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Vivimos
en una sociedad materialista y consumista, donde lo que priva es la riqueza,
el confort, la comodidad.
Tenemos
un bajo índice de natalidad. Cuando antes, las familias, numerosas
rurales eran un campo fecundo para la semilla vocacional.
La
secularización, con la pérdida de valores religiosos, morales y espirituales,
ha llevado a una penosa indiferencia religiosa, donde la imagen de Dios
se ha difuminado.
La
crisis en las familias y el paulatino enfriamiento espiritual en los hogares,
en donde antaño surgieron tantas vocaciones. Hoy, sociológicamente hablando,
la familia ya no es punto de referencia vocacional.
La
poca práctica religiosa de la juventud. Si no se sitúan en el ángulo correcto
de la escucha, ¿Cómo van a oír al Señor que sigue llamando como siempre?
Se
podrían buscar más causas, sin embargo éstas nos pueden servir como muestra
de por qué la oferta vocacional es cada vez menor.
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