PARROQUIA SANTA MARÍA LA REAL DE LA CORTE

 

XIII Encuentro

Congreso Eucarístico Nacional

PONENCIAS DEL CONGRESO 2005

COMPROMISOS DE LOS PARTICIPANTES

 

EN EL XIII ENCUENTRO-CONGRESO EN LA ARCHIDICOESIS DE OVIEDO

Recogemos sólo alguno de ellos:

-Incentivar la devoción Eucarística y en concreto la Adoración y acompañamiento a Jesús Sacramentado, en todos los ámbitos formativos: seminarios, parroquias, familias, escuelas, catequesis… ofreciendo con humildad y convencimiento el carisma y servicios del Movimiento de Adoración Perpetua ARPU.

-Esforzarse para que sitúe la Eucaristía en el corazón de los cristianos y en el centro de nuestras parroquias significa ir a la fuente de donde mana toda la vida y actividad apostólica de la Iglesia.

- Fomentar el dialogo para interesar a sacerdotes y obispos sobre la trascendencia de la adoración para la pastoral parroquial y diocesana,. Si este Movimiento fuera capaz de influir, con la fuerza debida, para fomentar en el pueblo cristiano la adoración eucarística, no cabe la menor duda de que se acrecentaría muy notablemente el vigor espiritual y apostólico de nuestras comunidades eclesiales.

  • Una Iglesia sin Eucaristía no sería la Iglesia de Jesucristo. Por eso, recuperar el valor y la estima por este sacramento principal supone volver a las raíces más profundas de la identidad del cristiano en particular y de la Iglesia en general. No dudo en afirmar que a los adoradores el Señor os ha concedido uno de los carismas más valiosos, uno de los carismas de los que hoy está más necesitada la Iglesia.

-CONSTATAMOS CON HONDA PENA LO SIGUIENTE:

  • En algunas parroquias, el número de participantes que celebran la Eucaristía no sólo no aumenta, sino que Incluso disminuye y que un buen número de cristianos acude a misa sólo con el simple deseo de cumplir con el precepto dominical.

  • No pocos participantes cronometran el tiempo que dura una celebración; cómo son pocos los que acuden unos minutos antes para prepararse debidamente; cómo después de la despedida ("podéis ir en paz") casi nadie permanece en el templo, dedicando al Señor unos breves minutos de acción de gracias.

  • La sociedad y la cultura contemporáneas parece que no educan para el cultivo los sentidos interiores. Por eso el hombre de hoy está particularmente propenso a vivir "hacia fuera", siempre extrovertido y disipado. Sólo cuando el cansancio, la frustración o el dolor le afectan, algunos sí sienten la necesidad de volverse eventualmente a los valores del espíritu, pero no pocas veces terminan aparcados en los sucedáneos de la verdadera religión, que acaban produciendo desengaños, decepciones y nuevas huidas hacia adelante. Este condicionamiento social y cultural, que predispone al hombre de nuestro tiempo para vivir bajo el imperativo de la razón instrumental, y que le hace especialmente sensible por lo que es útil o práctico, es uno de los principales retos que todos vosotros habéis de asumir a la hora de comprometemos en la empresa de promover la adoración eucarística en vuestras parroquias.


ALGO NOS FALTA…

Algo falta a tantas parroquias, acaso con estructuras perfectas e impecables servicios litúrgicos. Pero más parecen fríos centros administrativos que fuentes de gracia y fragitas de santos

  • Algo falta en tantas misas dominicales, quizás litúrgicamente impecables, pero espiritualmente vacías, frías, pesadas y llenas de formalismo.

  • Algo falta a tantas predicaciones áridas, cerebrales estereotipadas, negativas, agobiantes, soportadas más que seguidas con interés por un auditorio distraído y soñoliento.

  • Algo falta a tantas comunidades religiosas donde reinan las envidias, el malestar, los chismes, las divisiones; donde se respira más un aire frío e hipócrita de cuartel que el calor y el aire de familia.

  • Algo falta en tantas almas consagradas, generosas y heroicas, que, sin embargo, viven en una eterna angustia y sintiendo en el corazón el frío y el vacío del desierto.

  • Algo falta a tantas almas que, incluso después de muchos años de confesiones frecuentes y de sinceros propósitos, no consiguen liberarse de algunas esclavitudes morales humillantes.

La adoración eucarística se convierte en momento de intensa relación personal con el Señor. Es una experiencia privilegiada de profunda comunión con Cristo, de encuentro personal con El, a través de los signos del pan y del vino”.

De ese encuentro con Cristo en el Sagrario nacieron y nacerán vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. En ese crisol 'del amor de los amores' se forjará el temple apostólico de los laicos cristianos testigos de Cristo en medio de las realidades temporales; en la intimidad del tabernáculo recibirán nuevo vigor los valores que han de reinar en los hogares para hacer de la familia lugar de encuentro con Dios, centro de irradiación de la fe, escuela de vida cristiana. En el pan del cielo, podrá hallar la familia el sustento que la mantenga unida al peligro del presente y la preserve como baluarte de la vida frente a la cultura de la muerte."


DESBLOQUEAR LA CLAUSURA DE LOS TEMPLOS

-Una última consideración para la promoción de la adoración eucarística fuera de la misa en las parroquias será el intentar desbloquear la clausura de los templos. Es de lamentar el hecho de que la mayor parte de nuestros templos estén cerrados a la oración de los fieles buena parte del día. ¿No es signo de una ciudad excesivamente secularizada pasar por delante de un templo y no encontrarle abierto más que para los horarios de las celebraciones? Con este comportamiento ¿no estamos los propios responsables del culto contribuyendo a que los fieles sólo asistan a las celebraciones litúrgicas e impidiendo en la práctica la adoración eucarística?.


-Habrá que buscar el modo y manera de que buenos cristianos (quizás pensionistas y jubilados) no sólo hagan turnos para la adoración de la Eucaristía, sino también para cuidarse de que los templos se queden la mayor parte del día abiertos, de modo que quien desee entrar y ponerse en oración pueda hacerlo. Si realmente estamos convencidos de la importancia y necesidad de la adoración eucarística, habrá que buscar caminos de solución que, sin gravar económicamente los presupuestos parroquiales o diocesanos, permita que la Eucaristía siga siendo lo que el Señor ha querido desde el principio que fuera: una gracia permanentemente ofrecida a todos, como expresión del amor de Jesús que, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo.


TRES INQUIETUDES CONCRETAS PARA EL VIII ENCUENTRO-CONGRESO

1.-La Eucaristía es banquete (“Copa de Bodas”) en donde el cristiano actual puede beber el vino nuevo del Reino y a la vez la mayor fuente de ilusión y de esperanza en donde el desencanto actual encontrará el más optimo remedio .


“Quiero una ilusión de "marca registrada", sin sucedáneos ni adulteraciones; una ilusión que me haga resistir los momentos difíciles de la vida, el desencanto que pueda acecharme a la vuelta de cualquier esquina, el ataque vil de cualquier "hermano", o la angustia que se cuela inevitablemente por tanta rendija como la vida ofrece.

Esta ilusión es la que yo quiero. Y la que quiero para darla, contagiarla y compartirla, para gritarla al mundo.”

D. Manuel González Ruiz, Canónigo de Málaga.

Después de la Comunión, cuando las especies sacramentales dejen de ser tales, queda en nosotros el Espíritu Santo vivificándonos con sus dones y carismas generando la ilusión indispensable para el compromiso.

Convenzámonos, pues, cómo la Eucaristía engendra esperanza. No una esperanza abstracta, sino una esperanza generadora de compromiso y que es a la vez la mejor impulsora para una nueva evangelización.

2.-Que en las iniciativas litúrgicas y pastorales que desarrollen los laicos esté presente, de alguna manera, Jesús sacramentado.

Muchos pueblos que carecen de sacerdotes, ¿no convendrían que tuvieran a Jesús sacramentado, no sólo en los templos parroquiales, sino también en alguna de sus capillas? Por supuesto, que los fieles deben de comprometerse a visitarle y a realizar algún acto litúrgico ante el sagrario.

3.-Que se formen equipos de laicos que lleven la Comunión a enfermos y ancianos.

Sería una lástima que durante el tiempo de una enfermedad, aunque sea breve, las personas que más lo necesitan, se vean privadas de la ayuda que puede darles la Eucaristía.


POR QUÉ ADORAR AL SANTISIMO SACRAMENTO

  • Como la Eucaristía es sacramento permanente, terminada la Celebración, se convierte en lugar donde el hombre puede experimentar el amor sin vuelta atrás de Dios, su oferta de salvación sin condiciones, su insistente invitación y gratuidad.

  • Su presencia real es garantía del “Yo estaré con vosotros...” y esta presencia visibiliza, a través del signo, la verdadera humanidad del Salvador ya en su condición pascual y no como simple recuerdo sino de modo operante en el “aquí y ahora” de la historia humana.

  • La adoración es un verdadero encuentro dialogal por el que, en la contemplación y admiración silenciosa, nos abrimos a la experiencia de Dios, al gozo y la alegría de la fe, de donde dimana la fuerza para una acción más consciente, consecuente y evangelizadora.

  • La adoración eucarística es una voluntaria prolongación del tiempo precioso de las realidades divinas vividas durante la Celebración. La Hostia consagrada se conserva y expone “para prolongar la gracia del sacrificio”. Es un fuerte apoyo para hacer de la celebración eucarística el centro de la propia existencia.

  • La exposición de la santísima Eucaristía, sea en el copón, sea en la custodia, lleva a los fieles a reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo y los invita a la comunión de corazón con él y fomenta así el culto en espíritu y verdad que le es debido.

  • Para gozar plenamente de esta gracia de oración, la Iglesia ha apelado a sus derechos de esposa y ha decidido conservar el cuerpo del Señor delante de ella, incluso fuera de la Misa, para prolongar la comunión orante.

  • La adoración eucarística se convierte en momento de intensa relación personal con el Señor. Es una experiencia privilegiada de profunda comunión con Cristo, de encuentro personal con El, a través de los signos del pan y del vino.

  • La adoración eucarística ha de vivirse en solidaridad con todos los hombres, así la adoración se hace gesto que, conscientes y responsables de los problemas y angustias de los hombres, nos compromete a un mayor amor y justicia con todos.

  • Con la adoración se manifiesta que, tras la Encarnación, Dios y el hombre son ya inseparables prologando relacionalmente su historia de esponsales.

  • La liturgia eucarística y la liturgia de la vida están íntimamente unidas. El término “leitourgia ” indica primordialmente el culto espiritual, existencial y vital de los cristianos que, ejerciendo su sacerdocio, ofrecen sus cuerpos como “hostia viva ”.

  • Adorando la Eucaristía, no sólo somos conducidos a reconocer la presencia singular del Señor en el Pan consagrado, sino que somos constantemente invitados a reconocerlo y “adorarlo” también en cada uno de nuestros hermanos, y el momento contemplativo ante las especies eucarísticas se traduce en vida haciéndonos “particularmente sensibles a todo sufrimiento y miseria humana, a toda injusticia y ofensa, buscando el modo de repararlos de manera eficaz”.

  • El tiempo eucarístico fuera de la Misa es como el anticipo de aquellos tiempos definitivos en los que no habrá ni símbolos, ni palabras, sino la contemplación del Cordero. La presencia divina sólo puede ser reconocida en la calma y el silencio de la contemplación.

  • Ante la Eucaristía, la presencia pide la presencia, y el buscar “estar con” resulta instintivo. La presencia eucarística asume el máximo grado de presencia interpersonal y permite la máxima realización de comunicación y de presencia que el hombre puede imaginar: es la presencia de Dios que continúa su historia de amor y de autodonación con el hombre, el Emmanuel.

  • Lo esencial en la adoración eucarística es no olvidar que Cristo está presente no sólo para la santificación personal sino, sobre todo, para la edificación de la Iglesia, su Cuerpo místico. Las necesidades de la Iglesia y del mundo han de encontrar su lugar en la adoración.

  • La permanencia de esta presencia de Cristo en su Iglesia, exige de nosotros una respuesta igualmente permanente. La adoración eucarística no es una forma cualquiera de oración, sino que es la actitud de oración que mejor responde a la presencia del Señor bajo las especies eucarísticas.




EL DON DE DIOS


"Si conocieras el don de Dios" dice Jesús a la Samaritana Jn 4, 10)

Queremos presentar algunos aspectos de ese don de Dios a la luz de los escritos de san Juan. Pretendemos concluir recordando algunos filones y venas de esa mina inagotable, la mina del amor divino, que nos ha aportado D. Domingo Muñoz León:

­ El don de Dios amor es, dentro del Misterio trinitario, la donación eterna del Padre al engendrar al Hijo, su Verbo, su Imagen, una imagen (o retrato) tan viva que es el mismo y único Dios (en relación eterna de filiación por generación intelectual).

-El don de Dios Amor es, todavía dentro del misterio trinitario, en forma de espiración eterna, del amor mutuo del Padre y del Hijo. Esa espiración es una persona divina, el Espíritu Santo, el Espíritu de Amor, el Espíritu de la Verdad. Es una espiración tan viva que es el mismo y único Dios (en relación eterna de Amor mutuo de Padre e Hijo).

- El don de Dios Amor es, en el orden de la intervención histórica que se nos ha revelado, la creación del Universo con vistas a la formación del hombre y a la Encarnación del Hijo. EI don radical y fundamental de Dios, al exterior del misterio Trinitario, es la creación del ser espiritual y material, la creación de la vida (y en especial del hombre a imagen de Dios) por un acto libre de amor divino comunicativo. Esta creación del ser y de la vida se hace por el Verbo y en vistas a la comunicación definitiva del Verbo: La Encarnación.

-El don supremo de Dios Amor es la donación del Hijo (Jn 3,16). La culminación de la obra creadora y de la Historia de Salvación es la Encarnación del Hijo: "El Verbo se hizo carne" (Jn 1,14). Es la venida del Hijo en forma de Encarnación redento­ra dando su vida por el pecado (1 In 3,16; Jn 1,29.36). Es la persona divino-humana de Jesucristo (In 4,10: "Si conocieras el don de Dios"). El es la luz del mundo (Jn 8,12). El es el Salvador del mundo (Jn 4,42).


-El don de Dios Amor es la comunicación de la vida divina a la humanidad en forma de filiación (gracia) (Jn 1,13; 1 Jn 2,29-31).

-El don del Dios amor son los ojos de la fe para ver al Padre en el Hijo (Mt 11,27; Jn 14,9). Los creyentes son don del Padre a Cristo (Jn 6,37.43).

-El don de Dios Amor es la donación del Espíritu a los creyentes gracias a la glorificación de Cristo (Jn 7,37-39;1 Jn 3,24;4,10).

-El don de Dios Amor es la Iglesia nacida del costado de Cristo traspasado en la Cruz y del que brotan agua y sangre (Jn 19,34).

-El don de Dios Amor es el Bautismo que limpia del pecado en virtud de la sangre de Cristo (Jn 3,3.5; 19,34;1 Jn 1,7).


-El don de Dios Amor es la Eucaristía, es el pan de vida, el pan de Dios (Jn 6,32): la donación de la persona de Cristo en la fe y en la comida sacramental de su Cuerpo y de su Sangre sacrifica­dos por la vida del mundo: "Y el pan que yo os daré es mi carne por la vida del mundo" (Jn 6,51).


-El don de Dios Amor es la Mujer que trae al mundo al Mesías (l Apc 12) y es dada como Madre al Discípulo Amado (In 19,25-27). Es la Virgen-Madre (Mt 1,23; cf Is 7,14).

-El don de Dios Amor es el sacerdocio que hace posible la Eucaristia y prosigue la misión de Cristo en el Pueblo Sacerdotal (In 17,17-19).


-El don de Dios Amor es la llamada a seguir..a Jesús en la vocación de vida consagrada (Mt19,21; Jn 1,36-51). Es un don (Mt 19,11) que transforma la vida en transparencia del Reino. Es el "sí" total a Dios y a los hermanos, en compañía-y seguimiento de Cristo.

-El don de Dios Amor es la familia, hogar de amor matri­monial y fuente de la vida humana, centro de amor donde la persona es acogida con amor y donde aprende el lenguaje del amor La familia se fundamenta en la Institución divina del matri­monio (Mt 19,4-5; Gen 1,27;2,24; Ef. 5,31) Y ha sido dotada por Cristo con la gracia de un sacramento. La patria, como su mismo nombre indica, es de alguna manera una extensión de la familia.


-El don de Dios Amor es el Universo creado por el Verbo: cielo y tierra. La Escritura llama al Universo obra de las manos de Dios: El cielo proclama la gloria de Dios (Sal 19,2). Es el desplie­gue de su Sabiduría eterna. Como cumbre de esa creación, el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26-27), es el destinatario del don de Dios.

- El don de Dios Amor es la vida eterna (1 Jn 2,25). Es la culminación de todo el designio de Dios para con el hombre. Ese don se recibe mediante la fe en el Hijo y traduciendo éste en amor fraterno (1 In 3,23-24). Ese don se recibe en el sacramento eucarístico "Y el pan que yo daré, es mi carne por la vida del mundo" (In 6,51).

 A.M.G.D.