PARROQUIA SANTA MARÍA LA REAL DE LA CORTE
OVIEDO
Templo de San Vicente
El documento fundacional del convento de San Vicente, (confirmado por el Príncipe Siles el "die septimo kalendas decenbre
discurrente . E ra el 25 de noviembre del año 781, describe la llegada y asentamiento de Máximo y Fromestano veinte años antes, en el 761, al lugar "quod dicunt Oueto" para fundar la basílica de San Vicente, diácono y manir de Cristo, "in isto loco iam dicto Oueto".
Este documento, una copia del original trascrita cuatrocientos años después, narra la huida, de la España dominada por los árabes, de un monje mozárabe de nombre Máximo. Tras sobrepasar la inhóspita barrera de la Cordillera Cantábrica, decidió establecerse en la colina de un amplio valle, limitado al noroeste y al suroeste por sendos ríos y al abrigo de los vientos del norte gracias a la protección de un monte cercano. Tal sitio era llamado Ouetdao por los lugareños (residentes en explotaciones agropecuarias levantadas w siguiendo la cultura romana (villaes) y orientadas al sur, e incluso é en primitivos fortines autóctonos, en los altos de las colinas circundantes (castros).
Máximo y sus siervos decidieron quedarse en aquel lugar. Al poco tiempo se les unió Frómista (o Fromistano), tío del eremita, y unos cuantos seguidores, quienes levantaron una iglesia dedicada al mártir valenciano San Vicente y, poco después, un monasterio, que con el tiempo se acogerá a la regla de San Benito.
Esta fundación eclesiástica, formada en un principio por veintiséis moradores, se considera el núcleo primigenio del futuro Oviedo, que crecerá imparable desde que Fruela decide levantar junto a aquel primer monasterio una basílica consagrada a San Salvador, primero, y su hijo, Alfonso II el Castro, traslada la corte del reino asturiano a este estratégico enclave (año 812).
A sí pues, el conjunto monacal de San Vicente puede ser considerado el inicio del núcleo urbano que hoy conocemos como Oviedo. Dado este carácter, fue siempre protegido de reyes y nobles asturianos. Gracias a este patronazgo regio, el original conjunto fue reconstruido en los siglos XI y XII siguiendo estructuras y estilos típicamente románicos, según relata López Otero en su informe acerca de la declaración del claustro benedictino como Monumento Histórico-Artístico Nacional: "El Monasterio de San Vicente, humilde al principio, debió ser una importante construcción románica. Su iglesia tenía crucero y cimborrio muy alto, todo labrado de sillería, por el estilo de la Colegiata de Toro y de la catedral de Salamanca...", y basa tal comparación en ciertas inscripciones que cita a continuación el estudioso. El monasterio, sometido por obediencia al Obispo, estada entonces unido a la basílica de San Salvador, hoy Catedral de Oviedo.
D e esta época son los restos arquitectónicos hallados en 1970 al efectuar unas obras en la sacristía. En uno de los muros existe una puerta de arco románico que facilita el acceso a una pequeña antesala, que podría tratarse de una primitiva capilla u oratorio anexo. De igual manera, también se constató la presencia de una amplia escalinata, labrada en la propia piedra, a medio descubrir.
F inalmente, se rescataron tres grandes trozos de piedra que recomponen un ara de altar prerrománica y dos pilas. La una redonda (conservada junto a las piedras del ara en el actual salón de actos, en el primer piso de la iglesia); la otra quizás representa la pieza más interesante de todas, por cuanto se trata de una pila rectangular, de 1,00 x 0,63 x 0,55> de mármol lustroso, con los bordes decorados en un biselado de dibujo floral que recuerda claramente a la época romana. Para sus estudiosos, esta pieza puede considerarse como una de las primeras pilas bautismales de inmersión existente en la Península. En la actualidad se guarda en la sacristía de la Iglesia.
D urante el siglo XIV, el asentamiento benedictino disfrutó de los favores de uno de los caballeros más poderosos de la región, Rodrigo Álvarez de las Asturias, señor de Noreña y de Gijón, protector de Enrique de Trastámara frente a Pedro I. A su muerte, ocurrida en el año 1332, sería enterrado en la iglesia conventual de San Vicente, dejando para ello buena parte de su herencia al monasterio, utilizada por los monjes para efectuar diversas mejoras y ampliaciones. El sepulcro, considerado una obra de excepcional valor, de estilo gótico-mudéjar, posee una grandiosidad y elegancia sobresaliente. Así lo describe Tubino en la obra que escribió para perpetuar la visita de los Reyes de España en 1860: "Consiste en una caja de mármol blanca colocada sobre dos travesaños, que figuran leones hechados sobre el suelo [estos leones no se conservan en la actualidad]. Ciérrala por su parte superior, una cobertera de la forma triangular, que se adapta a la parte inferior, o fija del monumento. Ofrece éste, tanto en uno como en otro cuerpo, diferentes escudos de relieve y entre ellos llenan el espacio labores de ramas y hojas, según el estilo ojival, dibujados con gusto y elegancia. El mausoleo debió hallarse pintado con variedad de colores, y en el campo de los escudos figurados los blasones también por la policromía. Todo ha desaparecido y sólo en algunos puntos descúbrense aún vestigios de color rojizo de que parece estuvo pintado el fondo..." Hoy ya no se puede vislumbrar, siquiera, tales indicios de policromía.
E l sarcófago se conservó en la iglesia benedictina hasta 1860, (momento en que la Comisión Provincial de Monumentos lo traslada al Museo Arqueológico Provincial, dejando, eso sí, los restos del ilustre noble en el templo, dentro de una caja de zinc, forrada de madera. Hoy día, una placa, a la derecha del crucero, recuerda el enterramiento: "Aquí yace Don Rodrigo Álvarez/ Señor de Noreña merino de Asturias/ padre adoptivo/ del rey D. Enrique II de Castilla/ bienhechor de esta Iglesia".
Fray Benito Jerónimo Feijoo
E l momento de mayor esplendor del convento benedictino legará en el siglo XVIII. En el año 1709 el fraile Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro gana la cátedra de Teología de la Universidad de Oviedo y se instala en la ciudad. Cuenta entonces 33 años. De aquí ya no se movería hasta su fallecimiento, acaecido en 1764. Durante más de medio siglo, pues, Oviedo -y más concretamente el monasterio benedictino- se convirtió en el centro filosófico más importante de la España de la Ilustración, e incluso en uno los puntos de referencia ineludible dentro del pensamiento europeo. El cuerpo de Benito Feijoo descansa en la actualidad en el centro del crucero de la iglesia de San Vicente. En su sepultura puede leerse: "Aquí reposa el maestro/ E Benito Jerónimo Feijoo/ Falleció en el año del señor/ 1764, 26 de septiembre/ a los 88 años".
El reloj famoso
C on la exclaustración de los benedictinos y la ( desamortización de sus bienes en 1835, el monasterio de San Vicente acoge a diferentes dependencias estatales (unidades administrativas de la Audiencia, Hacienda, Guardia Civil...), mientras la iglesia queda inservible. Entonces, el Ayuntamiento aprovecha para solicitar el reloj de bancada horizontal que existía en San Vicente (las primeras referencias sobre este reloj se remontan al año 1723, momento en que los campaneros de la Catedral reciben la orden de guiarse por el reloj benedictino al haber quedado destruido por un rayo el existente en la torre catedralicia). La maquinaria será cedida al Ayuntamiento en el año 1863.
Pergamino Sobre Santa María de la Corte la Real de la Corte y enclave de su primer templo
P ara entonces, la iglesia de San Vicente ya era propiedad de la parroquia de Santa María la Real de la Corte. Fundada por doña Jimena, hermana de Alfonso II el Casto, en el año 1 157 (según consta en un pergamino que se conserva en el archivo del Monasterio de San Pelayo), la primera iglesia de Santa María la Real de la Corte, de estilo románico, se encontraba en el lugar que hoy ocupa la fachada del Monasterio de San Pelayo. Era un edificio sencillo, de una sola nave abovedada, con un pequeño atrio, campanario y dos salas: sacristía y cabildo.
Otro templo parroquial de la Corte
E n el año 1680 las monjas de San Pelayo solicitaron licencia para derribar la iglesia de La Corte con el fin de construir su fachada monacal. Después de una agria polémica, al fin se llega a una solución negociada: las monjas pagarían no sólo el derribo del edificio, sino la construcción de una nueva iglesia que sirviera de sede para la parroquia. Costó 4.000 ducados de vellón y se levantó justo en la otra acera de la calle San Vicente, enfrente mismo del Monasterio de San Pelayo, en el solar donde estuvo la imprenta La Cruz, hoy parte del edificio universitario que se puede ver desde la iglesia de San Vicente.
E l nuevo templo se abrió al culto en el año 1705. Su (consagración se celebró con "cuarenta y nueve cuartillos de vino de Ridadavia y dos libras de vizcochos" [sic], además de música, cantores y tamborilero. Las Pelayas se hicieron cargo del traslado de altares y enterramientos al nuevo templo, así como su ornamentación [de la que se hablará posteriormente], por un importe de 360 reales.
C inco años después, sin embargo, uno de los arcos cede y comienza a abrirse, amenazando con desplomarse. En este estado, los sacerdotes de Oviedo se niegan a ofrecer oficios en la iglesia argumentando la inseguridad arquitectónica. Todas las peticiones de ayuda resultarán en vano. El 9 de marzo de 1845 se desploma parte de la bóveda, quedando definitivamente cerrada la iglesia de Santa María la Real de la Corte.
La parroquia de Santa María la Real de la Corte se hace con la propiedad del templo San Vicente
E s entonces cuando la junta local y parroquianos aceptan el ofrecimiento que desde 1836 venía presentando el Gobernador del Obispado, Ignacio Díaz Caneja, de trasladarse a la vecina iglesia de San Vicente, vacía desde la desamortización. En el año 1859, Santa María la Real de la Corte se hace con la propiedad, de manera definitiva, del anterior templo benedictino, sufragando su adquisición con la venta del solar donde se encontraba su iglesia parroquial, demolida ese mismo año.
Obras actuales de restauración
Recientemente el templo está siendo objeto de una considerable restauración con una inversión de mas de 100 millones de pesetas.
Se ha restaurado y limpiado la piedra de exteriores y se va a dar comienzo de inmediato a la reparación de la techumbre, apertura de ventanales tapiados, restauración del a sala capitular, despacho parroquial etc.etc. Al reparar el complejo de San Vicente, Oviedo repara su cuna.
Damos las más rendidas gracias al gobierno del Principado (Consejería de Cultura) y a todos cuantos han tenido arte y parte en estas obras.
Oviedo, modernidad y convivencia
Cuando en el año 781 un grupo de monjes decidió asentarse sobre la suave, fértil y acogedora colina de Oveto no podían sospechar la riqueza cultural, histórica y social que la zona alcanzaría con el tiempo.
Un monasterio dedicado a San Vicente fue el pilar para la futura ciudad de Oviedo que hoy se levanta como un ejemplo de modernidad y convivencia.
Sobre el milenio largo de pasado que apenas acabamos de esbozar, se asienta un presente dinámico, renovador y optimista cuyos logros pasan, día a día, de proyecto a realidad. Retomando algunos necesarios flecos del pasado inmediato asomémosnos a él.

