| El
sacerdote insertado por la ordenación en la sucesión
apostólica
¡Qué maravilla poder dirigirme
a todos los cristianos, y muy especialmente a vosotros los jóvenes,
para llamaros e invitaros a descubrir el ministerio sacerdotal en
la fuente de la belleza que es la Eucaristía!. A través
de la Ordenación Presbiteral el sacerdote se inserta, por
pura gracia de Dios, en la continuidad ininterrumpida de la sucesión
apostólica y se vincula al único Sumo y Eterno Sacerdote
que, en la noche en que fue entregado, confió a los apóstoles
y a sus sucesores el mandato de celebrar su memorial por la salvación
del mundo.
Jóvenes de Asturias, ¿queréis salvar este mundo?¿Queréis
ayudar a las personas a descubrir el proyecto desde el cual todos
nos sentimos hermanos y unidos, ganados por esa belleza suprema
manifestada en Jesucristo y que tiene las connotaciones de la entrega
incondicional y sin límites, del servicio a todos, de mirar
siempre al otro como el más importante?. Estoy seguro que
muchos de vosotros sois llamados a realizar este enraizamiento apostólico
para ser alter Christus, para actuar in persona Christi. Tened coraje
y valentía para salvar a este mundo con la gracia y el amor
del Jesucristo, pues sólo Él es Camino, Verdad y Vida.
Por la ordenación sacerdotal se realiza una configuración
ontológica con Cristo, el Buen Pastor, de tal manera que,
cuando el sacerdote actúa, es Cristo mismo quien ejerce.
De este modo se manifiesta esa fusión sublime, que se realiza
en quien es Ordenado por la belleza suprema de Cristo.
Generosos
y entregados como María
En este contexto eucarístico desde
el que quiero llamaros a descubrir el ministerio sacerdotal, y cuando
estamos celebrando el Día del Seminario, la Virgen María
se presenta en nuestra vida como modelo de escucha, de generosidad,
de entrega, de servicio y de plenitud. En estas cinco notas deseo
situar la llamada que hoy os hago a los jóvenes en el Día
del Seminario, convocados como creyentes a celebrarlo siendo “Generosos
y entregados…como María”.
Hay cinco textos del Evangelio que conmueven nuestra vida y que
nos hacen descubrir en María estas cinco actitudes:
María modelo de escucha (Lc 1, 26 26-38).
En el silencio, en la atención a lo que pasa, en el camino
corriente de la vida, María es llamada por Dios a la aventura
más impresionante que se ha llevado a cabo en esta historia:
nada más y nada menos que ser Madre de Dios; es decir, fue
convocada a prestar su vida para que Dios pudiera tomar rostro humano
y todos los hombres llegásemos a conocerle. Sin un atisbo
de duda, María responde inmediatamente ante la llamada de
Dios: «He aquí la esclava del Señor; hágase
en mí según tu Palabra ».
María modelo de generosidad (Lc 39 39-45).
La llamada de Dios lo es para la generosidad. Toda de Dios y toda
para los demás, así vive María. Pasando dificultades
inmensas, atraviesa una región montañosa para llegar
a ver a su anciana prima Isabel que, a su edad y por obra de Dios,
iba a tener un hijo. María se desplazaba para ayudarla, para
darle alegría y confianza en Dios.
La entrada en su casa es expresión de la generosidad desbordante
que Dios ha tenido con Ella y que Ella tiene para con los demás:
por la presencia de Jesús en María, la criatura que
llevaba Isabel salta de gozo y puede exclamar «bendita entre
las mujeres y bendito el fruto de tu seno ».
María modelo de entrega (Jn 19, 25 ría 25-27).
Al pie de la Cruz su mismo Hijo la convierte en modelo de entrega
a Dios y a los demás. «Mujer, ahí tienes a tu
hijo ». «Luego dice al discípulo: Ahí
tienes a tu madre». Jesús la presenta como la Madre
y mujer entregada absolutamente, que acoge a todos los hombres,
se ocupa de ellos, los acompaña como a su Hijo y da la vida
por ellos: «Ahí tienes a tu hijo». También
la propone como modelo para vivir y para acompañarnos; por
eso nos invita a que le abramos nuestra propia vida: «Ahí
tienes a tu Madre». Mujer entregada, gastada totalmente, enteramente
de Dios y, precisamente por eso, enteramente para todos los hombres.
María modelo de servicio a los demás (Jn 2,
1 1-12). Descentrada de sí misma y centrada enteramente
en Dios, vive mirando las necesidades de los demás. Cuando
se da cuenta de los apuros que estaban pasando las gentes, asume
toda la responsabilidad de la situación y les presenta a
su Hijo Jesucristo, que puede acabar con las angustias de la vida
y otorgar serenidad: «Haced lo que Él os diga ».
El primer servicio que se puede hacer a alguien es posibilitarle
el encuentro con quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Ella es
la primera misionera, el modelo de misionero. Testigo de la presencia
de Dios en su vida, lo presenta en el mundo con la pretensión
de que haga el primer signo que distorsiona las leyes de los hombres,
para hacernos ver que “sólo Dios basta” y que
en Él está la salida a toda situación humana.
María modelo de plenitud (Hch
1, 12 12-14). Cuando las cosas aún están
a oscuras, María se presenta como la mujer fuerte que mantiene
a todos en el diálogo, la confianza y la cercanía
a Dios. «Todos ellos perseveraban en la oración, con
un mismo Espíritu en compañía de algunas mujeres,
de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos».
Ella nos da la medida de la desmedida que hay que tener con respecto
a Dios en todas las circunstancias de la vida. Él siempre
da respuestas, Él siempre atiende al ser humano, Él
siempre sale al encuentro, Él siempre da plenitud a todo.
Y en esa confianza, realidad que Ella vive, mantiene a los Apóstoles.
Con
el espíritu de María para escuchar las llamadas que
Dios sigue haciendo al ministerio sacerdotal
Solamente desde la estructura existencial
que tiene María se puede escuchar la llamada que el Señor
continúa realizando para que siga habiendo hombres que, como
siempre, digan sí a su propuesta de seguimiento para hacer
presente a Cristo en medio del mundo. Lo más frecuente es
que Dios no llame por una voz, aunque puede hacerlo. Su llamada
está contenida, al menos en el estado inicial, en la forma
de amor y de servicio que se está decidido a acepta, en los
valores de existencia que se ambiciona realizar. El Señor,
hoy como ayer, sigue llamando a construir la vida como sacerdote,
es decir, como hombre que quiere transparentar a Jesús con
su ser, decir y hacer. De ahí la propuesta de la Iglesia
para la celebración de este Día del Seminario:“Generosos
y entregados entregados…como María María”.
Nuestra
Archidiócesis está llamada a vivir con especial fuerza
el Día del Seminario
Toda nuestra Archidiócesis está
llamada a vivir con especial fuerza el Día del Seminario.
Hay que hacer de este mundo una gran familia en la que todos sus
miembros se unan no por afinidades transitorias, sino simple y llanamente
porque son hijos de Dios. Para realizar este mundo solidario necesitamos
sacerdotes. Nuestra comunidad cristiana necesita sacerdotes. Nuestro
mundo necesita sacerdotes. Hombres que sean capaces de transparentar
a Jesús en todo, pero, además, con sus acciones, entregan
la salvación misma que viene de parte de Dios.
Familias,
educadores, catequistas, miembros de la vida consagrada, sacerdotes,
hablad y proponed el ministerio sacerdotal
Familias cristianas, presentad la vocación
del ministerio sacerdotal a vuestros hijos. Educadores, catequistas,
hablad y mostrad a todos el ministerio sacerdotal tal y como lo
expresó Jesús en el Cenáculo. Miembros de la
vida consagrada, reconoced en vuestra vida y delante de los demás
lo que significa la presencia del sacerdote. Sacerdotes, proponeos
como tarea más significativa de vuestro ministerio el suscitar
llamadas al ministerio sacerdotal. Que los jóvenes os vean
vivir con alegría y con esperanza. Alejad de vuestra existencia
la desconfianza, la crítica y la desesperanza que no engendran
nunca caminos de vida, ni facilitan propuestas significativas y
apasionantes como la de ser en medio del mundo presencia viva de
Jesucristo.
Os
pido oración y ayuda económica para nuestro Seminario
Diocesano
Junto a esta valoración del ministerio
sacerdotal, tengo que recordar a toda la comunidad cristiana que
tenemos un Seminario Metropolitano donde un grupo de jóvenes
se preparan para ser sacerdotes. Os pido que oréis por el
Seminario y por las vocaciones sacerdotales y, con la misma fuerza,
os solicito ayuda económica para sostener el Seminario y
poder formar verdaderos
pastores según el corazón del Señor. Las vocaciones
y el Seminario, como ámbito de formación, han de ser
para nosotros los cristianos lugares en los que ponemos nuestro
corazón y a los que proporcionamos ayuda.
A la Santina de Covadonga encomiendo el trabajo por las vocaciones
y nuestro Seminario Metropolitano:
Santina de Covadonga,
tú que abriste la vida enteramente a Dios,
que escuchaste su voz y respondiste generosamente,
enseña a los jóvenes de Asturias a abrir la vida a
Dios
y a oír e interpretar su llamada.
Ruega por nosotros, ahora y en la hora.
Amén.
Con gran afecto, os bendice |