías que Jesús es la Verdad que disipa las tinieblas, el Camino que lleva a la meta y la Vida que no acaba con la muerte.

Angel Garralda, párroco de San Nicolás de Bari Avilés

Pedro y los Once: "al servicio del Buen Pastor"

¡Qué providencial es el mensaje que la Palabra de Dios nos dirige en este domingo, un día antes de iniciarse el Cónclave! Una lectura superficial podría dejarnos un tanto indiferentes. Ya todo es sabido y ha sido archicomentado. Pero a todos, a nuestros hermanos cardenales y a nosotros, nos es necesario escuchar la Palabra, que en este día es tan nítida y pertinente. Dos aspectos vamos a elegir: la comunidad de Pedro y los Once, la certeza de que Jesús es nuestro Pastor y la advertencia contra los salteadores y ladrones del rebaño.


"Pedro y los Once": no desconecta a Pedro de su comunidad apostólica el autor de los Hechos de los Apóstoles. Actúan en comunión y comunidad. ¡No Pedro sin los Once, no los Once sin Pedro! La comunión entre ellos no se establece porque todos obedezcan a Pedro, sino porque hay entre ellos "mutuas relaciones", porque se obedecen mutuamente, porque forman un cuerpo. No hay culto a la personalidad. Lo más importante no son cada uno de ellos, o uno sobre otros, sino el mensaje que conjuntamente transmiten y testifican; y también el respeto que muestran a su portavoz, aquel que habla en nombre de todos y proclama el Mensaje que a todos concierne y del que todos se responsabilizan.
Es, además, oportuno, resaltar que ellos hablan de Jesús.
Quieren ser mensajeros de Jesús y no de sí mismos. Quizá la iglesia católica tenga el peligro, que no se ve tan palmario en otras iglesias, de fijarse demasiado en algunos de sus personajes, de dar culto demasiado precipitadamente a seres humanos, dando demasiado pronto por supuesto que dan un culto mayor a su Dios.

El sucesor de Pedro no puede olvidar que todos los aplausos que le lleguen son y deben ser para el Señor. Que su persona ha de convertirse en pura referencia del "Dios Mayor", del único Pastor y Guardián. El sucesor de Pedro también se sentirá llamado a ser "hermano", a sentirse hermano de los fieles ("¿Qué hemos de hacer, hermanos?") y también de los sucesores de los Once. ¡No al estrellato y sí a la constelación!
La certeza de que Jesús es nuestro Pastor y la advertencia contra los ladrones y salteadores: El evangelio nos alerta contra la intrusión de ladrones y salteadores. La figura del Judas ladrón, de aquel que quería arrebatar aquello que era de los pobres, de los demás, y que incluso convirtió a Jesús en pieza de cambio y de ganancia, no debe ser considerada figura del pasado, sino advertencia para el presente.
Confiamos en que la elección del sucesor de Pedro no será contraventa, ni negociación entre partidos. Confiamos en que todos entrarán por la puerta. El amor a Jesús lo traducirán en amor a los hermanos, en conocerlos por su nombre, en ir delante de ellos, en ser capaces de cargar con la oveja perdida. Anhelamos pastores que conjuntamente pastoreen a la comunidad y no la abandonen, atareados en mil ocupaciones burocráticas o excesivamente institucionales, y no reduzcan su presencia a momentos solemnes en los cuales presiden, hablan, pero no escuchan ni conviven.

Queremos que el buen Pastor consuele, traiga la paz, evite las divisiones que nacen de la sospecha, la imposición de unos sobre otros. El buen Pastor quiere que sus imágenes e iconos vivientes pronuncien de verdad la palabra: "La Paz esté con vosotros". Queremos que el nuevo Papa nos traiga a todos la paz y que unos no aplaudan "en contra de otros". Necesitamos la paz de la Pascua, que la tienda se dilate para que todos, hermanas y hermanos, quepamos en la mesa de la comunión.
José Cristo Rey García Paredes, cmf. 14 de abril 2005).


Para dar vida…y no quitarla
Tal vez, en una realidad urbana sembrada de rascacielos, semáforos, automóviles, etc., la figura del Buen Pastor que nos presenta este domingo IV de la Pascua, no resulte la más actual para captar la hondura de la persona y del mensaje de Jesús.
Tal vez, por ello mismo, habría que concluir (sin olvidar la imagen clásica que el evangelio de hoy nos presenta) que Jesús es un HILO CONDUCTOR que nos ofrece la luz necesaria para ver los acontecimientos de la vida, con el fondo de Dios, y es aquel HILO CONDUCTOR que, cuando se vive conectado a El, produce inmediatamente la VIDA.
Jesús, el Buen Pastor, es Aquel que sitúa delante de nosotros todo un mar de posibilidades:
-Es una puerta que se abre. Cuando uno se atreve a cruzarla sabe, que a la corta o a la larga, conduce a una antesala donde siempre espera Dios. Muchos hermanos nuestros, cuando se acercan al “fenómeno” de Jesús de Nazaret se conforman con quedarse en su persona. Jesús, y esa es la gran novedad, es una referencia encarnada de Dios. Es un ascensor por el que, los cristianos, subimos para disfrutar un día definitivamente en la felicidad del cielo.
-Es un buen psicólogo. Nos conoce. Por muchos recovecos y rincones que tengamos. Por otras tantas circunstancias que nos sacudan, Jesús, sabe de qué hechura está conformada nuestra vida interior y exterior. En el día de nuestro Bautismo, entró en lo más hondo de nuestras entrañas y, desde entonces, se ha convertido en el gran confidente de nuestras vidas, en un compañero leal de nuestros caminos, en un cayado firme cuando asoman los cansancios.
Uno de los aspectos, que más vértigo producen las grandes urbes (y también de vez en cuando comprobamos incluso dentro de nuestra propia iglesia) es lo impersonal en nuestras relaciones. A nadie nos gusta ser un mero o simple número. Todos tenemos, detrás de nosotros, una historia (mejor o peor, positiva o negativa, brillante o pobre) que –ante Jesús- siempre merece un respeto y con un margen de confianza.
¡Quiere y déjate querer! ¡Conócete y déjate conocer! Con Jesús, estos viejos adagios, nos interpelan a ser agradecidos con ese amor y conocimiento inmenso que, Cristo, tiene de y por cada uno de nosotros.

En cierta ocasión un paciente se acercó a un médico y, después de reconocerle, el facultativo le dijo: “ahora es necesario que, Vd., confíe en mí”.
En la iglesia de Dios hemos de ser conscientes de lo qué somos y de a quién seguimos. Si el Señor viniese en este momento y nos preguntase sobre ciertas prescripciones evangélicas. ¿Podríamos responderle con exactitud sobre ellas? ¿Se percataría, Jesús, de nuestra ignorancia en algunos aspectos? ¿Podríamos demostrarle que somos alumnos aventajados y conocedores de la gran lección evangélica?
Si no escucháis nunca llegaréis a ser nada (decía un profesor a sus alumnos). Jesús, como Buen Pastor, siempre tiene una palabra oportuna y mágica para aquellos que confían y se deciden seguirle. Ciertamente que, con tanto ruido ensordecedor de los “modernos pastores” que nos presenta la sociedad, es fácil confundir el bien con el mal, la verdad con la mentira, la moral auténtica con las ideas dominantes, las ovejas con los borregos o, incluso, al auténtico pastor con el perverso lobo revestido de poder.
Precisamente por eso, todos los domingos, la Eucaristía es un buen altavoz por el que escuchamos el latir del corazón de Cristo. Una buena mesa, donde el Señor, nos va reconociendo y conociendo uno a uno con nuestras grandezas y miserias. Una puerta, por la que ya desde ahora, empezamos a contemplar la gran fiesta de la vida que nos espera allá en el cielo.
Ha venido Jesús para que tengamos vida y en abundancia. Cuando uno aprieta el pulsador de “Jesús” automáticamente nos lleva al encuentro con Dios.
Para ello, como todo, hay que saber leer el manual de instrucciones evangélicas. Javier Leoz

Nota: En estos días nos sorprendía la noticia, aquí en España, de cómo en cierta clínica, varios pacientes morían en menos de 24 horas por ser sedados excesivamente. Uno, cuando se encuentra con el horror de ciertas actuaciones profesionales (¿buenos?), comprende más y mejor el mensaje del Buen Pastor. El es quien de verdad garantiza la vida desde el principio hasta el final. Nadie tiene la potestad, sino Dios, para quitarla. Frente a la sedación, el Buen Pastor, se multiplica en gestos y desvelos para que, a nosotros, nunca nos falte las ganas de vivir, de luchar y de seguir adelante.
Jesús, como Buen Pastor, nos indica que el camino para una muerte digna no es precisamente el acortar la vida, sino buscar y dar un sentido profundo a la agonía. Me venía a la memoria el Papa Juan Pablo II. Como Pastor, hasta el mismo final y con el último suspiro, ha sabido encarnar perfectamente la figura del Buen Pastor dando (con esfuerzo, sacrificio y sufrimiento) su vida al servicio de Dios, de Cristo, de su Iglesia, de nosotros y del mundo entero.


¡ALELUYA! ¡ALELUYA!

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